lunes, 15 de diciembre de 2025
miércoles, 26 de noviembre de 2025
Ciclo cine rumano: CÓMO CELEBRÉ EL FIN DEL MUNDO (Catalin Mitulescu 2006)
martes, 18 de noviembre de 2025
Ciclo cine rumano: MARTES, DESPUÉS DE NAVIDAD (Radu Muntean 2010)
miércoles, 12 de noviembre de 2025
Ciclo cine rumano: LA RECONSTRUCCIÓN (Lucian Pintilie 1968)
Sinopsis: Ripu y Vuica son dos jóvenes estudiantes que celebran su graduación con una gran borrachera. Atacan al propietario del bar, rompen una ventana y se pelean. Unos días después vuelven al lugar de los hechos con un agente de policía, un juez, un profesor y un equipo de grabación. El juez ha decidido que en vez de ir a la cárcel, reconstruyan los hechos para la grabación de un documental contra el alcoholismo.
Crítica: Hay razones de sobra para considerar a ésta si no la mejor una de las mejores películas rumanas de la historia. Basada en una novela de los años 50 de Horia Patrascu donde el propio autor plasmó el modo en que percibía el régimen comunista. Estamos ante un film que en su momento dio mucho que hablar, entre otras cosas por su claro contenido crítico hacia el régimen. Su historia es la de tantas joyas de la época (estoy pensando en "Ucho", en Checoslovaquia o, varios años después, "Interrogation", en Polonia): apareció en el año 1968, tres años después del ascenso al poder de Ceaucescu, en un momento de liberalización del régimen, muy influenciado por el "socialismo con rostro humano" que venía de Checoslovaquia, con la cual el Conducator mantenía excelentes relaciones. No obstante no había liberalización que pudiera soportar tamaña crítica, de modo que la cinta fue inmediatamente retirada de los cines y, al año siguiente, el prometedor Lucian Pintilie - que por entonces contaba con 35 años - obligado a trabajar fuera de Rumanía durante los siguientes veinte años. Su carrera fue prácticamente truncada, sin embargo fue capaz de recuperarse con una prolífica producción de títulos durante los años 90 y la primera década de este nuevo siglo.
Nos encontramos ante dos pequeños y jóvenes alborotadores, Vuica y Nicu, que tras un altercado en el que abrieron la cabeza del dueño de un chiringuito de una zona de recreo para los obreros del pueblo y destrozaron una de las barracas son obligados a filmar una película educativa sobre los efectos del alcohol en la juventud que será emitida en colegios y fábricas de obreros para prevenir el consumo, condición sine qua non - aunque ellos no lo saben en un principio - para que queden libres de todos los cargos que se les imputan.
La película empieza con una escena de cine dentro del cine en la que vemos a uno de los protagonistas, Vuica, obligado a repetir varias veces un plano en el que es golpeado por su amigo Nicu cayendo con su cara sobre el barro. Visto en retrospectiva el mismo inicio nos remite a la degradación experimentada por el ser humano bajo los regímenes comunistas, caracterizados por su invasivo ejercicio del poder que afectaría a la vida privada de los individuos y a las relaciones sociales. Lucian Pintilie recordaba en el año 2004 el motivo concreto que le llevó a realizar una película como ésta: por aquel entonces fue informado de que un actor amigo suyo, homosexual no reconocido públicamente (algo imposible), fue acusado de romper la Ley Rumana de Sodomía, siendo forzado para evitar la condena a prisión a mantener relaciones sexuales con su esposa mientras los investigadores observaban la escena.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Ciclo de cine rumano: EL MOLINO DE LA FORTUNA (Víctor Iliu 1955)
Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film925252.html
Sinopsis: Drama psicológico ambientado en la década de 1870, en algún punto a las afueras de la ciudad de Arad (Rumanía). Ávido de dinero, el posadero Ghita Samad se mezcla en asuntos turbios del mundo del robo, sin embargo su codicia amenazará pronto con destruir su vida y la de su familia.
Referencia literaria:
El molino de la suerte es un cuento escrito por Ioan Slavici, tratando las consecuencias que el deseo de enriquecimiento tiene sobre el destino humano. La novela se publica en 1881, en el volumen Novele of the people, junto con otras novelas del escritor, como Popa Tanda, Gura satului, O viață pierdută, La crucea din sat, Scormon y Budulea Taichii . [1] La mayoría de los críticos lo consideran una de las creaciones más importantes del autor, junto con Pădureanca y la novela Mara . [2]
El cuento tiene 17 capítulos sin título (numerados en números romanos), con una narrativa cronológica y composición clásica.
El molino de la suerte comienza y termina con las palabras de la anciana, suegra de Ghiță: "Que un hombre se contente con su pobreza, porque, si se trata de eso, no se trata de riqueza, sino de la paz de su cabaña, eso te hace feliz. ” y respectivamente “Sentí que no iba a salir bien; pero así se les dio.”l o que sugiere la unidad del todo.
En el cuento aparecen muchas expresiones y refranes populares, como "lo que tienes en la mano no miente", "cuando vi con mis ojos la nuca".
George Calinescu en la historia de la literatura rumana desde sus orígenes hasta la actualidad considera que el molino con suerte es una novela sólida con un tema novedoso. Las grandes criadores de cerdos en las llanuras de Arad y la moral salvaje de los porquerizos tienen algo de la grandeza de las historias americanas con inmensas praderas y manadas de bisontes. [...] El contable Lică es un ladrón y un asesino, cubierto por personas fuertes [...] El posadero Ghiță se interpone en el camino de los porqueros, donde gana mucho dinero, y se sienta en el medio entre los orden jurídico del estado y la legislación mutua de los ladrones. " [3] [4
miércoles, 22 de octubre de 2025
Ciclo de cine Rumano: LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU (Cristi Puiu 2005)
Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film801711.html
Sinopsis: El señor Lazarescu es viudo y vive solo en un apartamento con sus tres gatos. Su hija Bianca se marchó a vivir a Canadá. Una noche, el solitario anciano se siente mal y llama a una ambulancia. Lo llevan a un hospital, y desde allí a otro y a otro más, pero en ninguno pueden atenderlo. Mientras tanto, su estado de salud se va agravando rápidamente...
Crítica:
Un film incómodo de ver pero fascinante, en dónde por momentos uno toma conciencia de lo terrible que es estar sonriendo ante situaciones sórdidas o desoladoras. A pesar de su extensión la película en ningún momento se torna pesada, y esta narrada con un ritmo de comedia ligera, cuando en realidad se trata de una historia sombría y agobiante.
Especialmente recomendable para médicos y profesionales de la salud en general, porque parte de la comunidad hospitalaria se encuentra retratada en forma realista y feroz.
¿A qué genio especialista en cinematografía se le ocurriría que este film es una comedia? Este es el problema de los especialistas, de los peritos, da igual al campo de especialidad al que pertenezcan: como se creen lo más doctos en su terrero, desprecian la opinión o los puntos de vista de quienes no pertenecen a su gremio, estamento, corporativismo, círculo o cuadrícula mental.
LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU es un DRAMA MUY CRÍTICO Y REALISTA sobre la medicina ciudadana-hospitalaria, la medicina alopática y el personal instruido en las Facultades de Medicina y en las Universidades en general, toda una soberbia macropropaganda que se ha convertido casi en "sacra" en el "mundo civilizado" y que tenemos que aguantar en todas las ciudades desarrolladas del planeta como si fuésemos meros descerebrados rendidos a su inflado poder. ¡Qué Dios, el Universo Consciente y sobre todo los familiares, amigos o gente de nuestro entorno nos permita morir donde sea, preferentemente en la propia casa u hogar, antes que en el laberinto de los licenciados facultativos, las enfermeras y el personal profesional hospitalario revestido de batas blancas, verdes, azules, etc., porque de ser así apañados vamos!: nuestra dignidad de seres humanos con gran probabilidad cabe que la manden a hacer puñetas.
Se promueve la confianza ciega en los profesionales de la medicina y la desconfianza en nuestros propios recursos. De ahí que en cuanto uno se siente físicamente mal, por muy leve que sea el malestar, toda la gente enajenada como está —los propios familiares los primeros— por echarse en manos de los licenciados médicos, en seguida nos envían al hospital. Cada vez somos menos dueños de nosotros mismos. Nos inculcan por todos lados que es peligroso curarse sin médico. Todo está montado para que entremos por el aro del sistema médico hospitalario y nos rindamos al cobayismo y al gran negocio mundial de las drogas fabricadas por el todopoderoso sistema farmacéutico. Sin embargo la verdad es que las enfermedades más comunes pueden ser tratadas y resueltas más pronto y mejor por uno mismo en su propia casa.
Pero ¡ojo!, Cristi Puiu no sólo hace una crítica realista y tremenda al sistema médico hospitalario sino también a cada uno de nosotros, representados por Mr. Lazarescu, pues abdicamos de la responsabilidad que nos compete como dueños de nuestro propio cuerpo y lo maltratamos con una desconsideración y brutalidad impresionante. Por ejemplo: azúcar blanco y alcohol, son dos de las principales causas de degeneración sanitaria en el mundo occidental; no ya sólo porque con ellas prácticamente asesinamos a nuestro propio organismo autocondenándonos también a grandes y lentos sufrimientos, sino porque además de ellas se derivan consecuencias como el alto coste y la gran saturación que causamos al procedimiento médico-hospitalario y a las que debían ser su calidad y eficacia.
Con la Colaboración de :
miércoles, 15 de octubre de 2025
Ciclo de Cine rumano: Fixeur (Adrian Sitaru 2016)
Sinopsis: Cuenta la historia de Radu, un periodista joven y ambicioso que quiere abrirse camino en la prensa internacional. Cuando dos prostitutas rumanas menores son repatriadas desde Francia, el equipo de una televisión francesa dirigido por un famoso periodista contrata a Radu como guía. Radu acabará sintiendo que de alguna manera él también se está aprovechando de las chicas al usar su historia.
Crítica:
Pocos directores de cine pueden dejar noqueado al espectador con tanta sabiduría e inteligencia como el rumano Adrian Sitaru. Poco conocido por nuestros lares, este cineasta es, con mucha probabilidad, una de las personalidades con más fuerza visual y narrativa europeas.
Este director estará muy, muy pronto, en la mente de los espectadores y en lo más alto de los festivales internacionales. Por eso es un inmenso placer compartir esta sensación con la excelente programación del festival D’A , que no ha dudado en incluir una de la dos películas, que el cineasta rodó el año pasado, Fixeur.
Adrian Sitaru combina cortometrajes con largos en una brillante carrera de tan sólo 10 años. Con su primer corto, Waves, en 2007 obtuvo el Leopardo de Oro de Locarno, en 2009, La cage, se lleva otros dos premios, en esta ocasión, en la Berlinale. Su primera película, Picnic, es seleccionada en Venecia; Best Intentions, su segundo largo, vuelve a ser premiado en Locarno y así durante toda la última década. ¿Quién da más?
En 2016 rueda Ilegitim en 12 días y con menos de 250.000 euros, sin cerrar su guión sólo permite a sus actores una toma para cada escena, lo que le aproxima de una visión documental que derrocha energía con situaciones densas, siempre a punto de explotar.
Con sus 10 horas de rodaje, Ilegitim es la prueba palpable de un inmenso talento que sólo pide ser descubierto por el espectador (recomendación, huir del cartel de la película que contiene, en una sola imagen, uno de los peores spoiler de la historia del cine).
Una cena familiar, escena inicial del film y escenario habitual del cine rumano, confronta a cuatro hermanos frente al pasado poco glorioso de su padre. Este particular Festen deriva en su segunda parte hacia la relación fusional, literalmente, que se ha anclado entre los dos hermanos gemelos, Sasha y Romero. Un impactante puñetazo sobre cómo las opciones morales personales pueden chocar y cambiar en el tiempo.
Por si no fuera suficiente en un año, Adrian Sitaru, con un excepcional protagonista, Tudor Aaron Istodor, y su actor fetiche, Adrian Titieni, vuelve a rodar otro largometraje en 2016: The Fixer. Radu quiere hacerse un nombre en el periodismo internacional. Cuando dos prostitutas menores son expatriadas de Francia a su país de origen ve la oportunidad perfecta para obtener el tan anhelado reconocimiento.
Radu se lanza a la búsqueda (y captura de esa entrevista) que le otorgará sus quince minutos de gloria. Pero para ello ¿estará dispuesto a superar los límites que le imponen sus valores? Sin lugar a duda, una de los mejores películas sobre la manipulación y las fronteras a no sobrepasar.
Fixeur como es habitual el inteligente Adrian Sitaru inserta una línea argumental sobre la educación del hijo de su compañera sentimental. De nuevo, otro explosivo e inteligente film de este dotado cineasta. No te lo puedes perder.
miércoles, 8 de octubre de 2025
Ciclo de Cine Rumano: ILLEGITIMATE (Adrian Sitaru (2016)
miércoles, 1 de octubre de 2025
Ciclo de cine Rumano: LA FAMILIA MOROMETE ( Stere Gulea 1988)
miércoles, 11 de junio de 2025
Ciclo de cine portugués: À PROCURA DA ESTRELA (Carlos Martínez Peñalver- Mas 2023)
lunes, 2 de junio de 2025
Ciclo de cine portugués: EL MOVIMIENTO DE LAS COSAS (Manuela Serra 1985)
Mirando a través de un crepúsculo de agravio: Manuela Serra y cómo son las cosas
Tras años de invisibilidad, se estrena “El movimiento de las cosas”, de Serra, y surge una conversación sobre la industria cinematográfica dominada por los hombres.
Susana Bessa•18 de octubre de 2021
Con el paso de los años, en un país que luchó contra el fascismo durante tanto tiempo, las mujeres de todo Portugal quedaron más que marginadas de la vida. Eran fantasmas trabajadores. Producían la comodidad de los demás y su existencia se sostenía gracias a la voluntad de mantener constantemente el orden de la vida de otras personas. Esto es mucho de lo que nos dice la primera y única película de Manuela Serra. Pero a mayor escala, nos habla de sí misma, porque la película es una parte tan importante de ella que hablar de ella es, invariablemente, verla. Lo llamó El movimiento de las cosas, y si no otra cosa, esta idea de movimiento, de idas y venidas, no hace más que amplificar el hecho de que una película que se presentó por primera vez en la Cinemateca Portuguesa en noviembre de 1985, y luego tres veces más después de eso (1986, 2004 y 2006), recién tuvo su estreno comercial en junio de 2021, después de haber sido casi invisible durante más de tres décadas. Tan invisible como las mujeres trabajadoras que reconocemos en ella. Nuestras abuelas, nuestras madres. La propia cineasta.
La película comienza junto al río, tranquilamente acunado por el gris azulado de la niebla del amanecer. La luz que emite el proyector de la antigua Cinemateca es lo suficientemente fuerte como para hacer que parezca el comienzo de algo majestuoso. La lente de la cámara se hace visible gracias a un par de gotas de agua adheridas a ella, convirtiéndola en una pintura al óleo cinematográfica, vibrando con la energía que el paso del tiempo tiene sobre todas las cosas. Y entonces, con un único movimiento panorámico, brillando con la flauta de José Mário Branco tocando en la banda sonora, nos introducen en la iglesia y luego en los pasos de peatones del pueblo de Lanheses, un pequeño pueblo rural en el norte de Portugal, entre Viana do Castelo y Ponte de Lima. Y luego una casa. Se enciende una luz en una de las ventanas. El único personaje identificado con un nombre, Isabel, prepara café y bebidas mojando pan seco en él. Ya es de mañana. Ella se va a trabajar a la fábrica. Esta película está abierta a nosotros desde el principio, creando un espacio en el que el público puede deambular y sentir.
En medio de lo que será una fiesta de gestos humanos en lugar de retratos de la vida rural, tres días y tres familias son el centro de la película. Viernes, sábado y domingo. La línea de tiempo no está explicada, pero se percibe muy fácilmente. Primero, la jornada laboral y la gente reuniéndose en el café local por la noche. Luego el mercado callejero del sábado, la desfolhada (ceremonia de deshojar el maíz) hasta la puesta del sol y luego la misa del domingo. Éste podría ser simplemente un ejercicio típico de etnografía rural. Éstas son imágenes de lo real. No creado, sino señalado. Pero luego está Isabel, que en su modo todavía tradicional de ser va definiendo sin saberlo este espacio que habita para ella y para nosotros, que desea que cambie sus circunstancias y su entorno. Su imagen proyectada en una pantalla se transforma en una cápsula del tiempo que muestra cómo eran las mujeres. Humanos. El país. Los campos. Los animales. La comunión entre las personas. Un bálsamo de tranquilidad que lo recorre todo. Y la mujer detrás de la cámara nos señala esa perspectiva, advirtiéndonos de lo que no debemos olvidar.
LA IRA ES EL MUNDO INTERIOR DE LA MUJER
Ya sea charlando en un café o por teléfono, las dos veces que hablé con Serra (antes y después del estreno comercial de la película) me expresó su tristeza por no ser reconocida como cineasta en su propio país. El hecho de que tan poca gente conociera su obra hace unos meses demuestra hasta qué punto es periférica la capacidad de acción que se les otorga a las cineastas. “Agridulce” fue la palabra que utilizó para describirme cómo su vida y su obra de repente pasaron a primer plano. Muchas semanas después, continuó profundizando en la falta de representación y la fuerza que el patriarcado tenía y aún tiene en la industria cinematográfica. "Llegó demasiado tarde. Debería haber sido entonces y no ahora. Tenía que reducirme y encontrar algo de calidad de vida a través de las acciones de quienes me rodeaban", dijo con voz tensa, como si tuviera algo atorado en la garganta. Sabes, sobrevivir es muy diferente a vivir. La sociedad no me reconoció. Y he estado intentando sobrevivir a esa pérdida todo este tiempo.
Después de El movimiento de las cosas , Serra pasó diez años intentando ser cineasta para finalmente abandonar el campo por completo. Cuando un joven le preguntó durante la sesión introductoria de preguntas y respuestas en la Cinemateca sobre qué películas en concreto disfrutaba ver, ella le respondió con mucha firmeza que había renunciado incluso a eso, incluso a verlas. Puedo prescindir de ello perfectamente. El mundo es demasiado vasto. Esto debía repetirse una vez más y completarse. "Cuando uno se ve obligado a estar dentro de la vida, puede imaginar lo trascendente sin cine. He abandonado el cine, pero no la creación." La mujer que regañó brillantemente no solo al actual director de la Cinemateca Portuguesa con los discursos de represalia más fuertes que he presenciado ante una sala llena de gente: "Un hombre con quien usted es amigo destruyó mi carrera cinematográfica al decir una vez lo horrible que era la película a otros hombres muy importantes", no ha dejado de decir lo que piensa. El conflicto que encontró en su vida al intentar crear y dar voz a sí misma y a las mujeres que la rodeaban, sin embargo, la dejó presa de la duda. Especialmente cuando uno aprende el contexto de cómo se hizo la película. Tras la Revolución de los Claveles, Serra regresa de Bruselas y funda el colectivo VIRVER (un juego de palabras entre “vivir” y “venir y mirar”, la traducción literal del nombre al inglés). El movimiento de mujeres estaba en ascenso. El país finalmente se estaba abriendo al mundo y las mujeres estaban descubriendo en sí mismas una ira que, hasta entonces, no habían reconocido como tal. Usando este cambio cultural como catapulta, Serra inició el proyecto con otras mujeres y decidió llamar a la película precisamente eso, Mujeres . Pero no resultó fácil. Y cuando las diferencias entre ellos se hicieron demasiado insalvables, ella siguió adelante con el proyecto sola.
Cuando le pregunto si su trabajo es de algún modo militante, rápidamente confirma que no lo es. Ella sólo quería hacer una película que otros pudieran sentir. Énfasis en la palabra “sentí”. Incluso añade que en algún momento realmente lo hizo para los demás: «Habría alargado las secuencias. Sobre todo las tomas más formales. El paisaje. Pero no quería molestar a los espectadores». En consonancia con eso, a principios de la década de 1980, cuando la crisis de identidad del país se sentía con más fuerza entre los marginados de la sociedad, Serra habla extensamente sobre cómo era la gente en ese entonces y cómo la noción de ser radical se confunde ahora. "Lo único que queríamos era ser diferentes, crear nuestra propia vida. Éramos muy conscientes de ello", dijo. La libertad era realmente libertad. Libertad de las instituciones, de las máquinas, de la industrialización. Esta es otra tangente presente en la película. Estar en armonía con la naturaleza es encontrar el infinito. Y la raíz híbrida de la mezcla entre documental y ficción no fue sólo un reflejo del terreno inestable en el que se encontraba el país, sino también un término medio de la no identidad poética que el cine portugués ha aceptado desde entonces como tal. El cine no imitaba la vida. La vida se estaba convirtiendo en eso. Hubo un aumento de proyectos etnográficos, especialmente aquellos como el de Serra, que resaltaron los contornos de los gestos populares y sus mitos pero también funcionaron como una advertencia para la desensibilización de la mente. La figura de la fábrica y sus trabajadoras fue transformando la rutina de las personas.
Así que es más que natural que cuando le pregunto sobre el último fotograma de la película (la fábrica y el humo que sale de ella en medio de una amenazante banda sonora monocromática, un fotograma sacado de la película hace algún tiempo y vuelto a colocar ahora) sus ojos se abran como si hubiera estado esperando que hiciera una referencia a él. “Estabas siendo profética sin saberlo”, le digo. “Todos pensaron que era pesimista”, responde, “así que quité ese último fotograma. Pero ahora está muy claro por qué debería estar ahí. La producción masiva y el consumismo han llevado al mundo a un nivel completamente nuevo. A la gente ya le cuesta saber quiénes son. Todo son edificios altos y basura”. Pero la lucha de Serra no tiene tanto que ver con la ciudad (ella todavía vive en Lisboa), sino más bien con lo que le sucede a la gente ahora que la llamada vida moderna llegó para quedarse. Inmediatamente me viene a la mente Trás-os-Montes (1976) , de António Reis y Margarida Cordeiro . Aunque sea una referencia vaga, una película siempre encuentra a la otra. Ambas comparten los mismos enfoques del lirismo meditativo y ambas son historias de ascendencia humana que marcan el paso del tiempo (tanto las películas como las personas que las habitan), sin mencionar cómo eternizan la imagen folclórica de una memoria colectiva que lo abarca todo. Pero lo que realmente distingue la película de Serra es exactamente el título que le da. Es un objeto de movimiento, hecho de “ondas emocionales”, como ella las llama. Si hay estasis, está ahí para intensificar aquello que la corta y la transforma desde esa parada al movimiento. Así, después de un sábado en el mercado callejero vendiendo y comprando comida, servicios públicos o ropa, el día se acaba, llega el crepúsculo y se regresa al agua. En la pantalla, los colores más transparentes. Es un retroceso en el tiempo. La danza del distanciamiento y el abrazo, el cambio y la transitoriedad de nuestros mundos interiores.
Esta ondulación de entropía y armonía, grabada en la forma de la película, no podría generar un discurso más empoderado desde el punto de vista feminista del que es. Unas imágenes más duras en la pantalla no podrían contener la claridad general del pensamiento de la película. Hay movimientos circulares de panorámica y zoom in y out que ocurren de manera muy orgánica, nunca demasiado forzados, porque son los encargados de localizar el silencio en los ruidos que hemos perdido la capacidad de oír. La fuerza de la película es pues telúrica. Serra me dijo que "es estimulado por una ira interna que las mujeres "transfieren a la naturaleza" y al trabajo en el campo y en la casa: construir muros de maíz, ordeñar vacas, cortar pasto con una hoz, hacer orujo, sembrar los campos y luego lavar o hacer pan en una amasadora encima". El espacio de calma espiritual al que nos transporta la película se construye ante la cámara en torno a estos no-lugares, donde nada es nunca estático.
Aún así, Isabel: El personaje principal. Dueña de un único fotograma de la película, que transcurre justo después de bajarse del autobús y mirarnos, transfiriendo todo su cuerpo hacia nosotros, como si supiera que estamos detrás de la cámara mirándola, preguntándonos si ella va a ser la figura del cambio. Según Serra, eso nunca fue lo que iba a pasar, ni en la película ni en la vida: “a ella le encantaba estar en su pueblo”. Uno se pregunta cómo los manifiestos pueden ser truculentos sin ser brutales. La narrativa de la película es lineal, llena de la corporalidad de las mujeres en la pantalla. Sus caras, sus manos, sus espaldas expuestas, moviéndose constantemente y reaccionando a algo. Con esa única imagen fija —“la conciencia es una parada”, como explicó Serra— el logro máximo de retratar el tiempo y la conciencia en la pantalla sucede bajo la apariencia de una evaluación antropológica. La cineasta imagina el lenguaje de la mujer, la materia y también el imaginario que distingue la fuerza femenina. Isabel funciona como un vehículo que nos devuelve a la realidad, un mecanismo que casi rompe la cuarta pared para enredar sus convulsiones nostálgicas en torno a lo efímero del tiempo, los rituales humanos y nuestra inminente desaparición junto a ellos. Ahora que han pasado tantos años, es más fácil adentrarse en él y ver cuánto ha cambiado bajo la influencia del tiempo. Pero los movimientos que nos muestran eliminan esa posibilidad. La película no ha envejecido. Es tan visionario ahora como lo fue en 1980, cuando se creó. Sin embargo, se ha acercado más al deseo de Serra de que se convierta en un punto de partida para la conversación que estamos teniendo. Ella les da a las mujeres una verdadera autonomía en la pantalla.
AVANZANDO HACIA EL RECONOCIMIENTO
En el pozo todavía profundo que es la figura de la mujer cineasta en Portugal, nombres como los de Bárbara Virgínia, la única mujer que dirigió un largometraje, Três Dias Sem Deus (1946), durante el régimen fascista del Estado Nuevo (1933-1974), vuelven a empezar a hablarse por fin. Los 26 minutos recuperados de esta película perdida han sido proyectados recientemente en la Cinemateca, que la restauró digitalmente este año. Cada vez con mayor frecuencia, nombres que fácilmente podrían compararse con Barbara Loden, Manuela Viegas y su Glória (1999) o Ana Luísa Guimarães y su Nuvem (1991) aparecen como ejemplos de carreras cinematográficas únicas de la confusión del nuevo mundo democrático, con mujeres que intentan empoderar al cine portugués con sus narrativas de mujeres y su trabajo. Estas películas buscan una identidad, un cuerpo que pueda soportar sus esqueletos.
Dicho esto, desde Joana Pimenta hasta Catarina Ruivo, Susana Sousa Dias hasta Ana Vaz, las mujeres han estado haciendo cine que recorre el tipo de tangentes que necesitamos para reconstruir el mapa de la creación. La falta de diversidad en la posición del productor, pero también en la del crítico de cine, perpetúa el trágico desconocimiento de estas obras de arte existentes. Curiosamente, El movimiento de las cosas fue distribuida por un joven que se dedicó a hacer películas que, de otro modo, el mundo no conocería. En ese sentido, en el estreno de Women in Film de Mark Cousins , una entrevista en la que Daniella Shreir de Another Gaze habló del fetichismo de lo inencontrable: “La idea de una película olvidada o un cineasta olvidado sugiere que el creador de su obra es el agente del olvido, abdicando de la responsabilidad de las instituciones, distribuidores y programadores que tienen sus propios sesgos sexistas/racistas/homofóbicos o están demasiado asustados para arriesgarse en algo que podría no generar dinero”. Para el estreno de la película de Serra no hubo activismo performativo, ningún programador que aprovechara su marginación para atribuirse el “descubrimiento”. No hace falta decir, sin embargo, que pocas personas en el mundo conocerán alguna vez la lucidez y coherencia de Serra como cineasta.
“¿Puede entonces el cine ser una lección?” Yo pregunto. Después de todo lo que la cineasta había confesado, fue sorprendente oírla decir que contribuye a un bienestar que uno necesita. "El cine naturaliza la meditación. Tiene un componente iniciático. Mistifica la experiencia de estar vivo", afirmó. En mi cabeza todo sonaba como si estuviera diciendo que el cine miente. Un silencio repentino interrumpe mi hilo de pensamiento. ¿Qué pasa con el cine como herramienta democrática? Pero no pregunto. Más adelante en la conversación, justo después de explicar que le desagrada la plasticidad de las copias digitales y prefiere la calidez de la película, Serra completa la pregunta que nunca le hice. Es unificador. Es política de cooperación. La política partidista solo nos divide. El cine es política, pero nos mantiene unidos. Entonces, me pregunto, ¿las cosas están mejorando? Serra dice que todo avanza muy lentamente. Pero es conmovedor, muy similar a la circularidad autorreflexiva que presenta su película. Sea como sea, es reconfortante saber que cuando el limbo golpea, El movimiento de las cosas puede ser una película que nos lleve de regreso a ese lugar donde todo es universal, donde uno puede deambular libremente en el cine que necesita que estés allí para marcar e impulsar la experiencia. En los múltiples ciclos y pasajes que componen tanto la película como nuestro mundo interior, la puesta en escena de lo real es donde se puede leer plenamente la poética de la vida. Cuando materializamos como lo hace Serra en El movimiento de las cosas , se trata de dónde hemos fallado: revela cuánto no hemos sido preparados para ver.
miércoles, 28 de mayo de 2025
Ciclo de cine portugués: SOMBRAS BRANCAS (Fernando Vendrell 2023)
miércoles, 21 de mayo de 2025
Ciclo de cine portugués: A BELA AMÉRICA. (António Ferreira 2023)
Ficha cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film217103.html
Sinopsis: Lucas, es un cocinero sibarita de origen muy humilde, seduce a América, la estrella de televisión y candidata presidencial. Él entrará clandestinamente en su casa para conquistarla con comidas extraordinarias, provocando la improbable intersección del destino de Lucas, el cocinero, con el de América, la candidata a presidente.
Enlaces para verla on line: https://www.primevideo.com/detail?gti=amzn1.dv.gti.ad2d35d6-0cfa-46b9-89ee-09199ce11bba&linkCode=xm2&tag=justesejhd-21
TRAILER:
Crítica: "A bela América" muestra los terrores de la vida real con irreverencia y suspenso
Por Andie Gonçalves en Capibara Alternativo
Las voces hablan, pero la pantalla no muestra nada. Pasan unos minutos, y este sigue siendo el panorama en "Beautiful America". Luego gritos, llantos, movimientos... Silencio. Alguien va a irrumpir en una casa, alguien va a cambiar la vida de alguien para siempre.
Así comienza el nuevo largometraje de António Ferreira, que apuesta por la intensidad y el suspenso de inmediato. Es imposible no preguntarse "¿quiénes son estas personas?", "¿qué hacen allí?". Es imposible no sentir empatía por una familia que se enfrenta a un problema que afecta a miles de portugueses, brasileños y personas de todas las nacionalidades en todo el mundo: la crisis de la vivienda.
Aunque la película, desde el principio, es una clara denuncia tanto de las desigualdades sociales como de la política populista y fanática que adoptan algunos políticos en la actualidad, "Beautiful America" sorprende precisamente por los géneros cinematográficos que elige para hacerlo: el suspenso y el humor.
La crítica social está en primer plano, con el personaje de Noémia (Daniela Claro) recitando literalmente algunos de los temas allí narrados; sin embargo, lo que más llama la atención es la interacción entre América (São José Correia) y Lucas (Estêvão Antunes).
Independientemente de sus respectivas brújulas morales y estándares de vida completamente diferentes, desde el primer momento en que se encuentran, los dos parecen tener algún tipo de armonía. Es como si reconocieran algo que les pertenece en el otro, como si supieran que, a pesar de vidas muy diferentes, en el fondo son lo mismo. Y esto está muy bien explorado a lo largo de la película.
Quizás el mayor misterio de todos es precisamente esta identificación palpable, aunque tácita, entre los personajes. Algo que poco a poco y de bastante inteligencia se va explicando a lo largo de la trama hasta su punto álgido, que se produce al final.
Además de la difícil situación de vulnerabilidad social a la que se enfrentan Lucas y su madre, así como la parte política, en la película se abordan otros temas muy interesantes, como la meritocracia, el concepto de amistad y los conflictos personales y sociales a los que uno se enfrenta al cuidar a un familiar con necesidades especiales.
El ángulo de la cámara no es muy favorable en las primeras escenas. Lo cual es tal vez deliberado, para retratar la precariedad de la situación . El efecto obtenido, sin embargo, no es el deseado, y acaba provocando más vértigo que otra cosa.
La buena noticia es que esto mejora en varias escenas posteriores, como una en la que Lucas ve a América en un programa de televisión, fija su cara en la pantalla y es como si ella esquivara a medida que él se acerca. A lo largo de la escena, también, parece que nunca se enfrenta a la cámara que la está filmando y que vendría en su dirección.
Otras escenas interesantes ocurren cuando América prueba los platos hechos por Lucas. La cámara filma al personaje desde detrás de una puerta con rendijas, de la que se esconde Lucas, viendo comer a la ex presentadora de televisión. Es como si viéramos lo que él está viendo y, así, entendiéramos su fascinación por ella. La cámara también deja al espectador con la duda de si América sabe que está siendo observada, lo cual es muy interesante para la construcción de la narración en su conjunto.
Y hablando de comida, así es como estas dos almas solitarias se unen: por el placer de cocinar. Nada se dice con palabras, pero se siente. El afecto nace a través de esta conexión gastronómica, que es un tema que varias películas anteriores a "Beautiful America" han abordado antes, pero quizás no de una manera tan creativa como propone el largometraje.
Y vaya final. Asombroso. Esta es la única palabra capaz de describirlo. Las escenas son inesperadas y resuelven varios de los misterios que propone la narración, incluso sobre la conexión de los personajes principales. La sensación que queda, después de una conversación electrizante entre Lucas y América, se compara con la sensación de respirar después de un largo período de tiempo bajo el agua.
Sin mencionar que es un espectáculo de actuación de ambos actores. Incluso haciéndonos preguntarnos por qué no se les permitió tener otros enfrentamientos más frecuentes y anteriores en la película. São José Correia es realmente hermosa, cautivadora y apasionada como América. Estêvão Antunes es muy sutil, carismático y con una mirada logra transmitir todos los conflictos personales a los que se enfrenta Lucas. No hay forma de que no te guste.
Ciclo realizado con la colaboración de:
miércoles, 7 de mayo de 2025
Ciclo de cine portugués: CONVOY DE SAL Y AZÚCAR de Licinio Azevedo (2016)
Ficha: https://www.filmaffinity.com/es/film415879.html
Sinopsis: Ambientada en la etapa final de la Guerra Civil de Mozambique, a finales de los años 80. Rosa (Melanie de Vales Rafael) no quiere saber nada de política, pero el tren es su única esperanza para volver con su familia en el otro extremo del país, así que, a regañadientes, decide cogerlo junto a otros refugiados, vendedores de sal y algunos soldados.
Critica:
Una historia real de enfrentamientos militares, aderezada con elementos de una cultura donde lo mágico y lo maravilloso armonizan perfectamente, constituye el núcleo de Convoy de sal y azúcar (2016), filme realizado en Mozambique por Licinio Azevedo, un periodista brasileño que en la década de los 60 del pasado siglo se vio obligado a huir de su país natal para escapar de la amenaza de los militares en el poder.
Azevedo terminó asentado en Mozambique y, 15 años antes de hacer su filme, escribió un libro que recogía un peligroso viaje ferroviario realizado en 1989, días en que la guerra civil en Mozambique –comenzada en 1977, dos años después de la independencia de ese país–, estaba en pleno apogeo y enfrentaba al Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) de Samora Machel, con fuerzas insurgentes anticomunistas agrupadas en la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), que contaba, entre otros, con el apoyo del régimen racista de Rodesia.
Tanto el libro de Azevedo, como la película basada en él, recrean los peligros experimentados por los pasajeros de aquel tren, en especial las mujeres, que aprovechaban el recorrido entre Nampula y Malawi para cargar con sacos de sal que, posteriormente, cambiarían por la preciada azúcar. Un viaje temerario, por cuanto las fuerzas enemigas se habían propuesto que el tren no llegara a su destino, y para lograrlo contaban con armas, artimañas y deidades invocadas a su favor.
Premiada en el Festival de Locarno, una de las virtudes de Convoy de sal y azúcar es que evita esquematismos y despliega miradas críticas para los dos bandos en disputa. El tema de la política, aunque tratado con algunas alusiones al paso no exentas de ironías y humor, no es el objetivo de este filme, que sí se centra en la humanidad de los hombres envueltos en una guerra demoledora que ha sacado a relucir lo mejor y lo peor de ellos.
Convoy de sal y azúcar evidencia elementos del género western, pero lo preponderante es la ponderación fantástica a partir de las creencias y maleficios incorporados a la guerra. Es así que el comandante conocido como Siete maneras, con su rostro profundamente escarificado y una facultad sobrenatural para la guerra, que parece provenirle de sus ancestros, prohibirá hablar por radio, una vez parta el tren, «porque los espíritus pueden estar escuchando».
Violenta, apoyada en las particularidades de un país en plena guerra civil y en la idiosincrasia de sus hombres y mujeres, Convoy de sal y azúcar, enaltece la cinematografía africana.
Coproducido entre Portugal, Mozambique, Francia, Sudáfrica y Brasil, el último largometraje de Licínio Azevedo da testimonio de una cultura completa en la que las creencias se inmiscuyen en lo cotidiano, incluso -y especialmente- en las circunstancias dramáticas de una guerra civil. Larga y difícil de producir, es la adaptación de un libro que había escrito después de una profunda investigación en el terreno en 1992. Estrenada mundialmente y premiada en el festival de Locarno en agosto de 2016, ha sido la primera vez en la que una película galardonada en la selección de proyectos Open doors ha sido proyectado en la Piazza Grande. En Mozambique, ha llenado hasta la bandera las salas de cine durante cuatro semanas. Su estreno en Brasil, Estados Unidos y en Europa está previsto para 2018.
1989. Un tren sale de Nampula para llegar a Malawi. Numerosas mujeres transportan sacos de sal que cambiarán por azúcar, muy codiciada y cara en Mozambique. Este pequeño comercio es el único medio que encuentran para alimentar a sus familias. El país está devastado, en plena guerra civil…
El tren sale de las estaciones sin previo aviso: el comandante no quiere tener ninguna radio, “pues los espíritus la escuchan”. Protegido por el ejército, el tren, rechinando y pedorreando, más tangible que lo que le rodea, avanza en medio de los maleficios. Comboio de sal e de açúcar es un western donde lo fantástico se enfrenta a lo maravilloso.
Sin embargo, lo real está bien presente: los rebeldes atacan el tren, hacen saltar las vías, despliegan una terrible violencia… Mientras, los militares del convoy quieren apropiarse de las mercancías y de las mujeres. “Después de haber combatido durante diez años, ¡tenemos derecho a tener mujeres!”. El sargento Salomão se apropia de una joven madre para satisfacerse y para que le prepare la comida. Su nombre resuena como el Salomón de la Biblia, que tenía 700 mujeres y 300 concubinas (1 Reyes 11.3) pero del que Dios terminó por desvincularse (1 Reyes 11.9 al 13). Es su destino, pero parece inalcanzable. “Los soldados son niños violentos”,, dice una mujer.
Pero ahí donde domina la crueldad, lo maravilloso infunde, lo maravilloso hace que todo sea posible. El comandante Sete Maneiras (siete maneras), del que nadie conoce su verdadero nombre, quema las balas con su cazamoscas y conoce las intenciones del enemigo. Su cara, profundamente escarificada, dice todo lo que ha visto. Tiene la presciencia del perro viejo, la sabiduría del combatiente al cual los ancestros no le reprochan nada, incluso cuando hace saltar una mina antipersona.
Pero las evidencias no son algo de este mundo. Lo fantástico atropella a lo maravilloso: la duda se instala frente a lo sobrenatural, lo imposible se disputa con lo posible, lo lógico con lo ilógico. En ese tren que sufre y que rumia cada día, la guerra se recuerda en el relato. Ante el comandante Xipoko, del que se dice que se transforma en un mono para atacar, funciona el lema “bienvenido al infierno”. Aunque veremos, en un montaje paralelo, al estilo Eisenstein, un ataque de los rebeldes, la respuesta del comandante y el nacimiento de un niño. Pues “lo más importante es nacer, poco importa el lugar o el momento”. Vida y muerte se entrecruzan y entrechocan y el amor no se aleja, se aproxima con la enfermera Rosa y el lugarteniente Taïar para aportar a la película lo trágico, que evolucionará como un canto de esperanza y de duda sobre las pasiones humanas. Es la locura de Aguirre la que se va perfilando, la cólera de Dios frente a esos hombres que se matan entre ellos y atan al enemigo abatido en la locomotora para que los niños les tiren piedras.
“A veces, los que nos defienden son peores que los que nos atacan”: El Dorado es una ilusión, pero el tren avanza como la balsa de Aguirre. Incluso se inventa paradójicamente un barco, pues es la única forma de llegar a los lagos de Malawi. La poesía es posible pero la guerra es peor que antes, no se salva nadie. Esta película no glorifica a los combatientes del socialismo, aunque el lugarteniente Taïar hace el papel del virtuoso frente a las derivas machistas. Es más bien un recuerdo de los tartamudeos de la Historia, en un momento actual en que en Mozambique aún sigue habiendo ataques esporádicos.
Un tren conducido por un chamán hacia un viaje mágico: Licínio Azevedo, el periodista brasileño que se instaló en Mozambique para participar en la revolución socialista, ya ha vivido demasiadas cosas como para querer retomar la cantinela de un futuro mejor (su masterclass en el Festival Ile Courts 2017 de Mauricio, article n°14313). Prefiere explorar lo que moviliza al hombre y centrarse en la posible belleza. Su cultura sudamericana y su experiencia en países de magias lo han convencido de que la realizada supera a la ficción y de que las creencias son necesarias para los seres humanos.
Ciclo realizado con la colaboración de:

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