"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 24 de abril de 2024

Ciclo Expresionismo alemán, el cine de la República de Weimar: FAUSTO F.W. Murnau 1926



Sinopsis: Murnau adapta la obra de Goethe en este memorable drama humano que es "Fausto". Fausto, un sabio anciano pacta con el diablo, en principio, para librar al pueblo de la enfermedad que les acecha y les mata. Poco a poco Fausto se ve corrompido por el diablo Mefisto, ya que éste le tienta con la juventud eterna. Mefisto había pactado con el arcángel que si le robaba el alma a Fausto le daría la tierra, ya que según el propio diablo, ningún hombre se resiste al mal. Murnau creó una maravillosa cinta, tenebrosa, oscura, funesta, tétrica y realizó unos efectos especiales memorables. 



Obras Basadas en la Leyenda de Fausto


Crítica: "Fausto" ya es, para mí, la obra culminante de todas las de Murnau que he tenido la fortuna de ver. Alcanzando la cima del expresionismo estético en la sobrecogedora puesta en escena, combinado con un magistral guión basado en Fausto, uno de los personajes de las leyendas alemanas más populares, este drama mefistofélico queda como una de las cumbres de todo el cine europeo (y mundial) del siglo XX.

El famoso Fausto, un sabio y estudioso de la Edad Media que dio origen a diversas leyendas llevadas a la literatura (con la versión de Goethe como la más extendida), fue trasladado al celuloide por Murnau, quien confirió un toque de frescura romántica a su fascinante leyenda, envolviéndolo en una trágica historia de amor.
Fausto, el anciano que se ha pasado la vida entre libros, intentando hallar con sus investigaciones y con su búsqueda de la verdad un poco de luz entre el oscurantismo en el que está inmerso, se siente cada vez más impotente ante su inutilidad. Hay tantos fenómenos, tantas desgracias que escapan a los esfuerzos de su impotente sabiduría, que finalmente siente que Dios le ha abandonado, que todo es una farsa. Abatido, descubre una revelación que le incita a invocar al diablo. En su frustración ante un Dios que parece no escucharle, cree que el diablo es el único que puede ayudarle, y lo invoca.
El diablo le propone un pacto y le tienta ofreciéndole la juventud eterna. Al verse de nuevo como un joven vital, Fausto olvida sus propósitos de obtener más sabiduría para ayudar a sus semejantes, y se va dejando arrastrar por la seducción de los placeres mundanos, de las mujeres bellas... Hasta que un día conoce a Gretchen, una muchacha muy hermosa e inocente, y se enamora de ella.
Pero Mefisto, su siniestro acompañante, que ha esclavizado su alma pero no su corazón siempre libre, hará todo lo posible para truncar el amor de los jóvenes y sembrar todo el sufrimiento y la destrucción de los que sólo el diablo es capaz.
Increíble puesta en escena y ambientación, magníficos efectos visuales, espléndido en su histrionismo el actor que interpreta a Mefisto, y maravillosa historia que atrapa de principio a fin con su aire de cuento encantado en el que tanto un certero retrato de la esencia humana, como las terribles luchas entre el Bien y el Mal, entre el Amor y el Odio, permanecen inmunes, con su atmósfera atemporal, ante el paso del tiempo.
Ni siquiera el Diablo tiene poder para poseer el corazón de un ser humano.

La situación era insostenible a mediados de los años veinte en la República de Weimar. La Primera Guerra Mundial había pasado factura a los alemanes, precipitándolos al abismo de una crisis implacable. La condiciones impuestas por los vencedores en el Tratado de Versalles, entre las que se contemplaba el cierre de las exportaciones germanas, habían disparado la inflación generando el caldo de cultivo propicio para el imparable auge del nazismo. En medio de ese clima desolador, el cine alemán experimentó una de sus etapas de máximo esplendor de la mano de realizadores como Robert Wiene, Fritz Lang y Friedich Wilhelm Murnau. Este último estrenó en 1926 «Fausto» (Faust, 1926), la producción más cara hasta ese momento de la cinematografía alemana.

En 1924 Murnau llevó a la gran pantalla su película «El último» (Der letze mann, 1924), producida por Erich Pommer. El historiador Luciano Berriatúa, autor del libro «Los proverbios chinos de F. W. Murnau» (Filmoteca española, 1990), señala que este film fue realizado con el objeto de llegar al mercado exterior. Cabe señalar que, hasta 1920, la República de Weimar había cerrado las puertas a las producciones extranjeras, incentivando las producciones nacionales. Sin embargo, la crisis hacía inviable el afrontar el rodaje de superproducciones. Es por eso que, con el objeto de financiar «El último» se llegó a un acuerdo con empresarios alemanes afincados en los Estados Unidos. Berriatúa comenta que Murnau, Pommer y, posteriormente, Lang, viajaron a América y allí firmaron un consorcio integrado por las productoras Paramount, Metro-Goldwyn-Mayer y Universum Film AG (UFA) mediante el cual se accedía a facilitar la distribución de películas entre ambos países. Como fruto de ese trato, UFA produce dos superproducciones: «Fausto» y «Metrópolis» (íd., 1927).

«Fausto» es la última película de la etapa alemana de Murnau. La idea inicial es que el film fuese dirigido por Ludwig Berger. Sin embargo, el productor Erich Pommer optó por Murnau que, a sus treinta y ocho años de edad, había madurado por completo su propio estilo, siempre difícil de clasificar.

Se trata de una reinterpretación del clásico mito alemán, abordado magistralmente por Christopher Marlowe y por Goethe en los siglos XVI y XIX, respectivamente. Cuenta la historia de Fausto (Gösta Ekman), un anciano alquimista que tras, fracasar en su proyecto vital de hallar una pócima paraCartel erradicar la peste, firma un pacto con Mefisto (Emil Jannings) con el fin de alcanzar el bien a través del mal. Sin embargo, después de ser rechazado por sus conciudadanos, es tentado por la juventud y los placeres conduciendo hacia la desgracia a su amada, Gretchen (Camilla Horn).

Jordi Balló y Xavier Pérez afirman en su libro «La semilla inmortal. Los argumentos universales del cine» (Anagrama, 1997) que el «Fausto» de Murnau es una síntesis perfecta de los grandes temas del argumento faústico desde una concepción creativa e innovadora. El guión fue escrito por Hans Kyser bajo la tutela de los productores, interesados en que la película mostrara aspectos del folclore germano. Kyser fusiona estos elementos con otros procedentes de las interpretaciones de Marlowe, Goethe y del compositor francés Gounod. Sin embargo, Murnau, contrario a la postura de la productora opta por adaptar a su gusto el texto con la ayuda de Thea von Harbou, esposa por aquel entonces de Fritz Lang.

El carácter meticuloso de Murnau hizo que los preparativos y el rodaje de la película se prolongasen durante más de dos años. El proyecto contó con un presupuesto superior al millón de marcos, una cifra desorbitada para la época. El film destaca por su cuidado aspecto pictórico y por una imagen impecable. Berriatúa recuerda que el realizador germano, licenciado en Historia del Arte y Literatura, siempre había soñado con ser un pintor. La fotografía de «Fausto» recuerda a los grandes genios de la pintura, en especial a Rembrandt pero también a Böcklin, Munch, Kaulbach o a los prerrafaelistas.

Carl Hoffman fue el encargado de la dirección de fotografía. El proyecto inicial contemplaba la contratación de Karl Freund, con quien Murnau ya había trabajado en el rodaje de «El último». No obstante, Freund, más interesado en participar en el rodaje de «Metrópolis» había dejado en la estacada a su antiguo compañero. «Murnau no se entendía muy bien con Hoffman. Se encuentra con un director de fotografía que quiere hacer una imagen muy preciosista y pictórica pero cuyas imágenes no sirven para atrapar al espectador y crearle emociones como él pretendía», matiza el historiador.

La composición de los planos destaca por su exquisitez y por un control magistral de las líneas de fuga, utilizadas en numerosas escenas para conducir la mirada del espectador hacia puntos concretos de la pantalla. Durante el rodaje fueron empleadas dos cámaras y algunos de las escenas fueron grabadas varias veces durante interminables jornadas de trabajo. Por ejemplo, se empleó un día entero para filmar la escena en la que las letras del contrato con el diablo aparecen por arte de magia. Por otra parte, el uso expresionista de la luz es heredero directo de la etapa teatral de Murnau en la compañía de Max Reinhardt, quien dotaba a sus puestas en escena con logrados efectos lumínicos y que recurría a pintores como Munch para la realización de sus decorados.

Asimismo, «Fausto» pone de relieve el grado de perfección alcanzado por Murnau en el empleo de los efectos especiales. El realizador se apoyó en el trabajo de los escenógrafos Robert Herith y Walter Röhrig, con los que ya había trabajado durante el rodaje de «El último» y de «Tartufo» (Herr Tartüff, 1925). Röhrig poseía una trayectoria ampliamente contrastada y había formado parte del equipo de rodaje de «El gabinete del doctor Caligari» (Das kabinett des Dr.Fausto y Mefisto Caligari, 1920), dirigida por Wiene y considerada la obra más representativa del cine expresionista alemán. Herith y Röhrig son los artífices de las maquetas o de los escenarios en los que se desarrolla la acción. Escenas como el trepidante vuelo de Mefisto y Fausto a la ciudad de Parma, la invocación al diablo en un cruce de caminos o la amenaza de Mefisto sobre la ciudad sientan cátedra sobre lo que Murnau era capaz de hacer con los medios de la época.

Berriatúa sostiene que la elección de los actores estuvo sujeta al grado de implicación de la Metro-Goldwyn-Mayer en la financiación. Si la compañía americana aportaba el presupuesto necesario Murnau estaba dispuesto a contratar a Lillian Gish, John Barrymore o Greta Garbo. Finalmente, MGM sólo participó en la distribución y en la coproducción americano-europea.

Emil Jannings, que encarna a Mephisto, encabeza el reparto. Era el actor de moda en la República de Weimar y había protagonizado dos películas de Murnau: «El último» y «Tartufo». Su estatus le había permitido cobrar 600.000 marcos por su interpretación, tal y como precisa Emil JanningsBerriatúa. No obstante, y a pesar de su ego, elevado por la nubes, se tuvo que adaptar a la estricta disciplina de Murnau, quien controlaba todos y cada uno de los detalles de sus actores con el objeto de alcanzar la máxima perfección. Jannings cumple las expectativas con creces y realiza una interpretación soberbia. Un año más tarde, se convirtió en el primer actor ganador de un Oscar por su interpretación en la película «La última orden» (The last command, 1928), de Josef von Sternberg.

Gretchen, la auténtica víctima del «Fausto» de Murnau, es interpretada por Camilla Horn, una joven actriz y bailarina que había compartido protagonismo con Marlene Dietrich, apenas un año antes, en la película «La señora no quiere niños» (Madame wünscht keine kinder, 1926), de Alexander Korda. Murnau presenta a Gretchen como una jovencita inocente enamorada de Fausto. Nada que ver con la Gretchen de Goethe, la cual no duda en dejar señales para manifestar a su querido sus intenciones libidinosas.

El actor sueco Gösta Ekman es el encargado de interpretar a Fausto. El trabajo de maquillaje le hace irreconocible durante los primeros compases de la película, en los que se muestra a un Fausto anciano y decrépito, decepcionado por ser incapaz de ayudar a sus semejantes. Fausto, tentado por Mefisto, aceptará sellar su pacto con el mal a cambio de la juventud y los placeres de la vida. Durante el rodaje de «Fausto», Ekman desarrolló una adicción a la cocaína en un intento por soportar su intenso ritmo de trabajo. El abuso de las drogas acabaría con su vida a la temprana edad de 47 años.

Yvette Guilbert, la cantante de guantes negros retratada por Toulouse-Lautrec en el Moulin Rouge, da vida a Marthe, la pícara tía de Gretchen. Su presencia en la película responde a la coproducción de MGM. A mediados de los años veinte, la que había sido considerada por Sigmund Freud como su cantante favorita, ofrecía clases de canto en Nueva York y París.Fausto Gretchen y Mephisto

El elenco se completa con William Dieterle, mucho más conocido por su trabajo como director. Interpreta a Valentin, hermano de Gretchen. Dieterle, que también había trabajado en la compañía teatral de Reinhardt, fundó apenas un año después del estreno de «Fausto» su propia empresa cinematográfica.

«Fausto» se convirtió en el pasaporte directo para Murnau a Hollywood. En 1926 se estableció en los Estados Unidos tras firmar un contrato con «Fox Studio». Allí rodó cuatro películas entre las que destaca «Amanecer» (Sunrise, 1927), considerada por muchos la mejor película de la era silente. El 11 de marzo de 1931, una semana antes del estreno de su último film, «Tabú» (íd., 1931), su coche se estrelló contra un poste. Como consecuencia de las lesiones perdió la vida un día después.

El historiador Berriatúa, responsable de la restauración del montaje pensado por Murnau para ser proyectado en Alemania, sostiene la presencia de una doble lectura en «Fausto». Comenta que, al igual que sucede en otras de sus películas, oculta una crítica a la homofobia. El estudioso señala que Murnau -cuya condición sexual era la de homosexual- traslada a la pantalla la persecución que por aquel entonces sufrían los homosexuales de un modo sutil, camuflada a través del escarmiento que sufre Gretchen tras ser descubierta con Fausto en su alcoba. Murnau realiza una inversión de los elementos para jugar con el inconsciente del espectador y hacer proselitismo de esta causa. «Al final de la película, deja claro que lo único que importa es el amor», subraya.


 

miércoles, 10 de abril de 2024

CICLO Expresionismo Alemán. El cine de la República de Weimar: NOSFERATU. F.W. Murnau 1922

 


Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film238028.html

Sinopsis: Obra clave del expresionismo alemán, "Nosferatu" es una adaptación disimulada del Drácula de Bram Stoker. Murnau supo mantener la poética ambigüedad del texto original al tiempo que construía, con la terrorífica figura de Max Schreck, un icono del cine de terror. Como los grandes clásicos, la película funciona en varios niveles conceptuales, pero se sostiene por su fuerza y belleza visual.

Sugerencia dónde ver el film on line: https://www.filmin.es/pelicula/nosferatu-nueva-restauracion?utm_source=justwatch

Crítica: 

Una cinta que está considerada como una de las cumbres del género, y dentro del cine vampírico, como la más alta cota jamás alcanzada. No sólo eso, ‘Nosferatu’ (‘Nosferatu, eine Symphonie des Grauens’, F.W. Murnau, 1922) es una de las películas más influyentes de todas cuantas se han realizado.

La sombra de su poder se extiende hasta nuestros días, no sólo a la hora de representar la figura del vampiro, sino también en la creación de una atmósfera en donde lo real y lo irreal se dan la mano en perfecta comunión. F.W. Murnau, cuya repentina y curiosísima muerte, fue uno de los grandes pioneros del cine, alguien sin el cual no podría entenderse absolutamente nada del séptimo arte. El gran François Truffaut —nota mental: hacer un especial sobre él— emitió una terrible sentencia en su día, y es que según él, los cineastas deberían aceptar la idea de ser juzgados, en un futuro, por críticos que desconociesen la obra de Murnau. Me temo que falta muy poco para que Truffaut tenga toda la razón del mundo.

Es muy probable que Truffaut se haya quedado incluso corto en sus temores. Dentro de muchos años, pasará lo mismo con Hitchcock, o Lang, o Ford, . F.W. Murnau es un gran desconocido para las nuevas generaciones, hablemos en plata y aceptémoslo. No moverán un sólo dedo para conocer su obra, Un film que revisado una y otra vez no pierde ni un sólo ápice, y se descubre para nuestro asombro, como una de esas obras que sorprenden como la primera vez, ganando en matices.

La fundación Friedrich Wilhelm Murnau ha restaurado la película, acercándose lo más posible a las intenciones de Murnau, tanto en la duración como en el trabajo de fotografía, y todo a partir de copias encontradas en el mercado internacional, hasta donde no pudieron llegar los abogados de la viuda de Bram Stoker, que ganó un juicio contra los productores, consiguiendo por orden judicial que se destruyeran todas las copias de la película. ¿Por qué? Muy sencillo, Murnau no pudo conseguir los derechos de la obra original de Stoker, y ni corto ni perezoso cambió los nombres de los personajes y localidades, para posteriormente ser denunciado por la viuda del insigne escritor.

¿Qué hubiera sucedido en el caso de que absolutamente todo el material fuese destruido tal y como se dictó en la orden judicial? Pues que nos habríamos perdido una obra capital de poderoso magnetismo. En ella, Murnau se aleja de las formas utilizadas por el, entonces en boga, expresionismo alemán, al atreverse a filmar la película en exteriores y a plena luz del día, consciente de que posteriormente sería tratada aplicando diversas coloraciones. Con esto Murnau consiguió un inusitado y terrorífico resultado: crear una atmósfera fascinantemente irreal, en la que se conjugan vida y muerte, realidad y sueño, sexo y hasta ocultismo —léase para saber más acerca de este punto el admirado libro de Luciano Berriatúa ‘Nosferatu, un film erótico-ocultista-espiritista-metafísico‘—. Además, el director trata a su personaje, el conde Orlok, , como un monstruo sin ningún rasgo humano más allá de lo puramente físico, un animal sediento de sangre que únicamente causa terror allá por donde pasa. Olvidémonos de posteriores tratamientos románticos, en los que se acentuaba el carácter seductor de un ser inmortal; Orlok es un ser demoníaco que vive únicamente para la sangre que le da la vida.

Sería injusto no reconocer que gran parte de la composición del conde Orlok es debida a la increíble interpretación de Max Schreck, actor alemán que conoció la fama mundial gracias a su composición para este film, y que Murnau eligió por su imponente físico. Un poco de maquillaje facial, unos simples colmillos como incisivos, y unas uñas largas, llegarían para transformar a Schreck en Orlok; el resto queda en manos de un actor que pareció entender a la perfección el espíritu de su rol. Todas y cada una de las apariciones de Orlok son hipnóticas, y al actor le llega con permanecer quieto o caminar lentamente —excepto en las escenas en las que el conde carga sus ataúdes o camino con uno de ellos por la ciudad, en las que Murnau acelera un poco la imagen—, y con su miradas literalmente traspasarnos, mientras el director lo enmarca en un juego de luces y encuadres, acentuando el carácter fantasmagórico del relato. A su lado, el resto de actores, se empequeñecen, quedando sus interpretaciones dentro de los habituales parámetros del cine mudo, exageradas y teatrales, pero no por ello malas. Schreck se basta él solo para llenar el film.

Es ‘Nosferatu’ un film dividido en actos, práctica muy extendida en los tiempos del silente en los que predominaba la narración lineal, pero puede verse en ella una de las primeras muestras de montaje paralelo, al narrar dos acciones ocurridas en el mismo tiempo, herencia directa de D.W. Griffith y films como ‘Las dos huerfanitas’ (‘Orphans of the Storm’, 1921), verdadero pionero en este arte. Y al contrario de lo que se ha dicho en algunos sitios —Internet, evidentemente—, el director no utiliza siempre el plano fijo para todas las secuencias. De hecho, si hay algo que sorprende de esta película son unos atrevidos movimientos de cámara en determinados momentos, como por ejemplo, el impresionante travelling que acerca al espectador al barco en el que viaja oculto Orlok. Con el mismo, Murnau intensifica lo inevitable: Orlok se acerca a su destino, y surca imparable los mares, en los cuales también deja huella de su terror —impagable y terrorífico todo el segmento del barco, en el que Orlok elimina poco a poco a toda la tripulación—. Al mismo tiempo, cuando se trata de planos fijos, el director juega con el encuadre y la situación de los actores dentro del mismo. En el uso de trucajes también sale victorioso, como por ejemplo, en la desaparición y aparición repentina de Orlok delante de nuestros ojos, la paulatina desintegración del mismo al atravesar una pared, el ataúd que se abre para que Orlok se levante imponente, o las sombras que acechan al Ellen, y que Coppola recuperaría para su tratamiento en su también fascinante ‘Drácula’.

En 1979 el a ratos imposible Werner Herzog realizó un atrevido remake de la cinta de Murnau, Una de las leyendas que navegan alrededor del mítico film, la creencia de que Schreck era un vampiro real contratado por Murnau para el film. ‘Nosferatu’ es, 87 años después de su estreno, la más importante aproximación al mito vampírico conocida, y una obra maestra de capital importancia en la historia y desarrollo del cine. Y cómo no, el que realizó C. Theodore Dreyer. Poco a poco, que hay mucho que decir sobre los vampiros en el cine.


miércoles, 3 de abril de 2024

Ciclo de Cine Expresionismo alemán I , el cine de la República de Weimar: LA LUZ QUE MATA (F.W. Murnau 1921)



Sinopsis: Un médico honesto y serio, el Dr. Eigil Börne (Olaf Fønss), está comprometido desde hace mucho tiempo con Hélène (Erna Morena). Para celebrar el cumpleaños de Hélène, la pareja va a un cabaret. Una bailarina, Lily (Gudrun Bruun-Stefenssen), queda fascinada por el médico y finge torcerse el tobillo. Börne la atiende y ella lo seduce. Börne se enamora, rompe su compromiso con Hélène y se casa con Lily.

Crítica: 

 El título alemán de esta película se traduciría como "Viaje en la noche", pero esa "noche" es metafórica: se refiere a la ceguera, más que a algo nocturno.( Der Gang in die Nacht)

Cuando ya nos habíamos resignado a que, todos los filmes realizados por F.W. Murnau anteriores a “El castillo Vogelöd”, estaban definitivamente desaparecidos, en Brasil aparece una copia de “Der Gang in die Nacht” (LA LUZ QUE MATA) y aunque no se encuentra en tan buenas condiciones como desearíamos, siempre es un placer ver un Murnau aunque, al final, uno no quede completamente satisfecho. Viendo este filme y como ya nos ocurriera con “El castillo Vogelöd”, se guarda la impresión de que, todo lo realizado por el director alemán antes de “Nosferatu”, fue solo escuela para poder alcanzar finalmente la maestría. Pero, lo bueno, es que puede comprobarse un estilo personal que, pronto, estaría listo para ofrecernos un puñado de obras maestras que enaltecerían al arte cinematográfico.

Ya se adivina aquí, su conexión directa con la célebre escuela expresionista (introducción al miedo, maquillaje exagerado -en el pintor-, uso simbólico y estético de las escaleras, la iluminación muy contrastada en ciertos planos, el amor irrealizable, la naturaleza en una calma ambivalente…) y uno siente que en lo suyo hay arte, aunque por otra parte, no logre la complacencia definitiva. También el guión cuenta con la co-autoría (junto a Harriet Bloch) de nada menos que Carl Mayer, probable iniciador –junto a Robert Wiene – del expresionismo alemán (“El gabinete del doctor Caligari”), aunque ahora se afirma que, el ignorado y anticipado filme de Karl Heinz Martin, “Del amanecer a la medianoche” (Von morgens bis mitternacht, 1920), ya cumplía con los recursos de escenografía, iluminación y composición de planos que eternizaron aquella escuela. ¿Será que algún día podremos verlo?

Al parecer, Murnau no andaba todavía listo para la dirección de actores, y éstos, aún estaban predispuestos a las instrucciones del realizador para satisfacer sus propósitos… y bueno, esto dio como resultado unos cuantos gestos y movimientos que se salen del cauce y que terminan tan sobreactuados y exagerados que rayan con el ridículo. Murnau pretende olvidarse de que está contando un serio drama y coquetea con la celebrada actuación que su intérprete, Conrad Veidt, realizara en “El gabinete…”, poniéndolo aquí –como el pintor invidente- a lucir un tanto grotesco (a la Cesare) y hasta a mirar y a contraer las manos como lo hacía este personaje en el clásico de Wiene.

La historia es, sin duda, interesante: Un médico -que pronto se dedicará con éxito a la oftalmología- se encuentra comprometido con la linda Helene, pero hay una bailarina de nombre Lily, que se siente muy atraída por él, y cuando un día lo ve en el teatro donde ella actúa, fingirá un accidente y lo hará llamar a su presencia para procurar conquistarlo. Entre ellos surgirá la pasión, se irán a vivir juntos… pero entonces, aparecerá un pintor invidente por aquella playa donde ahora habitan, y una inesperada tragedia, quizás esté a punto de avecinarse.

La historia luce bien contada, Murnau se sirve de detalles precisos para mostrar el conflicto interior que sufre cada personaje, y la composición general, logra hacernos sentir el drama que, gradualmente se va gestando. Pero, ese aparente reclamo de la teatralidad que, improcedentemente se aplicaba al cine silente, también convocó a nuestro director… y quizás sea ésta la razón por la que, su filmografía previa a “Nosferatu”, terminó esfumándose en su mayor parte.

Con todo, vale la pena seguir la huella de Friedrich Wilhelm Murnau porque, en definitiva, es uno de los grandes.

Título para Latinoamérica: “EL CAMINO EN LA NOCHE”