"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".

miércoles, 20 de marzo de 2024

Ciclo Mujeres cineastas. WITKIN & WITKIN (Trisha Ziff México 2017 )

 



Sinopsis: Explora el mundo de los gemelos idénticos: Joel-Peter, afamado fotógrafo, y Jerome, pintor y académico. Es una película intensamente humana que aborda la filosofía de sus prácticas y sus relaciones personales. Conocemos a las mujeres en su vida, que nos dan acceso a su mundo artístico. Es una película sobre percepción y envejecimiento, sobre dos artistas que trabajan distintos medios y comparten un pasado y, muy poco, el presente.

Sugerencia de enlace para ver el film: https://guidedoc.tv/documentary/witkin-witkin-documentary-film/


Critica: Esta cautivadora película ofrece una exploración profunda de las vidas de Joel-Peter y Jerome Witkin, gemelos idénticos que, a pesar de su genética compartida, han seguido carreras artísticas distintas. El reconocimiento de Joel-Peter como fotógrafo contrasta con la dedicación de Jerome como pintor y educador. Más que una simple exploración de su arte, el documental profundiza en sus relaciones personales, filosofías y la esencia misma de sus prácticas creativas. Las mujeres en sus vidas son parte integral de su historia y brindan una puerta de entrada reveladora a sus mundos contrastantes. Ambientada en los diversos contextos de Syracuse y Albuquerque, la película muestra las realidades divergentes de los gemelos. A lo largo de cuatro años, "Witkin & Witkin" traza su viaje artístico y captura la transformación inevitable y las narrativas divergentes forjadas por el tiempo.

miércoles, 13 de marzo de 2024

Ciclo mujeres cineastas: RARA ( Pepa San Martín , Chile 2016)

 



Sinopsis: Película latinoamericana ganadora del Festival de Cine de San Sebastián. Opera prima de Pepa San Martín como directora, nos involucra en la mirada de una niña de trece años (Sara) que observa el mundo desde el interior de una familia comandada por dos mujeres. Está inspirada en el caso de la jueza Karen Atala, que perdió la tuición de sus hijas por ser lesbiana. El camino fácil para abordar la historia hubiese sido ubicarse dentro del cine de denuncia, militante y activista de las minorías sexuales. La dirección de San Martín, en cambio, opta por una mirada a la clase media chilena, mostrando los prejuicios que la guían, asimilados del pensamiento de sectores más acomodados y conservadores.

Sugerencia de enlace para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/rara?utm_source=justwatch

Crítica: “Ya que elegimos lo posible, lo que podemos elegir –ya nada puede rescatarse del pasado, ni los cambios ni los sentidos- son fantasmas que nos guían, porque detrás de las inciertas intuiciones surgen los presagios ajenos, oscura certidumbre, los ojos vacíos y la mirada ciega”.


Ricardo Piglia, en Los diarios de Emilio Renzi – Los años felices

A través de unas poéticas páginas de su novela La chica del Crillón (1935), el incomparable Joaquín Edwards Bello describe a la ciudad de Viña del Mar, bajo la perspectiva de una observancia y una particular sensibilidad femenina (ficticia), criada por estas latitudes: más de ocho décadas después, María José San Martín realiza un hermoso paralelo, valiéndose de una cámara cinematográfica con Rara (2016), su debut como directora, después de un amplio recorrido en labores secundarias, y luego de participar en variados proyectos dirigidos por otros nombres y otras rúbricas.


El lente con oficio de este largometraje es uno de los principales puntos de análisis estéticos y fílmicos del mismo. La creación de una puesta en escena restringida, inteligente y que a través de escasos cuadros y ambientaciones, se explaya con elocuencia plástica: una urbe de provincia, un par de casas y sus jardines, las instalaciones del colegio al que asisten las niñas protagonistas, unos restaurantes; pero la geografía costera y periférica es reconocible, y una virtud audiovisual de la dirección de arte.

Un análisis somero, entonces, diría que Rara es una cinta en torno a las disyuntivas cotidianas y sociales de una familia, cuya dualidad parental se encuentra conformada por una pareja lésbica, en un contexto situado en la V Región de Chile. Parte de razón tienen. Sin embargo, una revisión mayor indica que la obra de Pepa San Martín revela el singularísimo punto de vista de una adolescente, acerca de lo que significa desenvolverse en ese universo minoritario y distinto (para la sociedad local), que representa crecer en un grupo familiar con esas características. Ese ojo y ese lente, en este caso, se encuentran personificados por el papel de la joven Julia Lübbert (en el rol de Sara): su naturalidad enmudece el juicio de los espectadores, y provoca la admiración del resto, a causa de su inmenso talento interpretativo.


El guión se articula, de esa manera, en la óptica y tratamiento que se efectúa al interior de una psicología femenina, que se asoma a la pubertad y por ende a la definición de sus gustos y opciones sexuales, al parecer claramente sentenciados, en el caso de la muchacha, más atribulada por los acontecimientos propios de su edad, que a disquisiciones de otro tipo. La cámara continúa con esa estrategia de “relatar” aquella historia mínima, pero matizada con esas inclemencias inherentes a la vida familiar: las hermanas discuten, pelean, y la pareja conformada por Paula (Mariana Loyola), y la veterinaria argentina Lía (Agustina Muñoz), también presentan las disyuntivas reiterativas de dos personas unidas por un sentimiento amoroso y sexual.

Algo perturba a Sara, no obstante: y tanto el lente, como el libreto, se esfuerzan por precisar ese malestar: la muchacha se sentiría “removida” por una suerte de tribulación existencial, en torno a su identidad filial, derivado del divorcio de sus padres (Paula y Víctor, interpretado éste por el actor Daniel Muñoz), y en lo relativo a la atracción que siente por un compañero del colegio. Y, por supuesto, también, debido a la singularidad y a la orientación que manifiesta su madre, después de separarse de su pasado heterosexual.


El espacio audiovisual de la intimidad de la adolescente, se encuentra atenazado por una soledad “acompañada”: tiene una amiga, aunque ésta no la consuela mucho, y así se debate emocionalmente entre la aceptación de sus circunstancias y la realidad que a veces le avergüenza: un preciso montaje, advierte esos detalles narrativos, que son el resultado de ese maridaje nacido entre libreto, y un plan de acción cinematográfica, concatenados cerebralmente.

La puesta en escena (ya enumerada brevemente) concluye por delinear una estética donde el tiempo parece detenido, irrumpe un deseo incomprensible, y la protección que ofrecen una familia y el cariño de una hermanita (Catalina, encarnada por Emilia Ossandón), simplemente no bastan. En efecto, Rara es una película de iniciación, expuesta desde la diferencia de asomarse al mundo y a sus problemáticas, en el centro de un grupo familiar peculiar: los quiebres se insinúan en la sutileza de unas miradas, gestos, y unas breves palabras pronunciadas luego de un desgaste anímico que el lente refuerza a base de primeros planos, que nunca pierden, empero, su contacto con el entorno diegético.

Uno de los mayores logros de la dirección, sucede del pensar una régie provinciana (por sus costumbres, decorados, dispositivos cinéticos, diseño de vestuario, propuesta escénica y en la mentalidad moral de sus compañeros y vecinos), aunque moderna en sus formas de vida superficial y medios de interacción tecnológica y económica. La “diferencia” estructural, conceptualizada desde el regionalismo chileno: una originalidad de Pepa San Martín, originado según ella misma, por su formación cultural respirada en la pequeña ciudad de Curicó. Pueden ser meses en la biografía de Sara, y la cámara de esa estética del sosiego y de la quietud, fomenta la inmovilidad, una primavera climática que se sostiene en la juventud de la protagonista, y en la cita a esa iniciación forzada, especial, distinta.


De esta forma, la psicología femenina adquiere dos vertientes: la heterosexual, y la lésbica. No por nada, la muchacha advierte a su amiga que ella: “Tiene claro que le gustan los hombres”. Madre e hija se enfrentan en esa dualidad y orientación, enlazadas por el afecto filial, y pese a las rupturas, por el amor incondicional que se profesan y tienen en la inocencia de la biología y del tiempo. La referencialidad de la realizadora es inédita en el cine nacional, y su preocupación por las minucias creativas y artísticas, se agradece.

Rara es un filme engarzado alrededor de una idea literaria de la filmación: el libreto manda, y la introspección emocional de la protagonista, invocan a una formulación transcritas en las páginas de un texto matriz hilado y perfeccionado hasta el extremo: no se advierten deslices e incoherencias argumentales. Quizás la contemplación de Sara es demasiada fuerte e intensa para advertir otro roles igual de bien construidos en el elenco: la madre, Paula, debatiéndose entre sus obligaciones como jueza y su opción afectiva. Lía, esa trasandina que cruzó la Cordillera y se instaló a respirar el amor prohibido y transgresor, al lado del mar. Son factores que continúan cimentando, la escritura de un guión de altísima calidad, y de un filme por sobre la medida técnica y artística, para los cánones nacionales.

Un voto de distinción a la música incidental de Ignacio Pérez Marín.




miércoles, 6 de marzo de 2024

Ciclo Mujeres Cineastas: Para que no me olvides . ( Patricia Ferreira 2005)



Sinopsis : Un abuelo: Mateo. Una madre: Irene. Un hijo: David. Una chica: Clara. Todos eslabones de una misma cadena que se rompe en la misma medida en que se une. Y una historia... David, de pequeño, escuchaba entusiasmado las anécdotas que su abuelo le narraba sobre la Guerra Civil Española; su abuelo se las contaba una y otra vez, una y otra vez. No obstante, con la vejez, el desvanecer de los recuerdos es irremediable, y llegó un día en que el abuelo no se acordaba ya de aquellas aventuras, y entonces David sintió que era la hora de devolverle a su abuelo el regalo que un día él le entregó: su memoria.


Crítica: 

Te esperaré cada tarde. Esperaré tu recuerdo, aquellas palabras que me dedicaste, aquella sonrisa que me envolviste en papel de fiesta... para que no te olvide. Aquellos dulces libros de los que me hablabas, tus duras vivencias...para que no te olvide.

Esta no es una historia cualquiera... o tal vez sí. Sin embargo, jamás existió quien la imaginara, quien la sintiera tan adentro que contagiase las emociones de esta forma, quien me hiciera llorar de ternura, de anhelo, de amor, de tristeza hasta tal punto que quisiese morir como los protagonistas. Porque todos tenemos el deseo y la necesidad de conservar los recuerdos tan fuertes y suaves como la primera vez, intactos: su voz, su olor... incluso aquellas cosas que nunca llegamos a saber de él.

Un abuelo: Mateo. Una madre: Irene. Un hijo: David. Una chica: Clara. Todos eslabones de una misma cadena que se rompe en la misma medida en que se une. Y una historia... David, de pequeño, escuchaba entusiasmado las anécdotas que su abuelo le narraba sobre la Guerra Civil Española; su abuelo se las contaba una y otra vez, una y otra vez. No obstante, con la vejez, el desvanecer de los recuerdos es irremediable, y llegó un día en que el abuelo no se acordaba ya de aquellas aventuras, y entonces David sintió que era la hora de devolverle a su abuelo el regalo que un día él le entregó: su memoria.

Nos da esta película una valiosa lección de lo importante que es, del valor tan inmenso que supone, lo vivido. Olvidar... olvidar es hacer un vacío en la historia de nuestra vida, desmenuzar una foto de los buenos tiempos; no, ni las personas que ya no están merecen tal infamia ni nosotros el dolor camuflado. Hay que dar dos pasos hacia el frente y coger de una mano el futuro y de otra el pasado.

Maravillosa e inigualable, conmovedora y electrizante. Ha conseguido derribar los fuertes muros de mi orgullo, no dejando lugar a represiones y haciéndome temblar como la primera vez que me dieron un beso. Cualquier palabra queda ridícula para expresar cuánto he llegado a emocionarme, cómo he querido por un momento estar en aquel hueco dentro del olivo para que nadie viese brotar como cataratas las lágrimas de mis ojos, para no descubrir mi yo más íntimo; sí, ése al que tanto le vuelvo la cara.

Es por todo lo anterior que les ruego que la vean, pues una obra de semejante magnitud no merece ese desconocimiento, y el elenco de actores, entre el que se incluye el gran Fernando Fernán-Gómez, es para quitarse el sombrero y cantarle una saeta. Para que luego digan que el cine español es una basura...