Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film801711.html
Sinopsis: El señor Lazarescu es viudo y vive solo en un apartamento con sus tres gatos. Su hija Bianca se marchó a vivir a Canadá. Una noche, el solitario anciano se siente mal y llama a una ambulancia. Lo llevan a un hospital, y desde allí a otro y a otro más, pero en ninguno pueden atenderlo. Mientras tanto, su estado de salud se va agravando rápidamente...
Crítica:
Un film incómodo de ver pero fascinante, en dónde por momentos uno toma conciencia de lo terrible que es estar sonriendo ante situaciones sórdidas o desoladoras. A pesar de su extensión la película en ningún momento se torna pesada, y esta narrada con un ritmo de comedia ligera, cuando en realidad se trata de una historia sombría y agobiante.
Especialmente recomendable para médicos y profesionales de la salud en general, porque parte de la comunidad hospitalaria se encuentra retratada en forma realista y feroz.
¿A qué genio especialista en cinematografía se le ocurriría que este film es una comedia? Este es el problema de los especialistas, de los peritos, da igual al campo de especialidad al que pertenezcan: como se creen lo más doctos en su terrero, desprecian la opinión o los puntos de vista de quienes no pertenecen a su gremio, estamento, corporativismo, círculo o cuadrícula mental.
LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU es un DRAMA MUY CRÍTICO Y REALISTA sobre la medicina ciudadana-hospitalaria, la medicina alopática y el personal instruido en las Facultades de Medicina y en las Universidades en general, toda una soberbia macropropaganda que se ha convertido casi en "sacra" en el "mundo civilizado" y que tenemos que aguantar en todas las ciudades desarrolladas del planeta como si fuésemos meros descerebrados rendidos a su inflado poder. ¡Qué Dios, el Universo Consciente y sobre todo los familiares, amigos o gente de nuestro entorno nos permita morir donde sea, preferentemente en la propia casa u hogar, antes que en el laberinto de los licenciados facultativos, las enfermeras y el personal profesional hospitalario revestido de batas blancas, verdes, azules, etc., porque de ser así apañados vamos!: nuestra dignidad de seres humanos con gran probabilidad cabe que la manden a hacer puñetas.
Se promueve la confianza ciega en los profesionales de la medicina y la desconfianza en nuestros propios recursos. De ahí que en cuanto uno se siente físicamente mal, por muy leve que sea el malestar, toda la gente enajenada como está —los propios familiares los primeros— por echarse en manos de los licenciados médicos, en seguida nos envían al hospital. Cada vez somos menos dueños de nosotros mismos. Nos inculcan por todos lados que es peligroso curarse sin médico. Todo está montado para que entremos por el aro del sistema médico hospitalario y nos rindamos al cobayismo y al gran negocio mundial de las drogas fabricadas por el todopoderoso sistema farmacéutico. Sin embargo la verdad es que las enfermedades más comunes pueden ser tratadas y resueltas más pronto y mejor por uno mismo en su propia casa.
Pero ¡ojo!, Cristi Puiu no sólo hace una crítica realista y tremenda al sistema médico hospitalario sino también a cada uno de nosotros, representados por Mr. Lazarescu, pues abdicamos de la responsabilidad que nos compete como dueños de nuestro propio cuerpo y lo maltratamos con una desconsideración y brutalidad impresionante. Por ejemplo: azúcar blanco y alcohol, son dos de las principales causas de degeneración sanitaria en el mundo occidental; no ya sólo porque con ellas prácticamente asesinamos a nuestro propio organismo autocondenándonos también a grandes y lentos sufrimientos, sino porque además de ellas se derivan consecuencias como el alto coste y la gran saturación que causamos al procedimiento médico-hospitalario y a las que debían ser su calidad y eficacia.
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