"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 22 de febrero de 2023

Ciclo de cine conflictos contemporáneos SORRY WE MISSED YOU Ken Loach 2019

 



Sinopsis: Tras hacerse con su segunda Palma de Oro con "Yo, Daniel Blake", el realizador británico Ken Loach abraza en "Sorry We Missed You" los orígenes de su cine, aquel que incurría en el ámbito obrero, laboral y familiar. Lo que "Sorry we missed you" ante todo nos retrata es la erosión del entorno íntimo y familiar a manos de una perversa y deshumanizada estructura social y política que lleva el capitalismo y la desigualdad social como bandera.


Crítica: 
La mayoría de las películas de Loach perturban, producen una gran inquietud. Pero en esta, además, te dan ganas decir ¡basta ya por favor, esto es una locura! Loach ha declarado en tono modesto, pero lamentablemente cierto: “Es una gran lucha y una película sólo puede muy hacer poco. En cierto sentido, creo que el público quiere recuperar ese sentimiento de lucha, y espero que al salir del cine digan: basta, esto es intolerable. Sólo entonces podremos empezar a plantar cara”.

El cine-Loach tiene la capacidad de remover, de movilizar interiormente, por que cuenta historias veraces y muy creíbles. Habla de personajes y situaciones que podemos ver en nuestra realidad cotidiana y que provocan la indignación del espectador; también suscitan la vivencia de compasión para tana gente sencilla que apenas aspira a una vida decorosa y a cambio no recibe más que ostias y varapalos.

Cuenta la cinta la historia de Ricky (Kris Hitchen) y su familia. Son una familia que ha luchado duro para salir adelante. El ‘pater familia’ ve una nueva oportunidad como falso trabajador autónomo repartiendo paquetes. Su esposa cuida ancianos y enfermos, y sus hijos, uno adolescente y conflictivo y una niña precozmente madura se resienten de la ausencia de padre. Todo lo cual hace que los lazos familiares entre él, su esposa (Debbie Honeywood) y sus hijos se vayan poco a resquebrajando.

Loach plantea un auténtico drama social, que tiene su sustento en un trabajo actoral estupendo, como estupendos son Kris Hitchen y Debbie Honeywood. Son actores desconocidos que parecen personas comunes, personas de la calle pero que hacen unos trabajos interpretativos admirables.

Loach, a sus 83 años sigue fiel a sus principios de viejo marxista, es el Loach que ya conocemos. En este film lo que cuenta es lo mismo que vemos al asomarnos a algún servicio de paquetería en bicicleta, en moto, en camioneta, servicio urgente y mal pagado con actores veloces y estresados que cuando llegan al domicilio con la lengua fuera y no está el receptor del paquete tienen que dejar con angustia ese escrito que da título a la película: ‘Sorry, we missed you’.

Es loable el excelente guion de Paul Laverty, el habitual colaborador de Loach, que utiliza escenas rápidas, una presurosa cámara, diálogos al límite del vértigo, plano y contraplano, todo bordeando el melodrama. Un cine vivo, urgente, un cine para levantar conciencias y alzar la voz, protestar, rebelarse contra esta locura en que se ha convertido la vida moderna del consumo voraz a domicilio. Una filmación sensacional donde Loach rueda con naturalidad, logrando encuadrar en un mismo plano la afligida existencia de toda una familia.

Es un film que desvela los entresijos de esa denominada “nueva economía colaborativa”, concepto muy engañoso tras el cual se pueden descubrir los crueles ambages del capitalismo más salvaje; donde ciertas empresas tratan a los trabajadores peor que los señores feudales a aquellos vasallos del medioevo.

Declaró no hace mucho el director británico lo siguiente: "Según el proyecto neoliberal, la mano de obra debe ser vulnerable, porque así aceptará salarios bajos, contratos basura y trabajos temporales. Y para que el trabajador siga siendo vulnerable hay que hacerle creer que tiene lo que merece. Ese es el secreto: recordar a los humillados que la culpa es suya. Porque si la culpa fuera del sistema habría que cambiarlo, y eso, de momento, no interesa". Y esto es lo que ocurre a nuestro alrededor, la precariedad del trabajo precario que va cada vez a más precariedad. Lo que Loach nos muestra en la pantalla es tan indiscutible como inhumano.

Concluyendo: la ‘tesis’ del film es la enorme dificultad para frenar la injusticia, dado el fenómeno tan actual de que cada vez más trabajadores se convierten en 'emprendedores' de su propio infortunio. Entonces, como dice Loach, es el trabajador quien se labra su propia desgracia, no el sistema. Pero esto, como cualquiera con buena voluntad puede concluir, es una gran farsa.



sábado, 9 de febrero de 2019

09 Yo, Daniel Blake





Crítica:


YO, DANIEL BLAKE: UNA CRÍTICA AL SISTEMA DE PROTECCIÓN


Teresa Crespo. Yo, Daniel Blake (Premio de la Palma de oro del Festival de Cannes, 2016), dirigida por Ken Loach, forma parte de una amplia producción de este director que se caracteriza por la crítica sistemática al orden establecido, que debería garantizar los derechos de la ciudadanía y no acaba de funcionar. Durante los años del gobierno de la Sra. Tatcher y Tony Blair, Loach no dejó de ser crítico con el modelo del estado del bienestar de esos gobiernos que, según sus palabras, no respondía a las necesidades emergentes sino que destruía a aquellas personas que debería proteger. En sus películas, este director refleja vivencias llenas de dificultad, la realidad de los barrios marginales, conflictos bélicos o situaciones al margen de la ley, donde sus protagonistas son personas vulnerables, trabajadores, parados, ciudadanos que se encuentran en los límites de la sociedad, perdedores ante el modelo capitalista que no les da respuesta a su situación y que les lleva a ser víctimas de un modelo de sociedad injusta, donde sólo se beneficia una minoría mientras excluye al resto de la población.
Esta película es la historia sencilla de un carpintero que está enfermo y su médico le dice que no puede trabajar, pero la telaraña del sistema de protección le lleva a situaciones incomprensibles en las que lejos de darle la solución a su problema, como es la invalidez, se ve obligado a tener que buscar un trabajo que no podrá aceptar debido a su enfermedad. Su compañera es un caso social tipificado: una madre soltera con dos hijos, sin recursos, con problemas de vivienda, en paro… La trama es un cúmulo de contratiempos, fracasos, malentendidos, injusticias; incluso me atrevería a decir que es excesiva la concentración de dificultades que sufren los protagonistas, sólo justificable para conseguir que el espectador se posicione contra un sistema que maltrata a la ciudadanía, y que bajo la apariencia de que está trabajando para su bienestar, olvida sus derechos fundamentales.
Se denuncia un trato inadecuado por parte de la administración, que debería escuchar a cada persona para establecer una relación de comprensión y de ayuda y, lejos de ello, se ampara en las normas, los procedimientos administrativos y los protocolos por no tener en cuenta la individualidad de cada uno, convirtiendo a la persona en un número que no tiene rostro, ni sentimientos, sino que es un caso más del sistema que tiene que pasar por los circuitos establecidos para expulsarla lo antes posible. En definitiva, es la negativa más flagrante de la relación de ayuda y apoyo que habría que practicar. Parecería que los servicios sociales tienen como objetivo limitar el acceso de la ciudadanía más precaria y buscan la manera de centrifugar la pobreza, como se puede ver en escenas de la película que hacen referencia a la exclusión residencial que sufre la mujer, o las continuas negativas y dificultades que él no puede superar.
Son dramáticas y a la vez cómicas las situaciones que el protagonista se ve abocado a vivir. Una de ellas, que a lo largo de la película está siempre presente y condiciona muchísimo la evolución de la problemática del protagonista, es el uso obligado de la tecnología para cumplimentar los impresos correspondientes, que lo lleva a sentirse una persona que el sistema no reconoce, lo considera un analfabeto o, en palabras de una administrativa, un disléxico. Es una crítica amarga a las políticas que utilizan la brecha digital para expulsar a la población del sistema de protección social.
Quisiera destacar el valor de las relaciones humanas entre la población humilde, que no tienen nada pero se ayudan y se estiman a pesar de las diferencias, con un claro reconocimiento y valoración del otro, compartiendo vivencias de amistad, buena vecindad y ayuda mutua. El protagonista, en una de las escenas finales, hace unas afirmaciones que corresponden a la tesis central de la película, al afirmar que él es un ciudadano, sujeto de derechos y deberes, que paga sus impuestos y cumple todas las leyes establecidas, y en consecuencia, no es ni un numero de expediente, ni un usuario, ni un caso, sino una persona que tiene derecho a que la escuchen y le respondan a su demanda justificada, y no quiere limosna, ni ayudas que menosprecian su dignidad.
Para terminar, sólo decir que a pesar de las exageraciones y el cúmulo de problemas que sufren unas mismas personas, en nuestra casa también encontramos situaciones de pobreza y exclusión, con múltiples carencias que hacen difícil conseguir salir de este círculo vicioso de la pobreza. Y también destacaría que el contexto que nos presenta esta obra, desgraciadamente tiene una cierta similitud con nuestro modelo de servicios del bienestar, en especial desde la crisis en que se redujeron los recursos económicos y, en consecuencia, se dificultó el acceso al sistema de protección, pidiendo condiciones más estrictas y debilitando los derechos de la ciudadanía que todavía hoy no se han restablecido.