"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 17 de mayo de 2023

Ciclo Buñuel, Saura... TRISTANA (Luis Buñuel 1970)

 



Sinopsis:  Don Lope ha acogido a Tristana en su hogar para cumplir una promesa hecha a sus padres. Pero la joven es muy hermosa y se convierte en la obsesión del anciano, que a fuerza de tiempo y de paciencia consigue sus favores. Sin embargo, cuando ella conoce a un joven pintor que la enamora, decide cambiar radicalmente el rumbo de su vida. 


Crítica: 
La  iba a hacer en 1952 con Ernesto Alonso y Silvia Pinal. Es una de las peores novelas de Galdós... Sólo me interesaba el detalle de la pierna cortada... Bueno, el proyecto no siguió adelante en los años cincuenta. En el 62 se iba a realizar... en España, pero la censura no quería que Buñuel filmara más allí. Pasaron los años y volví a presentar el proyecto... No me cortaron nada, no me molestaron en absoluto[2].

Aunque, como en Nazarín, el personaje principal (encuentro a Fernando Rey magnífico en este papel) se mantiene fiel al modelo novelesco de Galdós, introduje considerables cambios en la estructura y el clima de la obra, que situé también, como había hecho con el Diario de una camarera, en una época que yo había conocido, en la que se manifiesta ya una clara agitación social.

Con la ayuda de Julio Alejandro, puse en Tristana muchas cosas a las que toda mi vida he sido sensible, como el campanario de Toledo y la estatua mortuoria del cardenal Tavera, sobre la que se inclina Tristana. Como no he vuelto a ver la película, me resulta difícil hablar de ella hoy, pero recuerdo que me gustó la segunda parte, tras el regreso de la joven, a la que acaban de cortar una pierna. Me parece oír todavía sus pasos por el corredor, el ruido de sus muletas y la friolera conversación de los curas en torno a sus tazas de chocolate.[3]
Ni la novela de Galdós ni mi película «tratan de la «liberación femenina» ni de nada parecido. En tiempos de Galdós eso era inconcebible; en los años en que se sitúa la película era rarísimo.[4]
¿Qué importa un argumento u otro? Lo que interesa es el guion. Sabes que puedo hacer con la vida de Cristo un película budista. Mi próximo film tendrá el tema de todos los míos: otra vez erotismo y religión. Tristana era un proyecto. Me daba oportunidad de insertar algunos aspectos de la vida española. Por lo demás, la obra, como todas las mías, no contenía crítica social, condenación de esto o lo otro. Ni pensarlo. Yo me limito siempre a mostrar hechos sin tomar posiciones en pro o en contra.[5]
Sólo Tristana es un film español ciento por ciento; los otros pude haberlos filmado en cualquier lado, hasta en Polonia.[6]
Antes de que el proyecto cuajara, Buñuel tuvo intención en dos ocasiones de llevar la novela de Galdós a la pantalla. La primera fue en 1952, e iba a tener a Silvia Pinal y Ernesto Alonso como protagonistas. El segundo intento fue en 1963[7] e iba a tener como protagonistas a Fernando Rey y Rocío Dúrcal. Al fracasar el intento de “Época Films” de rodar la película en sketches Los cuatro misterios, Buñuel le propuso a la productora que planteara la posibilidad de rodar Tristana. La productora estuvo de acuerdo y le adelantó un dinero para empezar a trabajar en el guion.
Buñuel y Alejandro lo escribieron pero fue prohibido por la censura. El realizador y los productores quedaron en el común acuerdo de que si el proyecto podía recuperarse se haría.

¿Tiene  Tristana  una estructura circular?
En 1969 los productores volvieron a retomar el proyecto. Eduardo Ducay cuenta  como en el contrato que firmaron  con Luis...Joaquín (Gurrruchaga) y él, ya se establecía que si la película no podía rodarse en España, se rodarían los exteriores en Portugal y los interiores en Francia. Como no recibían la autorización de la Administración se llamó a Luis para localizar exteriores en Portugal. Aunque al principio de mala gana, acabó gustándole el país y se pidió permiso para rodar en Portugal. Se iban a rodar allí incluso los interiores… ya estaba casi todo decidido para hacerla en Portugal.[8]
Cuenta Buñuel: Fraga Iribarne se oponía. Le escribí a mi amigo Ra­fael Méndez, un sabio español, jefe de farma­cología en el Instituto de Cardiología de Méxi­co: «Querido Rafael, tu amigo Fraga se opone a la película.» Rafael toma el avión —fíjense ustedes qué amigo—, se presenta en Madrid y habla con Fraga. Este le dice: «Que hable Bu­ñuel conmigo.» Yo quería que la entrevista fuera con testigos, pero Fraga insistió en que debíamos ser él y yo a solas. Me pareció inte­ligente y simpático Fraga, no me recibió altiva­mente. Me dijo que en España no estaban pre­parados para mis películas; le dije que Trista­na la filmaría con fidelidad al guion presenta­do. «Bueno —me dijo—, tiene usted luz verde. Haga la película y ya veremos.» No me cortaron nada, [9]
El contrato que firma Buñuel con los productores incluía la siguiente cláusula: "La productora hace constar expresamente su deseo de dejar plena libertad a don Luis Buñuel en los aspectos técnico, moral y artístico, tanto en la preparación como en el rodaje y terminación de la película. Por su parte, el señor Buñuel considerará las objeciones que pueda oponer la censura oficial, obligándose a encontrar soluciones para evitarlas, siempre que ello no afecte gravemente a la calidad artística de la película ni a la libertad moral e intelectual de su director."[10]


Julio Alejandro, coguionista manifestó: "Escribimos Tristana pensando de una manera definitiva en Toledo. Hasta tal extremo, que parte de las secuencias están hechas en el Hos­pital de fuera, en tal crucero de calles, en tal plaza, delante de tal iglesia, porque los dos recordamos muy bien Toledo; él to­davía mejor que yo porque lo ha visto últimamente de nuevo. Así que se pensó en la adaptación exactamente en lugares de­terminados de Toledo. Estos lugares no son algo anecdótico en la película, sino que tienen una fuerza vital dentro del script. Creo que lo que es Toledo marca de tal manera la película, que, a mi modo de ver, es muy difícil hacer esa película en otra par­te.”[11]
El final previsto en un principio era el de la escena en la que don Lope toma chocolate con los curas mientras se oía el golpear de las muletas de Tristana por el pasillo.
En 1969 el primer guion fue modificado y enriquecido...El film se basaría en la cuarta versión del mismo. El guion sigue el argumento del libro, sobre todo hasta la aparición de Horacio...reduciendo al mínimo el papel del protagonista. Al mismo tiempo, intensificó otros personajes: Tristana se vuelve mucho más dura y amarga que en el libro...Don Lope alberga todas las contradicciones del caballero provinciano que quiere ser progresista y ateo, pero está atado a los hábitos tradicionales...Hacia el final, don Lope se convierte en un hombre más decrépito y también más humano que en el libro...La criada Saturna aparece más vívida...Su hijo apenas aparecía en la novela...
Poner a punto la versión final costó no pocas manipulaciones. Un examen comparativo del primer y cuarto guion...nos permitiría comprender el método de trabajo creador del cineasta. Método dolorosos, altamente selectivo, mucho menos intuitivo de lo que la crítica y el público creen. El argumento queda más y más condensado, lleno de sentidos adherentes, furiosamente corrosivo...La metamorfosis de Tristana al final de la película está calculada de tal manera que su desviación sexual puede ser deducida por el espectador sin escenas tan específicas...Nunca vimos al realizador tan seguro como en el rodaje de este film...[12]


En los cuatro guiones que precedieron al definitivo, Buñuel, junto a Julio Alejandro, fue establecido un ceñido juego de interacciones entre don Lope y Tristana, haciendo más templado el carácter del anciano y más agrio el de Tristana, hasta el punto de abrir la ventana para que muera su enfermo marido.
La amputación modifica completamente el carácter de Tristana, dividiendo el film en dos partes bien diferenciadas. Buñuel era consciente de ello, hasta el punto que confesaría al productor Eduardo Ducay que, de haberlo pensado antes, habría hecho doblar a Catherine Deneuve por dos actrices diferentes, para expresar el cambio de personalidad después de cortarle la pierna. Una idea que, como se ve, continúa el desdoblamiento moral de la propia Deneuve en Belle de jour y anticipa el de las dos protagonistas de Ese oscuro objeto del deseo.
Buñuel trasladó la acción de Madrid a Toledo por multitud de razones:  la ciudad le permitía retratar una atmósfera provinciana anclada en el pasado sin grandes dispendios; era un decorado que le entusiasmaba por sus recuerdos juveniles; aparecía como trasfondo laberíntico de otra novela de Galdós que le gustaba mucho y siempre quiso adaptar, Ángel Guerra...Pero no debe perderse de vista el vitriolo que encierra esa elección en una cinta cuyo momento clave es la mutilación de la pierna, en una ciudad que como Toledo es todo cuesta arriba.[13]
El parecido del argumento de Tristana y Viridiana es sorprendente, resultando una variación del mismo tema. D. Jaime y don Lope  se nos presenta enlazados en una relación amorosa con una mujer mucho más joven que en ambos casos será la última mujer de sus vidas y la que, aunque con procesos distintos, los terminará castrando y después matando.


Viridiana es la sobrina de don Jaime, quien le ha costeado sus estudios y esto la hará sentirse responsable y agradecida hacia él. Don Lope ha ayudado a los padres de Tristana y al morir ellos él se encarga de ella. En las dos películas las sirvientas juegan un papel muy importante. Ambas con un hijo y sin marido. Ambas también con un galán: Horacio en Tristana y Jorge en Viridiana.[14]
Don Jaime y don Lope se parecen un poco, sí, pero quizá exageran ustedes lo del parecido porque lo ven interpretado por un mismo actor, Fernando Rey. También es posible que sea algo autobiográfico. Tenemos algo en común: la vejez.[15]
El rodaje comenzó el 27 de octubre de 1969 en los estudios Verona de Madrid y con exteriores en Toledo. Finalizó en diciembre; El rodaje se desarrolló casi exclusivamente en Toledo —ciudad para mí llena de resonancias, de recuerdos de los años veinte— y en un estudio de Madrid, donde el decorador Alarcón reconstituyó fielmente un café de Zocodover.[16] Estreno en Madrid el 29 marzo de 1970.
El ambiente de la película es irremediablemente hispánico, con un empleo del color y la luz que le dan un aire otoñal, arcaico, en decadencia, con colores pardos y oxidados, con gran abundancia de negros y las laberínticas callejuelas toledanas que tan plásticamente materializan los recovecos de esa sociedad, con un cierto toque mortecino y medieval que las campanas iniciales y el diálogo del campanero subrayan. Y como el mejor Buñuel suele deducirse de los pequeños actos cotidianos y simples, a los cuales potencia hasta dotarlos de elocuentes pronunciamientos sobre todo tipo de valores, su familiaridad con los objetos sólo admite parangón con la otra película española, Viridiana…
No obstante, el fuerte de la película reside, como siempre, en los pequeños y sutiles detalles: la pierna mutilada, perversamente resaltada al tocar el piano; el huevo pasado por agua que unta y come Tristana...el beso entre Tristana y Horacio, que despierta a don Lope a distancia…[17]

El realizador ha querido presentarnos unos personajes junto con su marco vital, al que se siente entrañablemente ligado. De ahí la extraordinaria importancia  de los objetos más simples de un pasado hispánico cercano: el calentador, las pantuflas, la bigotera, la capa...hay un mundo de objetos maravillosamente recreados en sus menores detalles, con una enorme veracidad que nace de la adecuación y propiedad de las cosas a los seres que se sirven de ellas.[18]
En la película todo funciona de forma sutil, nada estridente, dentro de esa tónica de apoyarse en gestos o atmósferas cotidianos y mínimos subrayados…La anécdota está puesta al servicio de una calculada estrategia: el lustrado del zapato de Horacio actúa como un auténtico subrayado o desencadenante del pie que le falta a Tristana. Una vez ante ella, la confrontación directa se lleva a cabo oponiendo el picado con que se nos presentan sus dos manos recorriendo el teclado del piano y el contrapicado –casi un contraplano- de los dos pedales...atendidos por una sola pierna. Esa primera asimetría dentro de un contexto rigurosamente simétrico subraya la dolorosa mutilación, que se hace explícita cuando ella enseña a Horacio el muñón. A continuación la cámara adopta el punto de vista del muñón. Luego sigue la pierna ortopédica en el sofá.[19]
En Tristana, el viejo fetichista vuelve a dar una vida inquietante y extraña a los objetos, en especial a la pierna ortopédica de la protagonista, la pierna rediviva que pierde el maniquí de Miroslava en Ensayo de un crimen...es uno de esos objetos buñuelianos que cobran vida propia, que llegan realmente a convertirse en uno de los personajes de la película.[20]
La transformación que sufre Tristana se explica por el hecho de su mutilación, pero éste es un dato que confirma, poéticamente, una mutilación ulterior: la de la frustración de su deseo...Se llama la atención sobre la pierna ortopédica cuando la vemos inmóvil sobre el canapé o la cama...como un signo sobre el que proyectar un sentido que no se reduce a su papel en la diégesis...incluida su carga erótica,...su dimensión fetichista...es signo de sí mismo además de signo de otra cosa, y deviene así un espacio polisémico...


Hay en la película un discurso subterráneo, una prospección de la faceta subconsciente del personaje, que sólo aflora a través de signos intraducibles a formulaciones racionales. El ruido monótono de las muletas en el suelo que acompaña a la imagen de Tristana en el pasillo...es un signo inquietante y, paradójicamente, silencioso,  por la reserva en que se oculta su  significado. Tristana deja de hablar, y en lugar de sus palabras pasamos a escuchar el ruido de sus muletas... [21]
Buñuel rechaza el tema de las restricciones sociales a la liberación de la mujer para desarrollar su visión de determinismo psicológico del ser humano que no puede escaparse de sus instintos más primitivos. Para ello amplifica el papel de Saturno en la película. Este desarrollo del personaje de Saturno permite el cineasta avanzar el tema que los impulsos primordiales, no racionales ni sociales, como el sexo, mandan nuestras acciones.[22]


Buñuel reelabora la materia novelística con un sentido distinto. Mientras don Lope va cediendo en su liberalismo anticlerical y volviéndose amigo de curas y guardias civiles, el carácter de la muchacha se agria rápidamente Los aspectos románticos y los apuntes de rebeldía quedan relegados a un segundo puesto, mientras que el odio de la mujer hacia su seductor recobra una importancia absoluta.
Tristana es seducida y ultrajada por don Lope y quiere liberarse encontrando un trabajo. La amputación de la pierna acabará con todas sus aspiraciones. Una de las diferencias con la Tristana de Galdós es que el cineasta, aunque mantiene los rasgos psicológicos de la protagonista,  limita mucho el aspecto de la mujer que quiere ser libre y honrada, para centrarse en el tema de la mujer juguete de un destino y de unas circunstancias adversas, progresivamente endurecida y cruel.[23]
A Tristana le gusta excitar al chico sordomudo. Tiránica… se desquita con don Lope y finalmente, con toda frialdad, le provoca la muerte. En la novela seguían vi­viendo juntos, él ya muy viejecito, ella yendo asiduamente a la iglesia.[24]
El personaje de don Lope es de los mejor construidos por Buñuel... al final se transforma, toma azucarillos y chocolates con los curas, saluda a la guardia civil. La vejez nos cambia a todos[25].
La evolución de las relaciones entre don Lope y Tristana quedan ejemplarmente escenificadas con el trata que da el realizador a las zapatillas del protagonista: al comienzo del relato Tristana calzaba las zapatillas a don Lope mientras este le llamaba "mi hijita adorada", más adelante, cuando Tristana opta por abandonar a Lope para unirse a Horacio, ella misma arrojará, decidida, las viejas pantuflas a la basura. Es así cómo, más allá de su papel estrictamente funcional como calzado hogareño, las pantuflas puntúan en el relato fílmico los sucesivos estadios por los que pasa la relación entre los protagonistas.[26]

Buñuel mantiene su enorme dominio técnico, caracterizado por una subordinación estricta de todos los aspectos de la línea narrativa fundamental, sin el más mínimo preciosismo ni tentación decorativa. La belleza no es, en este trozo y en el resto de su cine, el resultado de manejar elementos plástico aislados, sino la expresión conjunta de una visión narrativa enormemente madura que surge de la propia experiencia y en la que se resume una postura inequívoca ante el misterio de la existencia. La ironía soterrada de que un famoso anticlerical acabe rodeado de curas se correspondía, además, en la propia vida del cineasta, con sus frecuentes encuentros personales con teólogos. Vida y obra, pues, acababan hermanadas en la práctica, aunque persistieran las diferencias teóricas e ideológicas, ya templadas y suavizadas por el paso de los años.[27]
La película posee un incesante movimiento de la cámara y continuos saltos elípticos...A partir de la boda de Tristana, Buñuel da un vuelvo a la novela galdosiana. El relato entra en un vértigo de autodestrucción.[28]
En la película hace un frecuente encabalgamiento de la última frase sobre las imágenes siguientes que evita la presencia de instantes inertes desde el punto de vista dramático. Así se acelera el ritmo sin recurrir al tópico de la música.[29]
Buñuel pensaba que esta película había sido un paso atrás en su carrera porque no seguía el camino emprendido en La Vía Láctea de ruptura de las convenciones narrativas y que continuaría en sus siguientes filmes: Tristana es un paso atrás en mi carrera, es una película ordenada, académica, es la descripción de la decadencia de un señor. Un señor de tipo burgués...pero anarcoide, anticlerical, etc. que al final termina renegando de todo lo que hizo en su vida...No lo dice, pro se ve que es la historia de una decadencia, nada más. Pero supone un paso atrás en mi carrera. Había roto, en La vía láctea...con la ordenación, con el tiempo, con el espacio, y ahora vuelvo otra vez a una perfecta continuidad muy académica.[30]


"El éxito de Tristana fue inmediato e internacional. En un primer visionado los asistentes quedamos sorprendidos: la total ausencia de cualquier floritura de rodaje, ya usual en el realizador, había llegado a un límite ascético. Al montar, el realizador había cortado con frecuencia las primeras y últimas imágenes, haciéndonos entrar de lleno en el meollo de la acción, sin las tradicionales conexiones de la llamada gramática del cine. Toda una vida dedicada a vigilarse para evitar la tentación estética había conducido al realizador a un estilo tan personal que, en Tristana, rozaba ya el manierismo. ¿Qué importa, se podrá decir, puesto que en Buñuel lo que cuenta es el contenido? Pero en una obra de arte completa, fondo y forma se justifican mutuamente y son unidad. El método de Buñuel destruía la posibilidad de una contemplación relajada de la película: había eliminado el concepto de espectáculo, distanciando al espectador.”[31]
Para algunos analistas "la película se encuadra entre dos escenas que son, de hecho, la misma pero vista desde dos ángulos diferentes: un prólogo y un epílogo nos muestran a Saturna y a Tristana que van a visitar al hijo sordomudo de aquella. Al comienzo de la película las dos mujeres vestidas de negro avanzan hacia la cámara; en la última escena nos dan la espalda. Tristana ofrece al adolescente una manzana al comienzo de la película que él continúa comiendo al final.

¿Qué relación se establece entre Tristana y Saturno?
Se puede pues avanzar la hipótesis de que, después de la muerte de sus padres, Tristana, recogida por don Lope, imagina toda la historia del film, antes de volver a partir con Saturna hacia la casa del común benefactor." [32]
Buñuel "no se sentía cómodo con este final. ¡Faltaría más! Optó por incluir una coda, la sucesión de imágenes que repiten instantes pasados y concluye con un plano que es el inverso exacto de aquel que abrió la narración. Se sugiere así una torsión de la temporalidad evocadora del eterno retorno. Cuando menos, rehúye un final de índole teleológica y lo abre a la indeterminación, a un nuevo y posible sentido."[33]
El final de Galdós no me parecía bien, pero tampoco me gustaba el mío. Me molestaba mucho que terminase con la muerte de don Lope, me parecía melodramático, pero no podía ver otro final sino ése. Ella se venga de don Lope: él tiene un ataque al corazón y ella finge que llama al médico. Después abre la ventana: está nevando. Es un final con «coleta», me desagra­da. Tal vez por eso metí una serie rápida de imágenes retrospectivas.[34]
"Tal respuesta dice mucho de la voluntad estética de Buñuel,… rechaza que se produzca una complacencia meramente especular, prefiere abrir una hendidura capaz de activar la subjetividad del espectador. Con ello salvaguarda su actitud rupturista pese a trabajar aparentemente dentro de los parámetros convencionales.

El sonido de las muletas a lo largo del pasillo...
Voluntario rechazo, pues, de un final unidireccional, homogéneo y perfectamente cerrado. Decidida elección, por lo tanto, de un final abierto, incluso extraño, que en ningún caso satisfaga todas las expectativas…
A menudo se afirma que todas las imágenes que conforman la coda son imágenes ya vistas previamente. Lo cual no es absolutamente cierto. Hay una imagen, un plano concreto, que no ha sido visto con anterioridad. Precisamente el último plano de la película, el que de verdad la cierra y sugiere que se pretende proponer un retorno en el tiempo a modo de espiral. En esa imagen vemos a Saturna (Lola Gaos) y a Tristana de espaldas, alejándose en plano general de la cámara, regresando a la ciudad después de haberse entrevistado con el profesor (Sergio Mendizábal) y con Saturno …Estos dos planos, el primero de llegada y el último de retorno, son los que conforman esa torsión formal que insinúa la circularidad con la que Buñuel gustó de cerrar alguna de sus notables películas."[35]
Pierre Lary, su ayudante de dirección en la película, afirma: "Tristana era una película para exorcizar, era el miedo que él tenía de vivir así, de envejecer y de debilitarse en sus principios...Él estaba muy feliz de rodar en España, pero menos cómodo que en Francia. Es extraño, ¿no? Estaba menos relajado, menos contento, se implicaba mucho...Para él es una película un poco dolorosa, tengo la impresión. Yo lo sentía así entonces. Fernando Rey era a la vez su doble y lo que no quería ser."[36]
Sí, yo soy don Lope. Ha venido a ser mi historia, Muy liberal, muy anticlerical al principio, y, a la vejez, sentado en una camilla tomando chocolate, ¡qué maravilla de chocolate!, hablando con tres curas. Y la nieve, afuera.[37]



[2] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág. 155 
[3] Luis Buñuel: Mi último suspiro. Plaza & Janés, 1982, Pág.239 
[4] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág. 160 
[5] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.287 
[6] Declaraciones de Buñuel a Aldo Tassone en 1982. Tomado de: Víctor Fuentes: Buñuel: cine y literatura, Salvat, 1989, pág. 134 
[7] Para todo lo relacionado con el intento de hacer la película en España es conveniente leer el artículo de Eduardo Ducay (productor de la película): Lo que pasó con Tristana (Luis Buñuel, 1969), Cuadernos de la Filmoteca, nº 47, junio 2004, pág. 49-83 
[8] En Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.374 
[9] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.155 
[10] Tomado de: Antonio Lara: Lectura de "Tristana", de Luis Buñuel, según la novela de Galdós. En: La imaginación en libertad. Universidad Complutense, 1981, Pág. 192 
[11] Julio Alejandro en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.398 
[12] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.308 
[13] Agustín Sánchez Vidal: Los expulsados del paraíso. Escuela Libre editorial, 1994, Pág. 64 
[14] Fernando Cesarman: El ojo de Buñuel. Anagrama, 1976, Pág. 217 
[15] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.159 
[16] Luis Buñuel: Mi último suspiro. Plaza & Janés, 1982, Pág.239 
[17] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 327 
[18] Antonio Lara: Lectura de "Tristana", de Luis Buñuel, según la novela de Galdós. En: La imaginación en libertad. Universidad Complutense, 1981, Pág. 214 
[19] Agustín Sánchez Vidal: Los expulsados del paraíso. Escuela Libre editorial, 1994, Pág. 122 
[20] Carlos Barbachano : El viejo don Lope en Toledo. En: Obsesión es Buñuel. Ed. Antonio Castro, 2001, Pág. 146 
[21] Antonio Monegal: Luis Buñuel de la literatura al cine. Anthropos, 1993, En: El análisis cinematográfico. Ed. Jesús González Requena. Editorial Complutense, 1995, Pág. 172 
[22] Paulette Martínez: Tristana: Una crítica del ambiente social, pág. 4 
[23] Claudia Teresa Pelossi: Espacio, sueño y decepción en Tristana: de Pérez Galdós a Buñuel, Actas de las X Jornadas de Literatura Comparada: http://xjornadaslc.fahce.unlp.edu.ar/ pág. 419 
[24] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág. 160 
[25] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.155 
[26] Pedro Poyato Sánchez: La transducción al cine de la novela Tristana: La forma cinematográfica buñueliana, UNED. Revista Signa, nº 23, 2014, pág. 741 
[27] Antonio Lara: Erotismo y muerte en Tristana. En: El análisis cinematográfico. Ed. Jesús González Requena. Editorial Complutense, 1995, Pág. 128 
[28] Víctor Fuentes: Buñuel: Cine y Literatura. Salvat, 1989, Pág. 133  
9] Antonio Lara: Lectura de "Tristana", de Luis Buñuel, según la novela de Galdós. En: La imaginación en libertad. Universidad Complutense, 1981, Pág. 215 
[30] Entrevista con Mosén Vicente Allanegui en Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.491 
[31] J. Francisco Aranda: Luis Buñuel. Lumen, 1975, Pág.308 
[32] Marcel Oms: Don Luis Buñuel. Editions du Cerf, 1985, Pág.: 157 
[33] Manuel Vidal Estévez: Inclemencia de la intemperie simbólica Tristana: triste Ana, Triste mundo, Trama y fondo, nº 17, 2004, pág. 40 
[34] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel. Plot, 1993, Pág.160  
[35] Manuel Vidal Estévez: Inclemencia de la intemperie simbólica Tristana: triste Ana, Triste mundo, Trama y fondo, nº 17, 2004, pág. 26-28 
[36] Pierre Lary : En torno a Buñuel. Cuadernos de la Academia, nº. 7-8, agosto 2000, Pág. 314 
[37] Max Aub: Conversaciones con Buñuel. Aguilar, 1985, Pág.146


miércoles, 3 de mayo de 2023

Ciclo Buñuel, Saura... : EL ÁNGEL EXTERMINADOR (Luis Buñuel 1962)

 



Sinopsis: Esta alegoría sobre la importancia de la apariencia por encima de la sinceridad se convirtió en la obra maestra de Luis Buñuel, siendo los protagonistas de este drama surrealista Silvia Pinal y Enrique Rambal. Tras una lujosa cena en una enorme mansión, los invitados  descubren que, inexplicablemente, no pueden salir del lugar, aflorando la verdadera naturaleza de los presentes.  


Crítica: 
Una agobiante confusión
El ángel exterminador comienza con un personaje abandonando una mansión. Se trata de un sirviente que tras mostrar su decisión de marcharse es despedido. Tras él, el resto de sirvientes muestran un extraño interés en querer alejarse de allí cuanto antes. Todo parece vaticinar que algo nefasto está a punto de ocurrir allí.

Una elegante fiesta comienza y, tras alargarse más de lo debido, los invitados expresan sus deseos de volver a casa. Por razones desconocidas, no explícitas en el filme –ni necesarias-, los invitados no pueden irse, mas no parecen estar disgustados por ello.

Los invitados se acomodan en el salón, unos en los divanes y otros en el suelo. Los dueños están convencidos de que falta poco para que se marchen, pero, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué nadie se va?

A la mañana siguiente todos se despiertan como si nada y conversan sobre cómo han pasado la noche. Dialogan tranquilamente sobre la situación, la cual comienza a resultar inverosímil o, tal vez, demasiado normal.


La repetición
Buñuel, un artista obsesionado con la repetición, crea una obra en la que constantemente se repiten secuencias idénticas. Observamos cómo los invitados entran dos veces en la mansión o vemos cómo dos invitados se presentan varias veces, como si no se conociesen. Además, la reunión termina exactamente igual que empezó.

El propio Buñuel indicó que hay como veinte repeticiones idénticas en el filme, porque qué es la vida sino una continua sucesión de hechos idénticos. Todos los días nos levantamos, nos lavamos la cara y vamos a la misma oficina, con los mismos compañeros.

Los invitados, que se mantienen encerrados en el salón, se mueven de forma cíclica y no progresiva. Pierden la noción del tiempo y se pierde la linealidad del mismo, la hora o el tiempo transcurrido pierden toda la importancia.


Crítica social
La esencia de El ángel exterminador es la feroz crítica social que se realiza sobre la burguesía. Buñuel, que estaba exiliado en México, quiso recrear una fiesta ostentosa, llena de suculentas comidas y trajes elegantes. Sin embargo, no quedó del todo contento, le habría encantado contar con un presupuesto mayor y poder exagerar más la vida pomposa de estos burgueses acomodados.

Cuando los invitados se despiertan, tras haber pasado la noche en el salón, se comienza a producir un efecto de contagio entre ellos. Incapaces de abandonar la casa y con razones tan absurdas como lo es la vida misma, observamos cómo nadie quiere ser el primero en marcharse, tienen miedo a ser señalados por el resto. Por tanto, todos se quedan, bajo el asombro de los dueños.

Sus problemas comienzan a aflorar, muestran sus trastornos frente a todos y se desnudan interiormente. Mientras tanto, hay un invitado que entra en coma, aparece un oso paseando por la sala contigua y unos corderos van y vienen a sus anchas por la mansión.


Surrealismo
La desesperación, la falta de higiene o el hambre se va apoderando de los invitados. Asimismo, la relación entre ellos se tensa según avanza el tiempo y siguen sin encontrar una solución.

El ángel exterminador retrata constantemente la frustración de un grupo de personas que no pueden hacer lo que quieren hacer. Quienes están dentro no pueden salir y quienes están afuera no pueden entrar. Resulta inexplicable cómo un grupo de personas, a priori civilizadas, no pueden ponerse de acuerdo para salir.

De forma surrealista se acercan a la puerta de la mansión los familiares y conocidos de los invitados, ya que sus familiares llevan encerrados demasiado tiempo. Se preguntan qué estará sucediendo ahí dentro pero ninguno de ellos se atreve a entrar.


Conclusión de 'El ángel exterminador'
El ángel exterminador es la obra cumbre de Buñuel. El cineasta intentó explicar la imposibilidad de dar una explicación a todo, una crítica a la decadencia de la clase alta y a un mundo corrompido. La pérdida de valores ante una situación de presión.

Para la proyección en Francia, Buñuel añadió el siguiente comentario al inicio de la película: “Si la película que van ustedes a ver les parece enigmática, la vida lo es también. El autor declara que no ha querido jugar con símbolos, al menos conscientemente. Puede ser que la mejor explicación para El ángel exterminador es que, racionalmente, no tiene ninguna...”.

Gracias a ello, el largometraje conserva su atractivo original y se presta a seguir recibiendo nuevas interpretaciones, casi tantas como personas se atrevan a verla.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Ciclo cine español: la mirada obstinada. VIRIDIANA (Buñuel 1961)

 




Sinopsis: 

Viridiana (Silvia Pinal, 'El ángel exterminador'), una joven novicia, visita a su tío, don Jaime (Fernando Rey, 'Elisa, vida mía'), en una hacienda de la meseta castellana. El gran parecido existente entre Viridiana y la difunta esposa de don Jaime, quien falleció en su noche de bodas treinta años antes, le llevará a Jaime a pedirle a Viridiana que se case con él.Ella rechaza la petición de su tío, pero acepta, sin embargo, a vestirse con el traje de novia de la difunta. Don Jaime aprovechará esta ocasión para narcotizar a Viridiana con la complicidad de su criada Ramona y abusar de ella, aunque al final desiste de su intento sexual. Cuando Viridiana se recupera y se dispone a regresar a su convento, descubre horrorizada que su tío se suicidó la noche anterior.La joven Viridiana se siente culpable y renuncia a los hábitos para dedicarse a acoger y cuidar a los mendigos que rondan las posesiones de su tío. Su rutina es esa hasta la llegada de Jorge (Francisco Rabal, 'Goya en Burdeos'), heredero directo de las posesiones de don Jaime, quien viene acompañado de su amante para hacerse cargo de la hacienda. Basada libremente en la novela “Halma” de Benito Pérez Galdós, obra maestra de Buñuel con un guión lleno de irreverencia, naturalismo, surrealismo, humor negro y tragedia. Buñuel, sin paños calientes, ofreciendo al espectador su visión del mundo y del hombre, respirando luz, espacio, ritmo, tiempo.

Crítica: https://www.espinof.com/criticas/viridiana-blasfemia-sacrilegio-cine-libre-y-hermoso



sábado, 4 de mayo de 2019

15 Los olvidados





Críticas:

Los Olvidados (1950):Emiliano Fernández

En uno de los regresos más espectaculares de la historia del cine, Los Olvidados (1950) significó la vuelta de Buñuel al candelero internacional con una obra maestra que no sólo estaba en el mismo rango cualitativo de La Edad de Oro (L’âge d’or, 1930), sino que en gran medida lo reconfiguraba bajo otros parámetros ya que por un lado el aragonés volvía a firmar el guión, restaurando el estatuto autoral de su cine, y por el otro se decidía a introducir ya a pleno el antiguo arsenal surrealista dentro de un marco de visceralidad social, en franca sintonía con la hoy lejana Las Hurdes- Tierra Sin Pan(1933), que no ofrece ningún aliciente al espectador en su retrato del execrable ciclo de la miseria e indignidad capitalistas. Precisamente, el film se centra en los suburbios de la Ciudad de México y analiza de manera descarnada tópicos como la pobreza extrema, el hacinamiento, la violencia, la frustración ad infinitum, el trabajo infantil, el analfabetismo, las traiciones entrecruzadas, la delincuencia, el oscurantismo popular, las familias numerosas, el rencor, la crueldad, el egoísmo, la explotación laboral, la pederastia y el maltrato animal. Todo comienza con la salida del correccional de menores de El Jaibo (Roberto Cobo), un adolescente huérfano, y su obsesión con vengarse de quien considera fue el que lo delató a las autoridades, Julián (Javier Amézcua), a quien asesina a golpes en un descampado mientras Pedro (Alfonso Mejía) ve el episodio, a su vez un chico que también vaga por las calles porque su madre (Estela Inda) se niega a alimentarlo y a darle afecto ya que el joven siempre se ausenta sin aviso y en esencia debido a que lo relaciona con el comienzo de su martirio -primer hijo a los 14 años- en términos de muchas bocas para alimentar en la más pura soledad. Al mismo tiempo Ojitos (Mario Ramírez), un niño abandonado de improviso por su padre, empieza a desempeñarse como lazarillo para Don Carmelo (Miguel Inclán), un ciego reaccionario, mezquino y con tendencias pederastas que se gana la vida tocando canciones en los mercados del D.F. y como curandero en la casa de Meche (Alma Delia Fuentes), una adolescente a quien El Jaibo y el anciano pretenden violar cuanto antes. Entre robos perpetrados por el prófugo y su pandilla contra el ciego y un tullido sin piernas que se arrastra con un carrito, Pedro desea congraciarse con su madre consiguiendo un trabajo tradicional pero termina siendo acusado del hurto de un cuchillo de mango de plata a cargo de El Jaibo y enviado a una institución estatal en donde lo asignan a una granja, sin embargo no pasará mucho tiempo hasta que sus compañeros de correrías lo vuelvan a llevar a la segregación de siempre. La película es tanto un homenaje al neorrealismo italiano como una sutil parodia porque en vez de inclinarse por una romantización de los pobres que celebre sus supuestas ingenuidad y bondad símil Vittorio De Sica, aquí se opta por un análisis austero y sin catarsis en el que los susodichos quedan presos de una ciclotimia emocional/ pragmática permanente en función de su condición de explotados, la desidia institucional, la ceguera de las capas burguesas y la desesperación de tener que competir por las migajas que el sistema capitalista les reserva en el reparto general de la riqueza, dentro del cual no pasan de ser meros esclavos intercambiables condenados a ese olvido al que se refiere el título. De todas formas, el realismo de base del aragonés incluye marcas propias del fetichismo de antaño (la obsesión con los pies y piernas femeninas, el shock y los animales, ahora con una presencia constante de gallinas cosificadas) y hasta instantes y escenas completamente surrealistas (el célebre sueño de Pedro en cámara lenta en el que se unifican la culpa, el amor por su madre y el hambre, o cuando el pequeño tira un huevo contra la cámara en el internado, detalle jocoso en línea con un quiebre irrespetuoso de la “cuarta pared”, o la alucinación con motivo de la muerte de El Jaibo, metáfora de la soledad y el desamparo que marcaron sus días y que lo sentenciaron a la violencia sistemática para sobrevivir). El realizador va mucho más allá de tantas fábulas sociales posteriores y de aquel mismísimo presente, denunciando la prostitución infantil con clientela burguesa pedófila y la explotación social mediante la alegoría de una calesita llena de burguesitos siendo movida por la mano de obra de niños pobres semi esclavizados… y ni hablar de ese paternalismo hipócrita por parte de un Estado que acusa a los padres de falta de amor y cuidados cuando jamás se hizo presente para ayudar/ asistir en la crianza y alimentación de los chicos, llegando al punto de internarlos en instituciones donde la mayoría de las veces se profundiza la marginación y aprenden el oficio de la delincuencia y/ o lo perfeccionan.

Los Olvidados (México, 1950)
Dirección: Luis Buñuel. Guión: Luis Buñuel y Luis Alcoriza. Elenco: Roberto Cobo, Alfonso Mejía, Mario Ramírez, Miguel Inclán, Estela Inda, Alma Delia Fuentes, Francisco Jambrina, Efraín Arauz, Javier Amézcua, Jorge Pérez. Producción: Óscar Dancigers, Sergio Kogan y Jaime A. Menasce. Duración: 85 minutos.

Análisis:

Aparentemente, la película es un drama o tragedia neorrealista, documentada en los bajos fondos de la gran urbe y que tiene una intención marcadamente social. Sin embargo, el trazado subliminal, crea todo un flujo subconsciente en que los temas son la ausencia del padre, el complejo de Edipo, la orfandad, la maldad y la muerte. Todo esto está subrayado por secuencias oníricas, por la extraña y constante presencia de las gallinas, la rítmica repetición de brazos que se alzan cada diez minutos para golpear y matar cruelmente y, no menos importante, la vanguardista música, atormentada e inquietante, de Rodolfo Halffter sobre temas de Gustavo Pittaluga. Ello crea un clima de malestar que lleva al filme a la característica poética surrealista y tortuosa del aragonés.

Como ha recordado Octavio Paz, Buñuel muestra la evolución del surrealismo, que se inserta ahora en las formas tradicionales del relato, en este caso una tragedia sin coturno, integrando «las imágenes irracionales que brotan de la mitad oscura del hombre».

El estreno de la película en México suscitó violentas reacciones, y se pidió desde diversas instancias mediáticas la expulsión del cineasta del país. A los cuatro días fue retirada de los cines sin que faltaran intentos de agresión física contra Buñuel. Afortunadamente, algunos intelectuales salieron en su defensa y, tras recibir el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1951 (en una edición donde competían Milagro en Milán de Vittorio de Sica o Eva al desnudo de Joseph L. Mankiewicz), Buñuel fue «redescubierto» en los medios franceses y europeos, lo que le valió el respeto y la audiencia en México. La película fue reestrenada al año siguiente en una buena sala de la capital mexicana, donde permanecería más de dos meses en cartel.

Y su éxito comercial se dio pese a su extrema dureza, pues como señaló André Bazin, se trata de un ejemplo del "cine de la crueldad", en consonancia con las propuestas que para el teatro había hecho Antonin Artaud con su "teatro de la crueldad". Buñuel se permite mostrar lisiados sin el menor intento de mover la compasión del espectador hacia ellos. Antes al contrario, muestra al ciego cargado de rasgos negativos (lujurioso, avaro y chivato), y esto se refuerza eligiendo para este personaje a un actor conocido por su interpretación de numerosos «malos» en el cine mexicano.

Los dos grandes temas son la sexualidad y la muerte, sin olvidarnos de la pobreza, la marginación y la miseria, que recorren el primero los componentes surrealistas y profundos de la psique humana y el segundo la dura lucha por la vida de la realidad social. Desde este punto de vista, «olvidados» son todos sus personajes: Ojitos, que es abandonado a su suerte por su padre en la gran ciudad para librarse de una boca que alimentar; Pedro, a quien su madre le niega el afecto y aun el sustento; esta, a su vez, repudiada y vejada por su marido, y luego abandonada; Jaibo, de orfandad total, que ha tenido que sobrevivir en la calle, e incluso el ciego, desasistido de beneficencia, por lo que tiene que mendigar en la calle, desvalido como el hombre-tronco, que se desplaza sobre un carrito con ruedas, y del que los chicos se burlan quitándole su medio de locomoción y tirándolo calle abajo.

Esta tremenda visión del mundo remata en la doble muerte sobreimpresionada de Pedro y Jaibo: ni el bien ni el mal escapan a ella, como constata trágicamente la película (al menos en las condiciones sociales en las que se desarrolla este drama). Su valor cinematográfico se desprende de todas estas sugerencias subterráneas, que, unido a la trama contundente y brutal, crean una gran catarsis.


Otros Datos

Los olvidados, junto a Metrópolis de Fritz Lang, toda la cinematografía de los hermanos Lumière y El Mago de Oz, de Victor Fleming, son las únicas piezas del séptimo arte que han recibido la consideración de "Memoria del Mundo".

Este filme ocupa el puesto N°2 en la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano, según la opinión de 25 críticos y especialistas del cine en México, publicada por la revista Somos en julio de 1994.4​