Ficha cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film547127.html
Biografía Pier Paolo Pasolini : https://es.wikipedia.org/wiki/Pier_Paolo_Pasolini
Críticas:
MAMMA ROMA
EL CAMINAR DE LOS QUE TIENEN RUMBO POR
DAMIÁN BENDER
Hay algo en el andar de Ettore. En su errático caminar, cada
movimiento manifiesta un indicio tan visible como las huellas grabadas en la
tierra. La cámara lo sigue atentamente, consciente de su aura y de la
inevitabilidad que lo rodea. Sigue sus pasos, incapaces de seguir una línea
recta, las direcciones, rodeos y giros que no buscan un destino particular.
Observa con detenimiento cómo se agitan sus delgados brazos al caminar,
descoordinados de sus piernas y dando la impresión de estar a punto de desarmarse
a cada paso. Presta atención a cómo parece tropezarse en su andar debido a la
fuerza con que sus pies apoyan el suelo. La cámara, observadora imparcial que
no tiene control sobre sí misma, muestra cómo camina un muchacho flacucho por
un terreno polvoriento y plagado de ruinas; el ojo, observador parcial
decodificador de mecanismos, interpreta el caminar.
En esos pasos errantes se esconde no sólo una descripción
precisa de la personalidad de Ettore, sino también el núcleo de Mamma
Roma: el inevitable destino de los desprotegidos en la Italia de la
posguerra, de una clase social que por mucho que trate de apartar las piedras
del camino siempre encuentra otra más adelante. Y más grande. La lucha de
clases que es una derrota permanente en las afueras de Roma. Al igual que
en Accattone, un muchacho de Roma (Accattone, 1961),
Pasolini, pone todas las cartas sobre la mesa desde el principio y nos fuerza a
mirar cómo se desarrolla la catástrofe. El aura que genera remueve cualquier
noción de esperanza, y eso es lo que la convierte en una película tan
sobrecogedora y escandalosa para su época. A las clases acomodadas no les gusta
que le echen las realidades en la cara, y eso es lo que el italiano hizo desde
un principio, funcionando –al menos en esta primera etapa– como el reverso de
Antonioni. Por cada Eclipse hay un Accattó,
mostrando las ruinas de los estratos de la sociedad italiana. La diferencia,
claro está, reside en las formas: no es lo mismo mostrar el vacío del espíritu
burgués con elegancia formal y sofisticación estética, que el hambre y las
penurias de la calle a través de un muchacho atado a una mesa que hace
referencia a un cuadro renacentista de Cristo muerto. Esa falta de sutileza es
lo que se le ha achacado a Pasolini a lo largo de los años, sin embargo, en
este caso la contundencia es amiga de la urgencia. Pasolini provoca porque
quiere ser motor de cambio, porque hablar de ciertos temas es necesario para
que la sociedad reaccione. Incomodar para reflexionar, sacudir para
revolucionar.
Pero no nos confundamos. Cuando se iguala la figura de
Ettore con la de Cristo a través de la representación pictórica de la pintura
de Andrea Mantegna el punto no es que los fascistas tardíos se arranquen las
pieles por “mancillar” una obra de arte –o al menos no es el más importante–.
Lo relevante es que simboliza la pérdida de una vida, sacraliza su importancia.
Pone en el mismo nivel la vida del más santo con la del que perdió el camino y
se lamenta de su destino. Pasa lo mismo con la boda de Carmine y la última cena
de Leonardo da Vinci: las nivela porque estos seres también son hijos de Dios.
Es plausible interpretarlo al revés, que Pasolini en realidad busca
desacralizar las obras y con ello ridiculizar la importancia de la figura
religiosa cristiana, pero considero que sería una simplificación. Él sacraliza
a sus personajes a través de estas obras porque entiende perfectamente los
valores morales de la sociedad en la que vive, valores morales que colisionan
ante los supuestos de la religión, y expone la hipocresía miope de ambos al
recordarles que los abandonados por el sistema también merecen misericordia en
lugar de desprecio.
Este concepto también aplica al uso de la música. En sus
primeras tres películas la banda sonora está estrictamente limitada a música
previamente compuesta y no por piezas pensadas exclusivamente para el filme. La
preferencia por los trabajos de Bach y Vivaldi en Accattone y Mamma
Roma respectivamente, se condice con el concepto antes mencionado e
impregnan la cinta de un aire trágico, de esa aura de inevitabilidad. Basta
pensar en los títulos de Mamma Roma para entenderlo: el uso
del Concierto en Re Menor de Vivaldi mientras se suceden las placas de
presentación ya marca el tono de lo que va a seguir, un tono triste y
melancólico. El drama del primer Pasolini se palpa desde el momento en que
suena la primera nota. Y justamente por eso el quiebre de Pajaritos y
pajarracos (Uccellacci e uccellini, 1966) es drástico y
comienza justamente en los títulos: pasa de lo trágico a lo satírico, tiene música
original –compuesta por el gran Ennio Morricone– en detrimento de las piezas
clásicas e incorpora un carácter autorreferencial impensable en sus primeras
obras.
A pesar de todo esto, de cada uno de los sellos que
distinguen el trabajo y el genio creativo de Pasolini, no puedo dejar de pensar
en qué sería de Mamma Roma sin Ella. Ella –que no es
Fitzgerald- se adueña de la película, la eleva y la redefine completamente.
Ella, la Nannarella, es el factor que diferencia esta obra de Accattoney
la convierte en obra maestra. El personaje que encarna Anna Magnani sostiene al
resto del reparto de no-actores y permite que estos puedan desempeñar roles más
definidos y de menor complejidad dramática. La intensidad de la Magnani
contagia y transforma todo a su alrededor en la mejor actuación de su carrera.
No es la más icónica –ese título se lo lleva Roma, ciudad abierta (Roma,
città aperta, Roberto Rossellini, 1945)– pero sí es la que pone todas sus
virtudes en la mesa y la deja tomar las riendas de la puesta en escena, a tal
punto que Pasolini parece subordinarse a ella. Pensemos en la escena de la
boda, en la que Anna proclama su libertad a los gritos con un júbilo
incontrolable. ¿Sería lo mismo sin ella, sin sus cantos y su risa atronadora?
¿Alguien podría encarnar a una prostituta con tanto carácter? De hecho, ¿ese
carácter proviene del guión o sólo de ella? Siempre he pensado que los grandes
actores son capaces de poner una parte de sí mismos en sus papeles, de volcar
su esencia y acercarlos un poco más al mundo de lo verdadero. Anna era capaz de
eso, y Mamma Roma le debe ese ímpetu y pasión.
Pasolini, ni lento ni perezoso, fue capaz de notar esto y
crear momentos sólo para ella. Los monólogos de trasnoche en la penumbra son un
testamento de la capacidad de Anna para hacerse dueña del espacio
cinematográfico: siempre en el centro del cuadro y con la cámara embelesada,
las palabras de Mamma Roma nos cuentan historias al mismo
tiempo que clientes y compañeras van y vienen, pasando cerca de una estrella
que es reina y prisionera de este sistema solar que ilumina a todo el que se le
acerca pero del que quiere escapar. El ritmo con que entran y salen los
personajes para que la escena sea dinámica, la iluminación y el encuadre para
que Anna tome el centro y siempre este bañada por la luz, los diálogos tan
anecdóticos como punzantes, todo eso tiene el sello de Pasolini. Sin embargo,
cuando Mamma Roma levanta la mirada al cielo y desangelada,
dice “Explícame por qué no soy nadie y tú eres el rey de reyes”, el momento es de
Anna, solo de Anna.
El valor de Mamma Roma se encuentra en
estos momentos tan íntimos y personales que chocan directamente con la
influencia neorrealista y la cruda descripción de la realidad. Hay una cierta
traición al espíritu neorrealista en estas situaciones pero también un
enriquecimiento emocional en el relato que lo diferencia del carácter aséptico
de su ópera prima, realzando su valor. Al fin y al cabo, Pasolini –al igual que
Antonioni- es un neorrealista tardío. Más personal y más alegórico. Por eso en
el final, cuando Mamma Roma se entera de la muerte de Ettore y
mira por la ventana, la misma ventana por la que Ettore miraba curioso
anteriormente, su mirada –la lente- se vuelca hacia el horizonte en el que
sobresale una basílica, un templo del Señor. Para ellos, los parias de la
sociedad, tan lejos y tan cerca. Como la misma Iglesia, imperturbable en su
quietud, en su silencio. En su conformidad. Porque para estos reyes de reyes
impasibles, ellos no son nadie.
“Questo tango è d’amor,
ma il mio amore è lontano.
Suona, suona per me
pur se piango con te,
oh violino tzigano…”
PIER PAOLO PASOLINI ; MAMMA ROMA
Intelectual incómodo, controvertido. Pasolini molestaba a
casi todos. Y era consciente de que ésa era su función.
Pintor, periodista, crítico de arte, escritor, poeta y
novelista.
Elige a sus personaje de los estratos marginales de la
sociedad. Y en ellos deposita su concepción de lo sagrado. Crítico de la
Iglesia Católica, de la institución, con sus lujos y privilegios, busca en los
pobres, en los hambrientos, en los discriminados por la supuesta buena moral,
en los delincuentes de poca monta, en los que pululan en los bajos estratos
sociales, los rastros de Cristo.
En esta película de 1962, la segunda de su producción, nos
confronta a la vez con la fuerza y la ferocidad emocional que caracteriza a su
cine.
El personaje de Mamma Roma, encarnada por Anna Magnani,
representa el afán y el sueño de los desheredados por alcanzar los ideales de
integración social. Lo poético y lo sórdido se dan la mano en este
personaje inolvidable.
Película enorme y pesimista, en la que el pensamiento
intelectual de izquierda y el pensamiento franciscano católico tan arraigados
en el autor, se conjugan.
Mamma Roma es una película radical y
vanguardista, iconoclasta como el realizador, que huye de los cánones creados
por las mismas fuentes de las que bebe, el neorrealismo. Pasolini se aleja
del relato pseudo documentalista de película antecesoras como Roma Ciudad
Abierta, de Roberto Rosellini, o La Terra Trema, de
Visconti.
Como en esas películas, Pasolini utiliza actores no profesionales,
exceptuando a la diva Magnani.
La película está filmada en un elegante blanco y negro que
rompe la fealdad de los personajes y sus vidas, hasta concederles una extraña
belleza entre tanta miseria.
La película se estrenó en Venecia en 1962 e inmediatamente
fue secuestrada por la policía durante más de un mes acusada de obscena e
inmoral. En Gran Bretaña hubo que cortar más de cinco minutos de metraje
por imposición de los censores y tuvieron que pasar casi 30 años hasta que
pudo ser exhibida en Estados Unidos.
SIMBOLOGIA CRISTIANA
Los rasgos del tratamiento formal y temático de su cine se
ven también en las películas posteriores La ricotta (1963)
y El evangelio según san Mateo (1964).
En Mamma Roma se presenta la concepción
pasoliniana de la pasión y muerte de Cristo.
Mamma Roma es una doliente Maria, y Ettore un sufriente e
incomprendido Jesús.
Los protagonistas están acompañados por la prostituta
Bruna,que representa una tópica María Magdalena, Carmine encarna la figura de
Judas, y el grupo de amigos que le traiciona y abandona completan el
fondo del cuadro de contenido profundamente dramático .
Esta interpretación religiosa casi perversa no es peyorativa
o irrespetuosa, teniendo en cuenta la admiración que sentía Pasolini por esos
personajes vulgares, pobres, marginales.
Pasolini marca la contradicción inherente que el catolicismo
tiene en su propia comprensión de sí mismo: mientras que la religión a menudo
depende de la belleza y la pureza, Pasolini cree y desea demostrarlo a través
de su cine que la belleza espiritual de la humanidad surge de la vulgaridad y
la contradicción.
LA PINTURA EN EL CINE DE PASOLINI
Pasolini estudió y era un especialista en pintura,
sobretodo la pintura religiosa del Renacimiento. Y en sus películas
muestra esta pasión, como puede verse en su mediometraje La ricotta,
realizado pocos meses más tarde.
La película se abre con la boda que parece un retablo de la
última cena de Jesús y se basa en las imágenes icónicas de la pintura
renacentista con algunos toques de grotesco.
La construcción de la escena evoca las Bodas de Caná (1652)
de Johann Heinrich Schönfeld.
En el final de la película, vemos a Ettore representado como
la Lamentación sobre Cristo muerto de Andrea
Mantegna (1431-1506).
SCENA INICIAL DE LA BODA O ULTIMA CENA DE CRISTO
La escena inicial es catártica para Mamma Roma, supone
la liberación, el inicio de una nueva vida, el final del yugo del proxeneta,
Carmine, que la ha tenido trabajando como prostituta.
La escenografía de la mesa de la boda presentada como la una
última cena de Cristo y el contrapunto del trío de personajes tienen una carga
de tensión dramática y simbólica que abre y marca el tono de la película.
En lugar de los discípulos sombríos, reflexivos presentados
por Leonardo Da Vinci o Schonfeld, Pasolini expone una colección de campesinos
vulgares, cerdos, chicos y la descarada Mamma Roma haciendo escándalo.
LA FIGURA DE LA MADRE
¿A mí que me importa mi madre? ¿A mí que me importa mi
madre? ¿A mí que me importa mi madre?……. hasta tres veces, en escenas
distintas, Ettore niega a su madre en presencia de Bruna, hasta tres veces
simula que esa señora que le ha rescatado de un futuro criminal, o
lo ha intentado, y que intenta darle una posición honrada para el futuro, no le
interesa, no le produce cariño.
Pero qué dura será la revelación cuando reclame la presencia
de la “mamma” en el momento en que ésta no pueda estar junto a él.
En el momento en que Ettore empieza a convertirse en una
presencia capital de la película comienza a sonar, al principio con timidez,
pero posteriormente de manera reiterada y subyugante, el concierto de Vivaldi,
lo que empieza como una música bellísima y evocadora, en unión con las imágenes
y la historia, se convierte en una música que atenaza los sentidos, en un
reflejo del ánimo indolente y melancólico de Ettore.
El personaje guarda una rabia interior que canaliza
alejándose de los designios de su madre y deslizándose hacia su ruina personal.
Basta que su madre no quiera que ande con la pandilla del
antiguo barrio para que se una con “chicos que parecen bien” pero que se
dedican a todo tipo de trapicheos y robos, basta que su madre no quiera que se
enrede en los encantos de Bruna para que sea la única mujer con la que se
relacione a lo largo de la película, basta que su madre le diga que
le encanta un disco con canciones de Joselito para que sean los primeros discos
que vende a un quincallero del mercado, basta que se ponga de acuerdo Mamma
Roma con Biancafiore y su chulo para tender una trampa a un incauto dueño de
restaurante y chantajearle para que de un puesto de trabajo a Ettore para que
éste dure dos días trabajando porque no es lo que él quiere de la vida.
ESCENAS Y MOMENTOS DEL RELATO
En un bellísimo plano nocturno, en el que la cámara se mueve
por delante de la Magnani y ésta avanza y avanza, Mamma Roma se despide, con la
misma alegría que en la escena de la boda, de sus compañeras y compañeros de
profesión, mujeres, hombres, proxenetas, travestis, gays…… la fauna nocturna
del sexo pago de Roma se despide de la protagonista, con una cierta sensación
de envidia.
Luego de conseguirle trabajo a su hijo, Mamma Roma le regala
una moto y salen a pasear, mientras conversan, en lo que constituye una
escena paradigmática de la película, al reflejar los dos puntos de vista
enfrentados.
En el continuo descenso a los infiernos de la pobre Mamma
Roma, reaparecerá su proxeneta, del que creía haberse desprendido mediante la
boda del principio.
Un segundo travelling frontal nocturno de Mamma Roma y
Biancafiore ya no tendrá la alegría del pasado, sino la resignación definitiva
de que no puede escapar de su pasado.
Todo el esfuerzo de Mamma Roma de sacar a su hijo de la
calle se precipita al final que será la entrada en prisión del propio Ettore,
especializado en robar a los más necesitados y a los más indefensos, que son
los enfermos del hospital.
Ettore tendrá un último tiempo para arrepentirse de sus tres
negaciones, como si estuviera crucificado, en un último extertor, llamará a su
madre.
ESCENA FINAL
La música de Vivaldi conduce a generar un estado de emoción
melancólica, los acordes del violín provocan desasosiego porque el espectador
comprende que la música que parecía ligera en un principio se ha transformado
en un auténtico réquiem, el de Ettore en la cárcel, y el de Mamma Roma, para
quien toda su esperanza en su hijo, en el cambio de vida, en la Iglesia y en el
poder económico han desaparecido.
Fuera de esa ventana con una cúpula al fondo, en un paisaje
desolado de ladrillos y polvo sólo queda vacío, el vacío de la pérdida de un
hijo y de un futuro inexistente, el rostro demudado, desesperado y esos ojos
ojerosos de la Magnani dirigidos a un cielo sin respuesta.
Los últimos planos de Ettore, iluminado por la claraboya del
techo, mientras permanece agonizante atado en cruz a una mesa que recuerda
escenas pictóricas.
La película está plena de retazos de disconformidad con la
vida que quiere la protagonista y el sufrimiento de Ettore. Ella ambiciona
dejar de trabajar como prostituta y de ser una marginal para integrar a una
vida decente.
Solo disfruta de alegría con su hijo: al comienzo, cuando es
pequeño y después, en un viaje en moto que comparten.
Igual sucede con Ettore, quien en el nuevo mundo urbano
busca hacerse presente y lo que se le anuncia es la soledad y su anonimato, es
presionado para integrarse y olvidar su origen campesino.
Busca la cercanía y encuentra frialdad con cualquier
personaje con el que se cruza.
Pasolini muestra con crudeza la decepción de los personajes,
la frustración de las ambiciones de cambiar el destino.
"Recuerda, que quien paga es siempre el tonto" Mamma Roma
En " Cine hasta el amanecer", traigo una película fundamental en el neorrealismo italiano tardío es "Mamma Roma" de 1962 del gran Pier Paolo Pasolini . Es la segunda película del director, que escribió el guión antes del estreno de su aclamada "Accatone" y , de nuevo, contó con la inestimable ayuda de Sergio Citti. En el papel del rufián Carmine, repite su hermano Franco Citti y cuenta con la gran Anna Magnani en el papel de Mamma Roma. En esta ocasión, Bernardo Bertolucci no actuó como asistente de dirección, ya que se encontraba rodando "La cosecha Estéril" ( La commare seca ) de 1962, con guión de Pier Paolo Pasolini. Ambos films se presentaron en el Festival de Venecia del mismo año, obteniendo un gran éxito.
"Mamma Roma" es una prostituta de mediana
edad, que después de varios años trabajando en las calles, consigue ahorrar
dinero y compra un piso en un barrio pequeño burgués, además de un puesto
de frutas. Quiere alejarse de su vida pasada, abandonar la prostitución y criar
a su hijo Ettore ( interpretado por Ettore Garafolo) en un entorno que le
permita ser un hombre honesto, moralmente aceptado e integrado en la hipócrita
sociedad religiosa.
Sin embargo, Ettore fue educado en un pequeño pueblo, donde su madre enviaba dinero para su sustento. Cuando Mamma Roma regresa a la aldea para llevarse a su hijo a Roma, Ettore ya cuenta con diecisiete años. Pronto se trasladan al nuevo barrio, donde Mamma Roma desea una vida para su hijo, que no parece encajar en el día a día de Ettore. El joven adolescente abandona la escuela y empieza a cometer pequeños hurtos con unos compañeros que envenenan su débil espíritu. Cuándo conoce a Bruna, una chica sin futuro, empieza a frecuentar su compañía, en contra de los deseos de Mamma Roma. Comienza la lucha de una madre contra el destino que parece estar esperando a su hijo.
La prostituta reconvertida en vendedora de frutas, no podrá escapar a su pasado y su antiguo chulo, Carmine ( interpretado por Franco Citti), quiere que Mamma Roma vuelva a las calles. Con ello comprará el silencio del proxeneta, que no revelerá ni a su hijo, ni a la beata comunidad católica en la que quiere integrarse, la realidad de su actividad pasada. De nuevo los protagonistas de la historia, serán víctimas de un destino fatal, que parece escrito de modo irremediable por su condición de perdedores.No existe la redención para estos personajes y por muchos esfuerzos que realicen, saldrán derrotados ante la mirada insensible de una sociedad puritana e hipócrita.
Una lectura interesante de la actitud sobreprotectora
de Mamma Roma, es que parece inculcar una falsa seguridad en Ettore, que
creyéndose un hombre por trapichear en pequeños delitos, se comporta como un
niño indefenso cuando los problemas se acrecientan. Una realidad muy actual en
la errónea interpretación de las "madres coraje" , donde la figura
materna sobreproteje a sus retoños sin educarles en el respeto, el esfuerzo y
la adversidad.
Al igual que en "Accatone" y para crear
una atmósfera de realismo y veracidad, Pasolini recurre a largos planos
secuencia y sonido directo. Es muy famoso el que realiza Anna Magnani en las
calles de Roma de casi cinco minutos, hablando con varios personajes de la
noche sobre su difícil
situación. Es muy destacable la interpretación de Anna Magnani,
tal vez uno de los papeles más profundamente dramáticos de la gran
actriz.
Pasolini volvió a escoger un autor clásico para la música de ésta película. Esta vez incluye el concierto en Do Menor para violonchelo y el Concierto para Piccolo Cuerdas y Continuo en C Major (RV 443) (Segundo movimiento - largo) de Antonio Vivaldi. También podemos escuchar las canciones de Bruno Cherubini, interpretadas por el, en aquel entonces, famoso Joselito y por la propia Magnani.
Pasolini volvió a escoger un autor clásico para la música de ésta película. Esta vez incluye el concierto en Do Menor para violonchelo y el Concierto para Piccolo Cuerdas y Continuo en C Major (RV 443) (Segundo movimiento - largo) de Antonio Vivaldi. También podemos escuchar las canciones de Bruno Cherubini, interpretadas por el, en aquel entonces, famoso Joselito y por la propia Magnani.
Mientras escribía el guión de Mamma Roma, Pasolini
participó en la lectura del "Evangelio de Mateo" en la Ciudad de
Asís, allí nació la idea de realizar una reconstrucción cinematográfica de la
pasión de Cristo. Con el mediometraje "La Ricotta" participó en la
película de episodios "RO.GO.PA.G.", que fue confiscada por las
autoridades en el momento de su estreno y siendo Pasolini detenido. En un
juicio se declaró a Pasolini culpable de blasfemia y fue condenado a cuatro
meses de cárcel. Su amigo Alberto Moravia diría de aquél suceso:
"El cargo fue el de desprecio a la religión. Mucho más justo sería
inculpar al director por insultar los valores de la pequeña y mediana burguesía
italiana"
Las ideas que Pasiloni imaginó para "La Ricotta" de 1963 y su posterior " El evangelio según San Mateo" de 1964 se pueden observar ya en "Mamma Roma". Como explicaba Bernardo Bertolucci, existe una clara relación entre las escenas iniciales de la boda de Carmine, que parece un retablo de la "Última Cena" de Leonardo Da Vinci o de la "Bodas de Caná" (1652) de Johann Heinrich Schönfeld y el final de la película donde se ve a Ettore representado como la "Lamentación de Cristo muerto" de Andre Mantegna ( 1457-1501)
En el estreno de "Mamma Roma" , el 22 de
Septiembre de 1962 en los cines "Quattro Fontane de Rome,de nuevo,
Pasolini es agredido por un grupo de neofascistas y debe intervenir la
policía. No deja de sorprenderme el enorme odio que el escritor y director
suscitaba sobre determinados grupos sociales.
Tal vez, dicho odio arragaira en la honestidad con que Pasolini plasmaba la sociedad de su tiempo: corta de miras, hipócrita, de doble rasero moral y culturalmente precaria. Un poeta de mirada lúcida, que pagó con su vida la integridad de su obra.
Tal vez, dicho odio arragaira en la honestidad con que Pasolini plasmaba la sociedad de su tiempo: corta de miras, hipócrita, de doble rasero moral y culturalmente precaria. Un poeta de mirada lúcida, que pagó con su vida la integridad de su obra.
"No hay nada que obligue tanto a mirar las cosas
como hacer una película. La mirada de un literato sobre un paisaje rural o
urbano puede excluir una infinidad de cosas, recortando del conjunto sólo las
que le emocionan o le son útiles. La mirada de un director de cine sobre ese
mismo paisaje, en cambio, no puede dejar de tomar consciencia de todas las
cosas que hay en él, casi inventariándolas”.
Mamma Roma (1962): Por Emiliano Fernández
En cierto sentido se puede decir que Mamma Roma (1962)
es una secuela conceptual de Accattone(1961), aunque ahora
adoptando el punto de vista de las prostitutas y examinando el manto de
hipócrita vergüenza que la sociedad suele endilgarles en lo que atañe a su
profesión y un consumo sexual culposo que los burgueses llevan adelante a
escondidas y los lúmpenes a vista de todo el mundo, pero ambos siempre
fetichizando a la familia tradicional como la “cara oficial” de la existencia
occidental, civilizada y cristiana. La protagonista, de quien nunca conocemos
su nombre real y a la que todos se refieren como “Mamma Roma”, está
interpretada por la enorme Anna Magnani, una situación que sin duda constituye
una anomalía dentro del cine de Pasolini y su predilección por los actores no
profesionales no tanto por la “apariencia de verdad” que buscaban sus colegas
del momento sino por la idea de capturar el misterio de la vida en todo su
esplendor sin técnicas filtrantes de por medio ni tics reduccionistas ni
latiguillos que duplicasen un supuesto trasfondo de naturalidad interpretativa:
la más que experimentada actriz hoy se acopla perfecto a esta necesidad del
director y guionista en pos de mantener intactos los enigmas del comportamiento
humano vía tomas secuencia y una fuerte tendencia a improvisar dentro de una
estructura general que sugería Pasolini. La trama es todavía más minimalista
que la de la ópera prima del señor, apenas girando alrededor del afán de Mamma
Roma en pos de abandonar definitivamente la prostitución, edificar una vida
burguesa y asumir a pleno el rol de madre de su hijo de 16 años, Ettore (Ettore
Garofolo), por ello cuando su proxeneta se casa, Carmine (Franco Citti), decide
mudarse de vecindario con todos sus ahorros y comenzar a vender frutas y
verduras en un mercado local. Otra de las puesteras es Bruna (Silvana Corsini),
una mujer de 24 años bastante promiscua que no se termina de volcar del todo al
lenocinio y que enamora al inexperto Ettore sin demasiado esfuerzo y sin
siquiera proponérselo. A pesar de que su madre le consigue trabajo
extorsionando al dueño de un restaurant, le regala una moto y hasta hace que
una colega prostituta llamada Biancofiore (Luisa Loiano) se acueste con él para
que olvide a Bruna, el adolescente eventualmente descubre el pasado como
meretriz de Mamma Roma -a partir de un reaparecido Carmine que la insta a volver
a las calles- y comienza a delinquir de manera continua hasta caer preso -y
encima enfermo- en un correccional de menores. Apuntalando una alegoría sobre
la pobreza en la que chocan la maternidad marginal con las fantasías, la
frustración y el egoísmo alrededor de la adolescencia y el primer amor, el film
contrapone con inteligencia por un lado el sacrificio y el orgullo de ella (el
cual tiene mucho de imposición externa y del adoptar la mentalidad de las
clases dominantes, haciendo propio un ideal de prosperidad/ dignidad económica
que se condice con el oscurantismo capitalista y religioso de la Italia pre y
post fascismo) y por otro lado la pérdida de la inocencia en tanto etapa
inicial del ciclo de la explotación y esa infaltable vergüenza implantada desde
las cúpulas comunales (el temor a la discriminación y la urgencia por respetar
los papeles estancos de la sociedad flotan tanto detrás de los sueños de Mamma
Roma como en la conducta de autosabotaje de Ettore, con ella obsesionada con
brindarle a su vástago la “respetabilidad” que la mujer nunca conoció y con él
sin conocerla del todo y arrimándose cada vez más hacia parásitos disfrazados
de amigos, vecinos y/ o amantes). Más allá de la generosa presencia femenina,
el relato es muy masculino y edípico: ella no sólo es una metáfora de toda la
ciudad donde transcurre la historia, cuya mísera periferia no se parece en nada
a los centros neurálgicos y su circo de índole turístico o chauvinista, sino
que asimismo se transforma en una adalid de la independencia absoluta sin
patrones ni dueños, desconfiando además del propio género sexual como cuando le
dice a Ettore que es muy joven para andar con mujeres y que “son todas unas
putas”; el mismo muchacho está tironeado por las distintas féminas y en vez de
consagrarse a alguna en especial decide traicionar las utopías maternas y optar
por un suicidio tácito cargado de mucha angustia neurótica varonil; y por otro
lado Bruna representa el costado nocivo de una sexualidad femenina no asumida
del todo y por lo tanto hipócrita, tendiente a aprovecharse de ingenuos como el
adolescente para sacarles billetes y regalos varios a puro hedonismo bobalicón.
A la vez que señala la perfidia inherente a la sociedad y su fariseísmo, con
factores cruciales como esta irresponsabilidad para con lo erótico adulto, la
quimera de escalar en términos económicos y el peso de la palabra eclesiástica
homogeneizadora (aquí se unifican la manipulación, la selección de “amistades”
y el típico pedido de consejo al cura), la película nos presenta travellings
míticos como los que retratan a la protagonista renunciando y regresando luego
al comercio sexual, suerte de símbolo de la época de los encuentros amatorios
con diversos hombres y de un errar sin seguridad burguesa ni destino fijo, y
aquellas alusiones católicas del inicio y el final a La Última Cena (1495/
1498) de Leonardo da Vinci y Lamentación sobre Cristo Muerto (1457/
1501) de Andrea Mantegna, en simultáneo parodia y homenaje por parte de un
Pasolini tan asqueado de la religiosidad institucionalizada del clero como
fascinado por el cristianismo más primitivo y desnudo de la pompa litúrgica,
aquel vinculado a la filosofía del despojo en pos de ayudar al prójimo.
Mamma Roma (Italia, 1962)
Dirección y Guión: Pier Paolo Pasolini. Elenco: Anna
Magnani, Ettore Garofolo, Franco Citti, Silvana Corsini, Luisa Loiano, Paolo
Volponi, Luciano Gonini, Vittorio La Paglia, Piero Morgia, Franco
Ceccarelli. Producción: Alfredo Bini. Duración: 110 minutos.

