"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Ciclo, Bienvenido Mr. Berlanga. PLÁCIDO. Luis García Berlanga 1961

 



Sinopsis: En una pequeña ciudad provinciana, a unas burguesas ociosas se les ocurre la idea de organizar una campaña navideña cuyo lema es: "Siente a un pobre a su mesa". Se trata de que los más necesitados compartan la cena de Nochebuena con familias acomodadas y disfruten del calor y el afecto que no tienen. Plácido ha sido contratado para participar con su motocarro en la cabalgata, pero surge un problema que le impide centrarse en su trabajo: ese mismo día vence la primera letra del vehículo, que es su único medio de vida.


Crítica: Clásico inmarchitable del cine español de todos los tiempos “Plácido” es unas de las obras maestras indiscutibles y fundamentales de la filmografía de Luis García Berlanga. Rodada en el momento cumbre de su creatividad, en un periodo oscuro donde la feroz censura del régimen franquista agudizaba el ingenio y la imaginación de los guionistas “Plácido” se transforma, siguiendo el hilo conductor de un alambicado, pérfido y malévolo guión del propio Berlanga y Rafael Azcona y bajo la afilada dirección de un Berlanga -lejos de la ternura que destilaba su mirada en anteriores trabajos- en una falsa comedia coral y en una amarga, pesimista y cruel reflexión sobre la sociedad española de la época. Deudora en parte del neorrealismo tardío, tanto en la forma como en el fondo, “Plácido” es al mismo tiempo una visión vitriólica de la realidad y un retrato despiadado e inmisericorde de la España de la pandereta, profunda, negra y reaccionaria que desgraciadamente sigue vigente en amplios sectores de la sociedad española actual. Con “Plácido” Berlanga disecciona y hace pedazos -con su habitual lucidez- a una sociedad hipócrita, mezquina y provinciana de doble moral donde lo más importante son las falsas apariencias, que predica la caridad pero que no la practica, a la que le molesta la pobreza pero que no hace nada por erradicarla y que necesita poner en marcha una cruel farsa, en forma de campaña navideña, bajo el lema “siente un pobre a su mesa” para lavar sus conciencias. Con un reparto irrepetible de grandes actores en estado de gracia, donde seria injusto destacar a nadie, Berlanga se mueve como pez en el agua en ese cine coral tan querido por el y en el que ha sido maestro y referencia absoluta. Trufada de secuencias memorables, no por esperpénticas y surrealistas menos dramáticas, son especialmente inolvidables la que se desarrolla en los lavabos públicos y sobre todo la larga, genial y milimétrica secuencia -de una sátira mordaz demoledora- en la que el repentino empeoramiento del estado de salud de uno de los pobres, gravemente enfermo, desencadena una situación cómico-patética que pone en evidencia todas las miserias de esa sociedad amoral. Obra maestra de imprescindible visionado.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Ciclo, Bienvenido Mr. Berlanga. LA ESCOPETA NACIONAL José Luis García Berlanga 1976

 



Sinopsis: Un fabricante catalán de porteros electrónicos viaja a Madrid, acompañado de su amante, para asistir a una cacería que él mismo ha organizado. Lo que pretende es relacionarse con gente de la alta sociedad española para promocionar su negocio. En la finca del marqués de Leguineche conoce a diversos personajes y vive multitud de situaciones tan absurdas como disparatadas.


Crítica: Una vez más ese dueto de genios llamados Berlanga y Azcona se dedican a diseccionar la sociedad española, y lo que encuentran en ese cuerpo putrefacto llamado España de Franco no es más que un catálogo de miserias, degradaciones y esperpento, mucho esperpento.


En este caso la mirada se centra en un grupo de lo que podríamos denominar clases dominantes. El sector político, eclesiástico, nobiliario y económico que durante tanto tiempo ha regido los destinos del país aparecen como seres anacrónicos, anclados en sus chanchullos y que parece que no se han movido desde las crónicas periodísticas de Larra en el siglo XIX.

Berlanga pone su cámara al servicio de todo este mosaico de personajes y los persigue con cinismo y ternura, centrándose en la figura del catalán industrial mortificado por no entender los trapicheos de la villa y corte y al mismo tiempo incapaz de dar un golpe moral y uniéndose al coro de la corrupción. Todo por dinero o por un poder que muchos no querían abandonar.

La construcción de los personajes no puede ser más correcta, todos parecen un tópico parlante, pero es que acaso esa España no lo era? No se atisba ningún rastro de humanidad en ellos, sólo egoismo y ganas de medrar.

Pero quizás lo más interesante es ese ambiente de cambio que se intuye en toda la película. Por momentos todos los personajes saben que una época se está acabando, y lo que hacen no es más que tomar posiciones a la desesperada, conscientes de que el fín de un régimen, si están donde deben estar, no debe suponer ninguna desventaja para ellos. Y es que en España hay una especie de parásitos siempre dispuestos a cambiar de chaqueta, gabardina o chandal, pero nunca de gallumbos. Está en su ADN creerse que el país es su finca y sólo ellos tienen derecho a administrarla, que sólo ellos pueden dictar las leyes y la moral para pasárselas convenientemente por el forro.

El tono es deliberadamente esperpéntico, sín necesidad de hacer sangre gratuitamente; las propias actitudes del elenco los definen por sí solos, cosa que por otra parte no sería creible sino fuera por la inmensa calidad del reparto, destacando especialmente un "Saza" cuyo retrato del burgués catalán es tan real como impagable, siempre dispuesto a pactar con quien haga falta porque la pela es la pela.

Sín duda una película que el tiempo no ha desmerecido y que hoy día tiene clara vigencia. No hay más que verla para entender cosas como las que han pasado en Marbella y toda la tropa de malayos.


miércoles, 29 de noviembre de 2023

Ciclo, Bienvenido Mr. Berlanga. EL VERDUGO (Luis García Berlanga 1963)

 



Sinopsis: Isbert ejecuta y se jubila para delirio del espectador, mientras la flaqueza de las piernas de su yerno se convierte en uno de los mejores alegatos contra la pena de muerte jamás vistos en una pantalla de cine. Cruelmente divertida, paradigma del humor negro español, "El verdugo" es, probablemente, la mejor comedia española de todos los tiempos. Isbert, Azcona y Berlanga en estado puro.


Crítica:  Nominada al León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, 'El Verdugo', coproducción hispano-italiana dirigida Luis García Berlanga y escrita por el director junto a Rafael Azcona y Ennio Flaiano, es una divertida, cruda y ácida sátira sobre la hipocresía del sistema que resulta tan hiriente a finales de 2020 como en el mismo día de su estreno. Puedes comprobarlo en la medianoche de La 2.


La gran familia española
Protagonizada por Pepe Isbert, Nino Manfredi y Emma Penella, la película guarda, además, una constelación de astros de la interpretación nacional que no quisieron perder la oportunidad de aportar su granito de arena en una de nuestras películas más importantes, si no la que más, de nuestro cine.  Del papel secundario al simple cameo, desfilan por 'El verdugo' José Luis López Vázquez, María Luisa Ponte, María Isbert, Julia Caba Alba, Guido Alberti, Antonio Ferrandis, Lola Gaos, Alfredo Landa, José Sazatornil, Agustín González, Chus Lampreave, José Luis Coll o Emilio Laguna se dejan ver por aquí.

Las 11 mejores películas españolas de 2020 (hasta ahora)
De entre todos, el que menos lo hace posiblemente sea Manuel Alexandre, el rostro de la bondad que destrozaba la moral del protagonista y del espectador actual con su participación, discreta, de fondo, pero de importancia capital en el desarrollo de la película. Si había sido el ciclista muerto de la película de Juan Antonio Bardem, en su quinta colaboración con Berlanga Manuel Alexandre es, sin hablar, media película. La mitad más amarga, de hecho. Porque es innegable que además de ser una muy gráfica representación de una España muy distinta, 'El verdugo' es una comedia de altísimo nivel.

Luis García Berlanga podía ser más corrosivo que nadie, pero su habilidad narrativa, apoyada en un guión implacable, hizo que la película se saltase las restricciones censoras del régimen. Y estamos hablando de una denuncia bestial a la pena de muerte y a los valores sociales y culturales de un país dictado con mano de hierro por un personaje que por entonces era conocido fuera de España como "el verdugo".

El enterrador y sus locuras
El guión de 'El verdugo' merece una atención especial. Su inmensidad le permite tocar azotar todo estrato social, colocando la historia en una realidad creíble, cercana. La economía, el empleo, el turismo... hasta llegar a una cuestión moral realmente venenosa. Como en el plano que cierra la película y en la que tres generaciones de empleados mortuorios reniegan del pasado, del presente y del futuro mientras saben que no hay salida para ellos. A pocos metros, un grupo de jóvenes extranjeros simplemente se divierten.

La cámara de Berlanga, siempre a la altura de los ojos de sus personajes salvo en momentos puntuales que tienen todo el sentido y además llegan al cielo, los mira de tú a tú y nunca los juzga por ninguna de sus acciones. Ni cuando es una comedia ni cuando lo es menos. Tampoco los ridiculiza siendo conscientes de la parte más miserable del ser humano. Reconoce a sus semejantes, que no es poco.

Pepe Isbert, que venía de cumplir con unas "obligaciones similares" en 'El cochecito', veía cómo su personaje daba un giro de 180 grados muy particular. Seguía con sus cosas, pero al otro lado de la ley. Aunque el verdadero protagonista de la función es José Luis, inmortalizado por Nino Manfredi. El verdugo se convierte en víctima, sobre todo por cobardía ante un sistema que no se preocupa por la integridad del ciudadano, casi como en las distopías de ciencia ficción tradicionales.

El nuevo verdugo no tiene nada de lo que debería tener el firme opositor al sistema, pero hay que chupar del frasco y tirar de carpe diem, no se vaya a quedar tu mujer en la calle con tu hijo, aunque uno prefiera tontear un rato con las guiris de la costa. Franco murió en 1975, y la abolición definitiva de la pena de muerte en España se votó en 1978. Trece años antes la prensa extranjera preguntó a Berlanga si su película podía contribuir a la abolición de la pena de muerte en su país: "No soy optimista. No creo que el cine pueda arreglar la moral de un pueblo". En 2020 la película sigue escociendo, así que supongo que en parte tenía razón.



Ciclo diciembre 2023: Bienvenido Mr. Berlanga.

 


miércoles, 12 de julio de 2023

Ciclo, comedias para el verano. EL VERDUGO (Luis García Berlanga 1963)

 



Sinopsis: Isbert ejecuta y se jubila para delirio del espectador, mientras la flaqueza de las piernas de su yerno se convierte en uno de los mejores alegatos contra la pena de muerte jamás vistos en una pantalla de cine. Cruelmente divertida, paradigma del humor negro español, "El verdugo" es, probablemente, la mejor comedia española de todos los tiempos. Isbert, Azcona y Berlanga en estado puro.

Sugerencia de enlace para ver el film on line: https://ver.movistarplus.es/ficha/el-verdugo?id=56579

Crítica:  Nominada al León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, 'El Verdugo', coproducción hispano-italiana dirigida Luis García Berlanga y escrita por el director junto a Rafael Azcona y Ennio Flaiano, es una divertida, cruda y ácida sátira sobre la hipocresía del sistema que resulta tan hiriente a finales de 2020 como en el mismo día de su estreno. Puedes comprobarlo en la medianoche de La 2.


La gran familia española
Protagonizada por Pepe Isbert, Nino Manfredi y Emma Penella, la película guarda, además, una constelación de astros de la interpretación nacional que no quisieron perder la oportunidad de aportar su granito de arena en una de nuestras películas más importantes, si no la que más, de nuestro cine.  Del papel secundario al simple cameo, desfilan por 'El verdugo' José Luis López Vázquez, María Luisa Ponte, María Isbert, Julia Caba Alba, Guido Alberti, Antonio Ferrandis, Lola Gaos, Alfredo Landa, José Sazatornil, Agustín González, Chus Lampreave, José Luis Coll o Emilio Laguna se dejan ver por aquí.

Las 11 mejores películas españolas de 2020 (hasta ahora)
De entre todos, el que menos lo hace posiblemente sea Manuel Alexandre, el rostro de la bondad que destrozaba la moral del protagonista y del espectador actual con su participación, discreta, de fondo, pero de importancia capital en el desarrollo de la película. Si había sido el ciclista muerto de la película de Juan Antonio Bardem, en su quinta colaboración con Berlanga Manuel Alexandre es, sin hablar, media película. La mitad más amarga, de hecho. Porque es innegable que además de ser una muy gráfica representación de una España muy distinta, 'El verdugo' es una comedia de altísimo nivel.

Luis García Berlanga podía ser más corrosivo que nadie, pero su habilidad narrativa, apoyada en un guión implacable, hizo que la película se saltase las restricciones censoras del régimen. Y estamos hablando de una denuncia bestial a la pena de muerte y a los valores sociales y culturales de un país dictado con mano de hierro por un personaje que por entonces era conocido fuera de España como "el verdugo".

El enterrador y sus locuras
El guión de 'El verdugo' merece una atención especial. Su inmensidad le permite tocar azotar todo estrato social, colocando la historia en una realidad creíble, cercana. La economía, el empleo, el turismo... hasta llegar a una cuestión moral realmente venenosa. Como en el plano que cierra la película y en la que tres generaciones de empleados mortuorios reniegan del pasado, del presente y del futuro mientras saben que no hay salida para ellos. A pocos metros, un grupo de jóvenes extranjeros simplemente se divierten.

La cámara de Berlanga, siempre a la altura de los ojos de sus personajes salvo en momentos puntuales que tienen todo el sentido y además llegan al cielo, los mira de tú a tú y nunca los juzga por ninguna de sus acciones. Ni cuando es una comedia ni cuando lo es menos. Tampoco los ridiculiza siendo conscientes de la parte más miserable del ser humano. Reconoce a sus semejantes, que no es poco.

Pepe Isbert, que venía de cumplir con unas "obligaciones similares" en 'El cochecito', veía cómo su personaje daba un giro de 180 grados muy particular. Seguía con sus cosas, pero al otro lado de la ley. Aunque el verdadero protagonista de la función es José Luis, inmortalizado por Nino Manfredi. El verdugo se convierte en víctima, sobre todo por cobardía ante un sistema que no se preocupa por la integridad del ciudadano, casi como en las distopías de ciencia ficción tradicionales.

El nuevo verdugo no tiene nada de lo que debería tener el firme opositor al sistema, pero hay que chupar del frasco y tirar de carpe diem, no se vaya a quedar tu mujer en la calle con tu hijo, aunque uno prefiera tontear un rato con las guiris de la costa. Franco murió en 1975, y la abolición definitiva de la pena de muerte en España se votó en 1978. Trece años antes la prensa extranjera preguntó a Berlanga si su película podía contribuir a la abolición de la pena de muerte en su país: "No soy optimista. No creo que el cine pueda arreglar la moral de un pueblo". En 2020 la película sigue escociendo, así que supongo que en parte tenía razón.





miércoles, 5 de julio de 2023

Ciclo : Comedias para las noches de verano. CALABUCH (Luis García Berlanga 1956)

 



Sinopsis: Berlanga traza una hermosa e inocente fábula que nos muestra cómo se puede vivir una vida sencilla pero realmente digna y que está muy por encima de la vida a la que nos condena el mundo moderno. Pero también muestra la esclavitud del hombre moderno que no puede huir, aunque quiera, de un presente brutal y descorazonador; sólo puede evocar con nostalgia ese no-lugar, esa utopía que hay en todos nosotros y al que nos gustaría escapar, llámesele Calabuch o como se quiera.


Crítica: Fruto de un guion compartido y barajando la posibilidad de otro título inicial (“La otra libertad”) nace, en una España tensa y convulsa, esta película. Un canto de esperanza para quienes buscan calma y sosiego alejados de la cruda realidad.

Se trata de una rara avis dentro de la filmografía de Luis García Berlanga (1921-2010) que, apartándose de ironía y humor negro acostumbrados, busca el lado más amable de los protagonistas presentándonos una fábula de gente corriente que se quiere y se respeta.

Apartándose de sus investigaciones espaciales y militares el profesor George Serra Hamilton (Edmund Gwenn, 1877-1959) aparece como por arte de magia en Calabuch, una población costera del mediterráneo español. Recordando en algunos momentos al señor Hulot  (Las vacaciones de monsieur Hulot. Jaques Tati, 1953) la escenografía playera, las tomas largas y la puesta en escena, convierten en delicia, esta simple aparición. Refugiado apaciblemente consigue dilatar el tiempo y prorrogar un final inevitable. Su bañador a rayas y bonhomía presentan a un personaje que despierta ternura en el espectador.

El fluir de los acontecimientos nos cuenta poco, de modo velado intuimos en los noticiarios la existencia del famoso profesor que disfruta, ajeno al mundo, de sus flexiones gimnásticas en la playa. Lo importante no son los acontecimientos sino el tiempo transcurrido y compartido.

Utopía simpática y agradable nos brinda la oportunidad de soñar. Si bien no es de sus películas más conocidas, si se trata de la más pintoresca. Amalgama de culturas y nacionalidades variopintas fusionadas en su elenco, bailan al unísono, compartiendo, como en Fuenteovejuna (Lope de Vega, 1619), un mismo destino. El dinero y la fama distan mucho de la verdadera felicidad; son los protagonistas quienes conversan estos temas arropados en la oscuridad de la noche, al rumor del oleaje. Todo el pueblo, pacífico y sosegado, vive su vida a ese compás.

Documento de valor histórico, representa el discurrir de una población que ofrece un relato costumbrista cuajado de fotografías aéreas y a ras de suelo. La profesora, el cura, el policía, el farero o el pillastre marinero son algunos de los personajes que encarnan las distintas personalidades de este relato.

La interpretación de Pepe Isbert  (1886-1966) que, atrincherado en su faro cual almirante en Mary Poppins (Robert Stevenson, 1965), juega al ajedrez con el sacerdote;  El sabio distraído que encuentra en Peñíscola su refugio perfecto;  ese encuentro con un joven Manuel Alexandre (1917-2010) que pinta artesanalmente el nombre de las barcas en el muelle  o la peculiar relación con el Langosta (Franco Fabrizi, 1916-1995) y su carcelero, un guardia civil llamado Matías (Juan Calvo, 1892-1962)que hace la vista gorda en muchos momentos, conforman esa peculiar estructura de los pueblos peninsulares y la relación entre sus habitantes. Todo en ella es entrañable.

El protagonista principal vive en armonía, sin molestar a nadie. Querido por todos, disfruta de su peculiar Sangril.la (Horizontes perdidos Frank Capra, 1937). Su premio: ganar el concurso de fuegos artificiales y el corazón de los lugareños, disfrutando de su propio paraíso terrenal como si fuera un habitante más. Ese reconocimiento desencadena la publicación de una fotografía en la prensa local. Con ella, se descubre su verdadera identidad, el paradero sorpresa se desvela en un abrir y cerrar de ojos. El rescate es inmediato y el fin del sueño, también.

La sentida amistad y los vínculos que le unen a estas simpáticas gentes van más allá de fama  y poder. Las riquezas no cuentan en Calabuch, solo importan corazón y sentimientos, y, con ellos, disfrutan unidos del verdadero vínculo que les une. Comparten de forma agradable momentos cotidianos e irrepetibles, estos construyen buenos y agradables recuerdos que enriquecen y ennoblecen el alma de quien los vive.

Las películas siempre nos deparan sorpresas, son como el guion escondido que dejó Berlanga en esa caja celosamente custodiada en el instituto Cervantes. Hasta que no las visionas y las reposas no eres capaz de trascender su verdadera magnitud.

No solo percibimos pinceladas del Neorrealismo italiano y recordamos películas como El ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948), en el cine de Berlanga notamos además, el fluir de las costumbres españolas más profundamente arraigadas.

La cámara, al servicio de la ficción, capta fragmentos peculiares y gracias a la profundidad de campo nos brinda detalles con gran claridad. Berlanga nos propone una pintura, retrato de una sociedad real y tangible cuya única ocupación es disfrutar del simple hecho de ver la vida pasar.

Escenas como torear una vaquilla (Jose Luis Ozores, 1923-1968), la salida en barca desde el muelle de los recién casados o la proyección del Nodo en el espacio habilitado como cine, arrancan sonrisas y sentimientos cómplices a todos aquellos que, alguna que otra vez, hemos sentido y disfrutado de estos fugaces momentos. Recuerdos grabados para siempre. Y al final, como dice el profesor en el avión de regreso, se convierten todos ellos en sus auténticos amigos. El verdadero tesoro y la magia de esta cinta es descubrir, sin esperarlo, esa familia que te acoge sin juzgar ni preguntar.

Temas políticos, religiosos o de educación tratados de forma soslayada, no son más que otra sutileza del director que, apartándose de la crítica acostumbrada, plantea un optimismo amable y condescendiente. El sueño llega a su fin, la vuelta al mundo real es inevitable, sobrevolando Peñíscola marchamos con él cerrando una etapa y guardándola celosamente en nuestros corazones.

Ficción e ilusión se tejen en esta obra y, como la preparación de los fuegos de artificio, se montan y estructuran de forma secuencial. Fotógrafos, montadores y escenógrafos  construyen este entorno peculiar de mirada ingenua y tierna. La reconfortante sensación de una vida sencilla y tranquila. Una armonía que evoca añoranzas de otra época, tiempos pretéritos, quizá perdidos, resurgen como ensoñaciones. Solo aprendiendo a parar podremos seguir avanzando.