"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Ciclo de Cine Francés II : DIARIO ÍNTIMO DE ADELA H. F. Truffaut 1975

 



Sinopsis: Adèle Hugo, la segunda hija del célebre escritor francés Victor Hugo, llega a Nueva Escocia en 1863, con la esperanza de recuperar el amor de un atractivo oficial del ejército inglés, pero para él todo ha terminado.




Con la colaboración de : 


miércoles, 23 de octubre de 2024

Ciclo de Cine Francés I: Vivamente en Domingo. F. Truffaut 1982

 



Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film106211.html

Sinopsis: Julien es acusado del asesinato de su mujer. Su secretaria, que está secretamente enamorada de él, convencida de su inocencia, empieza a investigar por su cuenta para descubrir al verdadero culpable. 

Sugerencia de enlace para ver el film on line: https://www.filmin.es/pelicula/vivamente-el-domingo?utm_source=justwatch

Crítica: https://www.cineyliteratura.cl/critica-retro-vivamente-el-domingo-la-despedida-de-francois-truffaut/#google_vignette


Con la colaboración de: 


miércoles, 20 de julio de 2022

Ciclo comedias para las noches de verano: LA NOCHE AMERICANA (F. Truffaut 1973)

 



Sinopsis: "Maravilloso homenaje al cine y a la fascinación por crear historias (...) Una obra inolvidable, una subyugante y hermosa declaración de principios, además de una clase magistral de imaginación narrativa"

Crítica : Truffaut realizó, con "La noche americana", una de sus mejores películas y no solo eso: su mayor y más indisimulado homenaje al Cine y a los espectadores.

La película es, ni más ni menos, que el rodaje de otra película en la que Truffaut interpreta el personaje del director y en la que su "alter ego" Jean-Pierre Léaud es un inmaduro protagonista acosado por delirios sentimentales y celos no poco justificados.
Es una reflexión equilibrada entre lo liviano y lo serio, entre el humor ligero y la inseguridad de sus personajes (también espectadores), acerca del Cine, del oficio de hacer películas, de inventarse historias, de pelear por hacerlas verosímiles, de buscar la emoción en la gente. Sin ningún afán mitológico ni ético, Truffaut, a cuestas con su cinefilia en las venas, nos regala un presente de lo más agradable. Y nos homenajea a nosotros mismos, a los que hacen el cine posible, a él mismo, al ser humano, en fin, y una vez más, con una secuencia memorable y onírica que tal vez sea la que mejor resume todo ello: el niño-Truffaut (cualquier cinéfilo) soñando que roba por las noches los carteles de un cine dónde se proyecta "Ciudadano Kane".
Decimotercer largometraje de Truffaut y uno de sus mejores trabajos. Escriben el guión F. Truffaut, Jean-Louis Richard y Suzanne Schiffman. Se rueda en escenarios reales de Niza y de la región de los Alpes Marítimos (Francia) y en platós de los Studios de la Victorine (Niza). Nominado a 4 Oscar, gana uno (película de habla no inglesa). Producido por Marcel Berbent ("Jules y Jim", "La sirena del Mississippi") para Les Films du Carrosse (Paris) y PIC (Roma), se estrena el 14-V-1973 (Festival Cannes).

La acción dramática tiene lugar en Niza, los Alpes Marítimos y los Studios de la Victorine, durante 7 semanas, en 1972/73. El realizador Ferrand (Truffaut) rueda un film titulado "Je vous présent Pamela" en colaboración con una empresa norteamericana. Los protagonistas son la joven actriz americana Julie Baker (Bisset), el actor americano en decadencia Alexander (Aumont), la veterana actriz francesa Joëlle (Baye) y un joven galán francés muy cinéfilo (Léaud).

El film combina drama y comedia en un relato que se desarrolla como cine dentro del cine. Muestra los entresijos, los problemas, el ajetreo y el frenesí del rodaje de una película convencional, con grúas, figurantes, decorados, trucos (vela trucada, fuego de leña a gas...), fotógrafos, guionistas, técnicas especiales (daybynight), imprevistos, improvisaciones, etc. Construye un retrato realista, acertado y sincero del proceso de rodaje y de la atmósfera que lo rodea. Se refiere a las incidencias de la vida cotidiana de actores y actrices y del personal técnico. Pasa revista a los elementos de la filmación: guión, dirección, interpretación, iluminación, sonido, etc. Incorpora tópicos del medio: galán pasado de edad y de moda, joven estrella americana de vida personal tumultuosa, diva envejecida y desequilibrada, joven actor frágil e inestable, especialista en escenas de riesgo, sexo ocasional, conflictos de relación, incidentes que perturban el trabajo (muerte de un actor, caprichos de una actriz...), etc.

La narración es fluida, intensa, rápida, imaginativa y multicolor. Se presenta exenta de retórica, presunción y sentimentalismos. El tono es ligero, irónico, amable y, en ocasiones, agridulce. Muestra el proceso de rodaje como una tarea colectiva a cargo de un equipo plural que se disuelve tan pronto como finaliza el trabajo. Inserta momentos de drama y de intimidad. Abundan los lances de humor, basados en el absurdo, la exageración, el desatino, la excentricidad. Compara el cine y la vida. Nos dice que ésta es contradictoria, imperfecta, monótona, confusa y conflictiva. Añade que es transitoria, efímera y breve. El cine, en cambio, permite acceder a lo intemporal y permanente.

El tema central de la obra es el amor, el amor humano en todas sus formas y manifestaciones: efímero y permanente, joven y maduro, ocasional y estable, homo y heterosexual, encontrado y perdido, nuevo y antiguo, fugaz y duradero. No es perfecto, es admirable.

viernes, 4 de diciembre de 2020

07 Película Pendiente Los 400 Golpes (FranÇois Truffaut 1959)

 



Enlace para ver el film:https://www.filmin.es/pelicula/los-400-golpes?utm_source=justwatch

Sinopsis: Antoine Doinel es un adolescente parisino no especialmente querido por su familia. Su madre, que lo tuvo de soltera, tiene una conducta severa con él. Su padrastro, por su parte, hace lo posible por tolerarlo.

La falta de atención de su familia hace de Doinel un alumno díscolo en el colegio, pero sus travesuras colman la paciencia de su profesor Sopruss. Un día, falta al colegio junto con su amigo René: allí verá lo buena que es la vida fuera de la escuela, así como cruda y real -tras encontrar a su madre con un amante-. Esta huida del colegio hará que Antoine comience a meterse más en problemas, a tal punto que tras sacar un cero en una composición en que prometió una buena nota a sus padres, se escapa con su amigo y hacen más travesuras.

Un día, al intentar robar una máquina de escribir de la oficina de su padrastro, es descubierto y con el consentimiento de sus familiares, acabará en el reformatorio sin su mejor amigo, solo. Pero cumple un gran sueño que tenía desde pequeño: conocer el mar.





miércoles, 1 de julio de 2020

Documentos de Cine, Cine Fórum Quintanar: Jules et Jim (Francois Truffaut 1962)






Crítica: Por Juan Marsé (El Cultural 2003)

Cuando Truffaut y Chabrol decidieron entrevistar a Hitchcock por primera vez para “Cahiers du cinéma”, los jóvenes críticos parisinos sufrieron un accidente ridículo al pisar un estanque helado que cedió bajo su peso, y de repente se encontraron metidos hasta el pecho en el agua helada, estropearon la grabadora y parecían incapaces de salir, así que tuvieron que ser auxiliados por el personal de los estudios, y así se presentaron ante Alfred Hitchcock. Al año siguiente, cuando el genial inglés volvió a París, reconoció inmediatamente a Truffaut y a Chabrol en medio de un grupo de periodistas y les dijo: “Señores, pienso en ustedes dos siempre que veo entrechocar dos cubitos de hielo”. Años después Truffaut supo que Hitchcock había embellecido el accidente, dándole su toque personal. Según la versión estilo Hitchcock, cuando los jóvenes cineastas se presentaron ante él, Claude Chabrol iba vestido de cura y François Truffaut de agente de policía.
François Truffaut es uno de esos hombres con los que a uno le hubiese gustado compartir mesa y charla, un hombre afable, curioso, buen conversador, buen oyente a pesar de su leve sordera, o precisamente a causa de ella. Uno de esos hombres misteriosamente tranquilos que inspiran la confianza de las mujeres, de los niños, y hasta de los gatos, siempre educado y respetuoso y discreto, siempre atento, siempre alerta y algo distante. Pero es, sobre todo, la clase de hombre que a uno le hubiese gustado tener de profesor durante la infancia. Es de sobras conocida la capacidad y la sensibilidad de Truffaut a la hora de abordar los temores de la infancia y la preadolescencia, temores que le interesaban y preocupaban profundamente, y para los que demostró muy buenas dotes de pedagogo, una paciencia infinita y un amor sincero. Pero es menos conocido el hecho de que su propia infancia estuvo muy lejos del conocimiento y el tacto que demostró tener sobre el tema siendo adulto.
François Truffaut no fue precisamente un niño deseado. Vino al mundo prácticamente en la clandestinidad, ya que su madre estaba aún soltera. Tal vez angustiada por su reputación y su futuro, su madre le entregó al cuidado de una nodriza siendo apenas un recién nacido, mientras ella volvía al hogar paterno para tratar de pescar un marido. Los primeros tres años de vida de Truffaut son como los de un huérfano oculto, y eso resultó determinante en su personalidad y en su carrera, incluso en su rostro y en sus modales. Su madre se casó por fin con un tal Monsieur Truffaut, que le dio a François el apellido, pero poco más. El flamante matrimonio no se llevó al niño a vivir consigo. Iban a verle de vez en cuando, eso sí, pero el pequeño Truffaut era ya consciente de la indiferencia que sus padres sentían hacia él. Parece que una de sus abuelas se apiadó de él, le llamó a su lado, y le inició en la que sería una de sus pasiones, la literatura, que más tarde calificaría como mucho más que un refugio. Del cine, que descubrió en su preadolescencia, diría que le salvó literalmente la vida. Y sabía lo que decía, porque todo empujaba a aquel chico solitario y taciturno a la marginalidad y al delito. Cuando su abuela falleció, a sus padres no les quedó finalmente más remedio que hacerse cargo de aquel extraño. Truffaut tenía sólo ocho años. La familia carecía de vínculos verdaderos y estrechos, y la convivencia se hizo insoportable. Truffaut seguía estando solo, desamparado, y la horrible certeza de que su madre no le soportaba le llevaba a deambular sin rumbo por las calles. Para colmo, en esa época el niño descubrió que su padre era su padrastro. La búsqueda de la verdadera identidad de su padre le persiguió toda su vida -y se refleja en su obra- aunque nunca consiguió dar con él (la pista se pierde en un dentista judío). A los quince años Truffaut dejó los estudios y montó un cine-club que no pudo mantener. Su inexperiencia y la competencia le aplastaron, y fue enviado a un correccional para menores por culpa de las deudas. El lugar resultó ser a la vez un reformatorio y un asilo de locos, y Truffaut, como tantos otros, parecía condenado sin remedio a ser un fugitivo sin salida. Pero se hizo la luz al final del túnel: un crítico cinematográfico que lideraba un cine-club de éxito, André Bazin, con el que Truffaut se las tuvo que ver cuando su negocio se hundía, se sintió responsable de la suerte del quinceañero y se hizo cargo de su custodia, se ocupó de que no fuese declarado desertor en la guerra de Indochina, entre otras cosas, y por último se lo llevó a vivir a su casa, junto a su familia, y le animó e incitó a que se dedicara a lo que tanto le apasionaba: el cine. La historia de Truffaut es como un cuento de terror infantil con final feliz. Y lo cierto es que es difícil, viendo el semblante y el tono con el que Truffaut se deja ver en algunas películas, imaginar que fue un adolescente al filo de la navaja. Puede que a François Truffaut lo salvara el azar, un milagro, la mano de su ángel de la guarda, pero sin duda Bazin vio algo en el chico, algo que le inspiró confianza y le creó expectativas. Fuese lo que fuese, intuyó que Truffaut era un muchacho a quien valía la pena dar una oportunidad y apostó por él. Lo que sigue, todo el mundo lo conoce: su prestigio como crítico en el “Cahiers du cinéma”, articulista polémico y comprometido, miembro destacado de la “Nouvelle Vague” en su carrera como director de cine, películas de culto y de éxito como son Los 400 golpes, Jules et Jim, La piel dura, Besos robados, La noche americana, etc. Una larga y coherente carrera profesional, que contrasta muy meritoriamente con el terreno turbulento y peligroso que pisó durante su etapa de crecimiento. Las fotografías en las que se muestra a François Truffaut junto a un niño -junto a Jean Pierre-Léaud, su Antoine Doinel, a quien tuteló hasta su madurez, o junto a Víctor, el niño salvaje protegido bajo su paciente manto- en la mirada amable de Truffaut se dibuja el respeto, el amor, la complicidad, la protección, todo aquello que hacía que los niños confiasen en él, y el resultado en pantalla es de lo más convincente y emotivo que se ha dado en los siempre delicados rodajes (como Víctor Erice miraba a Ana y custodiaba su descubrimiento, o como el amoroso y delicado empujón con el que deja partir a su Estrella adolescente al Sur soñado; por ella, por él, y también por nosotros). Teniendo toda esta información en cuenta, y si se presta un poco de atención, en el discurso que el profesor Richet da a sus alumnos en La piel dura, se puede oír la voz modulada y agradable de Truffaut: “Es porque guardo un mal recuerdo de mi juventud y porque no me gusta la manera en que se trata a los niños que he escogido la profesión que tengo: ser profesor. La vida no es fácil, es dura, y es importante que aprendáis a ser fuertes para poder afrontarla… Por una especie de equilibrio extraño, los que han tenido una juventud difícil están a menudo mejor armados para afrontar la vida adulta que los que han sido muy protegidos, muy amados; es una especie de ley de compensación”.
El Texto
Truffaut dejó escrito que, en 1955, cuando descubrió la novela de Henri-Pierre Roché entre los libros de ocasión de una librería, le llamó la atención el título, Jules et Jim (la sonoridad rotunda de las dos jotas), pero sobre todo descubrir que era la primera novela de un autor principiante de ¡setenta y seis años! Truffaut quedó seducido por un triángulo amoroso en el que el lector se enamora de los tres personajes, y escribió unas elogiosas líneas sobre la novela, que había pasado desapercibida. En seguida recibió una nota de agradecimiento del anciano autor, cuya amabilidad le animó a conocerlo y con el que tuvo contacto hasta su muerte. El joven crítico y el viejo autor novel se escribieron cartas. Truffaut estaba entusiasmado con la idea de llevar a la pantalla su novela, algún día, y la idea entusiasmaba a su vez a Roché. Truffaut invitó a Roché a ver su primer cortometraje, Les Mistons (1958), y este acudió, con ochenta y ocho años, y tuvo un gran detalle: Truffaut le contó que estaba a punto de abordar su primer largometraje, que finalmente sería Los 400 golpes, porque le parecía una empresa más factible para debutar. Roché le entendió perfectamente y le escribió esta conmovedora y bellísima nota que, confiesa Truffaut, “el egoísmo de mis veinticinco años no me dejó leer con la suficiente atención”. Decía así: “Me encantaría estar todavía aquí el día que usted acometa el rodaje de Jules et Jim. Deseo seguirle tan de cerca como me sea posible. Si encuentra alguna razón o algún pretexto para vernos, dígamelo”. Poco más tarde, durante el rodaje de Los 400 golpes, Truffaut conoce a Jean Moreau y le envía entusiasmado fotos de ella a Roché, que muestra el mismo entusiasmo: “Me gusta. Me alegro que a ella le guste Kathe. Espero poder conocerla algún día, sí, vengan a verme cuando quieran, les espero”. Pero cuatro días después Roché muere dulcemente en su cama. Los periódicos apenas mencionaron su fallecimiento. No conoció a Jeanne Moreau ni pudo saborear el éxito de Jules et Jim, éxito que hizo que incluso dieciocho años después de su estreno, Truffaut recibiera una carta de la verdadera Kathe, ya anciana, agradeciéndole que le hiciera “revivir, cautivada por su poder mágico y el de Jeanne Moreau, lo que antaño experimenté ciegamente”. Truffaut estrenó su película y ésta fue muy bien acogida, pero era aún muy joven y le atormentaba que un ser tan extraordinario como Roché, capaz de escribir ardientemente sobre una pasión cincuenta años después de los acontecimientos, siguiese siendo un desconocido. Durante mucho tiempo, Truffaut recuperó y publicó parte de sus diarios y le citó y recordó siempre que tuvo ocasión, además de adaptarle otra de sus novelas, Deux anglaises et le continent. Con el tiempo, Truffaut reconocería que Jules et Jim era su recuerdo más “luminoso”. Porque, confesaba con sinceridad, “al acabar una película siempre me doy cuenta de que es más triste de lo que quería. Siempre me pasa lo mismo”.

El Filme
Hubo una vez una amistad sin equivalentes en el amor. Ocurrió a principios del siglo XX; pero no fue puesta en palabras ni en imágenes hasta muchos años después. Jules, de nacionalidad alemana, y Jim, de nacionalidad francesa, inauguran un buen día su amistad con una apertura alegre hasta el agotamiento.

Jules y Jim, como dos adolescentes gemelos, se visten igual y no se están quietos ni un momento, pasean juntos de aquí para allá, agitando mucho los brazos y riendo sin motivo. Ambos buscan a la mujer perfecta, que un día creen vislumbrar en la sonrisa tranquila y misteriosa -o misteriosamente tranquila- de una estatua clásica. Es el secreto insondable de esa sonrisa lo que los dos muchachos pretenden poseer, y cuyo esfuerzo pondrá a prueba su amistad. La sonrisa anhelada llega con Catherine, una francesa algo extravagante, voluble y caprichosa, cuya personalidad conmueve y atrae a ambos jóvenes.
La señorita Catherine es bella y un poco pija y anda de un lado a otro bastante caprichosamente, alocadamente, y en su personalidad se mezcla lo original y lo cursi a partes iguales, pero en fin… El encanto de la película radica en la sobria cámara de Raoul Coutard y en su alegre dinamismo narrativo, que fue el sello de Truffaut.
Catherine propone, Jules y Jim disponen, y los tres se divierten como niños. El primero en ceder al impulso del amor es el vulnerable Jules, un desarraigo con poco que perder. Jim, más prudente y reflexivo, es aún cauteloso con esta fascinante mujer que, en la maleta que prepara para gozar los tres juntos de unos días en el campo, no olvida nunca su vitriolo “para los ojos de los hombres que mienten”.

miércoles, 3 de junio de 2020

Documentos cinematográficos Cine Fórum Quintanar: El amor a los 20 años


El amor a los 20 años: Antoine y Colette [film] by François Truffaut





Ficha cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film926044.html





Sinopsis

Cinco episodios sobre el amor, dirigidos por conocidos directores. François Truffaut, en “Antoine et Colette”, trata de un inocente amor entre un joven y una mujer madura. Renzo Rossellini sigue las andanzas de dos mujeres que comparten un amante. Shintaro Ishihara ofrece un violento retrato de un joven perturbado que se convierte en asesino de mujeres. El episodio de Marcel Ophüls (hijo del gran Max Ophüls) se centra en un periodista que, tras un breve encuentro, deja a una mujer embarazada y tendrá que afrontar su responsabilidade como padre. El episodio dirigido por el polaco Andrzej Wajda habla de un joven soldado cuyas hazañas provocan la admiración de una mujer.
Crítica:

He aquí un clásico

Para un buen cinéfilo, François Truffaut no necesita presentaciones. Sin embargo, voy a adelantar unas coordenadas para que puedan orientarse los que acaban de descubrir su nombre. Truffaut fue un director, actor y crítico de cine de nacionalidad francesa. Fue uno de los iniciadores de la Nouvelle Vague, un movimiento que surgió a finales de los 50 de la mano de un grupo de autores que querían romper con la estética y la estructura establecida en el cine francés durante esa época.
El primer largometraje de François Truffaut fue Los 400 golpes. Esta película fue considerada una de las primeras películas de la Nouvelle Vague. El filme se basa en la infancia marginal de Antoine Doinel.
Tres años después de Los 400 golpes, en 1962, una serie de realizadores de diversas nacionalidades cercanos a la Nouvelle Vague decidieron colaborar en un proyecto común. El fruto de este proyecto fue El amor a los veinte años. Bajo ese título se agrupan cinco cortometrajes dirigidos por Renzo Rossellini, Shintarô Ishihara, Marcel Ophüls, Andrzej Wajda y François Truffaut. El director francés decidió recuperar al protagonista de Los 400 golpes en su aportación a la antología.
La aportación de François Truffaut a este proyecto fue Antoine y Colette: El amor a los veinte años. Ahora, Antoine Doinel ya no es el niño de Los 400 golpes, ha cumplido los veinte años y trabaja en una fábrica de discos. Ha conseguido uno de sus sueños: no depender de nadie. A lo largo del corto se enamora de Colette, una muchacha a la que conoce en los conciertos de las Juventudes Musicales.
Antonio y Colette: El amor a los veinte años es un retrato del amor en la juventud. Tiene momentos cómicos que contrastan con escenas de desilusión y tristeza. Es un corto que recomiendo a todo el público. Por una parte, reúne las características comunes de sus obras: una historia cercana a la realidad, una fotografía cuidada, la estampa de la soledad, etc. Detalles que encantarán a los que conozcan otras obras de Truffaut. Por otra parte, es un filme que refleja detalles de la vida personal del director. Antoine Doinel fue su alter ego, siempre interpretado por un brillante Jean Pierre Leaud.