Crítica: https://themoviescores.com/inicio/mas-alla-de-la-musica-de-cine-4/critica-film-muerte-en-venecia/
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Su mirada es pausada, y en ella es mucho más importante la descripción del estado de ánimo de sus caracteres que el desarrollo de una trama coherente y el retrato de esos caracteres y sus relaciones al margen de ese estado, que marca el sentir vital de la persona.
Esa animosidad se encuentra expuesta principalmente en la plasmación visual de su entorno, un brumoso, frío, desolado, apagado escenario industrial, que contrasta con la luminosidad natural de la irrealidad mágica y refulgente del cuento relatado.
Es muy importante en Antonioni, a partir de esta película (su primer título rodado en color, fotografiado por Carlo Di Palma), el tratamiento plástico en armonía con el interior del personaje central y la capacidad de sus actores para extraer las emociones buscadas con Monica Vitti, compañera sentimental del autor, en una excelente interpretación.
La película, una ambiciosa historia coral y autobiográfica rodada en blanco y negro, materializa la complejidad psicológica de un protagonista en bloqueo creativo inmerso en un flujo de conciencia experimental, con saltos en el tiempo, ensueño, memoria, encontrado todo en un desenfreno, en un desfile fantástico-circense que fusiona el humor y el drama, abordando asuntos de carácter intelectual, amoroso, sexual, religioso, artístico… Derrocha tanta pretensión como imaginación.
Se dice del cine que es una fábrica de sueños. Muchos han sido los artesanos que han fabricado con sus mentes grandes y mágicas historias que a todos nos han cautivado. Partiendo del mago pionero que fue Méliès hasta llegar a los magos actuales quienes, más que jugar con las técnicas que también los hay, lo que hacen es jugar con nuestras mentes. Lo hacen a través de su inconsciente, un inconsciente que posee la propia materia del sueño y que fascina por la tangibilidad manifiesta que se produce al ser mostrada ante nuestros ojos.
Pero los sueños tienen varias facetas, casi tantas como directores hay. Mientras unos se dedican a la cara oscura y perturbadora de los sueños, David Lynch podría ser el ejemplo más claro, otros se sienten atraídos por la parta más irónica, la más sugerente, la más surrealista. Entre estos últimos, el más claro exponente es Federico Fellini.
Su filmografía está repleta de sueños, de gente grotesca, de ensueños e imaginaciones. De esperpentos, de mujeres maravillosas, de divinidades.
Ocho y medio es la obra que lo aúna todo. Su genialidad se ve desbordada en la película. La historia de un director que padeciendo estrés se retira a un sanatorio para poder empezar a trabajar en su nueva película, pronto nos transporta a un estado de ensueño. La sensación de volatilidad se extiende en cada uno de los fotogramas, en cada una de las frases del guión, en todos y cada uno de los magníficos personajes. Una volatilidad que empieza ya por el propio protagonista, Guido (Marcello Mastroianni), un director que tras él arrastra al alter ego del propio Fellini.
Es sueño puro. Nos movemos de una estancia a otra sin viajar, sin camino. Los traumas, miedos, la nostalgia, las preocupaciones, los amores, todo lo que el director lleva en su interior queda expuesto. Ocho y medio es un enorme regalo que el director nos hace. Desde la inolvidable melodía creada por Nino Rota, hasta personajes tan pintorescos como Saraghina y su rumba o la dulce enfermera “voladora” (Claudia Cardinale). Escenas impagables como la inicial, repleta de la angustia que ahoga al director o ese emocionante final donde todos los monstruos del director salen a la luz, unidos, descargando así el peso que sobre su creador se cernía.
Ocho y medio es sueño, es cine, es un regalo de un director que se atrevió a desnudarse ante todos, sin tapujos, sin miedos. Una película para degustar.
"Ahora más que nunca, el mundo necesita cine. Puede que sea la
última forma de resistencia ante el deteriorado mundo en el que vivimos", declaró
en una oportunidad Theo Angelopoulos.
Presentamos cuatro filmes para este comienzo de año que implican una ruptura
ya con el cine clásico y con el propio neorrealismo italiano. Las cuatro
películas nos hablan de una forma de ruptura con el espacio clásico del cine,
naciendo una nueva idea de la forma fílmica. El mundo se ha fragmentado como un
espejo roto y es imposible asirlo, reunirlo, los fragmentos hablan por sí
solos. Esa ruptura y giro hacia la modernidad se da ya en Fellini tratando la
figura del autor y la creación cinematográfica, en Antonioni que bucea en el
interior de sus personajes y Pasolini en su film que intenta desmontar a la
familia burguesa a través de su narrativa alegórica . Visconti, quien asentado
todavía en cierta clasicidad estética, al realizar un film de época, nos
introduce en un retrato psicológico y turbador de la pulsión de muerte, siendo
ésta su contribución a la modernidad. Pero los cuatro comparten el estudio
minucioso del alma humana, con una visión oscura e indeterminada, a veces
obsesiva de las relaciones humanas.
Programación
|
Sábado 8 de
enero |
ocho y medio |
F. Fellini 1963 |
|
Sábado 15 de
enero |
El Desierto
Rojo |
M.
Antonioni 1964 |
|
Sábado 22 de
enero |
Teorema |
P.P.Pasolini
1968 |
|
Sábado 29 de
enero |
Muerte en
Venecia |
L. Visconti 1971 |