"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".

viernes, 26 de julio de 2019

Cine de verano 04: La Estrategia del Caracol

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Crítica:

La periodista María Aurora Viloria firmaba el 27 de octubre de 1993 en El Norte de Castilla la primera crítica de 'La estrategia del caracol', estrenada en Seminci.
Al acabar la primera proyección de La estrategia del caracol', su director, Sergio Cabrera, escuchó, profundamente emocionado, una de las más largas ovaciones oídas en la Seminci. Quizá recordó entonces que cuando empezó el rodaje, los amigos le advirtieron que era un proyecto imposible.
Pero, pese a ello, rodaron, haciendo posible la utopía. Y eso mismo consiguen los protagonistas de esta historia, encontrar una solución particular a través de la propia iniciativa y el espíritu creativo. Son un grupo de inquilinos de una vieja casona que tienen que enfrentarse al desalojo inminente. Al principio, encabezados por un eterno estudiante de leyes, logran, con ingenio, varios aplazamientos, pero, cuando el desahucio tiene fecha fija y dirigidos por un viejo anarquista español, ponen en marcha la estrategia del caracol, que es lo mismo que llevarse la casa a cuesta.
Y el proyecto, después de las primeras vacilaciones, les une sin fisuras y hasta consigue transformarles, con el único y por supuesto, suficiente objetivo de defender su dignidad.
Sergio Cabrera ha elegido el humor para contar con sencillez, sin medios ni alardes, esta historia tragicómica. Y es tanta la imaginación, tan brillantes los diálogos, tan perfectamente descritos con dos o tres pinceladas los personajes, que los espectadores ríen sin parar desde el principio. Pero, sin necesidad de discursos, por debajo de la diversión subyace la reflexión sobre el poder del dinero, la corrupción, los abusos de los que aplican la ley leyendo solo la letra y a conveniencia de unos pocos, las amenazas, la extorsión y hasta la violencia física. Una relaidad que se pone de manifiesto en los títulos de crédito del final, con el homenaje a una colaboradora del filme que murió a manos de los grupos paramilitares.
Película, pues, para pensar después de reír, muy bien interpretada, que consigue que el espectador tome partido por los buenos y se entusiasme con la broma final de la casa pintada que los redime a todos.

Los Secretos de la película "La Estrategia del Caracol"

Por: Julio César Guzmán
 
21 de octubre 2018 , 12:52 p.m.
“Las películas no se abandonan, eso es como abandonar un hijo”.

Con un gesto de enfado, Gabriel García Márquez encaró así al cineasta Sergio Cabrera, con quien estaba cenando en casa de su amigo común Álvaro Mutis, en Ciudad de México, a comienzos de 1993. Gabo estaba intrigado por una historia que le había contado Cabrera hace varios años en La Habana, y que se convirtió luego en ‘La estrategia del caracol’.

Su reparo obedecía a que, en ese momento, la falta de presupuesto tenía estancada la película. “Abandonada”, en palabras de Cabrera. Su rodaje había coincidido con la liquidación de la empresa estatal de cine, Focine, y el dinero prometido para finalizar la posproducción nunca llegó. Era insólito, pero la película que estaba destinada a partir en dos la historia del cine colombiano dormía en una bodega de Bogotá desde hacía tres años.

— “¿Y se puede ver?”, preguntó el nobel colombiano. 

Esa pregunta cargada de curiosidad precipitó el final feliz de una idea que hasta entonces seguía siendo un proyecto inconcluso y que, como las buenas cosas de la vida, se había madurado con el tiempo. 

Y con EL TIEMPO.

En efecto, una noticia publicada el 31 de enero de 1975 en la página Última C, de EL TIEMPO, fue la inspiración del director Sergio Cabrera para escribir el guion, que solo vino a estrenarse dos décadas después. 

Esa historia también es de película. Era 1975, el mismo año en el que la más llamativa de las pocas cintas que se filmaban en Colombia era ‘Los jaguares contra el invasor misterioso’. Cabrera estudiaba cine en Londres y había decidido que esa era la vocación de su vida. En la capital británica, analizaba la corriente del neorrealismo italiano, que utilizaba como fuentes las anécdotas de la vida real, muchas de ellas sacadas de los diarios.

Por eso, el cineasta insistía en que le enviaran desde Colombia periódicos con el acontecer nacional, junto a su ración obligada de arequipe y obleas. El recorte que llamó su atención se titulaba ‘Se evapora’ inquilinato’, y narraba cómo en un viejo caserón de la ‘calle del cartucho’, en Bogotá, “en menos de doce horas, paredes, techos, puertas y hasta los cimientos desaparecieron sin que los vecinos se dieran cuenta”.

De inmediato, la memoria de Cabrera viajó muy lejos, pero no a su primera infancia en Colombia, sino hasta China, donde vivió en la adolescencia y recibió toda la instrucción escolar destinada a los discípulos de Mao Zedong. “Cuando leí el periódico, pensé que ahí había una historia –evoca Cabrera–. No solo por el artículo, sino porque durante la Revolución Cultural china, nos ponían a leer tres obras que Mao había seleccionado para empujar el comportamiento revolucionario, y una era ‘El viejo tonto que movió las montañas’ ”.

Se trata de la fábula de un campesino que ve perdidos sus cultivos porque les hace sombra una montaña. Así que decide atacarla con pica y pala para abrirle paso al sol. Cuando su vecino se burla de él, le responde: “Quizás yo no lo consiga. Pero si mis hijos y los hijos de mis hijos, y los nietos de mis hijos seguimos cavando, algún día haremos desaparecer la montaña y el sol llegará a mis cultivos”.

Es claro que la mente del cineasta colombiano estaba habitada por las utopías, la perseverancia del pueblo chino y la importancia del trabajo colectivo. Ese fue el germen de ‘La estrategia del caracol’. “La película tiene un fondo filosófico que creo que la hace interesante –dice hoy, más de 40 años después de esa epifanía original–. Habla sobre la solidaridad, que es una virtud sospechosa: la justicia la ve con malos ojos. Mi interés principal era hacer una historia sobre la importancia de ser creativos filosóficamente, ideológicamente, prácticamente, que en vez de afrontar los problemas como se hizo en el pasado, encontremos formas propias de hacerlo”.WITTER

Guiones a ocho manos
La inquietud de García Márquez por no abandonar la película lo trajo a Bogotá. Quince días después de la cena en México, el escritor llegó al atardecer a la oficina de Cabrera en la productora Crear TV, donde había una moviola. Este aparato obsoleto, que ningún ‘millennial’ debe de reconocer, servía para sincronizar los rollos de película de nueve minutos con los de sonido, y así ensamblar trozos hasta el final.

Por supuesto, este trámite engorroso espantó al hombre más famoso de Colombia, quien había entendido que se trataba de un cortometraje y al ver el cerro de 15 rollos de imagen y 60 de sonido advirtió que solo disponía de un par de horas, porque en la noche tenía invitados importantes en su casa.

“Como al cuarto rollo –dice Cabrera y sonríe–, Gabo pidió un teléfono y le habló a su esposa: ‘Llama a los invitados y cancela lo de esta noche, que estoy viendo una película y me está gustando mucho’. Cuando oí eso, respiré aliviado”. Gabo se quedó como hasta las 11 de la noche y su comentario final aún lo guarda en su corazón el actor Humberto Dorado, quien además había sido coguionista: “Es la primera película que veo escrita en colombiano”.

Dorado había llegado al equipo por haber escrito el guion del debut cinematográfico de Cabrera, ‘Técnicas de duelo’ (1988).

El director lo había invitado a meterle mano al texto que habían escrito el periodista Ramón Jimeno y el propio Cabrera, mucho tiempo atrás. Al principio dudó, por el trabajo juicioso que habían hecho los primeros guionistas, pero se decidió gracias a la insistencia del director y por seguir el ejemplo del dramaturgo español Ramón del Valle-Inclán, tal y como lo relató Dorado en un libro: “A la pregunta de cómo escribía sus obras de teatro, Valle-Inclán respondió: ‘Yo hago una lista de los personajes y luego dejo que ellos hagan lo que les da la gana’. Cuando recorrimos las calles del barrio de Santa Bárbara-Centro, que había sido el barrio de mi infancia, fueron surgiendo los personajes –como apariciones redivivas y reales–, y literalmente se metieron vivos en este, el guion cinematográfico de ‘La estrategia del caracol’ ”.

La magia envolvía cada avance del proyecto. El guion inicial se había escrito por fax entre Nueva York y Bogotá, donde vivían respectivamente Jimeno y Cabrera. Ese texto ganó el concurso nacional de guiones, y luego se mejoró con los aportes de Dorado y el escritor argentino Jorge Goldenberg. Lamentablemente, la magia suele estrellarse contra la realidad: al comenzar el rodaje, una funcionaria de Focine advirtió que debían filmar el mismo guion que había ganado el concurso y no algún otro mejorado. Esa fue la razón para que en las locaciones siempre hubiera dos guiones: el real, que se estaba filmando, y el viejo, por si se aparecía la funcionaria.

No fue el único tropiezo con la burocracia. Algún gerente de Focine quiso cambiarle el nombre cuando ya estaba rodada: pretendía bautizarla ‘Desahucio en el barrio latino’. Pero el peor escollo vino cuando desapareció Focine, que se había comprometido a financiar la producción y apenas había desembolsado cerca del 30 % de lo acordado.

Cabrera no lo olvida: “Hablé con los productores (Salvo Basile y otros asociados) y decidí que prefería tener media película a no tener nada. En preproducción, ya habíamos gastado lo que nos dieron, así que decidimos rodar hasta donde alcanzara”.

Basile hoy se ríe con su carcajada de trueno, pero en ese momento sufrió, agotó su tarjeta de crédito, la de Cabrera y la de la hermana del director, y ni siquiera así cubrió los costos. Habló con los técnicos y les dijo que no tenía cómo pagarles y aún faltaban tres semanas de las ocho de rodaje.

“Cuando suspendimos el rodaje en la quinta semana –retoma el director–, le pedí a mi papá (Fausto Cabrera, quien hace el papel de Jacinto) que no se cortara la barba tipo Carlos Marx, porque no sabía cuándo podíamos volver a comenzar. Mi mamá me regañaba: ‘A ver cuándo terminas la película, que no me aguanto a tu papá con esa barba’. Pasaron seis meses antes de reanudar”. 

“La película la terminamos por un milagro –agrega Basile–. De Focine nos ordenaron suspender la filmación, y yo soy el único productor del mundo que tiene una glosa en la Procuraduría por haber terminado el trabajo para el cual lo habían contratado”.

Incluso, una marca automotriz terminó pagando una escena y hasta hoy no se sabía: “Me puse a hacer comerciales para financiar la película –confiesa Cabrera–. Y me llamaron para hacer el de un vehículo, cuyo dueño era un rico que desde su mansión silbaba para llamar al carro, y este recorría la ciudad hasta llegar a sus pies. Yo necesitaba esa casa con el fondo de la ciudad para mostrar al rico de la película (el doctor Holguín) como un señor feudal. Efectivamente, rodamos el comercial con el mismo equipo, y apenas se fueron los de la agencia, pasamos de largo toda la noche y la mañana filmando para poder entregar la casa a tiempo, al día siguiente”.

Con trucos similares a los que aplican los personajes de ‘La estrategia del caracol’, se cumplieron las ocho semanas de rodaje, pero se acabó la plata de todos para pagar la posproducción. Cabrera guardó los rollos en una bodega y dio por muerta la película. Hasta que apareció Gabo.

El éxito como estrategia
El escritor de Aracataca vio la película un viernes. El lunes siguiente hizo algunas llamadas y el martes una productora mexicana estaba contactando con Cabrera. En poco tiempo, se sumó la embajada de Francia, que ayudó a conseguir los 300 mil dólares que faltaban para finalizar el sonido y la posproducción.

No contento con eso, García Márquez le escribió al cineasta italiano Gillo Pontecorvo, quien por entonces era el director del Festival de Cine de Venecia y había estado en Cartagena. Le dijo que había una película colombiana que debía ver, y quince días después, ‘La estrategia del caracol’ fue invitada a ese prestigioso encuentro.

“Aunque no estaba en competencia, fue el evento más importante del festival, todo el mundo hablaba de la película, fue muy elogiada. Al final de la proyección en la Gran Sala, hubo siete minutos de ovación”, se ufana Cabrera.

A partir de esa exhibición, comenzó una cascada de éxitos sin precedentes en el cine nacional, hace exactamente 25 años. En Venecia también la vio el productor Sandro Silvestri, quien terminó vinculado a la película, compartiendo créditos de producción con Salvo Basile.

Su participación terminó en controversia: Basile lo defiende y dice que salvó la película. Pero las autoridades del cine colombiano lo acusan de haber abusado de su poder, haciendo firmar contratos que lo favorecían. 

El caso es que terminó como distribuidor mundial de ‘La estrategia del caracol’, y en esa labor tuvo éxito: en España, estuvo en cartelera por once meses. Humberto Dorado recuerda que todavía ostenta un récord en una sala de Madrid por haber sido la película extranjera de mayor duración y siempre agotando boletería. En Italia, duró más de seis meses en exhibición; en Alemania, cuatro. En Francia, en Argentina. Todavía hoy su director se sorprende de ser reconocido en lugares insospechados:

“En China me propusieron hacer una versión local y me pareció interesante, porque en la vida real es muy común que suceda eso. Están desalojando gente en los barrios antiguos para construir edificios, y por eso les interesó a algunos productores. Luego, creyeron que no pasaría la censura y pensaron ubicar la película en 1936. Yo soy muy de dejarme llevar por el viento, saco adelante mis proyectos, pero no estoy llamando ni preguntando”.

Hace dos semanas, Cabrera estuvo revisando material inédito en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y encontró que ‘La estrategia del caracol’ le sigue deparando sorpresas. En una toma descartada, leyó en la claqueta del primer día de rodaje la fecha de octubre de 1988: su película, que hace un cuarto de siglo estrenó la sala del Centro Andino en Bogotá y que el 25 de diciembre de 1993 tuvo su estreno nacional, también está cumpliendo treinta años del rodaje.

En pocas semanas comenzará la restauración digital de la película, que todavía sigue dando guerra. Como si quisiera hacer coro con la última frase del guion, pronunciada por Fausto Cabrera: “Que ha sido nuestra ilusión toda la vida y que falta todo por hacer”.ACEBOOKTWITTER

Reparto de lujo
Los actores que protagonizaron ‘La estrategia del caracol’ solían trabajar con Sergio Cabrera y eran estrellas en la televisión de los 90, como Frank Ramírez (el ‘perro’ Romero), Florina Lemaitre (Gabriel / Gabriela), Fausto Cabrera (Jacinto), Humberto Dorado (Víctor Honorio Mosquera), Delfina Guido (Misiá Trinidad), Víctor Mallarino (Doctor Holguín), Luis Fernando Múnera (Gustavo Calle Isaza), Vicky Hernández (Doña Eulalia), Carlos Vives (el periodista), Salvo Basile (Matatigres), Gustavo Angarita (Fray Luis), Jairo Camargo (policía) y Marcela Gallego (Gloria), entre otros.
Ganó premios por doquier
La sucesión de premios que obtuvo la película, luego de la cálida recepción en la ‘Mostra’ de cine de Venecia (septiembre de 1993), es impresionante: 

El 2 de octubre, conquistó el Gran Premio del Festival de Biarritz (Francia), junto con el del público y el de la Confederación Internacional de Arte y Ensayo. El 30 de octubre, la Espiga de Oro de la Semana Internacional del Cine de Valladolid (España), además del premio de la Juventud y el del público; el 27 de noviembre, el Colón de Oro del Festival de Huelva (España) y el de la Asociación Internacional de Cine-Clubes. El 11 de diciembre, el Coral de Plata del Festival de La Habana, en el que obtuvo otros dos trofeos.

Y al año siguiente fue premiada en el apartado de Nuevo Cinema, del Festival de Berlín, y en el de Bogotá. En 1995 también estuvo nominada en los premios Goya, el ‘Óscar’ del cine español, como mejor película extranjera de habla hispana.

Usted puede participar en el homenaje
El próximo 7 de noviembre, el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá acogerá el tributo a los 25 años del estreno de ‘La estrategia del caracol’, organizado por Proimágenes Colombia, Idartes, la Cinemateca Distrital, la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y la Casa Editorial EL TIEMPO.

En un conversatorio, Sergio Cabrera, Humberto Dorado, Florina Lemaitre y Ramón Jimeno recordarán anécdotas de la producción, explicarán cómo se hicieron sus escenas más recordadas y contarán detalles desconocidos.

Si bien no se exhibirá la película completa, se presentarán materiales que ni siquiera el propio Cabrera había visto: una grabación detrás de cámaras, que permanecía olvidada, fue recuperada recientemente y permite admirar la intimidad del rodaje.

Además, se ofrecerán escenas que solo fueron vistas en el Festival de Venecia hace 25 años, y que luego fueron editadas por conveniencias logísticas: los distribuidores europeos pidieron recortar 12 minutos la cinta, para que pudiera rotar en cinco funciones en sus salas, en vez de las cuatro que permitía originalmente. Y, entre otras sorpresas, se dará a conocer una canción, también inédita, que grabó Carlos Vives para la película y no pudo ser incluida en el corte final.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
Fuente : EL TIEMPO 

viernes, 19 de julio de 2019

Cine de verano 03: La extraña pareja

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Crítica: 

Segunda película conjunta de la sensacional pareja de actores Jack Lemmon/Walter Matthau después de la excelente “En bandeja de plata” de Billy Wilder.
Con guión de Neil Simon adaptando su propia obra teatral, Gene Saks dirigió con acierto esta buddy comedy sobre la difícil coexistencia entre dos amigos, uno divorciado y otro a punto de estarlo, con distintas singularidades psicológicas… Lemmon es un neurótico de la limpieza y del orden… Matthau posee un carácter mucho más anárquico y descuidado.
Las soberbias actuaciones y la capacidad de Simon y Saks para penetrar con gracia en las psicologías de los caracteres y crear situaciones memorables son la base principal para este simpático film de pegadiza música de Neal Hefty y ágil ritmo. El director teatral Gene Saks, especialista en adaptar los trabajos de su amigo Neil Simon, había debutado en el cine un año antes con “Descalzos por el parque”, comedia romántica, también con la convivencia y el choque de personalidades en primer plano, protagonizada por Robert Redford y Jane Fonda.
Las actitudes contrapuestas de la pareja protagonista dan lugar a unas divertidas, ácidas escenas humorísticas con excelentes diálogos y una excepcional química entre el dúo principal de este plausible entretenimiento cómico que hará las delicias de los aficionados a la comedia inteligente y madura sobre la dificultad de mantener una relación de convivencia, ya sea amistosa o marital.

viernes, 12 de julio de 2019

Cine de verano 02: Una jornada particular

CINE: UNA JORNADA PARTICULAR @ Sala de debat Pep Torrent - Centre Sociocultural




Críticas:

Análisis fílmico de Una jornada particular


“Hice una docena de filmes con Marcello, en la mayoría de los cuales yo fui guionista para otros directores. A Marcello lo recuerdo menos como actor que como amigo. Justamente por su naturaleza gentil se adaptaba a los directores. Y casi tomaba el lugar del director como hizo con Fellini. Pero también conmigo verdaderamente se identificaba”. Ettore Scola
Una de las películas más bellas de la historia del cine italiano es Una jornada particular. En ella sólo hay un hombre y una mujer. Los dos están solos por diferentes motivos. Los dos se necesitan pero, a la vez, no pueden estar juntos. Cada uno tiene su vida y sus circunstancias y son esclavos de su mundo. La película tiene todas las claves para que el amor triunfe pero no están enamorados, simplemente, necesitan escapar de la realidad que los rodea. Por un lado, Antonietta, magistralmente interpretada por Sofía Loren, vive por y para su numerosa familia y es una esclava de su marido, su casa y su incultura. En el otro extremo está Gabriele, encarnado por el siempre brillante Marcello Mastroianni, un locutor de radio al que despiden de su trabajo por no compartir las ideas fascistas y ser homosexual.
La película trata la historia de un extraño encuentro personal entre estos dos personajes en el día que Hitler visita Roma, el 6 de mayo de 1938. Antonieta, una mujer casada con un hombre tosco y vulgar, madre de seis hijos y de condición muy modesta, vive en una casa grande de un bloque de pisos pobres vigilados por una portera bigotuda, fascista e intransigente. Todos en el lugar donde ella vive, incluidos su marido y sus hijos van a ver el desfile que Mussolini ha organizado para recibir a Hitler. Antonietta se queda sola en casa para hacer su labores rutinarias de ama de casa y preparar la comida para cuando vuelva su familia. Ella representa el cansancio de una madre y esposa ignorada, marchita y que ha perdido la ilusión por vivir.
Casualmente, a ella se le escapa un pájaro, que puede significar sus ansias por salir de la jaula en la que vive, que se va a la ventana del vecino que vive enfrente, al otro lado del patio interior. Allí hay un hombre, Gabriele, y ella llama a su puerta para rescatar el ave huída. Este vecino es un hombre melancólico al que han expulsado de la radio en la que trabajaba por disidente político y homosexual. De esta manera, a raíz del pájaro se inicia entre ellos una relación tímida y vacilante que terminará siendo amorosa.
Antonieta ignora la condición sexual de Gabriele y no puede imaginarse que de un momento a otro la policía fascista irá a su casa para llevarlo a su confinamiento. Ella se siente atraída por él desde el principio pues es un hombre totalmente diferente a su marido. Es locutor de radio, culto, le gusta leer y la hace reír, y esto hace que ella vuelva a sentir el hormigueo del amor y de la juventud perdida. Él no tarda en explicarle sus tendencias sexuales y aunque ella lo rechaza y lo echa de casa, pronto cambia de
opinión y lo besa. De esta manera, ellos viven un fugaz vínculo amoroso en un día que resultará singular en sus existencias, así como es singular la jornada que están viviendo los romanos. En estos términos, Scola confrontó la historia de dos seres a la deriva con la de cientos de miles de personas en un día, un punto de la ciudad, un momento y un espacio particular en el incontenible y previsible devenir de la historia.
En este sentido puede considerarse que Una jornada particular es el filme más intimista del director, en la medida en que la mayor parte del metraje transcurre con la sola presencia en pantalla del dúo protagonista. Dos seres se descubren y se encuentran en la intimidad, en un rincón de la ciudad, mientras buena parte de los habitantes de la misma delira en una manifestación masiva. Esto sirve para que el cineasta cifre en esa intimidad la fuerza dramática del encierro, algo que él reconoce como una suerte de
reincidente claustrofobia motivadora, que parecería otra de sus marcas de autor, pues este elemento está presente en todas sus películas aunque el tratamiento sea diferente.
La relación entre los personajes se da a puertas cerradas, pero la ciudad y el frenesí de esta jornada tan particular sigue presente a través de la radio. La historia no está enfocada en los actos oficiales de los que se ofrecen algunas imágenes, sino a partir de la soledad de los grandes bloques de viviendas comunitarios edificados por el régimen, en los que viven docenas de familias que han sido convocadas para presenciar el gran evento político. Estos bloques son oscuros, grises, y las viviendas de Antonietta y de Gabriele tienen un carácter lúgubre y una decoración realista y austera que simboliza la prisión en la que viven los personajes.
Desde el principio, el público conecta muy bien con la historia pues a pesar de ambientarse en 1938, el argumento es muy actual pues sigue habiendo muchas mujeres insatisfechas con sus respectivas familias que pueden sentirse atraídas por hombres que son homosexuales debido a la sensibilidad que estos tienen en comparación con sus maridos. Para el espectador resulta muy triste el papel de Mastroianni pues produce mucha impotencia saber que se ha quedado sin trabajo y que lo van a detener por sus ideas políticas y su condición sexual, al igual que el papel de Antonieta, que ve como se le pasa la juventud encerrada en una casa de la que no puede salir.
Se trata de una película inolvidable, por el acierto de presentar una historia personalísima, melancólica, sobre el fondo de la vida pública, de la radio que suena constantemente con himnos, discursos y arengas. Los actores presentan un enorme talento en la caracterización de los personajes pues interpretan registros totalmente nuevos con respecto a sus carreras cinematográficas. Sofía Loren, está en la película a la altura de su interpretación en el filme de Vittorio de Sica Dos mujeres (1961), papel por el que ganó un Oscar a la Mejor Actriz Protagonista, por su desgarrado papel de mujer madura, insatisfecha, condenada a vivir una vida que no le deja escapatoria. Asimismo, Marcello Mastroianni, uno de los principales galanes del cine italiano, interpreta un personaje totalmente diferente. No sólo por ser homosexual, sino por la timidez y sinceridad con la que se enfrenta a su interpretación. Estos dos actores, además del acertado guión realizado por el propio cineasta junto a Mauricio Costanzo y Ruggero Maccari, convierten a la película en todo un ensayo artístico sobre las relaciones personales, los compromisos y la ausencia de libertad, tres de los ejes del filme.
La película cosechó un gran éxito a nivel internacional y obtuvo el Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera en 1978. Además, estuvo nominada al Oscar en esta misma categoría y Marcello Mastroianni fue candidato al Oscar el Mejor Actor por su inolvidable interpretación.


La comedia humana de Ettore Scola

Escrito por J.L. Sánchez Noriega

Al mes justo de cumplir 80 años, el cineasta italiano Ettore Scola (Trevico, 1931) recibe un muy oportuno homenaje de nuestra Filmoteca Española bajo la forma de ciclo con una quincena de películas, muy bien elegidas, dentro de una fecunda filmografía compuesta por 26 largometrajes de ficción, el largo documental Vorrei che volo (1982), codirigido por el montador de la mayoría de sus películas, Raimondo Crociani, la participación en películas militantes del partido comunista y de movimientos cívicos, como Un altro mondo è possibile (2001) y Lettere dalla Palestina (2003), y episodios en los filmes colectivos Thrilling (1965), Buenas noches, señoras y señores (1976), Que viva Italia (1977) y I Corti italiani (1997). Pero no se puede olvidar la carrera como guionista desarrollada en más de ochenta trabajos desde principios de los cincuenta, sobre todo para Dino Risi (La escapada, Monstruos de hoy, El profeta, El estafador) y Antonio Pietrangeli.

En casi seis décadas de carrera, Scola ha conocido una evolución notable desde la commedia all’italiana de los inicios a las películas corales de los últimos años, desprovistas de todo efectismo humorístico y dotadas de mayor entidad dramatúrgica y sociológica. Ese comienzo en los años sesenta con filmes populares, de innegable voluntad comercial (Se permette parliamo di donne, El diablo enamorado, El comisario y la dolce vita, El demonio de los celos), le ha supuesto a Scola haber sido relegado a una segunda fila dentro del panorama de cine italiano: en efecto, no se le coloca en la primera división de los directores del cine transalpino que inician sus carreras o filman las obras más representativas de esos años como Fellini, Antonioni, Pasolini, Bertolucci o Bellochio, sino en una línea más atrás. Sin embargo, como sucede con Paolo y Vittorio Taviani o con Ermanno Olmi, esa carrera más discreta en la forma, menos brillante en las propuestas o menos enfática en el estilo cinematográfico, no debería impedir un reconocimiento mayor, por adecuado y por justo. Sobre todo cuando, pasado el tiempo, podemos valorar cómo han envejecido algunas de las películas de los “autores” por antonomasia o asistimos a un decepcionante declinar de personalidades en su día arrolladoras; le ha pasado un poco lo que a Mario Monicelli, tenido por mero humorista, pero con una obra que aguanta admirablemente el paso del tiempo. En una entrevista se declara admirador del neorrealismo comprometido de Vittorio de Sica y de la comedia humana de Federico Fellini: efectivamente, el cine de Scola pivota sobre esos dos ejes en todo momento, pues en sus historias más realistas son inevitables los componentes de ternura, surrealismo o circo fellinianos y cuando hace directamente comedia siempre asoma la crítica social formulada con la empatía y humildad de los maestros del neorrealismo.

En Ettore Scola pesa mucho el aprendizaje como humorista literario y gráfico en la revista Marc’Aurelio (la misma escuela donde también participan Fellini, Maccari, Scarpelli o Monicelli) y otras publicaciones, y escritor de gags para la radio, no tanto por el cultivo de la risa y el deseo de sintonizar con el público por la vía de la diversión como en el apunte rápido, la capacidad de hacer crítica de costumbres o la caricatura que retuerce la realidad más remisa hasta hacerla hablar. Ese aprendizaje configura uno de los rasgos de su cine: la condición de cronista de una época por encima de la de narrador, pues la personalidad de Scola se evidencia mucho más en los relatos segmentarios a modo de fresco o crónica periodística de urgencia que en las historias al uso con fuerte y cuidado desarrollo de personajes y tramas. Ello no significa despreciar sus aportaciones a películas notables de este último grupo como Una jornada particular (1977), Entre el amor y la muerte (1981) o La familia (1987).

Al margen de la moda italiana de los 60-70 de películas de episodios independientes encargados a directores distintos –en varias de las cuales participa Scola como queda indicado más arriba, en algún caso con una aportación generosa, como en Que viva Italia, segunda parte de Monstruos de hoy, donde filma la mitad de los episodios- la comodidad del director en las microhistorias se manifiesta desde su primer largo como director, Se permette parliamo di donne (1964), donde Vittorio Gassman encarna a un seductor que vive diversas situaciones. Obras corales de personajes e historias entrecruzadas como La terraza (1980), La sala de baile (1983), La cena (1998) o Gente de Roma (2003) manifiestan la impronta personal de un cineasta-dramaturgo que se asoma a la realidad para quedarse con todo, desde lo vulgar a lo exquisito, desde lo más cómico a lo más trágico, con una mirada observadora atenta y cómplice, siempre dispuesta a vivir las mismas pasiones (simpática, compasiva) que los personajes observados. El citado aprendizaje de caricaturista permite a Scola convertir en extraordinariamente elocuente cualquier gesto y cualquier palabra de suerte que el espectador se sumerge con facilidad en esas brevísimas historias.

Se suele subrayar el espacio único y cerrado, centrípeto, en que se ubican las narraciones de Una jornada particular, La sala de baile, La familia, La cena (1998) y gran parte de La più bella serata della mia vita (1972) y de Brutos, sucios y malos (1976). Ese espacio viene justificado por la apuesta de ese pie forzado para crear un tipo de narración de innegable sabor teatral, como sucede en el primer título, que ha sido llevado a los escenarios en varias ocasiones; y esa querencia por la estructura teatral explica que hayamos hablado de cineasta-dramaturgo, pues Scola es de los cineastas (guionista y director) que podía haberse dedicado perfectamente a la escritura dramática, como sucede con Woody Allen, Eric Rohmer o Ingmar Bergman, por citar los más evidentes. Nada hay de extraño en esa querencia si nos fijamos en El viaje del capitán Fracassa (1990), muestra de teatro en el cine con exteriores reconstruidos en estudio para buscar y lograr una artificiosidad teatral que le viene muy bien a la historia. También el espacio se convierte en lugar que define a los personajes o su situación existencial, como el bloque de pisos de la madre de familia y el locutor de radio de Una jornada particular o la chabola de los marginales de Brutos, sucios y malos. En otro caso, al pie forzado del espacio único se añade la ausencia de todo diálogo, como en La sala de baile, que es uno de los musicales más originales nunca filmados además de curiosísima muestra de cine histórico.

La unidad de espacio es coherente con el tiempo continuo en varios casos (Una jornada particular, La cena), de manera que la construcción dramática alcanza la intensidad realista de capturar un segmento de la vida con poder para compendiar todo un mundo. El uso del tiempo continuo también tiene lugar en La più bella serata della mia vita donde un castillo suizo y un grupo de ancianos decadentes logran sacar los demonios interiores de un evasor de capitales italiano en un falso juicio a lo largo de una cena y, sobre todo, en ese recital interpretativo titulado ¿Qué hora es? (1989), donde Marcello Mastroianni y Massimo Troisi ofician el desencuentro entre un padre y un hijo muy representativo de las rupturas generacionales contemporáneas. Al igual que el citado montador Crociani o el músico Armando Trovajoli, el actor Marcello Mastroianni es, junto a Vittorio Gassman, uno de los rostros que proporcionan identidad al cine de Scola desde 1970 en que protagoniza El demonio de los celos; en todo caso, siempre ha contado con los mejores, ahí están Nino Manfredi, Alberto Sordi y Ugo Tognazzi o Stefania Sandrelli y Fanny Ardant. La maestría actoral de este cómico se repite también, con las mismas claves humanistas y nostálgicas, en Macarrones (1987), una de las películas más representativas de esta vertiente dramatúrgica del cineasta de la comedia humana donde se expone una visión hedonista y mediterránea de la vida que valora la familia y la amistad en contraste con el utilitarismo norteamericano.

La misma línea de cultivo de un cine más temático o con aspiración a ser vehículo de una visión del mundo la encontramos en los relatos ambientados en el pasado Entre el amor y la muerte (1981) –cuyo título original no deja lugar a dudas sobre la cuestión que trata: Passione d’amore– y La noche de Varennes (1982), con la Revolución Francesa y la era libertina e ilustrada como fondo. La evolución de la sociedad italiana y de las ideas colectivas y los valores en circulación son objeto de debate en varios títulos, en particular en Una mujer y tres hombres (1974); una revisión de los años aciagos de la homofobia y el antisemitismo vigentes en la era fascista se encuentra en Una jornada particular y en la menos conocida Competencia desleal (2001), dos títulos que desmienten la unívoca adscripción de Scola a la comedia. La ideología de izquierdas y el contexto político italiano es más explícito en Trevico-Torino (viaggio nel Fiat-Nam) (1975) y en Mario, María y Mario (1993), todo un psicodrama sobre la crisis del eurocomunismo tras la caída del muro de Berlín y las distintas actitudes de la militancia.

Por último, hay que indicar la cinefilia y la autoconciencia cinematográfica presente en todo el cine de Scola que sitúan al director dentro de la generación de los nuevos cines. Aunque eclipsada por el éxito de Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), con quien comparte muchos elementos de la historia y hasta pequeños detalles, Splendor (1989) es toda una declaración de amor de Ettore Scola al cine y al enamoramiento en la vida real vivido con el referente de los romances cinematográficos. Pero también hay mucho cine en el resto de sus películas; al margen de referencias aisladas, en Una mujer y tres hombres –absurdo título para C’eravamo tanto amati- aparece Vittorio de Sica y su película Ladrón de bicicletas (1948), y a él se dedica la cinta, pues falleció poco después; asimismo hay homenajes a Rossellini, Resnais, Eisenstein o Antonioni y uno especial a La dolce vita (Federico Fellini, 1960) en el que se reconstruye el rodaje de la secuencia de la Fontana di Trevi con la participación del propio Fellini y de Marcello Mastroianni.

sábado, 6 de julio de 2019

Cine de verano 01: Goodbye, Lenin!





Crítica

Goodbye Lenin!

 el 31 de octubre de 2003, con la firma de Angélica Tanarro:
¿Qué es una buena película? ¿Una historia original, bien contada, con imágenes sugerentes, con actores competentes...? ¿Aquélla que logra un adecuado equilibro entre emoción y reflexión, sin perder de vista que ha de hacerlo consiguiendo que los ojos nos engañen...? ¿Cuando se acerca a la realidad...? ¿Cuando se separa...? ¿...O cuando descubre lo resbaladizo que es eso que llamamos realidad? Definitivamente Good bye, Lenin! es una buena película realizada por un excelente director que no se prodiga mucho. Como prueba, baste decir que, con su anterior largometraje, La vida en obras, ganó el Premio al Mejor Nuevo Director en la Seminci de 1996.
Becker es uno de esos creadores que tienen habilidad para el humor. No para hacer reír, sino para contar historias en las que el drama de la vida pasa sin que duela demasiado. Al espectador de Becker no se le queda congelada la sonrisa, se le queda entre paréntesis.
En esta película la cámara sigue los esfuerzos del joven Alex por ocultar a su madre -una militante comunista que cree firmemente en los principios de la República Democrática Alemana y que ha pasado en coma los meses que siguieron a la desaparición de los bloques, caída del Muro incluida- que su mundo sencillamente ya no existe. Un disgusto así, dado su delicado estado de salud, puede costarle la vida y él está dispuesto a salvarla, aunque para ello tenga que montar un teatro alrededor.
Sobre este bien apuntalado argumento Becker hace fluir su película con sabiduría, soltando con mesura y a partes iguales ironía y ternura, acción y reflexión... Definitivamente, un buen director es aquel que, entre otras cosas, sabe excitar el pensamiento sin necesidad de demorar la película en secuencias interminables y vacías y sin que los actores pongan cara de estar pensando. Becker lo sabe hacer. Sabe incluso hacer un pequeño alegato final para decirnos que las cosas no son blancas ni negras y que la euforia del vencedor no debe perder de vista lo que pueda enseñarle el vencido.