Pasemos a la trama de la película: Se centra en Kane (Sachiko Murase), una anciana sobreviviente del bombardeo a Nagasaki, que perdió a su esposo en dicho ataque, y en quien podemos ver claramente los estragos de la radiación, ya que ha perdido parte de su cabello (así como otros habitantes de la zona). Como Kurosawa lo relata, es una historia de verano donde Kane es visitada por sus nietos, quienes al principio no la aprecian mucho, e incluso son capaces de hacer bromas y comentarios bastante hirientes, aunque ésto a Kane parece no afectarle demasiado. Llega un momento del filme en que los jóvenes visitan un monumento en memoria de las víctimas del ataque nuclear, lo que los lleva a reflexionar sobre la situación y la dura historia de vida que su abuela tuvo que soportar, mostrando a partir de este momento más respeto y empatía por ella. El otro punto central de la trama lo aporta la llegada de un telegrama desde Hawái, donde los hijos de Kane están con una persona que posiblemente sea hermano de ella; él tiene un hijo americano-japonés llamado Clark (Richard Gere), después de la guerra hizo prácticamente su vida allá, se encuentra delicado de salud y uno de sus deseos es poder ver a su hermana antes de morir. Después de mucha insistencia, y a pesar de sus dudas, Kane se decide a realizar el viaje a Hawái, pero sólo después del Aniversario del Bombardeo del 9 de agosto; ante esta situación, su sobrino Clark realiza un viaje a Japón para ver a su tía: aquí podemos ver que éste último siente algo de culpa y dolor como americano-japonés, por todo el sufrimiento que causó el bombardeo estadounidense. Hasta cierto punto puede parecer una historia cotidiana, pero ésa es la cuestión: toda la potencia del significado está en la cotidianidad y cómo en ella se va tejiendo el cúmulo de significados, valores y sentimientos (remordimiento, reflexión, perdón, amor, cariño…).
Siempre he considerado que las mejores películas que se pueden realizar sobre la guerra, son aquellas que transmiten el mensaje del horror que significó y el por qué de que estas situaciones jamás deberían volverse a repetir; y no aquellas que se centran en la batalla, en las explosiones, en los disparos y en las demás cuestiones “rimbombantes”. En este caso en concreto, sin dudas, creo que Kurosawa retrata un encantador drama familiar: una historia que es capaz de llegar al corazón, que nos muestra una visión hasta cierto punto desconocida, o de acceso más difícil; ya que en occidente estamos más acostumbrados a ver la historia a través de los ojos de los “aliados”, pero ignoramos el sufrimiento de los pueblos, como el italiano o el japonés.
“Rapsodia en agosto” es un filme que me parece invita a la reflexión, a la fraternidad y al perdón: aspecto que se ve demostrado, de manera increíblemente hermosa, con la relación que se puede observar entre Kane y su sobrino Clark.

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