Ficha cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film252390.html
Sinopsis: "Interesantísimo filme estrenado en España con 13 años de retraso. Delirante fábula, con claras connotaciones políticas. Sin duda, la comedia más divertida y ácida del genial Pasolini y el mejor trabajo interpretativo de Totò"Un hombre mayor y su hijo deambulan por campos y caminos, donde tendrán insólitos encuentros; entre otros se les aparece un cuervo que habla, y también San Francisco de Asís, que les manda predicar a halcones y palomas.
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Crítica:
Esta película es una de sus obras más divertidas, fáciles de digerir, y alejada de la metafísica abstracta de por ejemplo “Teorema” o “Porcile”. “Uccelacci e Uccelini” (“Pajaritos y Pajarracos”) cuenta con el protagonismo del gran cómico napolitano Totò (que salvando las distancias vendría a ser algo así como el Charlot mediterráneo) en uno de sus últimos papeles, pues moriría un año después. Su estilo es de una narrativa documental, aunque su construcción es totalmente ficción. Con esta película Pasolini cierra el ciclo comenzado con Accattone y Mamma Roma. Alejándose definitivamente de la narrativa del neorrealismo e iniciando la modernidad en el cine italiano.
Totò y su hijo Ninetto caminan sin pausa por los campos periféricos de Roma, dirigiéndose quien sabe a donde, mientras conversan amenamente sobre la vida y la muerte. En su periplo encuentran a un cuervo, que ante el asombro de ambos no solo sabe hablar, sino que además es un locuaz intelectual marxista que con inusitada pedantería les soltará discursos, alegatos y aforismos referentes a las tesis del barbudo Karl.
En cierto momento el cuervo izquierdista les narra una fábula medieval sobre dos frailes (interpretados asimismo por Totò y Ninetto) que reciben el encargo por parte de San Francisco de Asís de evangelizar a las aves: a los halcones (“pajarracos”) y los gorriones (“pajaritos”); soberbios y arrogantes los primeros, dóciles los segundos. Tras un año de sobrehumanos esfuerzos y vicisitudes, fray Totò logra aprender el idioma de los halcones y consigue a base de graznidos comunicarse con ellos para transmitirles la buena nueva. Otro año de ininterrumpida meditación es necesario para que el anciano religioso pueda hacer lo propio con los gorriones, al comprender que estos se comunican dando pequeños saltos. Contentos tras haber llevado satisfactoriamente a termino su misión evangelizadora, se ponen en camino de vuelta rumbo al monasterio. Sin embargo una profunda y acongojante consternación se apodera de ellos cuando ven como uno de los halcones, cuyo instinto depredador no ha sido calmado por el mensaje divino, caza y destroza un pequeño e indefenso gorrión. Una vez ante San Francisco, Fray Totò y Fray Ninetto le explican que, si bien han tenido éxito en la misión que les había sido asignada, habiendo convertido a halcones y gorriones en fervientes cristianos, no han podido evitar que ambas especies se reconcilien y que los fuertes dejen de masacrar a los débiles. El Santo les insta a que retornen a predicar a las aves hasta que cese la problemática, ya que hasta entonces no habrán realmente captado la esencia del mensaje.
Tras esta metáfora más que obvia sobre la lucha de clases (Los gorriones, “pajaritos”, el proletariado oprimido; y los halcones, “pajarracos”; opresora burguesía), padre e hijo llegan a una casa semiderruída donde habita una paupérrima familia famélica. Descubrimos que Totò es el casero, que contundentemente insiste en que paguen sus deudas. Se produce pues aquí una de las escenas cómicas mas desternillantes del film, con un exquisito humor grotesco: El niño, desde el piso de arriba, llama desconsolado y hambriento a su madre repetidas veces y ésta le responde que siga durmiendo, que aún es de noche (a pesar de ser de día); tras lo cual se dirige a Totò diciéndole que hace cuatro días que le repite que “es de noche, que siga durmiendo”, porque no hay nada de comer en la casa. Padre e hijo no se dejan conmover y deciden desahuciar a los desventurados echándolos a la calle.
Después de esta ruda maniobra capitalista el cuervo no les reprende directamente, pero les advierte, a modo de alegoría, que tengan cuidado de no ser engullidos por un pez más grande.
Memorables también las escenas con los “dentistas dantescos”, con los integrantes del circo o con la prostituta.
Encuentros simbólicos y de cariz surrealista se van sucediendo a lo largo del metraje, con la palpitante intención de mostrar (con mucho sentido del humor) el círculo vicioso de depredadores y devorados en el sistema social.
Al final, Totò y Ninetto presencian los funerales del líder comunista italiano Palmiro Togliatti, tras lo cual, ya hartos del cuervo parlanchín, deciden retorcerle el pescuezo y comérselo.
Excelente maravilla pasoliniana, desde los títulos de crédito (genial, por cierto, la original idea de cantarlos); hasta la escena final. La banda sonora es del inconmensurable Morricone, cualquier otro comentario es superfluo. Grandísimas interpretaciones de Totò y Ninetto Davoli (colaborador habitual de Pasolini).
“Pajaritos y Pajarracos” es una de las películas de las cuales el cineasta boloñés estaba más satisfecho, y podría englobarse en una trilogía ambientada en la periferia de Roma junto a sus dos films precedentes “Accatone” y “Mamma Roma”, muy buenos también estos dos, ambos un retrato fiel del subproletariado italiano de los años cincuenta y sesenta.

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