"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 26 de agosto de 2020

Documentos de Cine, Cine Fórum Quintanar: Divorcio a la Italiana ( Pietro Germi 1961)


“Dicen que los matrimonios están hechos en el Cielo, pero también en el Cielo están hechos los truenos y los relámpagos.”
Clint Eastwood




Crítica: 

 Por encima de las rivalidades entre norte y sur del país, entre bianconeri, neroazzurri y rossoneri, todo italiano guarda en su interior un horror común, un sustrato cultural que lo constriñe y angustia. Castrado entre la mamma y la moglie, el italiano se encuentra atrapado sin remedio en la eterna e insatisfactoria búsqueda de la esencia de la vida: el ideal de mujer. Pura, libidinosa, amante, esposa. Ante todo, capaz de detener el palpitar del corazón con su belleza. Un imposible que se halla en todas las mujeres y, por supuesto, en ninguna.

             Así, de acuerdo con Divorcio a la italiana, qué otro lugar serviría mejor para simbolizar todo el Belpaese que la hermosísima Sicilia, tierra delicada y volcánica, represiva y lujuriosa, santa y puta, de la Democrazia Cristiana y el Partido Comunista, de la turbia prosperidad de antaño y la dorada ruina del presente.

El barón de Cefalú (Marcello Mastroianni) es, a su vez, la imagen concentrada de un pueblo; galán de elegancia nostálgica que oculta bajo su pose un profundo cinismo producto de la decadencia de su estatus y de su infeliz matrimonio, ejemplificado en el bozo feroz de su esposa (una entrañable y cejijunta Daniela Rocca). Un hombre que fantasea con un renacer en brazos de su guapa y joven prima (Stefania Sandrelli), intermediado por el sórdido e intrincado asesinato de su mujer y un épico y honorable triunfo judicial en su defensa.

            Con Divorcio a la italiana, Pietro Germi abandona el drama de corte neorrealista e inicia su ronda de comedias satíricas costumbristas, tremendamente críticas con la idiosincrasia del país trasalpino y marcadas por un fondo de terrible veracidad que sitúa en cruel contraste con un tratamiento que bulle en un despiadado y desternillante humor negro. Una combinación que resulta en unos personajes y una farsa, en definitiva, de exacerbado patetismo, mordaz y cáustica hasta lo doloroso, que dispara su inquina inmisericorde contra el macho, el mal entendido concepto del honor y la hipocresía general de la sociedad italiana.

            Como añadidura al rigor estético y narrativo que aporta el cineasta ligur, un impagable Marcello Mastroiani se adueña de la escena consiguiendo que el espectador empatice, se apiade, quiera y apoye a un despreciable bastardo como su Ferdinando de Cefalú para, finalmente, caer en la cuenta de la patética naturaleza de un individuo que, en el cenit del cinismo que impregna su particular calvario –acompasado, para más inri, por música de pasión de Semana Santa-, es capaz de justificarse con regodeo en el pecado y la vergüenza máxima para el italiano: pasar por cornuto.


            Su éxito internacional –consigue la Palma de Oro a mejor comedia en Cannes y el Oscar a mejor guion, además de sendas nominaciones para Germi y Mastroianni-, otorgaría la coda de ‘all’italiana’ a prácticamente un género propio.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Documentos de Cine, Cine Fórum Quintanar: Señoras y Señores (Pietro Germi 1966)





Crítica: (Víctor Carvajal Celi)

La década de 1960 fue la de mayor esplendor del cine italiano, aspecto que se reflejó en la calidad de sus películas y en la popularidad que adquirieron en todo el mundo. Las claves para ello las podemos encontrar en la originalidad de las propuestas fílmicas, en un innovador enfoque narrativo y en la consolidación de una generación inigualable de cineastas de gran talento y creatividad.
Fue en este tiempo en que el cine de Italia afianzó un estilo de comedia satírica que se fundamentó en ese elemento representativo del país mediterráneo, patentándolo desde la época del neorrealismo, de mostrar en la gran pantalla, como si fuese un espejo, la realidad de su sociedad, en esta ocasión ridiculizando personajes y situaciones cotidianas.
De este modo, la comedia italiana de la década sesentera se asentó en una autocrítica a determinadas costumbres y conductas, enfocadas a todos los segmentos sociales y de poder, siendo estos políticos, económicos o religiosos. La superficialidad del ser humano o su artificiosa apariencia cuando se relacionaba con otros de su especie, fue uno de los recursos de humor empleados.
Señoras y señores, de Pietro Germi, constituye uno de los mejores ejemplos de esta tendencia cinematográfica. Hablamos de un llamativo filme que dibujó magistralmente y con suficiente dosis de sarcasmo el comportamiento cínico e hipócrita de las personas.
Germi tomó como referencia para su parodia la conflictiva convivencia de las parejas italianas de la época, que derivaba en engaños y en el mal predicamento de las mismas, ante una sociedad cuyas instituciones representativas querían mantenerse como intachables, aunque sea en apariencia. Fue, entre otras, una franca crítica a la forzada permanencia del vínculo matrimonial, pese a que éste fuera insoportable, pues recordemos que para ese tiempo no existía el divorcio en Italia.
Señoras y señores nos cuenta, básicamente, la historia de un grupo de personas relacionadas por varios motivos entre sí, y que conviven en un mundo en el que cada cual lleva su propia máscara y donde sus principales pasatiempos son burlarse de los demás y aparentar lo que no son.
El filme se sustenta en un impecable guión que sirve de cimiento para que Germi construya una historia aguda y picante, dividida en tres episodios (un recurso muy usado por el cine italiano de la época). Esta segmentación, permitió ampliar el espectro humorístico para ironizar diversos comportamientos humanos y sociales.
La primera parte de la película se enfoca en las peripecias de un tipo llamado Gasparini que, afligidamente, finge ante su amigo médico ser impotente, lo que es aprovechado por este último para usarlo como su juguete y divertirse con su “drama” en reuniones sociales, sin sospechar que se trata de una estrategia del “desdichado” para acercarse íntimamente a su hermosa mujer.
En este espacio veremos el tratamiento sarcástico que se da a determinados hechos, en donde el burlador resulta ser burlado, y la defensa de las apariencias llega a ser más importante que el honor ultrajado. Por eso, el médico ofendido hará de todo por ocultar lo sucedido y evitar ser el centro de la mofa de sus conocidos.
Paralela a esta historia, Germi nos muestra otros ejemplos de relaciones mojigatas, para enriquecer más su sátira social. Pone al descubierto, por una parte, el vínculo extramarital de una mujer, personificando a su marido como ese ser ingenuo y tolerante, que no sospechará nada pese a ser blanco de indirectas de sus conocidos. Por otro lado, saca a relucir una coexistencia llena de odio entre una pareja de esposos, en donde las discusiones verbales fácilmente llegan a la lucha cuerpo a cuerpo, y en la cual la frustración de ella llega al extremo neurótico de querer desahogarse o vengarse de su cónyuge desnudándose en público.
En este tramo, Germi además deja un lugar para ridiculizar a los solitarios y presenta un personaje insoportable llamado Scarabeo del que todos huyen sin poder evitar que se entrometa en sus vidas.
La segunda parte, tal vez la mejor del filme, cuenta la insufrible convivencia que Oswaldo mantiene con su esposa, quien se pasa la vida recriminándole con una fastidiosa verborrea. Él se ingeniará una solución a este mal colocándose tapones en sus oídos, y a su vez encontrará modos para sacar adelante una relación prohibida que mantiene con la cajera de un café, pero ahí intervendrán las fuerzas morales motoras de la sociedad italiana, justicia y clero, para impedírselo.
El tercer episodio lo constituye un relato sencillo y magistral de como una chica de campo es fácil presa de las propuestas sexuales de “respetables” ciudadanos, que no dudan en confabular unos con otros para compartirla. Luego se enterarán que su aventura es menor de edad y que deben enfrentarse a la justicia y a la más temible señalización de la opinión pública por su canallada, pero ahí estarán nuevamente los poderes económicos y clericales para impedir afectar su “buen nombre”.
Es en este contexto cuando Germi suma una aguda crítica a la prensa a través de un periódico que irónicamente se llama “El Independiente”, para guardar así concordancia con ese lema que manejan los medios de comunicación de ser no dependientes del poder político de turno, y de hecho así se refleja en un inicio, cuando el periodista, con toda firmeza, redacta la nota sobre el proceso judicial de corrupción a menores, destacando que la ley es igual para todos; pero en ese instante recibirá llamadas telefónicas de un poderoso empresario, de la autoridad eclesiástica y del director del diario, que harán mutar su objetividad en un insensato relato redireccionado a convertir en víctimas a los culpables.
El cuestionamiento sarcástico de Germi no tiene restricción en cuanto a lo social y también apunta su artillería al populacho, representado en el filme por el padre de la chica ultrajada, quien en un inicio buscará que se haga justicia pero sucumbirá apenas le enseñen un fajo de dinero y, de paso, se aprovechará de la especial situación para obtener otro tipo de favores.
En esta película, Germi se sumergió en las raíces de la idiosincrasia italiana para componer una cinta audaz y cuestionadora. Con mucha habilidad, mezcló la comedia con el melodrama para dotar a su historia de una efectiva composición narrativa.
Las interpretaciones de las actrices y actores de Señoras y Señores se enmarcan en su mayor parte en lo caricaturesco, diseñando así de mejor manera el mensaje satírico a través de personajes estereotipados en aspectos como lo pasional, lo reprimido, lo servil, lo superficial, lo llorón, lo canallesco, lo utópico, lo burgués, lo discordante, lo interesado, lo arrogante, lo escandaloso, lo chismoso, y un largo etc.
Un análisis aparte de la película merece la relación de la esposa de Gasparini con el cura Don Shiavon, ambos manejan la contabilidad de las dádivas religiosas. El sacerdote tiene un protagonismo ambiguo que puede representar el servilismo del clero a sus donantes o también la permanente intromisión del mismo en las vidas privadas de los devotos.
El filme se constituyó en una sutil puñalada a la hipocresía de un grupo humano que aparenta respetabilidad y que, pase lo que pase, seguirá disimulando ser parte de las honorables ciudadanas o ciudadanos, o lo que es lo mismo: señoras y señores.


lunes, 6 de julio de 2020

Documentos de Cine, Cine Fórum Quintanar: Seducida y abandonada (Pietro Germi 1964)





Crítica: (El crítico abúlico)

  Durante mi primera semana de Erasmus en Messina, recuerdo haber preguntado a un chaval siciliano por qué casi no había chicas en la calle a partir de las dos o tres de la mañana. Respondió que, por lo general, en Sicilia –al menos en Messina, que con todo y ello es la ciudad más próxima al continente- no se tiene en buena consideración –en realidad el término ‘puttana’ apareció en algún momento- a las mujeres que salen de fiesta hasta tan tarde. Tampoco a las que se emborrachan, ni a las que visten minifalda, ni a las que se dejan seducir por extranjeros (lástima, porque por ahí andaba una de las chicas más guapas que he visto nunca).
Aunque entonces me reí por lo que creí una exageración pintoresca destinada a impresionar al foráneo –cosa que solían hacer al hablar de todo lo respectivo a la mafia-, el paso del tiempo y la experiencia en la ciudad me desveló que quizás, en pleno siglo XXI, algo vivo quedaba de la Sicilia secular, patriarcal e irredenta. Aquella que divide a las mujeres entre ‘mamma’ y ‘puttana’, la de misa, crucifijo y lujuria, la Democrazia Cristiana, el comunismo y la Cosa Nostra, la de la inconmensurable belleza y la decadente ruina.
             A través de la exitosa trilogía satírica de Pietro Germi –Divorcio a la italiana, Seducida y abandonada y Señoras y señores– se puede apreciar ya cómo una mirada ajena a la isla, aun siendo igualmente italiana, y rescatada de los años sesenta, trata de desentrañar las pavorosas contradicciones e hipocresías de la cultura siciliana empleando el humor como estilete, ora con precisión y finura, ora con furia salvaje.
             Si en Divorcio a la italiana el espectador asistía entre atónito y descacharrado a las tribulaciones de un hombre casado de mediana edad en su intento de conquistar a su sobrina adolescente, en Seducida y abandonada –expresión popular extraída de las crónicas sociales de los periódicos sículos-, el cuestionable héroe de la tragicomedia es un padre que se desespera haciendo equilibrios para compensar la cuota de honor mancillado por su atractiva hija, embaucada sexualmente por el prometido de su hermana.
Y, claro, en realidad, la grotesca y desproporcionada tragedia del macho, soporte único de los pilares sociales fundamentales -el honor y la familia-, tan solo revela la absoluta indefensión de la mujer siciliana a nivel familiar, social e incluso legal –el abominable artículo 544, el ‘matrimonio reparador’, capaz de purgar por sí solo cualquier delito de género, vigente hasta 1981-.
            Por medio del tratamiento épico de los tejemanejes de Don Vincenzo Ascalone –los agresivos estallidos vocales y gestuales de Saro Urzì, los degüellos propios del spaghetti western, la música de solemne dramatismo, efectos para subrayar su estado emocional tales como explosiones-, Germi pone de manifiesto, con excelentes resultados cómicos, el sobredimensionado patetismo de los tormentos del sufrido pater familias, inscrito dentro de un éxtasis perpetuo conducente a un final feliz del todo despiadado.
Un desenlace sangrante que, en cierto modo, prosiguiendo con esa dolorosa sensación presente a lo largo de todo el metraje, prefigura una situación que abocaría sin remedio a cerrar el siniestro círculo de relaciones matrimoniales planteado por Germi, con la probable repetición futura por parte de sus personajes del argumento de esa anterior Divorcio a la italiana.
            De vuelta en el árido escenario de Sciacca -empleado asimismo en aquel espléndido western judicial que era En nombre de la ley– y arropado por un reparto de rostros habituales en su cine –el excelente Saro Urzì, Stefania Sandrelli ascendiendo un peldaño en su popularidad, el peculiar Leopoldo Trieste,…-, Germi desata una comedia rabiosa cuyo cáustico desenfreno, sin embargo, tiende a cargar las tintas en exceso a causa de su ocasional redundancia.
Tan divertida como malsana.