"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".

lunes, 31 de octubre de 2022

Ciclo : Pasolini el corsario del cine

 

Desde el Palacio Quintanar, en los 100 años de su nacimiento  homenajeamos la obra de Pier Paolo Pasolini (1922-1975) en este ciclo bimensual con obras de diferentes autores italianos de las décadas del 50/60. Pasolini, uno de los creadores más inquietantes del siglo XX, nos ha legado una inmensa obra literaria y cinematográfica, así como certeras intervenciones críticas en las que denunció problemas sociales que en nuestros días se han revelado cruciales. El comunismo, el sexo, la religión o la textura etnológica de las sociedades tradicionales son algunos de los temas que más asiduamente ocuparon a Pasolini.

Comenzaremos con Las noches de Cabiria, "La infinita capacidad poética del cine es puesta en imágenes por el maestro Fellini en una obra inmortal. Imprescindible" .

Con La dolce vita (También de F. Fellini) “se levanta en medio como la piedra angular de una manera de concebir y entender el mundo. (...) la exaltación erótica de la misma decadencia, de la muerte."

Pajaritos y Pajarracos  Interesantísimo filme estrenado en España con 13 años de retraso. Delirante fábula, con claras connotaciones políticas. Sin duda, la comedia más divertida y ácida del genial Pasolini y el mejor trabajo interpretativo de Totò"

Los directores, Carlo Lizzani, Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Jean-Luc Godard y Marco Bellocchio, hicieron parte del movimiento "subversivo" del arte cinematográfico y, uniéndose para realizar en conjunto la película, “AMOR Y RABIA”, decidieron plasmar un puñado de historias de no fácil lectura, con ideas que trastocan (subvierten) las convenciones cinematográficas y, en todo caso, con el firme propósito de plantar un alegato contra el (des)orden establecido.

En Edipo Rey (el hijo de la fortuna) Pasolini trata el tema del complejo de Edipo, tema que le preocupaba en la misma medida que lo “padecía”. Y lo trata desde una perspectiva intemporal donde mezcla ficción con realidad (no olvidemos que el punto de partida es una obra de Sófocles) y donde, hace continuos guiños al espectador. Decir que Edipo Rey es una película de transición es una obviedad, porque todas las películas de Pasolini fueron eso, películas de transición, todas ellas son una búsqueda constante y, en gran medida desesperada, de un lenguaje que sea algo más que cinematográfico, que enganche con la vida y con el proyecto de mejorarla.

Con Ro.Go.Pa.G. Fantástica compilación de 4 genios, Rossellini, Godard, Pasolini y Gregoretti, que nos muestran su visión apocalíptica pero con tintes humorísticos, o más bien irónicos, de la sociedad del momento. 

El mito de Medea habla de un tema común en Pasolini: la difícil coexistencia entre la civilización moderna (representada por Corinto) y la barbarie del mundo antiguo (representada por la Cólquide). Es decir, explora la antítesis razón/irreflexión.  “Medea” trata también sobre el desarraigo y la inadaptabilidad en un mundo que señala al diferente con desprecio.

El evangelio según San Mateo:  En clave neorrealista pero sin apartarse del texto bíblico, el siempre polémico y poliédrico Pasolini -cristiano y comunista- realiza un cercano retrato de Jesús de Nazaret.

Programación del Ciclo

Sábado 5 de noviembre

Las noches de Cabiria

F.Fellini 1957

Sábado 12 de noviembre

La Dolce Vita

F.Fellini 1960

Sábado 19 de noviembre

Pajaritos y Pajarracos

P.P. Pasolini 1966

Sábado 26 de noviembre

Amor y Rabia

Bellocchio, Bertolucci, Godard, Lizzani, Pasolini, Tattoli. 1969

Sábado 3 de diciembre

Edipo Rey (el hijo de la fortuna)

P.P. Pasolini 1967

Sábado 10 de diciembre

Ro.Go.Pa.G.

Godard, Rossellini, Pasolini, Gregoretti  1963

Sábado 17 de diciembre

Medea

P.P.Pasolini 1969

Jueves 22 de diciembre

El evangelio según San Mateo

P.P.Pasolini 1964


 ·         Todas las proyecciones comenzarán a las 18:00 H.

·      Con la nueva situación a partir del 19 de noviembre aproximadamente, desdoblaremos en dos grupos con dos horarios de proyección que iremos definiendo en las próximas sesiones.

 


miércoles, 26 de octubre de 2022

Ciclo de Cine “ la paz preñada de memoria” : RAPSODIA EN AGOSTO (A. Kurosawa 1991)

 



Sinopsis: Profunda reflexión sobre el holocausto nuclear de Nagasaki desde el punto de vista de una superviviente y sus cuatro nietos. Entre sonrisas y lágrimas, la abuela recuerda la historia de su familia y de la sociedad japonesa de su tiempo, tratando de llegar a comprender mejor el pasado y el presente.


Crítica 

Cuando pensamos en “El emperador del cine japonés”: Akira  Kurosawa, probablemente algunas de las obras que resuenen más profundamente en nuestra memoria son “Rashomon” (1950) o “Los siete samuráis” (1954), entre muchas otras. Pero no es muy común escuchar o leer sobre “Rapsodia en agosto” (1991) cuando se menciona a Kurosawa, y desde mi perspectiva es algo que debería suceder más a menudo ya que en éste, su penúltimo filme, podemos encontrar en la sencillez de una “historia familiar cotidiana”, un trasfondo asombroso de lo que significó un evento tan trágico como el bombardeo atómico por parte de los Estados Unidos a las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki, al final de la Segunda Guerra Mundial; lo que marcó profundamente (con justa razón) a la sociedad japonesa de aquella época, y más precisamente a los habitantes de estas ciudades (Nagasaki en el caso concreto de nuestro filme, objeto de comentario).
Analicemos un poquito el por qué de lo que el mismo Kurosawa llegó a mencionar en su momento sobre este filme. Para hacerlo, es necesario comentar que durante su estreno la película fue duramente sacudida por las críticas de varios periodistas que vieron en ella un retrato “victimista” de la sociedad japonesa, sin tomar en cuenta las sangrientas y despreciables acciones que el ejército japonés llevó a cabo durante la Guerra, en países como China y todo el sureste asiático; pero es aquí donde también considero que Kurosawa da una lección de sabiduría universal ya que el mencionó que su cinta no tenía el objetivo de ser una “película política”, y que de igual manera no justificaba las acciones realizadas por las tropas japonesas en aquellos años. Aquí es cuando viene la joya de la corona, Kurosawa respondió también: “Mi creencia es que la guerra no fue entre los dos pueblos, sino entre los gobernantes de Estados Unidos y Japón” y es que es algo que hemos podido explorar en cintas como “La Tumba de las Luciérnagas” (Isao Takahata, 1988), “La vida es bella” (Roberto Begnini ,1997), El pianista (Roman Polanski, 2002) o Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019), cintas donde se analiza y retrata (desde diversos ángulos y culturas) cómo al final, quienes llevan el peso de los horrores son los pueblos, las personas; independientemente de si eres Alemán, Italiano, Polaco, Japonés, etc. Todo ésto  sucede en gran medida por las ideologías radicales de ciertos individuos que están en el poder, y que no se toman ni cinco minutos para contar la tragedia humana, que las decisiones de su fanatismo, va dejando regada.

Pasemos a la trama de la película: Se centra en Kane (Sachiko Murase), una anciana sobreviviente del bombardeo a Nagasaki, que perdió a su esposo en dicho ataque, y en quien podemos ver claramente los estragos de la radiación, ya que ha perdido parte de su cabello (así como otros habitantes de la zona). Como Kurosawa lo relata, es una historia de verano donde Kane es visitada por sus nietos, quienes al principio no la aprecian mucho, e incluso son capaces de hacer bromas y comentarios bastante hirientes, aunque ésto a Kane parece no afectarle demasiado. Llega un momento del filme en que los jóvenes visitan un monumento en memoria de las víctimas del ataque nuclear, lo que los lleva a reflexionar sobre la situación y la dura historia de vida que su abuela tuvo que soportar,  mostrando a partir de este momento más respeto y empatía por ella. El otro punto central de la trama lo aporta la llegada de un telegrama desde Hawái, donde los hijos de Kane están con una persona que posiblemente sea  hermano de ella; él  tiene un hijo americano-japonés llamado Clark (Richard Gere),  después de la guerra hizo prácticamente su vida allá, se encuentra delicado de salud y uno de sus deseos es poder ver a su hermana antes de morir. Después de mucha insistencia, y a pesar de sus dudas, Kane se decide a realizar el viaje a Hawái, pero sólo después del Aniversario del Bombardeo del  9 de agosto; ante esta situación, su sobrino Clark realiza un viaje a Japón para ver a su tía: aquí podemos ver que éste último siente algo de culpa y dolor como americano-japonés,  por todo el sufrimiento que causó el bombardeo estadounidense. Hasta cierto punto puede parecer una historia cotidiana, pero ésa es la cuestión: toda la potencia del significado está en la cotidianidad y cómo en ella se va tejiendo el cúmulo de significados, valores y sentimientos (remordimiento, reflexión, perdón,  amor, cariño…).

Siempre he considerado que las mejores películas que se pueden realizar  sobre la guerra, son aquellas que transmiten el mensaje del horror que significó y el por qué de que estas situaciones jamás deberían volverse a repetir;  y no aquellas que se centran en la batalla, en las explosiones, en los disparos y en las demás cuestiones “rimbombantes”.  En este caso en concreto, sin dudas,  creo que Kurosawa retrata un encantador drama familiar: una historia que es capaz de llegar al corazón, que nos muestra una visión hasta cierto punto desconocida,  o de acceso más difícil; ya que en occidente estamos más acostumbrados a ver la historia a través de los ojos de los “aliados”, pero ignoramos el sufrimiento de los pueblos, como el italiano o el japonés.

“Rapsodia en agosto” es un filme que me parece invita a la reflexión, a  la fraternidad y al perdón:  aspecto  que se ve demostrado, de manera increíblemente hermosa, con la relación que se puede observar entre Kane y su sobrino Clark.




miércoles, 19 de octubre de 2022

Ciclo de Cine “ la paz preñada de memoria” LLUVIA NEGRA (Shôhei Imamura 1989 )

 



Sinopsis: El inicio de ¨Lluvia negra¨ (Kuroi ame), es con la toma de toda la Isla Hiroshima en silencio, ubicándonos en el día del lanzamiento de la bomba atómica, las siguientes escenas, son de los pobladores que realizan sus tareas como cualquier día, pero después un breve momento, se inunda la oscuridad en la pantalla, acto seguido la destrucción y el caos, Hiroshima ya no existe, sólo quedan escombros, en donde los sobrevivientes, creen haber llegado al infierno.

Sugerencia de enlaces para ver el film: https://www.amazon.es/dp/B00G0LRCUY?tag=filmaffinity-21

Critica: 

El 6 de agosto de 1945 el avión norteamericano Enola Gay arrojó una bomba de uranio-235, con el sobrenombre de Little Boy, sobre Hiroshima, que estallaría en el aire a las 8.15 h., provocando la desaparición casi total de la ciudad, reducida a escombros, en medio de una enorme nube de humo e incendios masivos, causando la muerte inmediata y también en días posteriores de unas 140.000 personas. El tiempo se paró, igual que esos relojes que debido a la explosión se detuvieron para siempre a las 8.15 h., como si fueran conscientes de que después de aquello ya no tenía sentido medirlo.

Días después, el 9 de agosto de 1945, una segunda bomba (esta vez de plutonio), Fat man, era arrojada sobre Nagasaki, provocando la aniquilación de 70.000 personas. Ambos ataques provocaron la rendición incondicional de Japón.

Hasta aquí los hechos históricos, esos mismos hechos, referidos al caso concreto de la ciudad de Hiroshima, que muestra Lluvia negra en la primera parte de la película y en posteriores flashbacks. La población, inmersa en sus quehaceres cotidianos, en esa aparente normalidad de la guerra, se ve sorprendida por una explosión, un «enorme relámpago», y un horrible hongo gigantesco. Todos corren desconcertados, mientras la ciudad se viene abajo, intentando buscar a los suyos, tratando de encontrar un refugio donde esconderse. «¿Dónde estás Hiroshima?», grita alguien con desesperación. Shigematsu, su esposa Shigeko y su sobrina Yasuko cruzan la ciudad entera intentando ocultarse en la fábrica donde trabaja Shigematsu. Las imágenes que nos ofrece Imamura son dantescas, con edificios destruidos, incendios y personas carbonizadas llenando las calles.

La segunda parte de Lluvia negra nos traslada a Mayo 1959. La guerra ha terminado y ahora se trata de reconstruir Japón, de volver a la normalidad y de hacer frente a los efectos que Little Boy provocó en la salud de los habitantes de Hiroshima, incluida la familia de Shigematsu. La enfermedad del átomo es tan imprevisible que nadie puede afirmar que se encuentra totalmente libre de sus efectos (tumores cancerígenos, leucemia, esterilidad, muerte…). Los habitantes de la aldea de la película siguen con su rutina cotidiana, intentando aparentar normalidad, se hacen las pertinentes revisiones médicas, se relacionan son sus vecinos, rezan a sus difuntos, pescan truchas… y mientras tanto se sigue produciendo un goteo incesante de muertes de vecinos, a veces de seres queridos. La secuela de la bomba se hace patente también en asuntos más prosaicos, como la búsqueda de un empleo y en la posibilidad de un casamiento, como ocurre con Yasuko, la joven protagonista que convive con sus tíos, a los que quiere como si fueran sus padres, cuyos pretendientes acaban huyendo ante la posibilidad de que esté enferma o no pueda tener hijos.

Lluvia negra nos habla también del estrés postraumático que sufrió toda una nación, personificado aquí de una manera más precisa en el caso del vecino Yuichi, que se dedica a esculpir en piedra misteriosas figuras humanas, tarea que se ve interrumpida cada que vez que escucha el motor de un vehículo pasar por la puerta de su casa, momento en que se arroja, como buen soldado y de una manera tragicómica, contra ese vehículo tratando de destruirlo.

Lluvia negra está basada en la novela del mismo nombre de Masuji Ibuse. Está rodada íntegramente en blanco y negro, y es un alegato antibelicista en el que Imamura nos habla sobre la inutilidad de todas las guerras. «Más vale una paz injusta que una guerra justa», asegura uno de los personajes. Y mientras tanto, la siniestra sombra de la enfermedad del átomo se va extendiendo sobre los ‹hibakusha› (los bombardeados, en japonés), los que sufrieron irradiación directa o posteriormente recibieron en sus cuerpos las pegajosas gotas de una misteriosa lluvia negra, compuesta de partículas radiactivas. Hay un diálogo entre Shigematsu y un amigo suyo al que le quedan pocos días de vida que aborda directamente el quid de la cuestión. El amigo se sigue preguntando por qué los norteamericanos arrojaron la bomba si Japón ya estaba condenado a perder. «Dicen que fue para acelerar la guerra» responde Shigematsu. «En ese caso, ¿por qué no escogieron Tokyo?» contesta, y se lamenta de que va a morir y lo va a hacer sin respuestas. Como tampoco las tienen los ‹hibakusha› que todavía quedan, décadas después, y que siguen sufriendo resignados los efectos de la bomba.





miércoles, 12 de octubre de 2022

Ciclo de Cine “ la paz preñada de memoria” LA VERGÜENZA (Ingmar Bergman 1968)

 



Sinopsis: Una de las escasas películas con trasfondo político de Bergman. Cruda visión de la guerra lograda sin grandes dosis de espectacularidad. No hay batallas, no hay casi artillería, ni muchas muertes, pero no por eso es menos dura. La guerra de la vergüenza no es una guerra concreta, es la guerra como concepto, como abstracción, no sabemos quién es el enemigo, ni quién el aliado. Solo vemos gente violenta que usa la violencia, mata, coarta, amenaza, impone. Una guerra que salpica al matrimonio formado por Ullmann y von Sydow, sacando lo peor de ellos, como lo hace de las personas en general, trasladando la guerra exterior a una interior, la que vive la pareja contra sí misma. En un vía crucis donde la pareja se va degenerando hasta el terrible final. Vergüenza la de la guerra, pero vergüenza la de ella, vergüenza la de él.

Sugerencia de enlaces para ver el film: https://ver.acontraplus.com/watch/bb3dbe2d-8b71-4ea8-8472-6f01691376c5

Crítica: 

an (Max Von Sydow) y Eva (Liv Ullmann) son una pareja de músicos que se traslada a una apartada isla para huir de la guerra civil que asola a su país.
Allí se creen a salvo, pero el conflicto bélico no tardará en llamar a sus puertas.

Excelente película del maestro sueco, sórdida y desgarrada, supone un ejercicio de autocrítica al profundizar en la incapacidad del artista a la hora de hacer frente a los problemas reales del mundo.
Fue la respuesta de Bergman a aquellos que lo consideraban un cineasta en exceso metafísico y despreocupado con respecto a la realidad política de su tiempo.
Es también una nueva disección sobre las relaciones de pareja, en la que los verdaderos sentimientos aflorarán como consecuencia del factor bélico externo que los condiciona, enterrando por siempre la complaciente y forzada armonía que parecía reinar en un principio.

Bergman nos muestra el horror de la guerra a través de explosiones, efectos de luz, sonidos de disparos, paisajes desolados y cadáveres por el suelo. Todo ello ubicado en el marco aislado de la isla de Farö, espacio geográfico vinculado a su filmografía desde el rodaje de “Como en un espejo” (1961).
Este alegato antibélico desemboca en un final impactante y sobrecogedor, que nos invita a reflexionar acerca de la mezquindad y la ruina moral que se derivan de toda conflagración. Un ejemplo de toda esta bajeza es el personaje de Jan, artista cobarde e inseguro, que se ve abocado a sacar a la luz lo peor de su ser para salvar el pellejo.
Sydow, Ullmann y Björnstrand están magníficos, poniéndose de manifiesto, una vez más, la maestría de Bergman dirigiendo a sus actores.
Es importante señalar el carácter pesadillesco del filme, que se inicia y se cierra con la narración de un sueño por parte de los protagonistas. Sueños que aluden a los deseos y anhelos de ambos en medio del caos.

Ricardo Pérez





miércoles, 5 de octubre de 2022

Ciclo de Cine “ la paz preñada de memoria”: LA INFANCIA DE IVÁN ( A. Tarkovsky 1962)

 




Sinopsis: Iván es un enigma. Un fantasma. Vive en la niebla y su reino es de hielo. Entra y sale de la nada, va de la luz a las sombras, de los árboles negros y la tierra quemada al canto feliz de los pájaros y el agua fresca del pozo, de las ciénagas y el fango ensangrentado a la arena dorada de la playa. Iván es un niño pero nunca más será un niño: cruza ríos a nado, bebe vodka y trata a los soldados como si fueran ellos los niños y él un general con el pecho cubierto de hojalata disponiendo sus tropas de plomo sobre un mapa. Juega, Iván solo juega. Y después se queda dormido y hay que llevarlo en brazos a la cama, porque ya no es un niño, pero sigue siendo un niño.

Solo cuando cierra los ojos recupera Iván su condición, porque no le quedan más que sueños: su madre es un sueño, su hermana es un sueño, el sol es un sueño, el agua es un sueño. Con los ojos abiertos el mundo es otro, frío, oscuro y cubierto de brumas, poblado por espectros enloquecidos que se pasean por casas sin paredes, buscando un clavo donde colgar un cuadro. La tierra se abre bajo sus pies, se ofrece ante él en forma de bosque negro, de planicie nevada, de pantano en tinieblas en el que relampaguean las bengalas, en el que no cantan los pájaros sino las balas que brotan de la nada. El mundo es una iglesia en ruinas y solo hay una salida: cerrar los ojos es volver, y volver es escapar.

Sugerencia de enlaces para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/la-infancia-de-ivan?utm_source=justwatch  https://ok.ru/video/861001681489

Crítica: 

"Y yo estoy solo. Usted lo sabe. No tengo a nadie" - Iván

Finalizados sus estudios de cine, que culminaron con el cortometraje de tesis 'El violín y la apisonadora' ('Katok i skripka', 1960), a Tarkovski le surgió de pronto la posibilidad de filmar su primer largometraje cuando Eduard Abalov fue despedido después de unas semanas de rodaje de 'La infancia de Iván' ('Ivanovo Detstvo', 1962), pues para el Mosfilm era más fácil contratar a un nuevo director, tirar a la basura el material previamente filmado, e invertir el resto del dinero en una producción más modesta. Fue una suerte, sin embargo, que a Tarkovski le llamara tanto la atención la novela corta original de Vladimir Bogomolov, 'Iván', escrito cinco años antes, y su identificación profunda con el niño protagonista. Así las cosas, se despidió a parte de los actores de la primera filmación, y se reescribió el guión con ayuda del propio Bogomolov, y con Tarkovski no acreditado. El director de fotografía Vadim Yusov, que fue quien tuvo la idea de llamar a Tarkovski, comentó mucho más tarde que desde el primer momento todos tuvieron claro que aquel joven cineasta tenía algo especial que iba a convertir el rodaje y el resultado final en algo realmente estimulante.

'La infancia de Iván' es muchas cosas dentro del cine ruso y soviético de la época, y muchas cosas más dentro del cine europeo de los años sesenta, a pesar de lo reducido de su producción y de que no estamos ante una película gigantesca como sí lo será 'Andrei Rublev' ('Andrey Rublyov', 1966). Y lo es por su fortísima singularidad narrativa, que la sitúa muy por delante de su época (Bergman declararía lo mucho que significó en su obra el visionado de esta película), y por representar el nacimiento de una mirada y un estilo muy personales, que aquí todavía se hallan en un estadio embrionario, casi rudimentario, si tenemos en cuenta la marcada evolución de Tarkovski en sus siguientes largometrajes. Pero en sí misma, su visionado es un inolvidable puñetazo en el estómago, un viaje por la locura y el horror de la guerra, aunque los combates estén en off o fuera de campo. Un poderoso debut que se erige en toda una demostración de talento, vigor y sensibilidad cinematográfica.

No es difícil imaginar el impacto que hubo de provocar 'La infancia de Iván' en el Festival de Venecia de 1962, en la que se alzó con el antes muy codiciado y prestigioso León de Oro, ex-aqueo con 'Cronaca familiare', de Valerio Zurlini. Realmente, el bélico nunca había encontrado formas tan líricas ni tan abstractas. En este complejo género, en el que la creación de espacios y ritmos, así como de atmósferas, son cuestiones capitales, Tarkovski dejó su huella como en el histórico, en la sci-fi, o en la tragedia, a pesar de que, en realidad, los géneros no le interesaban lo más mínimo. Para él, no eran más que etiquetas comerciales, y, por lo tanto, reduccionistas y ajenas al arte. Y si en futuras películas, los elementos más puros de los géneros son ignorados por el cineasta ruso, esta no es una excepción, y no veremos un solo combate ni maniobra militar. Es cierto que el pequeño presupuesto del filme no daba para más, pero es muy expresiva la elección de Tarkovski de filmar un bélico mucho más preocupado por el mundo interior de los personajes. Es muy probable, que si la hubiera filmado veinte años después, habría eliminado incluso las pequeñas partes de suspense, que por otra parte están magistralmente filmadas.

El alma de un monstruo

Los primeros minutos de 'La infancia de Iván' marcan estilísticamente, y moralmente, el resto del relato de Tarkovski. Las imágenes iniciales, con Iván en un ambiente de ensueño, casi un paraíso natural, con un sol radiante de verano, se revelarán pronto como un sueño del protagonista (uno de los cuatro de los que seremos testigos), en el que aparece la asesinada madre de Iván, y que en gran parte provienen de sueños y de los propios recuerdos de Andrei, como cuando le dijo a su madre una vez que oía a un cuco cantar. Por supuesto, el sueño terminará bruscamente, con Iván despertando en un entorno muy diferente a ese campo utópico. Incluso el rostro de Iván, siendo el mismo, es muy diferente: la luz y la vitalidad de su rostro en su sueño son sustituidas por una dureza y una melancolía expresadas por el actor Nikolay Burlyaev, que contaba con 16 años (cuatro más que su personaje) de manera admirable (una elección de casting en verdad excepcional), y el sol veraniego reemplazado por nubes y niebla constante. Iván despierta en un viejo molino derruido y se aleja en un páramo de destrucción, para terminar en un bosque inundado por la crecida del río (un bosque espeluznante, por cierto), y dejándose arrastrar por las marismas, dando paso a los créditos iniciales.

La serenidad de esos planos, su acumulación de tiempo real, pues son tomas muy largas, ya dan idea de la necesidad artística de Andrei de empaparse del flujo temporal del plano, de su atmósfera y fondo anímico, para establecer un estado muy determinado en el espectador. Así, el encuentro entre Iván y el teniente Galtsev (un jovencísimo Yevgeni Zharikov) está presentado con planos muy largos y muy elaborados, y es un bloque extenso en sí mismo, que recuerda a las formas del expresionismo alemán en su tratamiento lumínico, pero que se aleja de este por la muy moderna planificación de Tarkovski, para el que la cámara es un elemento tan vivo y tan nervioso como lo será luego en el trabajo de las últimas grandes generaciones de directores. Es decir, la cámara deja de ser una mera registradora, o una cuarta pared, para adentrarse con expresividad en el interior anímico de los personajes, para establecer su punto de vista y ser la herramienta con la acceder a sus emociones más oscuras y más primarias. Sin embargo, en esta película Tarkovski pudo llevar a cabo apenas un esbozo de futuros logros, pues todavía se hallaba bastante encorsetado en una historia demasiado ortodoxa, y no podía volar demasiado alto.

Iván es un monstruo destrozado por la guerra, un niño cuya infancia ha quedado irremediablemente perdida, devastada. Por tanto, ya no es un niño, sino un adulto en el cuerpo de un niño, que exige y requiere un trato similar al de cualquier adulto, pero que, aún así, aún conserva vestigios y rasgos propios de su edad. Por eso, el mundo de los sueños, es el verdadero mundo de Iván: en ellos, el niño-soldado es él mismo, mientras que en el mundo "real", el dolor y la destrucción le han convertido en otra cosa. Se establece una dualidad que va a estar presente en todo el cine tarkovskiano: entre el mundo interior y el exterior, convirtiendo al mundo interior en el más auténtico, y el exterior en el más falso, o por lo menos el más alejado a quienes verdaderamente somos. Tarkovski no se cansaba de repetir lo que dijo un poeta: que la verdad interior se convierte en mentira cuando la verbalizamos, o cuando se hace patente en este mundo imperfecto. Aún así, por supuesto, los artistas lo intentan. El niño Tarkovski vio cómo su padre se iba a la Segunda Guerra Mundial, de tal modo que su único pensamiento estaba en el final de la guerra y en el regreso de su padre, que volvió convertido en capitán y condecorado, pero con una pierna menos. Su conexión con Iván es muy particular: proviene de la infancia, y como un niño desprejuiciado y valiente filma esta indagación sobre la deformada alma de su héroe.

Y en esta indagación lo cierto es que hay una gran belleza fotográfica y un esmerado tratamiento del sonido. Sorprende el trabajo de un inspiradísimo Vadim Yusov, que junto con Tarkovski cuidó hasta el detalle cada plano y cada composición lumínica. Tal como un prosista mimaría cada frase o expresión, o como un músico puliría cada arpegio. Cada luz está concienzudamente justificada, y cada sombra, aparte de una profunda significación psicológica, tiene tanto peso como los propios personajes, en una densidad conceptual que acerca esta película a una pieza de cámara, que gracias al dinamismo psicológico y emocional de Tarkovski se vuelve tremendamente cinemática. De tal modo que pasamos, sin la menor caída de ritmo, de momentos muertos de tensa y angustiosa espera, a deslizamientos suicidas entre las líneas enemigas, y de conversaciones con doble sentido a besos robados en bosques fantasmagóricos. El peculiar tempo de Tarkovski impregna cada detalle, pero aún así se advierte como antinatural, o poco conseguido, el salto a la secuencia final. Por supuesto, su objetivo es que la tragedia final sea en off para acentuar la desesperación del teniente, pero no funciona todo lo bien que debería quizá porque el tiempo "se ha sentido" de otra forma hasta entonces. Sin embargo cierra perfectamente con el cuarto, y último, de los sueños o ensoñaciones.

En cuanto a esos cuatro sueños, son lo más fascinante de la película, de lejos. Todos ellos entroncan gracias al agua, claro, que es el elemento que más aparece en todas las películas del director. No deja de ser muy enigmático que la madre de Iván porte un cubo lleno de agua, y que aparezca hasta en el último de los sueños. También es muy enigmática la niña con la que juega Iván. En cuanto a los caballos y las manzanas, es una imagen que nos trae reminiscencias del Buñuel más surrealista, y que por tanto no merece la pena añadirle un significado intelectual, porque funcionan como imágenes poéticas. No hay nada oculto en caballos que comen las manzanas caídas en la arena. Son simplemente eso, quizá una imagen de felicidad perdida, o simplemente añorada. Igual que la última escena, una imagen de muerte llena de luz y serenidad. Por primera vez Tarkovski se adentraba en los estratos de la muerte, y lo hacía con el sosiego y la clarividencia de un taumaturgo, con la convicción de quien ha estado al otro lado y ha podido volver para fijarlo en una imagen. De igual forma, el sonido Tarkovski lo estiliza hasta la abstracción, y hace un todo irrompible con la música de Vyacheslav Ovchinnikov, para formar un audio que, como el resto, sólo será un embrión en comparación con lo que vendrá después.

Conclusiones

Notable filme de Tarkovski, que aunque dentro de su obra aún es bastante balbuciente, en el cine europeo de los años sesenta fue toda una revelación. Primer León de Oro para un filme más ruso que soviético, al que los censores y los dictadores de turno no supieron encontrarle defectos, y sí una absurda exaltación patriótica que no se encuentra en la película ni con lupa y que por supuesto no era intención de Tarkovski. Sí la de retratar una cierta forma de ser rusa que él conocía bien y que es el corazón de todas sus películas, puesto que él hacía cine por y para su país. A pesar de su inesperado éxito de crítica, Andrei no iba a tener una década de los sesenta precisamente fácil. Más bien todo lo contrario. Es lo que pasa por contar la vida del más famoso pintor de iconos medieval de la historia de su país.