"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 5 de octubre de 2022

Ciclo de Cine “ la paz preñada de memoria”: LA INFANCIA DE IVÁN ( A. Tarkovsky 1962)

 




Sinopsis: Iván es un enigma. Un fantasma. Vive en la niebla y su reino es de hielo. Entra y sale de la nada, va de la luz a las sombras, de los árboles negros y la tierra quemada al canto feliz de los pájaros y el agua fresca del pozo, de las ciénagas y el fango ensangrentado a la arena dorada de la playa. Iván es un niño pero nunca más será un niño: cruza ríos a nado, bebe vodka y trata a los soldados como si fueran ellos los niños y él un general con el pecho cubierto de hojalata disponiendo sus tropas de plomo sobre un mapa. Juega, Iván solo juega. Y después se queda dormido y hay que llevarlo en brazos a la cama, porque ya no es un niño, pero sigue siendo un niño.

Solo cuando cierra los ojos recupera Iván su condición, porque no le quedan más que sueños: su madre es un sueño, su hermana es un sueño, el sol es un sueño, el agua es un sueño. Con los ojos abiertos el mundo es otro, frío, oscuro y cubierto de brumas, poblado por espectros enloquecidos que se pasean por casas sin paredes, buscando un clavo donde colgar un cuadro. La tierra se abre bajo sus pies, se ofrece ante él en forma de bosque negro, de planicie nevada, de pantano en tinieblas en el que relampaguean las bengalas, en el que no cantan los pájaros sino las balas que brotan de la nada. El mundo es una iglesia en ruinas y solo hay una salida: cerrar los ojos es volver, y volver es escapar.

Sugerencia de enlaces para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/la-infancia-de-ivan?utm_source=justwatch  https://ok.ru/video/861001681489

Crítica: 

"Y yo estoy solo. Usted lo sabe. No tengo a nadie" - Iván

Finalizados sus estudios de cine, que culminaron con el cortometraje de tesis 'El violín y la apisonadora' ('Katok i skripka', 1960), a Tarkovski le surgió de pronto la posibilidad de filmar su primer largometraje cuando Eduard Abalov fue despedido después de unas semanas de rodaje de 'La infancia de Iván' ('Ivanovo Detstvo', 1962), pues para el Mosfilm era más fácil contratar a un nuevo director, tirar a la basura el material previamente filmado, e invertir el resto del dinero en una producción más modesta. Fue una suerte, sin embargo, que a Tarkovski le llamara tanto la atención la novela corta original de Vladimir Bogomolov, 'Iván', escrito cinco años antes, y su identificación profunda con el niño protagonista. Así las cosas, se despidió a parte de los actores de la primera filmación, y se reescribió el guión con ayuda del propio Bogomolov, y con Tarkovski no acreditado. El director de fotografía Vadim Yusov, que fue quien tuvo la idea de llamar a Tarkovski, comentó mucho más tarde que desde el primer momento todos tuvieron claro que aquel joven cineasta tenía algo especial que iba a convertir el rodaje y el resultado final en algo realmente estimulante.

'La infancia de Iván' es muchas cosas dentro del cine ruso y soviético de la época, y muchas cosas más dentro del cine europeo de los años sesenta, a pesar de lo reducido de su producción y de que no estamos ante una película gigantesca como sí lo será 'Andrei Rublev' ('Andrey Rublyov', 1966). Y lo es por su fortísima singularidad narrativa, que la sitúa muy por delante de su época (Bergman declararía lo mucho que significó en su obra el visionado de esta película), y por representar el nacimiento de una mirada y un estilo muy personales, que aquí todavía se hallan en un estadio embrionario, casi rudimentario, si tenemos en cuenta la marcada evolución de Tarkovski en sus siguientes largometrajes. Pero en sí misma, su visionado es un inolvidable puñetazo en el estómago, un viaje por la locura y el horror de la guerra, aunque los combates estén en off o fuera de campo. Un poderoso debut que se erige en toda una demostración de talento, vigor y sensibilidad cinematográfica.

No es difícil imaginar el impacto que hubo de provocar 'La infancia de Iván' en el Festival de Venecia de 1962, en la que se alzó con el antes muy codiciado y prestigioso León de Oro, ex-aqueo con 'Cronaca familiare', de Valerio Zurlini. Realmente, el bélico nunca había encontrado formas tan líricas ni tan abstractas. En este complejo género, en el que la creación de espacios y ritmos, así como de atmósferas, son cuestiones capitales, Tarkovski dejó su huella como en el histórico, en la sci-fi, o en la tragedia, a pesar de que, en realidad, los géneros no le interesaban lo más mínimo. Para él, no eran más que etiquetas comerciales, y, por lo tanto, reduccionistas y ajenas al arte. Y si en futuras películas, los elementos más puros de los géneros son ignorados por el cineasta ruso, esta no es una excepción, y no veremos un solo combate ni maniobra militar. Es cierto que el pequeño presupuesto del filme no daba para más, pero es muy expresiva la elección de Tarkovski de filmar un bélico mucho más preocupado por el mundo interior de los personajes. Es muy probable, que si la hubiera filmado veinte años después, habría eliminado incluso las pequeñas partes de suspense, que por otra parte están magistralmente filmadas.

El alma de un monstruo

Los primeros minutos de 'La infancia de Iván' marcan estilísticamente, y moralmente, el resto del relato de Tarkovski. Las imágenes iniciales, con Iván en un ambiente de ensueño, casi un paraíso natural, con un sol radiante de verano, se revelarán pronto como un sueño del protagonista (uno de los cuatro de los que seremos testigos), en el que aparece la asesinada madre de Iván, y que en gran parte provienen de sueños y de los propios recuerdos de Andrei, como cuando le dijo a su madre una vez que oía a un cuco cantar. Por supuesto, el sueño terminará bruscamente, con Iván despertando en un entorno muy diferente a ese campo utópico. Incluso el rostro de Iván, siendo el mismo, es muy diferente: la luz y la vitalidad de su rostro en su sueño son sustituidas por una dureza y una melancolía expresadas por el actor Nikolay Burlyaev, que contaba con 16 años (cuatro más que su personaje) de manera admirable (una elección de casting en verdad excepcional), y el sol veraniego reemplazado por nubes y niebla constante. Iván despierta en un viejo molino derruido y se aleja en un páramo de destrucción, para terminar en un bosque inundado por la crecida del río (un bosque espeluznante, por cierto), y dejándose arrastrar por las marismas, dando paso a los créditos iniciales.

La serenidad de esos planos, su acumulación de tiempo real, pues son tomas muy largas, ya dan idea de la necesidad artística de Andrei de empaparse del flujo temporal del plano, de su atmósfera y fondo anímico, para establecer un estado muy determinado en el espectador. Así, el encuentro entre Iván y el teniente Galtsev (un jovencísimo Yevgeni Zharikov) está presentado con planos muy largos y muy elaborados, y es un bloque extenso en sí mismo, que recuerda a las formas del expresionismo alemán en su tratamiento lumínico, pero que se aleja de este por la muy moderna planificación de Tarkovski, para el que la cámara es un elemento tan vivo y tan nervioso como lo será luego en el trabajo de las últimas grandes generaciones de directores. Es decir, la cámara deja de ser una mera registradora, o una cuarta pared, para adentrarse con expresividad en el interior anímico de los personajes, para establecer su punto de vista y ser la herramienta con la acceder a sus emociones más oscuras y más primarias. Sin embargo, en esta película Tarkovski pudo llevar a cabo apenas un esbozo de futuros logros, pues todavía se hallaba bastante encorsetado en una historia demasiado ortodoxa, y no podía volar demasiado alto.

Iván es un monstruo destrozado por la guerra, un niño cuya infancia ha quedado irremediablemente perdida, devastada. Por tanto, ya no es un niño, sino un adulto en el cuerpo de un niño, que exige y requiere un trato similar al de cualquier adulto, pero que, aún así, aún conserva vestigios y rasgos propios de su edad. Por eso, el mundo de los sueños, es el verdadero mundo de Iván: en ellos, el niño-soldado es él mismo, mientras que en el mundo "real", el dolor y la destrucción le han convertido en otra cosa. Se establece una dualidad que va a estar presente en todo el cine tarkovskiano: entre el mundo interior y el exterior, convirtiendo al mundo interior en el más auténtico, y el exterior en el más falso, o por lo menos el más alejado a quienes verdaderamente somos. Tarkovski no se cansaba de repetir lo que dijo un poeta: que la verdad interior se convierte en mentira cuando la verbalizamos, o cuando se hace patente en este mundo imperfecto. Aún así, por supuesto, los artistas lo intentan. El niño Tarkovski vio cómo su padre se iba a la Segunda Guerra Mundial, de tal modo que su único pensamiento estaba en el final de la guerra y en el regreso de su padre, que volvió convertido en capitán y condecorado, pero con una pierna menos. Su conexión con Iván es muy particular: proviene de la infancia, y como un niño desprejuiciado y valiente filma esta indagación sobre la deformada alma de su héroe.

Y en esta indagación lo cierto es que hay una gran belleza fotográfica y un esmerado tratamiento del sonido. Sorprende el trabajo de un inspiradísimo Vadim Yusov, que junto con Tarkovski cuidó hasta el detalle cada plano y cada composición lumínica. Tal como un prosista mimaría cada frase o expresión, o como un músico puliría cada arpegio. Cada luz está concienzudamente justificada, y cada sombra, aparte de una profunda significación psicológica, tiene tanto peso como los propios personajes, en una densidad conceptual que acerca esta película a una pieza de cámara, que gracias al dinamismo psicológico y emocional de Tarkovski se vuelve tremendamente cinemática. De tal modo que pasamos, sin la menor caída de ritmo, de momentos muertos de tensa y angustiosa espera, a deslizamientos suicidas entre las líneas enemigas, y de conversaciones con doble sentido a besos robados en bosques fantasmagóricos. El peculiar tempo de Tarkovski impregna cada detalle, pero aún así se advierte como antinatural, o poco conseguido, el salto a la secuencia final. Por supuesto, su objetivo es que la tragedia final sea en off para acentuar la desesperación del teniente, pero no funciona todo lo bien que debería quizá porque el tiempo "se ha sentido" de otra forma hasta entonces. Sin embargo cierra perfectamente con el cuarto, y último, de los sueños o ensoñaciones.

En cuanto a esos cuatro sueños, son lo más fascinante de la película, de lejos. Todos ellos entroncan gracias al agua, claro, que es el elemento que más aparece en todas las películas del director. No deja de ser muy enigmático que la madre de Iván porte un cubo lleno de agua, y que aparezca hasta en el último de los sueños. También es muy enigmática la niña con la que juega Iván. En cuanto a los caballos y las manzanas, es una imagen que nos trae reminiscencias del Buñuel más surrealista, y que por tanto no merece la pena añadirle un significado intelectual, porque funcionan como imágenes poéticas. No hay nada oculto en caballos que comen las manzanas caídas en la arena. Son simplemente eso, quizá una imagen de felicidad perdida, o simplemente añorada. Igual que la última escena, una imagen de muerte llena de luz y serenidad. Por primera vez Tarkovski se adentraba en los estratos de la muerte, y lo hacía con el sosiego y la clarividencia de un taumaturgo, con la convicción de quien ha estado al otro lado y ha podido volver para fijarlo en una imagen. De igual forma, el sonido Tarkovski lo estiliza hasta la abstracción, y hace un todo irrompible con la música de Vyacheslav Ovchinnikov, para formar un audio que, como el resto, sólo será un embrión en comparación con lo que vendrá después.

Conclusiones

Notable filme de Tarkovski, que aunque dentro de su obra aún es bastante balbuciente, en el cine europeo de los años sesenta fue toda una revelación. Primer León de Oro para un filme más ruso que soviético, al que los censores y los dictadores de turno no supieron encontrarle defectos, y sí una absurda exaltación patriótica que no se encuentra en la película ni con lupa y que por supuesto no era intención de Tarkovski. Sí la de retratar una cierta forma de ser rusa que él conocía bien y que es el corazón de todas sus películas, puesto que él hacía cine por y para su país. A pesar de su inesperado éxito de crítica, Andrei no iba a tener una década de los sesenta precisamente fácil. Más bien todo lo contrario. Es lo que pasa por contar la vida del más famoso pintor de iconos medieval de la historia de su país.





domingo, 26 de diciembre de 2021

Ciclo el universo de Andrei Tarkovski: NOSTALGHIA (1983)

 




Sinopsis: La primera obra de Tarkovsky fuera de la URSS es un poema visual apabullante sobre la nostalgia y la intraducibilidad del arte y la cultura, ganadora de 3 premios en Cannes 1983. Andrei Gorchakov, un poeta ruso, recorre Italia en compañía de Eugenia con la intención de investigar la vida de un compositor del siglo XVI sobre el que está escribiendo. En su viaje se encontrarán con el apocalíptico Domenico.  La delicadeza visual y la trascendencia sentimental vuelven a confluir de forma inigualable en esta sugerente y hermosa joya del maestro, no del todo reconocida. Como sucede con gran parte de la filmografía del ruso, puede que sea algo críptica, pero sin duda es parte de su encanto: sus imágenes envuelven tus sensaciones, y sus ideas te llevan a través de una extraña fascinación que lo mismo agita que acaricia tu mente. Primera obra que realizó fuera de la Union Soviética, contemplar "Nostalghia" es una viaje único y embriagador que todo cinéfilo haría bien en regalarse. El crítico de 'Financial Times', la definió muy bien: "Nostalgia es espectacular, asombrosa; lo más cercano a la poesía que el cine puede aspirar".

Vida y filmografía de Andrei Tarkovski: https://www.casanegracine.com/post/la-vida-de-andrei-tarkovski-la-censura-y-el-exilio-una-creacion-ante-la-adversidad

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Ciclo, el universo de Andrei Tarkovski: Stalker, A. Tarkovski,1979

 



Sugerencia de enlaces para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/stalker?utm_source=justwatch

Sinopsis:"Stalker" es el quinto largometraje del gran realizador ruso Andrei Tarkovski (1932-1986) y el último que hizo en la Unión Soviética. Para muchos críticos, éste es el punto más alto de una filmografía extraordinaria. Para algunos de sus colaboradores, también fue el film que le costó la vida. Y no solo al director: también a su esposa, la actriz Larisa Tarkovskaya, y a su actor principal y frecuente colaborador, Anatoli Solonitsin.


Está mítica obra maestra de Tarkovski está basada en un relato de ciencia-ficción, 'Picnic a la era del camino' de los escritores  Arcady y Boris Strugatski y bien podríamos decir de ella que es la película que se adelantó a Chernobyl. "Stalker" recrea un mundo post-apocalíptico, donde existe una Zona prohibida y peligrosa a la que nadie puede ingresar. Una fantasía que siete años más tarde se convertiría dramáticamente en realidad.

Stalker es un hombre, aparentemente rústico, cuyo oficio es hacer entrar a forasteros curiosos en La Zona, una región envuelta en el enigma donde se cree que descendió una nave extraterrestre. La Zona permanece sometida a una estricta custodia policial. Stalker sabe cómo vulnerar esa vigilancia.

Crítica: https://www.espinof.com/criticas/andrei-tarkovski-stalker




miércoles, 24 de noviembre de 2021

Ciclo el universo de Andrei Tarkovski: El Espejo, Andrei Tarkovski,1975.

 




https://ok.ru/video/2343161694792   

https://www.filmin.es/pelicula/el-espejo


Sinopsis: El espejo" refleja al mejor Tarkovsky, y claro: deslumbra. El ruso era un artista único que aquí vuelve a crear magia visual delante de tus ojos para entregar un poema fílmico arrebatador, compuesto por una sucesión de escenas y recuerdos del propio autor antes, durante y después de la II Guerra Mundial. La película es una evocación continua de recuerdos y sentimientos del propio Tarkovsky que viajan en diferentes tiempos sin orden aparente: la relación con su madre, su infancia,...que se mezclan con material fílmico de noticiario sobre la Guerra civil española, la Segunda Guerra Mundial y el enfrentamiento entre la URSS y China por la isla Damanski. En la película suenan poemas escritos y recitados por Arseny Tarkovsky, padre del director. 

Un hombre habla con su esposa sobre su situación actual y los motivos por los que se ha distanciado. Un pasado que es el suyo, pero también el de un país y el del acontecer mundial. 

Criticas: https://www.espinof.com/criticas/andrei-tarkovski-el-espejo

https://www.bachilleratocinefilo.com/2021/07/1975-zerkalo-mirrorel-espejo-1975.html


Libro en PDF de José Manuel Mouriño acerca de El Espejo: https://drive.google.com/file/d/1QaxqvD1oN0qIeWx6jGgNIDPsTfpmo7gt/view?usp=sharing

martes, 29 de diciembre de 2020

Cine Homenaje a Andrei Tarkovski: El violín y la apisonadora (Andrei Tarkovski 1961)

 



En el 34 aniversario del fallecimiento de Andrei Tarkovski os ofrecemos este primer film que fue su tesis de graduación en la Escuela de Cine VGIK que obtuviera el primer premio en el Festival de Cine de Escuelas de Nueva York.

Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film765980.html

Sugerencia de enlace para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/el-violin-y-la-apisonadora?utm_source=justwatch

Crítica/Sinopsis: https://culturacolectiva.com/cine/pelicula-la-aplanadora-y-el-violin

lunes, 30 de marzo de 2020

Documentales Cine Fórum Quintanar: Dirigido por Andrei Tarkovski


En el curso pasado del Cine Fórum Quintanar exhibimos el 6 de abril la película de Andrei Tarkovski, Sacrificio (Offret) 1986. Tarkovski falleció ese mismo año. En 1988 quien fuera ayudante de dirección y montador de Sacrificio, realizó este documental con material del rodaje de la película.
El director, Michal_Leszczylowski, utiliza como base la filmación donde se documenta la construcción de "El sacrificio" y diversas apariciones de Tarkovski en las que él expone sus puntos de vista, principalmente extractos de su libro "Esculpir  el tiempo".
En uno de esos párrafos, en una conferencia dice que "Los directores de cine pueden ser divididos en dos categorías: los que se esfuerzan en recrear el universo que los rodea y los que crean sus propios universos. Estos últimos habitualmente son poetas. Como Bresson principalmente, Dovzhenko..., Mizoguchi..., Bergman..., Buñuel..., Kurosawa... Estos directores son lo opuesto a lo que la audiencia está habituada, no porque quieran ser oscuros, sino porque quieren ser escuchados en forma secreta.".
Yendo a declaraciones aún más profundas, Tarkovski se describe diciendo: "Mi relación con el mundo es más emocional. Tengo una relación contemplativa con la realidad. No pienso sobre la realidad, sino que trato de percibirla. En lo relativo a la realidad soy más como un animal, como un niño, no como un adulto que piensa y saca conclusiones."
Como se verá, tal como dejó plasmado en sus películas, el mundo interno de Tarkovski era tan rico como el clima que impregna su obra. También lo dice. "No tengo una vida distinta de mis películas, mi vida son mis películas".
Haciendo honor al homenajeado en su película, Michal L. sabiamente deja fluir la creación de "El sacrificio", con escenas que aún hoy después de tantos años, aprietan dulcemente el corazón. Y en la filmación hay dos genios acompañando a Tarkovski, Sven Nykvist, autor de la fotografía y gran fotógrafo de Bergman y Erland Josephson, amigo personal y actor de gran parte de la obra de Bergman y de otros títulos. Así que como se verá no hay desperdicio en este documental.
En un punto de quiebre de los personajes, Michal intercala estos pensamientos de Tarkovski: "Siento mi debilidad y la de la humanidad, hacia el mundo y la naturaleza. Especialmente hacia aquellos que se ven como enemigos. Eso es lo peor de todo. La peor cosa de todas es estar sujeto a la violencia humana. La maldad en el hombre es peor que cualquier otra cosa."
Si leemos correctamente estas frases, podemos percibir la angustia existencial que acarreaba dentro suyo.


Enlace del documental Dirigido por Andrei Tarkovski: https://vimeo.com/133801571  (está en inglés y sueco, pero se pueden activar subtítulos en portugués en la barra de abajo donde dice cc ).

Para quien no haya visto la película o quien la quiera volver a ver aquí el enlace de la película Sacrificio completa en VOSE: https://www.youtube.com/watch?v=AhiC9bcoriU

Cuentan que Boris Pasternak el gran poeta y novelista ruso, se le apareció a Tarkovski en una sesión de espiritismo en 1972, según refleja el mismo en su diario y algún amigo testigo en entrevistas de la época. En esa sesión, Tarkovski, desesperado por no poder filmar películas debido a la falta de confianza por parte de las autoridades soviéticas, le preguntó al espíritu de Pasternak que iba a pasar, que si seguiría haciendo cine o tendría que abandonarlo todo. Cuentan que el espíritu de Pasternak le confió que iba a hacer 7 películas, a lo que Tarkovski dijo :  ¿solo 7?. Si solo 7, pero todas buenas, concluyó el espíritu de Pasternak.

Tarkovski murió de cáncer el 29 de diciembre de 1986, su última película había sido estrenada en Cannes ese año, con ella cerraba su obra de 7 películas.
Tarkovski es el único director de cine cuya obra cinematográfica abre con un niño y un árbol (la infancia de Iván) y cierra (Sacrificio) con un niño  y otro árbol mientras la cámara asciende hacia la copa de ese árbol seco. En la primera el niño no habla y en la última el niño recupera su voz.

domingo, 7 de abril de 2019

13 Sacrificio (Offret)






Enlace para ver el film VOSE : https://www.youtube.com/watch?v=ivTODosMeOQ

Críticas: 

La guerra del fin del mundo
Sacrificio
Offret, Andrei Tarkovski. Suecia-Reino Unido-Francia, 1986 

Por  Joaquín Juan Penalva

Para alguien a quien le guste el cine, descubrir al realizador ruso Andrei Tarkovski puede suponer un nuevo bautismo en el séptimo arte; como afirma Ángel Sobreviela, "se tiene la sensación de estar asistiendo al redescubrimiento del cine; como si la historia del cine pudiera comenzar de nuevo con películas como El espejo o Sacrificio". Y es que, no en vano, las películas de Tarkovski han estado, hasta fechas muy recientes, al alcance de muy pocos. En cierto modo, Sacrificio(Offret, 1986), su último largometraje, estrenado el mismo año de su muerte, supone una excepción, pero también una buena forma de descubrir toda su filmografía, que consta de ocho largometrajes, un documental y dos cortos. El de Sacrificio es el único guion que Tarkovski escribió sin la colaboración de otro coguionista, quizás porque se trataba de un proyecto personal largamente acariciado que finalmente pudo llevar a cabo en Suecia, en la isla de Gotland, en el mismo lugar donde Ingmar Bergman pasaba largas temporadas. Aunque no lo parezca, Sacrificio es una película sobre el fin del mundo, sobre cómo ese acontecimiento inesperado puede despertar la fe en un personaje como Alexander (Erland Josephson), antiguo actor convertido en intelectual y crítico de arte. Como bien señala Rafael Llano, "Tarkovski evita toda distensión geográfica y temporal de la acción: en Sacrificio, todo sucede en apenas doce horas alrededor de una dacha a unos mismos personajes. La narración respeta escrupulosamente, según Tarkovski, las leyes clásicas de la dramaturgia".

Toda la acción se enmarca en un mismo lugar, y el metraje empieza y acaba en un mismo espacio, junto al lago. Según la interpretación de Carlos Señor, la película se abre con un travelling lateral porque, en ese momento, predomina lo terrenal, mientras que, al final, en un largo plano‑secuencia, vemos cómo la cámara enfoca de cerca el mismo árbol que salía al principio y recorre su tronco y sus ramas secas hacia arriba, en un claro movimiento ascendente que enlaza con la dimensión espiritual del film. El descubrimiento de la fe es el tema principal de la película, algo que no debe extrañar, pues el cine de Tarkovski es fundamentalmente religioso y espiritual, pero de una forma no excluyente, pues admite otras lecturas desde un perspectiva no creyente.

Nadie ha fotografiado la luz escandinava como Sven Nykvist, el director de fotografía de Bergman, que es capaz de captar las noches blancas como nadie, y que, en Sacrificio, ha logrado acompañar ese presagio del fin del mundo con una continua degradación del color, ausente casi por completo de algunos planos. Sin duda, el tándem Tarkovski-Nykvist ha funcionado a la perfección en su única colaboración, y eso a pesar de que al director ruso le gusta mucho mirar directamente a través de la cámara, algo que a los directores de fotografía no les suele gustar.

En cierto modo, Sacrificio, dedicada a su hijo, con el que, tras su exilio, únicamente pudo reencontrarse al final de su vida, es una suerte de legado espiritual, un auténtico testamento fílmico en el que Tarkovski va recopilando elementos dispersos a lo largo de toda su filmografía: la música (El violín y la apisonadora), la guerra (La infancia de Iván), los iconos (Andrei Rublev), otros mundos (Solaris), el desastre nuclear (Stalker), lo espiritual (El espejo) y la crisis de fe del mundo contemporáneo (Nostalgia).

Sacrificio es una película sobre la ausencia de la espiritualidad en nuestro mundo, un largometraje lírico, una parábola poética en imágenes. Si Eisenstein, en El acorazado Potemkin (1925), situaba al ser humano frente a la Historia, Sacrificio lo sitúa ante Dios. Tarkovski captura la vida como un reflejo, como un sueño. Como todas sus películas, Sacrificio es una exploración sobre la conciencia humana, tal como afirma Carlos Tejeda en la monografía que le ha dedicado al director de Solaris. El suyo es un cine trascendente, filosófico, religioso en el sentido más amplio del término. Como afirma el propio Tarkovski, "es imposible una película en la que en sus planos no se advirtiera el flujo del tiempo". Para conseguirlo, utiliza planos muy largos, en los que se nota fluir el tiempo, ya que los personajes desfilan por delante de la cámara, que se mueve con ellos, que los deja salir de plano, que se acerca, que se recrea, en fin, hasta lograr planos‑secuencia de más de diez minutos.

Todo el cine de Tarkovski tiene que ver con esa idea de "escribir en el tiempo", de "esculpir en el tiempo", de crear el tiempo necesario sobre la pantalla: "El ritmo cinematográfico está determinado no por la duración de los planos montados, sino por la tensión del tiempo que transcurre en ellos". El sacrificio al que se refiere el título es el del propio protagonista, Alexander, que ofrece todo cuanto tiene a Dios, a un Dios al que ha hablado por vez primera. En ese fuego purificador que aparece al final arde toda su vida anterior, pero poco importa, pues el mundo vuelve a caminar y se ha salvado gracias a un solo hombre, que ahora, en consecuencia, debe cumplir la promesa hecha a Dios y renunciar a todo, incluso a su hijo.

Al cabo, eso es lo que encontramos en Sacrificio, un viaje por el interior de un ser humano, por su espiritualidad recién descubierta. La última escena -el niño que recupera el habla, el árbol seco, el agua del lago, la luz del sol...- cierra una de las filmografías más insólitas de la historia del cine, pero, al mismo tiempo, más coherente e innovadora.



 La responsabilidad moral del individuo

Es fácil responder, sin rodeos, a la pregunta de qué es lo que me fascinaba del tema del sacrificio. A mí, como persona con convicciones religiosas, me interesa sobre todo alguien capaz de entregarse en sacrificio, ya sea por un principio espiritual, ya sea para salvarse a sí mismo, o por ambos motivos a la vez. Un paso así presupone apartarse radicalmente de toda intención primaria y egoísta; es decir, esa persona actúa en un estado existencial más allá de la lógica “normal” de los acontecimientos, ha quedado libre del mundo material y de sus leyes. A pesar de ello (o quizá incluso precisamente por ello) su acción origina transformaciones visibles.
(Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo. Página 239)
Tras el anuncio de Tarkovski de no volver a la URSS, la oferta más interesante para rodar su próxima película le llegaría desde el territorio de su admirado Ingmar Bergman: Suecia. Escribe entonces el borrador de una historia (de título provisional La bruja) sobre un hombre al que se le diagnostica una enfermedad terminal, incurable. Un día recibe la visita de otro hombre, que le trae un mensaje aparentemente ridículo: debe ir a ver a una mujer dotada de poderes mágicos, una especie de bruja, y dormir con ella. El protagonista lo hace y queda milagrosamente curado. El milagro supone toda una revelación, y el hombre decide entonces sacrificar toda su vida y posesiones e irse a vivir con la bruja. Como ya ocurriera con Nostalgia, Tarkovski no sabe hasta qué punto está hablando, desgraciadamente, de su propia vida, pues meses después será a él mismo a quien diagnosticarán un cáncer terminal.
Varios cambios sobre el borrador de La bruja acabarían dando forma al guion (el primero escrito por Tarkovski en solitario) de su última película: Sacrificio (1986). Su protagonista, Alexander (interpretado por el bergmaniano actor Erland Josephson, quien ya fuera el Domenico de Nostalgia) es un actor de teatro divorciado que vive aislado en una hermosa casa en el campo con la única compañía de su querido hijo, al que habla (como ya hiciera Domenico) sobre la decadencia de la civilización moderna y la preocupante deriva del mundo. El día de su cumpleaños recibe la visita de su exmujer, la nueva pareja de esta, su vecino y otras personas. Entonces, súbitamente, se desencadena lo que parece ser el inicio del Apocalipsis en forma de guerra nuclear (nuevamente Tarkovski muestra los detalles que hacen avanzar la acción en su mínima expresión, casi por obligación y con fastidio, decidido a mostrar más bien los efectos que esos acontecimientos tienen en los protagonistas), y Alexander decide sacrificarlo todo, su casa, su vida y su familia, en un gesto radical, desinteresado y aparentemente incomprensible para que la amenaza global desaparezca. Nuevamente Tarkovski está hablando de sí mismo: de hecho la historia que Alexander cuenta a su hijo sobre cómo su madre y él hallaron la hermosa casa de campo está sacada de su propia vida: habla de la casa que él y su esposa Larisa adquirieron en Rusia, y que ya jamás volverían a ver. Y el film concluye con la cita: “Esta película está dedicada a mi hijo Andriushka, con esperanza y confianza”.
Por estos y otros motivos, Sacrificio es un film asombroso, emocionante e inspirador a varios niveles, rodado no solo con un actor fetiche de Ingmar Bergman, sino en su ambiente y con el director de fotografía preferido del maestro sueco: Sven Nykvist. La película, sin embargo, es a todos los efectos un film de Tarkovski, y contiene varios de sus larguísimos y característicos planos secuencia. Dos destacan principalmente: el primero, el de nueve minutos de duración que abre la película, cuyo ritmo provocó la salida de varios espectadores de la sala en su estreno en Cannes. El hecho fue comunicado a Tarkovski, a quien por entonces la enfermedad ya había postrado en la cama de un hospital de París, y este se jactó jocosamente de haber hallado un modo tan eficiente de elegir a su público. El segundo plano secuencia notable de la película es su portentosa escena final, posiblemente la más prodigiosa de toda la carrera de su director: todo un tour de force técnico y logístico que implicaba la destrucción total de un decorado y que hubo de ser rodado dos veces: la primera vez todo salió mal, para desesperación de Tarkovski. Los productores propusieron entonces rodar la escena de otra manera, con maquetas y con inevitables cortes de edición. Tarkovski, consciente de que la implicación emocional del público crece en las secuencias largas sin cortes, no cedió y consiguió convencerles para obtener su segunda (y última) oportunidad. El decorado fue reconstruido y varias semanas después todo el equipo se conjuró para rodar en una única toma la escena clave del film. Esta vez todo salió bien. El resultado es una de las grandes escenas de la historia del cine.
Sacrificio obtuvo cuatro premios en el Festival de Cannes de 1986. La Palma de Oro, sin embargo, recayó en La misión, de Roland Joffé, lo que provocó la airada crítica del presidente de la República Francesa, François Mitterrand. Meses antes, el propio Mitterrand había enviado una carta a Mijaíl Gorbachov solicitando la salida inmediata de la URSS del hijo de Tarkovski para que pudiera despedirse de su padre, ya terriblemente enfermo en un hospital de París. Como consecuencia de estas y otras gestiones diplomáticas llevadas a cabo en los últimos meses por Tarkovski y su esposa, los soviéticos finalmente accedieron y en enero de 1986 Andriushka pudo trasladarse a Francia a ver a su padre. En mayo de ese mismo año iría también a Cannes a recoger en su nombre los premios obtenidos por Sacrificio en el festival.
El maravilloso documental de Chris Marker Une journée d’Andrei Arsenevitch muestra el reencuentro de padre e hijo en el hospital. En él se afirma que cuando los funcionarios de la embajada fueron a comunicar a Tarkovski la noticia de la próxima llegada de su hijo, este los tomó por asesinos del KGB que venían a liquidarle. Existe de hecho una teoría difícilmente demostrable según la cual la enfermedad que llevó a la tumba al director, a su mujer en 1998 y a su actor predilecto (Anatoli Solonitsin) en 1982 (cáncer de bronquio derecho en los tres casos, sorprendentemente) podría haber sido provocada por un envenenamiento, aunque también se dice que la proximidad a aguas residuales tóxicas durante el rodaje de Stalker pudo ser la causa, como vimos.
En el documental vemos también cómo Tarkovski supervisó todo el montaje final de Sacrificio desde su cama del hospital, consciente de que sería su última película. De hecho el film se cierra con la misma imagen que abría su ópera prima, La infancia de Iván: un niño al pie de un árbol. Se cerraba así el círculo poético, maldito y trágico de su breve e impresionante filmografía. Posiblemente resonaban entonces en su cabeza las mismas palabras que él mismo había dicho en cierta ocasión a cuenta del último episodio (La campana) de su colosal Andrei Rublev: “En el arte, otro asunto importante es el de la experiencia. En la película se dice que es imposible pasarla a los demás. La gente dice que se aprende de la experiencia de los padres. Eso sería demasiado fácil. Los niños se niegan a recibirla de nosotros y hacen bien. Desgraciadamente, debemos construir nuestra propia experiencia. Y una vez la tenemos, nuestra vida se termina”.
Andrei Tarkovski falleció en París el 29 de diciembre de 1986, a los 54 años. Sus restos no fueron trasladados a su país, sino que reposan en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois, a las afueras de la capital francesa. La inscripción en su tumba reza: “Al hombre que logró ver al Ángel”.