Vida y filmografía de Andrei Tarkovski: https://www.casanegracine.com/post/la-vida-de-andrei-tarkovski-la-censura-y-el-exilio-una-creacion-ante-la-adversidad
Vida y filmografía de Andrei Tarkovski: https://www.casanegracine.com/post/la-vida-de-andrei-tarkovski-la-censura-y-el-exilio-una-creacion-ante-la-adversidad
Está mítica obra maestra de Tarkovski está basada en un relato de
ciencia-ficción, 'Picnic a la era del camino' de los escritores Arcady y
Boris Strugatski y bien podríamos decir de ella que es la película que se
adelantó a Chernobyl. "Stalker" recrea un mundo post-apocalíptico,
donde existe una Zona prohibida y peligrosa a la que nadie puede ingresar. Una
fantasía que siete años más tarde se convertiría dramáticamente en realidad.
Stalker es un hombre, aparentemente rústico, cuyo oficio es hacer entrar a
forasteros curiosos en La Zona, una región envuelta en el enigma donde se cree
que descendió una nave extraterrestre. La Zona permanece sometida a una
estricta custodia policial. Stalker sabe cómo vulnerar esa vigilancia.
Crítica: https://www.espinof.com/criticas/andrei-tarkovski-stalker
https://www.filmin.es/pelicula/el-espejo
Sinopsis: El espejo" refleja al mejor Tarkovsky, y claro: deslumbra. El ruso era un artista único que aquí vuelve a crear magia visual delante de tus ojos para entregar un poema fílmico arrebatador, compuesto por una sucesión de escenas y recuerdos del propio autor antes, durante y después de la II Guerra Mundial. La película es una evocación continua de recuerdos y sentimientos del propio Tarkovsky que viajan en diferentes tiempos sin orden aparente: la relación con su madre, su infancia,...que se mezclan con material fílmico de noticiario sobre la Guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial y el enfrentamiento entre la URSS y China por la isla Damanski. En la película suenan poemas escritos y recitados por Arseny Tarkovsky, padre del director.
Un hombre habla con su esposa sobre su situación actual y los motivos por los
que se ha distanciado. Un pasado que es el suyo, pero también el de un país y
el del acontecer mundial.
Criticas: https://www.espinof.com/criticas/andrei-tarkovski-el-espejo
https://www.bachilleratocinefilo.com/2021/07/1975-zerkalo-mirrorel-espejo-1975.html
Libro en PDF de José Manuel Mouriño acerca de El Espejo: https://drive.google.com/file/d/1QaxqvD1oN0qIeWx6jGgNIDPsTfpmo7gt/view?usp=sharing
Cine Forum Quintanar presenta este ciclo una propuesta didáctica-formativa y divulgativa de films alrededor de uno de los cineastas más importantes de la historia del cine, con tres films del realizador ruso Andrei Tarkovski. De sus siete films presentamoss los tres más emblemáticos que supusieron un giro en su breve filmografía, la autobiográfica El Espejo, la enigmática Stalker, una adaptación de la novela de los hermanos Arkadi y Borís Strugatski y por último Nostalghia, film coporducido por Italia y la URSS, con guión compartido con Tonino Guerra. Pero el ciclo no se centra sólo en estos tres films sino que va acompañado de otros films que fueron muy importantes y que formaban parte del acervo cinematográfico de Tarkovski, como Cuentos de la luna pálida de agosto de K. Mizoguchi, Persona, de su admirado I. Bergman, El Eclipse de M. Antonioni con guión de Tonino Guerra, Amarcord de F. Fellini, por cierto contemporánea y autobiográfica como El Espejo, y Dersu Uzalá, de A. Kurosawa coproducción soviético-japonesa, que programamos aquí porque revela y tiene conexión con la juventud de Andrei Tarkovski en las misiones topográficas en las que participó antes de empezar a estudiar cine en la VGIK.
|
Sábado 6 de noviembre |
Cuentos
de la luna pálida de agosto |
K. Mizoguchi 1953 |
|
Sábado 13 de noviembre |
El
Eclipse |
M. Antonioni 1962 |
|
Sábado 20 de noviembre |
Persona |
I.Bergman 1966 |
|
Sábado 27 de noviembre |
El
Espejo |
A.Tarkovski 1975 |
|
Sábado 4 de diciembre |
Dersú
Uzalá |
A.Kurosawa 1975 |
|
Sábado 11 de diciembre |
Stalker |
A.Tarkovski 1979 |
|
Sábado 18 de diciembre |
Amarcord |
F. Fellini 1973 |
|
Miércoles 29 de diciembre |
Nostalghia |
A.Tarkovski 1983 |
Sugerencia de enlace para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/cuentos-de-la-luna-palida?utm_source=justwatch
Críticas: https://www.cineyliteratura.cl/critica-retro-ugetsu-kenji-mizoguchi-el-primer-cineasta-feminista/
https://cinemaesencial.com/peliculas/cuentos-de-la-luna-p%C3%A1lida
Cine
Fórum Quintanar presenta este ciclo una propuesta didáctica-formativa y
divulgativa de films que forman parte del momento de transformación cultural
que implicó el fin de la dictadura y la transición democrática en España.
El
tema de la transición en el cine es de gran interés para conocer una época
cercana, pero olvidada. Olvidada porque suele ser uno de los últimos temas en
las clases de historia. Olvidada porque el cine ha mostrado más interés en
recuperar otras épocas. Sin embargo, veremos cómo se han realizado películas
que han tocado una etapa tan interesante como ésta. Y es que, una década antes
de la Transición, el cine español había evolucionado hacia un cine más
innovador. Un cine capaz de competir con el resto de la filmografía europea.
Programación
Sábado 2 de octubre
Mi
querida señorita
J. de Armiñán 1972
Sábado 9 de octubre
Habla,
mudita
M. Gutiérrez Aragón 1973
Sábado 16 de octubre
Solos
en la madrugada
J.L. Garci 1978
Sábado 23 de octubre
Gary
Cooper que estás en los cielos
P. Miró 1980
Sábado 30 de octubre
Los
santos inocentes
M. Camus 1984
¿Cómo definir a Pasolini? ¿Pensador? ¿Escritor? ¿Intelectual? ¿Moderno? ¿Cineasta? ¿Podemos encontrar una sola palabra? No se me ocurre otra mejor para “definirlo” que la de poeta, de acuerdo con María Caballero en su crítica del fallido biopic de Ferrara. Su cine funciona mejor en el fragmento, en la pieza corta, en la colección de relatos. Su ideario, por muy apegado que esté al compromiso político de izquierdas, siempre se teje fílmicamente bajo una forma literaria abstracta que huye de toda intención enunciativa. Y ya sea desde la aridez que nos supone lo críptico [su periplo en los 60 después de Mamma Roma (1962)], la naturaleza de sus imágenes siempre tiende a lo onírico y a lo irracional, cuando todavía no está manchado por el prisma psicoanalítico. Desde sus primeras poesías en friulano, su lengua materna, hasta Saló, o los 120 días en Sodoma (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1975), lo suyo siempre fue la poesía. Y con ello no estamos pensando en la acepción común de lo lírico, de lo bello y de lo romántico (que también). Estamos pensando en lo inaprensible, en lo que resulta complicado parametrizar, en la categoría estilística que escapa de todas las demás y que a su vez las integra a todas.
Al pensar en Pasolini tenía la sensación de que me interesaba su perfil renacentista, lo que supone toda su obra polifacética, su valiosa aportación teórica sobre el cine, su figura más allá de él como director/autor cinematográfico. Siempre he pensado que sus películas me interesaban menos, salvo Mamma Roma, por motivos obvios que ya comentaba Damián Bender en su estudio y que se reducen a uno: Anna Magnani. Pero me equivocaba. Una simple búsqueda en esta misma publicación me revelaba que he socorrido a su cine en múltiples ocasiones. Lo tenía mucho más cristalizado de lo que era consciente. También creía que Accattone (1961) tenía una fuerza magnética gracias a su fuerza pulsional, su visceralidad y a la edificación de sus imágenes como un ciclón. Pero volvía a errar. En una reciente revisión compruebo que la estaba confundiendo con Mamma Roma. Así pues, Pier Paolo Pasolini es un cineasta en permanente descubrimiento, que conserva en su interior el enigma, ese que te obliga a reformularte tu propia experiencia frente a él (y con él).
Esta línea multidireccional y caleidoscópica que será un signo característico de su producción ya puede encontrarse en el personaje protagonista de su filme debut, interpretado por Franco Citti cuando no tenía experiencia como actor, si bien con el tiempo se convirtió en un intérprete habitual en su filmografía, nota común en el realizador que solía repetir con el mismo equipo de técnicos, artísticos y de producción. Resulta sintomático que a lo largo de la película se le llame de muchas maneras. Los amigos suelen decirle Accató, pero también algún personaje le menciona como Accattone -que vendría a ser como su nombre de guerra en el barrio- así como Stella (Franca Pasut) le llama Vitó. Al principio de conocerlo se dirige a él por su nombre de pila completo, Vittorio, hasta que Accattone le ruega que no le llame así. Esa incomodidad que manifiesta el personaje con su propio nombre resulta crucial. Porque la primera película de Pasolini narra el viaje interior de su personaje (y truncado trágicamente, como el mismo Pasolini): la distancia que va de Accattone a Vittorio.
Por tanto, con Accattone estamos ante el tiempo de las promesas. La propia que se autoasigna el protagonista como un proceso de redención. Un tránsito primario a ras de suelo, en la calle, en escenarios naturales, encarnado a través de maravillosos planos secuencia de los personajes caminando -la más bella expresión líríca de la imagen-movimiento de Deleuze-, que después serán adoptados y perfeccionados en Mamma Roma. Son, sin duda, en su valor historiográfico, una perfecta plasmación de la Roma del extrarradio en los años del milagro económico, la otra orilla del Tévere, el río como símbolo de la ciudad, porque Accattone busca el físico de aquello que está en off, el barrio que se erige en un confín aparte. Es también el excedente del capitalismo, aquello que no se civiliza, bifurcado en lo desértico (las explanadas o los lugares de prostitución como también el mismo cementerio como campo santo pero también reposo de la muerte) y en las ruinas. Un material estético por el que sentía predilección y que luego radicalizará en El evangelio según San Mateo (Il Vangelo secondo Matteo, 1964) o en Edipo Re (1967). De ahí que Pasolini se haga acopio de la iconografía del western y de sus códigos, especialmente visible en la paliza que le dan a Accattone. Por consiguiente, somos testigos de una plasmación en bruto, sin aderezos estéticos, aunque los encuadres feístas, imprevisibles y la edición tosca todavía no tienen carta de naturaleza como lo tendrán en su Trilogía de la vida. Son, por tanto, una perfecta impresión de un camino de iluminación o si se quiere de ascensión religiosa, dado que toda búsqueda de una identidad siempre lleva consigo una construcción de lo espiritual, desde lo moral, la moral del amor como fuerza de salvación.
Pero este ragazzi di vita está condenado al fracaso. Demasiado voluble, demasiado inconstante, demasiado ocioso, demasiado pasional. Al Pasolini poeta, en cambio, siempre lo he percibido como un poeta que desconfía de la pasión. Él siempre impone la razón (de ahí su potente legado que nos ha dejado en la cultura occidental) sobre lo puramente pulsional, si bien es evidente el magnetismo que le producía y que se tantea desde la misma Accatone. La mirada de Pasolini ya muestra el deseo en esos primeros planos e, importante, en la secuencia de los rostros encandenados de los chicos, que se erigen en una instancia no-narrativa. Esta erotización del lumpen será algo constante, el deseo por lo viril –un hombre de verdad-, a partir del modelo marcadamente racial/latino. Obsérvese que cuando aparece el rubio con ojos azules en su filmografía siempre lleva connotaciones negativas como así sucede en Teorema (1968) o en Las mil y una noches (Il fiore delle mille e una notte, 1974). El físico de Franco Citti ya marca el modelo y será una de las constantes más destacables en su trayectoria fílmica y que pocas veces observo que se mencione. El otro patrón característico de la mirada marica (Pasolini es pre-Stonewall), el del efebo, el que hemos heredado de la Grecia antigua, todavía no emerge en Accattone. De forma coherente florecerá en su Trilogía de la vida, cuando trata de fundar una genealogía, aquella en la que Paula López Montero en su estudio de Los cuentos de Canterbury (I racconti di Canterbury, 1974) consideraba que fracasaba para triunfar mejor que nadie. Pero allí no hay tanto una paidofilia sino más bien una idealización de la relación maestro-alumno, quizás remontándose a su juventud cuando ejercía de profesor. Porque aunque los muestre desnudos siempre impera el candor, la inocencia en su pureza máxima.
Hablaba de la pasión desde el físico de Franco Citti y del personaje de Accattone y su imposibilidad de adquirir un compromiso de reforma, una incapacidad que solo tendrá un destino (fatal). Creo que subyace una concepción de dicha fuerza emocional como peligro, el mismo factor que a su vez lleva al eros a su director. No hay nada que excite más que el riesgo, lo cual, por cierto, ya es quizás un acto de trangresión primigenio. En el deseo que antes he descrito se tensan las barreras, se dinamita la moral convencional. Es muy probable que ese fatum esté estrechamente ligado a la muerte de su hermano. Pasolini lo definía así 1 : Yo, por mi hermano, puedo decir que fue el destino de su cuerpo entusiasta el que lo mató, y que no podía sobrevivir a su entusiasmo]. Fue asesinado pero su forma de concebir lo político, el activismo que Pasolini no era capaz de asumir, le acabó conduciendo a una situación de extrema amenaza. Accattone tampoco podrá sobrevivir a su propia energía, como también podemos pensar del propio Pasolini en su trágico final, si bien luchó con todas sus fuerzas para imponer el pensamiento sobre lo pasional.
Accattone como primer largometraje también es en sí una promesa. Un camino nuevo que emprender, una cinematografía por trazar. Una vía para lo que fue todo su cine: «nosotros, que tenemos una conciencia» 2. En ese sentido, sin necesidad de entrar en ningún tipo de confrontación, el filme se puede percibir como una respuesta a Fellini y Los inútiles (I vitelloni, 1953). El retrato colectivo y masculino es muy similar. El desdén de los personajes por el trabajo es el mismo. En Fellini para ser crítico con algo que le resulta cercano, en Pasolini como un signo de exclusión pero también de autoafimación, de orgullo del proletariado, un orgullo incómodo para el pensamiento marxista y de izquierdas, al fin y al cabo hablamos de vagos y maleantes, a los que Pasolini les brinda toda su empatía, pese a sus no pocas actitudes negativas entre las que destaca una salvaje misoginia. Porque no hay acto de empatía más subversivo que el que siempre demostró y hoy parece ser algo que la prescripción cultural sanciona, comprender al que se aleja de nuestro sistema de valores, descentrarnos, combatir nuestro propio egocentrismo y tender un puente al Otro. Accattone no es un personaje unidimensional, es como tal una caracterización compleja y llena de contradicciones, víctima de su propia potencia y de ahí su dolor. En ese pesar que conecta con el propio hermano del director y con él mismo por una pérdida brutal es donde es capaz de trazar ese vínculo con su personaje. Lo fácil es censurar, lo difícil es entrar en el fondo de la naturaleza humana. Porque en eso convergen Fellini y Pasolini, la conexión del personaje de Fausto (Franco Fabrizi) en Los inútiles con Accattone, si bien el segundo es un macho tan extremo y despreciable que es un proxeneta. Pasolini no discute la carga de denuncia de Fellini y su propia autocrítica proyectándose en el personaje de Moraldo (Franco Interlenghi), pasivo, observador y dentro del cículo. Pasolini únicamente incorpora una conciencia política, la anteriormente citada, y de ahí la diferencia de clase social de los hombres de Los inútiles frente a los de Accattone. Y por último, en ambos filmes encontraremos herramientas conceptuales y estilísticas que luego serán desarrolladas y forjadas por ambos creadores. En Fellini, por ejemplo, en la secuencia del carnaval.
Por ello, muchos de los rasgos y principios que hemos comentado de Accattone son tomados del Neorrealismo. Pero su director, como Accattone, también sera incapaz de cumplir. Porque ya tiene necesidad de encontrar su propia voz, de escribir su propia poesía, como en la secuencia del sueño [estremece que dicha secuencia o la zurra a Maddalena (Silvana Corsini) adquieran una visión profética] o en su desmañada puesta en escena, que no está tan controlada y codificada como acabó sucediendo con el Neorrealismo, que acabó por fijar un dogma para cincelar un realismo social naturalista y que Pasolini adoptará a la vez que lo rompe. Llega al modernismo del cine italiano, al Nuevo Cine Italiano, y al énfasis del individualismo, misma actitud que emprenderán directores de su generación como Bellocchio y Bertoluccci. Pero frente a ellos hay una clara mirada diferencial desde el inicio, la marica, patente aquí en la atracción erótica hacia el machote heterosexual, la que luego dará algunos de sus fundamentos para el pensamiento queer (no tanto en este punto sino en su posición incómoda, en su voluntad rupturista y en su desafío de los límites), una nueva promesa más, esta involuntaria.
En una zona provinciana de la costa adriática de Italia transcurre este filme –tercera película en la carrera del maestro del cine italiano Federico Fellini– una panorámica cinematográfica que funciona como el retrato social de una época. Al mismo tiempo el relato hace foco en la vida cotidiana de un grupo de amigos, personajes singulares, un grupo de jóvenes que están por alcanzar los 30 años de edad y se caracterizan por algo clave entre otras tantas peculiaridades que los une, no haber trabajado jamás.
Pensemos que la historia transcurre en un contexto de post guerra, allí donde la cultura al trabajo y el sacrificio para sobrevivir eran ante todo un valor social y específicamente del género masculino en particular, los hombres en su tradición deberían representar esos valores. Pero ninguno de este grupo de cinco amigos busca ser el adalid de estos cánones morales. Por el contrario, los motiva y los une habitar la abulia diaria, depender de sus madres y hermanas como mantenidos y atendidos por las figuras femeninas, el ocio los atrae como un imán al metal, la diversión los convoca a la juerga, y ante todo los une como un lazo inquebrantable la cultura del anti trabajo.
Hay una mirada crítica y a su vez tragicómica que se dirige hacia los lugares que representen un paradigma de poder, como una esposa, un jefe, la idea de una jerarquía que quiera determinarles su modo de vida.
El mismo Alberto Sordi, que retrata a su personaje Alberto, en la vida real vivió casi de la misma forma en su cotidianeidad, aferrado a la compañía de su madre hasta la muerte de ella.
Si usáramos un término porteño para definirlos serían los chantas, los vagos o los vivos del barrio. Esos seres que pululan en una esquina, en un bar, en una vereda y que son tan empáticos como díscolos a la vez.
El filme evita concluir en un desenlace que los haga ver como perdidos en un callejón sin salida, que evitan madurar y enfrentar las complejidades del mundo, como un puñado de cobardes. Por eso Moraldo y Fausto abren en cada caso una salida posible a ese universo de repetición y estaticidad.
Narrativamente se presenta ese sello de los significativos travellings de Fellini que rodean y recorren, describen y narran como la oración en la frase de una novela. Mucho menos ostentoso en su puesta que algunos de sus más megalómanos filmes posteriores, no deja de tener un gran poder visual en la construcción de algunas de las escenas de los amigos y sus rituales.
El filme de Fellini ha sido una clara influencia de muchos realizadores posteriores, desde un Scorsese que lo cita como influencia para algunas de sus películas como Calles salvajes (Mean Street, 1973) o Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), hasta realizadores contemporáneos que trabajan también la temática del vacío existencial y la inercia del hombre que sobrevive sin poder construir en esa vida una propia existencia.