El
oráculo dice que Edipo matará a su padre, rey de Tebas, y se casará con su
madre. Por eso encargan a un esclavo que lo mate, pero éste se apiada del
pequeño y lo abandona, y el rey de Corinto lo encuentra y lo cría como si fuera
suyo. Pasolini presenta esta clásica tragedia griega contrapuesta a una
familia de la Lombardía italiana de los años 20, logrando una película repleta
de alegorías y simbolismos políticos.
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Crítica
La historia de Edipo, el personaje central del mito de Tebas, le vino muy bien a Pasolini para filmar una película directa y desnuda, donde planteaba algunas de las cuestiones fundamentales para el ser humano. Y es que, no en vano, la tragedia de Sófocles, desde que el propio Aristóteles la situara como una de las cumbres del teatro griego en su Poética, ha sido uno de los más indiscutibles clásicos de la literatura universal. Pasolini no se ha limitado a trasponer la tragedia, sino que ha contado en la pantalla toda la vida de Edipo, desde su nacimiento en Tebas hasta su exilio al descubrir que, en realidad, él era la auténtica mancha humana -miasma choras- que había provocado la ira de de los dioses.
Edipo rey, en la versión sofoclea del mito, presentaba la primera investigación policial de la literatura occidental, con el atractivo de que el detective que pretendía resolver el crimen (Edipo, rey de Tebas) acababa descubriendo que el asesino de Layo, el anterior rey, era él mismo. Y no solo eso, sino que pronto descubriría también que Layo era su padre, y que él se había casado y tenido hijos con su madre. Lo curioso es que todo eso se lo comunicaba Tiresias al comienzo de la obra -"Saldrá a la luz que ha convivido con sus hijos como hermano y padre, el mismo hombre, que de la mujer que le engendró es hijo y esposo, que ha sembrado donde sembró su padre y es su asesino"-, aunque Edipo era incapaz de verlo, porque él, que pudo resolver el enigma de la Esfinge, no conseguía ver la verdad que tenía ante sus ojos. Esa ceguera metafórica se convertirá en literal cuando Edipo se vacíe los ojos al final de la tragedia.
En el Edipo rey de Pasolini, resulta inevitable referirse al complejo de Edipo formulado por Sigmund Freud. Pasolini consigue unir el mito clásico con el psicoanálisis en una apuesta arriesgada que mezcla dos épocas distintas. Edipo nace en el seno de una familia acomodada de Bolonia durante la década del veinte, en pleno auge del fascismo, pero es abandonado en el monte Citerón en una época que corresponde a la de la Antigua Grecia. Solo al final de la película, Edipo, ya exiliado, regresará a la Bolonia de mediados de los sesenta, al mismo lugar que le vio nacer, aunque él ya no pueda contemplar con sus ojos ese regreso al origen, al vientre materno.
Al cabo, lo que plantea Pasolini es lo
mismo que planteaba Sófocles: la búsqueda de la verdad, la fragilidad de todo
lo humano y la inexorabilidad de un destino cruel. Resulta curioso que se haya
dicho de Edipo rey que es la película más autobiográfica de Pasolini, pero lo
cierto es que podemos descubrir en ella muchas de sus obsesiones, aun siendo
una fiel trasposición de la tragedia de Sófocles. En el reparto, nada queda al
azar; Pasolini eligió a Franco Citti para el papel de Edipo, y, aunque recibió
duras críticas en el momento de su estreno, su interpretación, algo afectada,
se ajusta bien a un personaje que, eventualmente, tiene accesos de ira, es
"hijo de la fortuna" y se convierte en un juguete en manos del
destino. Resultó genial la elección de Silvana Mangano, un auténtico icono
sexual, para el papel de Yocasta; de hecho, una de las grandes secuencias de
Edipo rey es cuando, al dar de mamar a Edipo, Yocasta, en un largo primer
plano, ve pasar por delante su siniestro futuro. El reparto lo completan Alida
Valli (Mérope, reina de Corinto y madre adoptiva de Edipo), Julian Beck
(Tiresias) y Carmelo Bene (Creonte).
El mito de Edipo sigue estando vivo en nuestra cultura: en
la pintura, en la ópera y también en el cine, donde se percibe su huella en
títulos tan dispares como Recuerda (Spellbound, Alfred Hitchcock, 1945), El
enigma de Gaspar Hauser (Jeder für sich und Gott gegen alle, Werner Herzog,
1974) Blade Runner (Ridley Scott, 1982) e incluso Desafío total (Total Recall,
Paul Verhoeven, 1990). En su trasposición, Pasolini ha logrado una aproximación
muy personal sin renunciar por ello al mito. Hay una frase que resume muy bien
la película, pero también la propia existencia de Pasolini. Se la dice la
Esfinge, justo antes de morir, a Edipo: "Es inútil, el abismo al que
tratas de arrojarme está dentro de ti".





