Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film245859.html
Biografía Ken Loach: https://es.wikipedia.org/wiki/Ken_Loach
Crítica:
YO, DANIEL BLAKE: UNA CRÍTICA AL
SISTEMA DE PROTECCIÓN
Teresa
Crespo. Yo,
Daniel Blake (Premio de la Palma de oro del Festival de Cannes, 2016),
dirigida por Ken Loach, forma parte de una amplia producción de este director
que se caracteriza por la crítica sistemática al orden establecido, que debería
garantizar los derechos de la ciudadanía y no acaba de funcionar. Durante los
años del gobierno de la Sra. Tatcher y Tony Blair, Loach no dejó de ser crítico
con el modelo del estado del bienestar de esos gobiernos que, según sus
palabras, no respondía a las necesidades emergentes sino que destruía a
aquellas personas que debería proteger. En sus películas, este director refleja
vivencias llenas de dificultad, la realidad de los barrios marginales,
conflictos bélicos o situaciones al margen de la ley, donde sus protagonistas
son personas vulnerables, trabajadores, parados, ciudadanos que se encuentran
en los límites de la sociedad, perdedores ante el modelo capitalista que no les
da respuesta a su situación y que les lleva a ser víctimas de un modelo de
sociedad injusta, donde sólo se beneficia una minoría mientras excluye al resto
de la población.
Esta película es la historia sencilla de un carpintero que
está enfermo y su médico le dice que no puede trabajar, pero la telaraña del
sistema de protección le lleva a situaciones incomprensibles en las que lejos
de darle la solución a su problema, como es la invalidez, se ve obligado a
tener que buscar un trabajo que no podrá aceptar debido a su enfermedad. Su
compañera es un caso social tipificado: una madre soltera con dos hijos, sin
recursos, con problemas de vivienda, en paro… La trama es un cúmulo de
contratiempos, fracasos, malentendidos, injusticias; incluso me atrevería a
decir que es excesiva la concentración de dificultades que sufren los
protagonistas, sólo justificable para conseguir que el espectador se posicione
contra un sistema que maltrata a la ciudadanía, y que bajo la
apariencia de que está trabajando para su bienestar, olvida sus derechos
fundamentales.
Se denuncia un trato inadecuado por parte de la
administración, que debería escuchar a cada persona para establecer una
relación de comprensión y de ayuda y, lejos de ello, se ampara en las normas,
los procedimientos administrativos y los protocolos por no tener en cuenta la
individualidad de cada uno, convirtiendo a la persona en un número que no tiene
rostro, ni sentimientos, sino que es un caso más del sistema que tiene que
pasar por los circuitos establecidos para expulsarla lo antes posible. En
definitiva, es la negativa más flagrante de la relación de ayuda y apoyo que
habría que practicar. Parecería que los servicios sociales tienen como objetivo
limitar el acceso de la ciudadanía más precaria y buscan la manera de
centrifugar la pobreza, como se puede ver en escenas de la película que hacen
referencia a la exclusión residencial que sufre la mujer, o las continuas
negativas y dificultades que él no puede superar.
Son dramáticas y a la vez cómicas las situaciones que el
protagonista se ve abocado a vivir. Una de ellas, que a lo largo de la película
está siempre presente y condiciona muchísimo la evolución de la problemática
del protagonista, es el uso obligado de la tecnología para cumplimentar los
impresos correspondientes, que lo lleva a sentirse una persona que el sistema
no reconoce, lo considera un analfabeto o, en palabras de una administrativa,
un disléxico. Es una crítica amarga a las políticas que utilizan la
brecha digital para expulsar a la población del sistema de protección social.
Quisiera destacar el valor de las relaciones humanas entre
la población humilde, que no tienen nada pero se ayudan y se estiman a pesar de
las diferencias, con un claro reconocimiento y valoración del otro,
compartiendo vivencias de amistad, buena vecindad y ayuda mutua. El
protagonista, en una de las escenas finales, hace unas afirmaciones que corresponden
a la tesis central de la película, al afirmar que él es un ciudadano, sujeto de
derechos y deberes, que paga sus impuestos y cumple todas las leyes
establecidas, y en consecuencia, no es ni un numero de expediente, ni un
usuario, ni un caso, sino una persona que tiene derecho a que la escuchen y le
respondan a su demanda justificada, y no quiere limosna, ni ayudas que
menosprecian su dignidad.
Para terminar, sólo decir que a pesar de las exageraciones y
el cúmulo de problemas que sufren unas mismas personas, en nuestra casa también
encontramos situaciones de pobreza y exclusión, con múltiples carencias que
hacen difícil conseguir salir de este círculo vicioso de la pobreza. Y también
destacaría que el contexto que nos presenta esta obra, desgraciadamente tiene
una cierta similitud con nuestro modelo de servicios del bienestar, en especial
desde la crisis en que se redujeron los recursos económicos y, en consecuencia,
se dificultó el acceso al sistema de protección, pidiendo condiciones más estrictas
y debilitando los derechos de la ciudadanía que todavía hoy no se han
restablecido.

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