"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 31 de mayo de 2023

Ciclo: Saura-jóvenes directores. ABRE LOS OJOS (Alejandro Amenábar 1997)

 



Sinopsis: Segunda película de Alejandro Amenábar. Cinta de culto, entre la ciencia ficción y el melodrama, con Penélope Cruz y Eduardo Noriega, sobre los celos, la juventud, y la fragilidad del miedo y la belleza. Un interesante rompecabezas con ecos de David Lynch y de Calderón de la Barca, en una película que consagró a su director.


Crítica: 

Amenábar es uno de los escasísimos directores españoles actuales que han conseguido ponerme delante un cine sorprendente, audaz, de una calidad que no encuentro en la mayoría de los productos patrios de las décadas más recientes. El buen cine español lo busco con lupa, con desconfianza. Yo soy de esos espectadores escépticos que sienten rechazo ante gran parte de la oferta española de las carteleras. Con eso no quiero decir que vaya ciegamente a ver cualquier oferta de otras nacionalidades, pero generalmente suelo encontrar propuestas extranjeras más seductoras.

Por eso, cuando hallo una excepción, me agrada ensalzarla. Me agrada comprobar que hay algunos directores con verdaderos arrestos y con ganas de tomarse en serio esto del cine (que cuando se reciben subvenciones de Estado, parece que unos cuantos se echan a dormir y no se lo curran mucho), y que se preocupan por atraer y fascinar a su audiencia, y no se conforman con aburrirla y asquearla.

Yo conecto con Amenábar, porque con él me siento como una espectadora ante la cual han puesto una alfombra roja, a la que tratan con reverencia y a la que no subestiman, y a la que parecen anunciar: “prepárate, porque vas a viajar por tu mente y por tu imaginación y tus neuronas van a trabajar a tope, y además vas a SENTIR”.

Amenábar sabe que me tiene en el bolsillo, entre él y yo existe ya esa complicidad de la conexión mutua.

De modo que ayer sentía un cosquilleo especial cuando me senté ante mi monitor para zambullirme en su mundo, en el que la fascinación está garantizada.

“Abre los ojos” rompe con los límites entre la realidad y los sueños, entre el subconsciente y la consciencia. Realiza un planteamiento revolucionario acerca de los extraordinarios alcances de la subjetividad humana, de la percepción de lo que se supone que es “real” y lo que “no es real”. Destroza coordenadas espacio-temporales y físicas, rompe con todas las leyes lógicas que hemos establecido para mantener unas referencias a las que podamos recurrir siempre que nos sintamos caer en el abismo de la locura, del caos y de lo desconocido. En “Abre los ojos”, la superficie es algo ilusorio y accesorio, mero trámite hacia un viaje interior apasionante y también angustioso, hacia las infinitas posibilidades de la psique y la inmensa cantera de miedos, sufrimientos, complejos, inseguridades e ilusiones. Es un acelerador que salta las barreras y nos estampa de lleno y brutalmente contra nuestras peores pesadillas y que deja suelto sin ataduras un festín onírico.

¿Qué haríamos si estuviéramos a punto de tocar la luna y, de golpe y porrazo, nos alejaran de ella?

¿Qué haríamos si toda nuestra vida cambiara en un instante?

¿Qué estaríamos dispuestos a hacer por desesperación?

¿Sabemos distinguir los sueños de la realidad?

¿Quién puede controlar los sueños?

Si nos dieran la opción de elegir, ¿podríamos lograr que todo funcionase tal y como lo deseamos?

¿Qué es mejor, la realidad o los sueños?