Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film553110.html
Enlace para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/el-sabor-de-las-cerezas?origin=searcher&origin-type=unique
Biografía : https://es.wikipedia.org/wiki/Abbas_Kiarostami
Critica:
APUNTES SOBRE EL SABOR DE LAS CEREZAS DE ABBAS KIAROSTAMI
Por Mónica Delgado
Si en Close-Up, Abbas Kiarostami propuso una
lectura de la incapacidad de la farsa o de la libertad de creación desde la
marginalidad en un entorno gobernado por la élite cultural, en El sabor
de las cerezas asoma una visión similar de lo social pero en torno a
la reflexión de la muerte o el suicidio.
En El sabor de las cerezas (1997) hay una
progresión “filosófica” y social sobre la dimensión de la muerte. Para el
protagonista, un tipo de clase media que necesita un tipo de ayuda especial
para suicidarse, esta voluntad requiere de un tipo de acompañamiento, como si
se tratara de un ritual que hace menos ominoso el acto de quitarse la vida.
Pero esta ayuda puede provenir de cualquiera, lo que se vuelve una apelación al
azar: encontrar en los barrios y descampados más pobres de Teherán a gente
dispuesta a hacerlo a cambio de dinero.
Para Baadi (Homayoun Ershadi) su necesidad de suicidio pasa
por compartir con alguien su elección, y de hacerlo partícipe. Así, no hay
nadie de su entorno social que lo pueda ayudar, para ello toma su auto y va en
busca de ese personaje, en las afueras de Teherán, que lo ayude en su viaje
hacia la muerte, que lo sepulte a la mañana siguiente, tras comprobar su
deceso, en un foso que ha cavado en una zona desértica de la periferia, para lo
cual recibirá a cambio una gran suma de dinero.
Esta planificación, y su respectiva transacción, que
comparte con tres posibles colaboradores a lo largo de la película, refleja un
estado social que Abbas Kiarostami, que como en Close-Up, por
ejemplo, va describiendo a partir de algunos códigos o características
concretas: la migración (los tres personajes que encuentra Baadi han migrado a
Irán por la guerra o por trabajo), y lo militar y religioso frente a la
racionalidad de la ciencia o lo reflexivo (un soldado joven, un seminarista
frente a un anciano taxidermista), y la pobreza.
Baadi necesita a alguien que ejecute una acción, que reciba
el dinero y cumpla la promesa. Encuentra esa posibilidad de la acción maquinal
en un soldado, aquel que recibe órdenes, por eso en la escena donde se recuerda
cierta mecánica de ejercicio militar, Baadi encuentra en el joven una
posibilidad de ver cumplir su plan. Pero para el soldado no hay un
cuestionamiento de tipo moral, es más bien la ambigüedad –sexual o mental- de
Baadi lo que lo espanta. Lo mismo pasa con el personaje del seminarista, que
encuentra en la propuesta una afrenta a sus creencias, en el temor a la
autoridad divina ante el suicidio, que lo ve como pecado. Mientras que el
personaje de Bagheri, el taxidermista, que a todas luces tiene otra experiencia
de vida, con sus historias y reflexiones, va introduciendo en Baadi la
posibilidad de renunciar a su deseo de morir, porque precisamente es un
personaje inesperado.
Baadi fue en busca de alguien que cediera a su voluntad a
cambio de dinero, como si se tratara de un simple negocio. El perfil que
buscaba era alguien dispuesto a hacer cualquier cosa por dinero. En algún
momento menciona el personaje de Bagheri que para echar tierra a alguien que ha
muerto no se requiere ningún tipo de especialización: habla de la mano de obra
pura, mecánica, que no piensa. Sin embargo, lo que Baadi encontró al final de
cuentas fue un pensamiento, una reflexión, un acto de entendimiento que no se
puede volver mercancía.
Lo inesperado, aquello que irrumpe ante el deseo de la
muerte, o sea el retorno a la vitalidad, a imaginar el sabor de una cereza o
mora descrita como el objeto-metáfora de lo que aparece de golpe para mostrar
toda su belleza, es lo que parece transformar al protagonista. No la respuesta
del soldado, ni las reflexiones de escuela del seminarista sino la historia de
vida del taxidermista, en su verosimilitud y capacidad de narrar. Lo que
transforma a Baadi es el poder de la narración, que va siguiendo el pulso del
viaje tortuoso por una carretera de desierto. Y sobre todo, porque Bagheri es
un tipo que trabaja en un museo, es profesor y porque quizás todo lo que dijo
es parte de un saber que se cree confiable. La confianza en las palabras
del sabio y guía, personaje con el que Baadi se puede reconocer, al
final de cuentas.
Extracto de un reportaje:
una reflexión de Kiarostami a propósito de este magistral
final, extracto de la entrevista realizada por Michel Ciment y Stéphane Goudet
en 1997:
“Me negaba a mostrar si Baddi estaba muerto o vivo.
Deseaba hacer abstracción de esta cuestión. Entonces decidí agregar este
epílogo en vídeo, cuyo soporte mismo lo distingue de las imágenes precedentes.
Para mí, la película se acaba en la noche oscura. La continuación es un epílogo
que muestra simplemente que cualquiera sea el destino del personaje principal,
la vida continúa. Quería registrar la conciencia de la muerte, la idea de la
muerte que el solo el cine vuelve tolerable. Esta idea sobreviene cuando el
negro se impone, cuando todas las luces se apagaron sobre la pantalla. La luna
desaparece bajo las nubes y todo se hace negro. Nos damos cuenta que no hay
nada más. Entonces llega la vida con la luz. Cuando el verde de la primavera
vuelve aparecer es a la vez la resurrección de la vida y la de la imagen.
Porque el cine es solamente luz, el cine y la vida no forman más que uno.”
