"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 23 de abril de 2025

Ciclo de cine húngaro. Márta Mészarós: DIARIO PARA MIS HIJOS (1984)

 




Sinopsis:

Finales de los años cuarenta. Juli es una joven huérfana que vuelve a Budapest con sus abuelos tras unos años emigrados. Los acoge su tía Magda, una convencida comunista que dirige una prisión. A pesar de sus esfuerzos por encarrilar a la rebelde adolescente, esta se resiste a vivir según las reglas de su tía. Empieza a buscar pistas de su padre desaparecido, arrestado por la KGB. Solo un amigo de Magda, János, parece apoyarla.

Crítica: 

Al igual que le ocurre a la protagonista, el padre de la directora, el escultor László Mészáros, fue arrestado y ejecutado en 1938, hecho que la cineasta solo conocería en 1999 tras una larga investigación.  Su madre falleció dando a luz a otro hijo, por lo que se quedó huérfana muy joven y se crio con una autoritaria madre adoptiva tras pasar por un orfanato. Esto marca su obra profundamente.

La realizadora ha reconocido en las pocas entrevistas en las que habla de su vida personal que cuando se casó con el también director Miklós Jancsó o con Jan Nowicki, mirándolo de forma retrospectiva, quizá estaba buscando figuras viriles y seguras de sí mismas que le recordaban a su padre. Es obvio el amor, casi la idolatría, que le profesaba.

‘Diario para mis hijos’ se desarrolla a finales de los años cuarenta. En ella, su protagonista (Magda) es una joven huérfana que vuelve a Budapest con sus abuelos tras unos años emigrados. Los acoge su tía Magda, una convencida comunista que dirige una prisión. A pesar de sus esfuerzos por encarrilar a la rebelde adolescente, esta se resiste a vivir según las reglas de su tía. Empieza a buscar pistas de su padre desaparecido, arrestado por la KGB. Solo un amigo de Magda, János, parece apoyarla.

En diversos flashbacks Juli recuerda a su padre, que se confunde de forma deliberada con la figura de János, una suerte de referencia moral para ella. Ambos papeles los interpreta Nowicki. Uno de los aspectos que más destaca de esta trilogía es su apartado estético, del que fue responsable uno de los hijos que tuvo con Jancsó, Nyika. Esta película con su madre fue su primer trabajo en el cine. Hoy es un reputado director de fotografía en la industria del cine húngara.

De las más de quince películas que ha realizado, ésta ha sido la de mayor reconocimiento. La trilogía se completa con ‘Diario para mis amantes’ (1987) y ‘Diario para mis padres (1990).

Acabada la Segunda Guerra Mundial la joven Juli (el alter ego de Márta Mészáros) aterriza en Budapest desde algún recóndito rincón del Kirguistán. Con ella va lo que queda de su familia: unos abuelos más o menos postizos y la promesa de una madre adoptiva con proyección dentro de los cargos intermedios del Partido. Se llama Magda (interpretada por otra dama del cine del este, Anna Polony, a la que habréis visto sin ir más lejos en el decálogo televisivo de un tal Krzystof Kieslowski) y durante todos los diarios será la encargada de representar -y de qué manera- el incontestable poder que tuvieron las directrices moscovitas sobre sus países satélite.

Ni rusa ni húngara, extranjera en su propio país. Juli se siente deslumbrada muy pronto por la avasalladora personalidad de János (interpretado por el actor fetiche de la Mészáros, Jan Nowicki, capaz de representar todas las obsesiones (y los fracasos) de la masculinidad. Un ingeniero realmente volcado en el proceso revolucionario y que bien pronto sufrirá la persecución paranoica de un Partido para el que los planes quinquenales son la única fe verdadera.

Un amor platónico, un temprano interés por el cine y una oposición frontal a cuanto le sonase a imposición. Esas son las tres líneas fundamentales para entender una adolescencia triste, la tentación de la huida, una temprana necesidad de entender -y aprender a contar- lo que de verdad estaba pasando.

LOS TRAUMAS DE UN PAÍS

Al hacer cine casi siempre en tiempo presente, el público podrá comprobar hoy cómo la Hungría de la posguerra fue evolucionando hasta el colapso de la era soviética. No obstante, la preocupación de Mészáros por la definición del carácter nacional húngaro (de nuevo, de forma crítica, sin patriotismos) en décadas anteriores, erige su obra en un testamento de toda la historia del siglo XX. En estos filmes de época le gusta mezclar material de archivo con la ficción, introduciendo a sus protagonistas en eventos reales, con asombrosos montajes que desdibujan la frontera entre los dos modos de registro. De este tipo de cine, su gran contribución es la trilogía de diarios que realizó a lo largo de los años ochenta y que se ambienta en los cincuenta. Basada en recuerdos autobiográficos que se entremezclan con la historia de su país, Mészáros usa a Juli, su alter ego, para desenterrar el drama nacional que, según ella, marcó el devenir de la segunda mitad del siglo XX en Hungría: el arresto del primer ministro Imre Nagy en 1956 y su posterior desaparición. En unos eventos que recuerdan demasiado a recientes episodios bélicos, las tropas rusas entraron ese año en Budapest para deponer al mandatario justificándolo en la independencia de Moscú que Nagy estaba alentando desde su gobierno. Nunca se volvió a saber nada de él, todos lo daban por muerto, pero nadie podía asegurarlo. El asunto fue tabú en Hungría durante décadas. Mészáros recuerda cómo esta fue la única vez en que la censura de su país le dio verdaderos problemas para rodar. Solo tras la caída del muro de Berlín se abrió una investigación que acabó determinando el lugar donde descansaba su cuerpo y se confirmó que había sido ahorcado por un tribunal militar en un rápido ajusticiamiento sin posible defensa. La trilogía se cierra precisamente con el ahorcamiento del personaje interpretado por Jan Nowicki, una figura que toma detalles de Nagy y otros políticos e intelectuales de la época, pero que se identifica también con el padre de Mészáros, ajusticiado de forma similar por el régimen. La escena es de un verismo y crudeza como pocas se han filmado de una pena capital. En resumen, y por recoger algunas de las declaraciones que ofreció a Portuges, estamos ante una cineasta incorruptible que se exigió una misión vital: “dejar constancia de forma honesta de la era que me ha tocado vivir”. Y lo hizo siempre, desplegando un rico lenguaje cinematográfico, desde una perspectiva femenina: “si interpretas mis películas de forma estrictamente política, ves que trato las relaciones de poder de forma muy diferente a como lo hacen los directores hombres”. Sus filmes son, en efecto, personales, políticos, honestos, feministas y auténticos.



miércoles, 16 de abril de 2025

Ciclo de Cine Húngaro. Márta Mészáros: DOS MUJERES (1977)

 





Sinopsis: 
Mari vive feliz en su matrimonio y en su posición privilegiada de directora de un hostal para trabajadoras rurales. Inicia una amistad con Juli, mujer más joven cuya relación con un hombre alcohólico parece un desastre. Algo se despierta en ella al observar a esta pareja. Mari empieza a preguntarse si, bajo las apariencias, esos veinte años casada no habrán hecho sino erosionar su independencia.

Critica:
En 1977 estrenó Dos mujeres. Una coproducción húngaro-francesa, protagonizada por Marina Vlady y Lili Monori. Un drama claramente feminista, en el que dos mujeres, de distintas edad, conectan y se comprenden ante las actitudes machistas de sus maridos, desarrollando una estrecha complicidad y ayuda mutua . Además, Mészáros introduce una crítica contra el autoritarismo estalinista, su insensible y aburrida disciplina, que trata de impedir cualquier margen de autonomía, creatividad y libertad. Durante la película se recrean situaciones intensamente machistas y desagradables, como cuando una de las protagonistas es molestada descaradamente por unos hombres en un bar. Es uno de tantos ejemplos de masculinidad tóxica señalados en el cine de Mészáros con unas estrategias narrativas que provocan un efecto concienciador” en el espectador. En este sentido, pese a que nunca la ha gustado calificarse como feminista, en sus películas conseguía con una indefinible naturalidad  identificar un comportamiento machista como conducta reprobable.

miércoles, 9 de abril de 2025

Ciclo de cine húngaro: Márta Mészáros. NUEVE MESES (1977)

 




Sugerencia de enlace para ver On Line: https://www.filmin.es/pelicula/nueve-meses

Sinopsis: Juli tiene un trabajo en una fábrica de ladrillos, pero estudia a distancia para mejorar su posición. Su jefe se enamora de ella y comienzan una relación muy pasional. Ella oculta el hecho de que tiene un hijo fruto de una relación extramarital. Cuando su amante, habitualmente violento y posesivo, lo descubre, todo salta por los aires. Embarazada de su segundo hijo, Juli debe decidir qué hacer.

Crítica: El guión es sencillo y directo en sus fines, no se complica ni complica, es diáfano.
Visualmente destaca por conseguir en exteriores sobre todo, una luz especial, muy conjuntada con el vestuario y la nieve.
Logra insertar hermosos planos panorámicos tanto de la fábrica como de la ciudad.
Alguna escena con notable sensualidad, conseguida por Lili Monori, muy especialmente, desprende una portentosa naturalidad esta actriz, aparte de abundantes registros, unidos a una dotes naturales o innatas, la hacen una enorme interprete, como demostrará a lo largo y ancho de su carrera.

Vuelve a retratarnos una historia hondamente intimista la directora húngara, en la que los actores son prioritarios en su consecución.
El título es más que explícito e ilustra lo que pretende narrar en la historia.

Obra maestra de Marta Mészáros marcada a fuego por un realismo y autenticidad inauditos al rodar con la actriz embarazada Lili Monori e incluso filmar su parto. Esta audaz decisión, que generó controversia en Hungría pero que fue recibida positivamente en festivales internacionales, aumentó el prestigio de Mészáros como cineasta. Un film que nos muestra una visión cruda y sincera de la maternidad y la vida familiar, considerándose un hito en la historia del cine húngaro.

Sorprende que una película húngara de mediados de los años setenta sea tan valiente y feminista. De hecho, esto mismo nos hace plantearnos si algunas de las películas que se crean hoy en día bajo el mismo credo poseen las mismas características. ¿Por qué es tan valiente y feminista? Precisamente por el entorno hostil en el que vive la chica protagonista y por el tipo de sociedad en el que se decide crear un film así. Una época sin hashtags en la que tanto la propia película como la protagonista dibujan una línea paralela, no ya de atrevimiento, sino de dignidad y de libertad mayúscula. Quizás se torne necesario ver películas como esta para entender cuál es la esencia de lo que entendemos por feminismo. El arte de Agnès Varda y Courbet parece influenciar aquí, quizás inconscientemente, los vapores industriales de este cuento gris y transgresor.

cine austero hasta el extremo, en el que no hay elementos superficiales que puedan entretener y deslumbrar al espectador. Películas como esta no pueden ocultar nada, son puro lenguaje cinematográfico básico.

Hay un gran trabajo de cámara en esta película, consigue introducirnos en la intimidad de cada personaje, y en la intimidad de la pareja, a veces entrando tanto en su espacio, que casi se puede oler su piel y su aliento. A veces, en cambio, la distancia lo dice todo, una figura lejana caminando en la nieve sucia, o alejándose enfundada en un abrigo azul. Hay un juego cromático muy interesante que se emplea varias veces, contrastes marcados entre los espacios helados y las candentes calderas de la fundición, en la fábrica donde trabajan ambos personajes. Las escenas colectivas asombran por lo bien coreografiadas que están: pese a la complejidad, desprenden siempre una naturalidad completa. No hay desajustes en esa exhibición de las vidas de estos pequeños seres en una pequeña localidad industrial de Hungría.

Una película como esta solo puede funcionar con buenos actores. Lili Monori está fabulosa, también porque tiene un personaje fabuloso entre manos, esa mujer que intenta sobrevivir en un mundo lleno de espinas, en un entorno de machismo y de rechazo social a los que se enfrenta sin flaquear. Una mujer pequeña, sencilla, decidida... excepcional. El personaje es creíble porque Lili Monori es capaz de encarnar esa mujer llena de humanidad y de fuerza. Jan Nowicki también está estupendo, pero lo de Monori es digno de mención.

Una película intensa, llena de detalles esenciales que nos permiten contextualizar el drama, meternos hasta el fondo en una relación llena de altibajos, nos permiten comprender a esos personajes que luchan contra sus propios prejuicios, y transmitirnos lo bueno y lo malo de este amor tan sencillo, tan elemental, tan abrupto y primitivo, los momentos magníficos que lo sostienen y las tensiones inevitables que lo condenan, todo ello producto de una verdad que no entiende de razones ni reflexiones. No hay nada artificial en esta película. Puro cine para contar pura vida, sin trampa ni cartón. 





martes, 1 de abril de 2025

Ciclo cine húngaro, Márta Mészáros : ADOPCIÓN (1975)





Sinopsis: Kata, viuda, está entrando en los cuarenta sin hijos. Su amante, casado, no desea tenerlos con ella. De manera fortuita entra en su vida una joven escapada de un orfanato que le pide refugiarse en su casa. Inicialmente reticente, Kata la acoge y empieza a encariñarse con ella. La ayuda a dejar la institución y a casarse con el joven al que ama. Además, la relación entre ambas mujeres despierta en Kata la determinación para cambiar lo que no le gusta de su situación vital.


Crítica

Verdadera dosis de humanidad, inyectada además con dolor, el de esos planos tan cercanos que se meten en una cama, en un abrazo, en la intimidad de una conversación de bar. Las interpretaciones hacen creíbles a los personajes principales, y a su conducta afín y a veces un tanto desconcertante. Y es que Mészáros tiene la virtud de trasladar muy rápido al espectador quienes son estas mujeres, sus debilidades, sus necesidades. Encajan y se complementan, se apuntalan la una a la otra, como dos casas en ruinas que se aguantan mutuamente. Así de precario es todo en el interior de esta película.

Todo eso, llega con potencia al espectador por medio de un estilo formal intenso, basado en una imagen que impacta por su proximidad, una imagen que es capaz de retratar una escena coral por medio de primerísimos planos, consiguiendo que el espectador comprenda lo que piensa cada uno de los personajes del cuadro que dibuja la cámara. El plano general, en este caso concreto (una escena en un bar), que la mayoría de cineastas situaría al inicio de la secuencia, llega aquí al final, y es desde atrás. La brillantez y la originalidad en la concepción cinematográfica de esta escena, que retrata una situación íntima entre dos mujeres en la que se inmiscuyen insidiosa y malintencionada un grupo de hombres, es narrativamente brillante, pero lo más excepcional es que ese tratamiento formal sustenta sustancialmente lo que está contando, la hostilidad social que rodea durante toda la película a esos personajes que se salen de la convención. Esa hostilidad no hace desfallecer a estas mujeres que devienen de este modo en seres de una gran integridad, herramienta imprescindible para rozar una idea de libertad, tan anhelada en la Hungría del 75.

Excelente película para quienes quieran descubrir otras maneras de hacer cine, otras maneras de transmitir ideas y sentimientos, otras formas de concebir los espacios y de mover a los actores, y de manejar la cámara, y de iluminar los rostros, y de concebir vínculos, y de perfilar seres humanos únicos, etcétera. Puro cine, filmando pura vida.