"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 17 de abril de 2024

Ciclo Expresionismo Alemán, El cine de la República de Weimar: EL HOMBRE DE LAS FIGURAS DE CERA. Paul Leni y Leo Birinsky 1924




Sinopsis: Curiosa producción que narra tres episodios muy distintos: el primero de corte cómico y ligero, el segundo dramático y siniestro, y un tercero onírico y muy breve. Escrita por el guionista de 'El Golem' y 'Nosferatu' y protagonizada por tres de los actores alemanes más importantes de la época, su evidente filiación expresionista se convierte casi en su tramo final en un homenaje a 'El gabinete del doctor Caligari'.

Crítica: 

Nos ocupamos hoy de un pequeño clásico del cine alemán de los años 20. Considerada una de las obras clave del cine expresionista, “El hombre de las Figuras de Cera” es una película que vuelve a aprovechar la premisa que ya utilizó Fritz Lang en “Las Tres Luces” (1921) de narrar varias historias que suceden en escenarios totalmente distintos unidas por un hilo conductor que sirve para cambiar de un contexto a otro, en este caso son cuatro historias consecutivas, anticipando la familiar estructura de los horrores por entregas de (Por ejemplo) la “Amicus” en la Inglaterra gótica de los 60, que se quedaron finalmente en tres por problemas de presupuesto.

Cada capítulo presenta sus propia estética en términos de decorados, filtros de color, montaje… y también su propio tono, diferenciado del resto y quizás destinado a experimentar con las posibilidades de la estética expresionista. De las tres historias la primera, una fantasía oriental burlona, está dominado por los amarillos y las formas redondeadas y cuenta la historia de un sultán encaprichado de la esposa de un panadero, Leni da su versión del cuento de hadas “Orientalizante” a través de un tono de comedia subrayado por la sobreactuación de Emil Jannings como el infantil sultán de grandes apetitos, no faltando en ella la aventura y el exotismo, reproducido en decorados pintados y laberínticos, de estancias redondas donde el lujo se puntea de morado. El segundo segmento, protagonizado por un tremebundo Veidt como el zar Iván, está presidido está por una truculencia gótico-romántica memorable, Ivan es un sádico de cuidado que se convulsiona entre espasmos inequívocamente sexuales con la más sofisticada y cruel de las torturas: su maestro de venenos escribe el nombre de las víctimas en un reloj de arena colocado frente a ellas, así podrán ver justo cuanto les queda de vida. La tercera no se puede considerar ni siquiera una historia, de hecho no está formulada como tal sino como un delirio en el cual el poeta sueña con la figura de “Jack el Destripador", cobrando vida y persiguiéndolo por el paisaje alucinado de la feria, en apenas cinco minutos Paul Leni ofrece un fascínate destilado de estética de vanguardia, un resumen de expresionismo en tonos azulados, decorados retorcidos, extrañas formaciones dentadas, geometrías aberrantes y superposiciones hipnóticas que diluyen y al tiempo multiplican el espacio para crear uno nuevo, es con diferencia la mejor de las tres historias.

Sin ser una de las grandes obras de la época, indudablemente sí se trata de una película muy interesante y que pienso resulta de visionado obligado para todo aficionado a ese maravilloso cine que era el cine mudo alemán.

Desde su adolescencia, Paul Leni era ya un fuerte pintor vanguardista, y su talento atrajo pronto la atención de Max Reinhardt, quien lo contrató para que diseñara los escenarios de sus obras teatrales. Tras estos, siguieron otros escenarios… y para 1914, ya Leni era diseñador de producción en la industria cinematográfica alemana, despertándose, pronto, su interés por realizar sus propias películas, en las cuales, él mismo (solo o en colaboración) asumía también los diseños escenográficos. El reconocimiento fue inmediato y pronto su nombre estaría en la lista de los más renombrados directores de Alemania.

<<EL GABINETE DE LAS FIGURAS DE CERA>>, título puesto a propósito para sugerir que sigue la línea de la legendaria, “El Gabinete del Dr. Caligari” (otro guiño será el del muñeco que también utiliza Haroun-al-Raschid para suplantar sus ausencias), tiene también el propósito de trascender esta obra en su puesta en escena… y a fe que lo logra, con una escenografía expresionista sin acartonamiento y de connotada belleza. Además, la amenidad de sus planos, algunos desplazamientos “en exteriores”, un maquillaje sin exceso alguno y una iluminación de una plasticidad admirable, hacen que este filme trascienda -especialmente en el último segmento- lo logrado cuatro años atrás por Robert Wiene.

Con un claro desconocimiento histórico, explicable en los marcados sesgos que, por siempre, han manejado los más poderosos medios de comunicación, Leni toma para su película tres episodios, los cuales tienen como punto de partida el interés del propietario de un Museo de Cera por promocionar a sus figuras de “tiranos” (Haroun al-Raschid, Iván el Temido y ¡Jack el destripador!, ¿Qué tal esta asociación?), para lo cual contrata a un imberbe escritor a quien encarga inventar cuentos basados en algún incidente particular de tales personajes. Atraído, éste escritor, por su bella hija y ella por él, serán ellos mismos los protagonistas del primer segmento, el cual pareciera extraído de Las Mil y una Noches, por su picardía y su carácter aleccionador.

Emil Jannings, luce muy jocoso como el pícaro califa puesto en aprietos; William Dieterle (a futuro, notable director de cine) va a comprender la suerte de mujer que la vida le ha dado; y la rusa Olga Belajeff (Zarah) consigue impactar con esa piel morena y esos maravillosos ojos que embelesan cuando se miran. La escenografía, la iluminación y la fluidez de los encuadres de este episodio, son arte puro.

Iván el Temido (para occidente, “el Terrible”), el zar ruso que se enfrentara con denuedo contra los abusivos boyardos (‘nobles’ y terratenientes), es el protagonista del segundo segmento en el que, la Ley de Compensación, se aplicará implacable… e impecablemente. Conrad Veidt (el recordado, Cesare, del otro Gabinete) es aquí el aguerrido zar que habrá de verse en un terrible apuro. A nivel visual, este es el cuento menos atractivo, pero, la historia es ingeniosa y consigue cierto impacto.

Con una duración de apenas siete minutos, en el tercer segmento, el ya fatigado escritor intenta contarnos algo sobre el legendario, Jack el destripador… y este será un ejercicio donde, todo lo que hasta entonces permitían las sobreimpresiones, será aplicado por Leni, con una plasticidad digna de encomio. Por su tema, escenografía, iluminación y composición de planos, este sería el único segmento 100% expresionista.