"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Ciclo cine rumano: CÓMO CELEBRÉ EL FIN DEL MUNDO (Catalin Mitulescu 2006)

 




Sinopsis: Bucarest, 1989. Último año de la dictadura de Ceausescu. Eva vive con sus padres y su hermano de 7 años, Lalalilu. Enamorada por primera vez, sueña con huir de Rumania y viajar. El pequeño, que conoce su sueño secreto, teme que su hermana pueda dejarle y con dos amigos trama un plan para que Eva pueda quedarse: matar al dictador.

Crítica: El primer largometraje del director, que comienza algo caóticamente, cuando uno exclama: "¡Qué difícil es contar una historia!". Es la historia de Rumania, en algún lugar de Bucarest en 1989, antes y durante la caída del régimen comunista totalitario de Nicolae Ceausescu y su esposa ("El fin del mundo"). Una pintura de la época a través de una familia, en particular de una joven, Eva (Doroteea Petre), que planea huir del país, una aventura peligrosa. La joven, bonita morocha, casi no habla, como su madre, y se ocupa preferentemente de su hermanito, Lalalilu, (Timotei Duma). Se vuelve algo difícil para los no rumanos entender todas las situaciones, aunque desde aquí se intuye la mayoría. Casi todo se expresa sin comentarios, buenas metáforas son el intento de los niños de aplastar una rana y el vuelo libre de un globo.








martes, 18 de noviembre de 2025

Ciclo cine rumano: MARTES, DESPUÉS DE NAVIDAD (Radu Muntean 2010)

 




Sinopsis: Paul y Adriana están casados desde hace diez años y tienen una hija de ocho. Desde hace seis meses, Paul mantiene una relación extraconyugal con la dentista Raluca. Antes de Navidad, Paul, que intenta distribuir su tiempo entre su amante, la compra de regalos y las veladas en familia, decide llevar a su hija al consultorio de Raluca. Un imprevisto en la agenda de Adriana provoca un encuentro entre las dos mujeres, situación que colocará a Paul frente a una difícil elección.

Crítica: Me resulta muy interesante degustar películas como ésta. Sí, porque es rumana, y soy una curiosa de las historias ambientadas en geografías tan poco convencionales como ésta, o porque, aún más, me interesa esta mirada sincera y sin concesiones sobre ciertos aspectos de la condición humana, tan sutilmente delineados en esta película.


Ya la primera escena nos sacude con un realismo potente que nos sumerge de lleno. Paul y Raluca están en la cama. Son amantes, acaban de tener sexo, y la escena comienza con el momento inmediatamente posterior, en el que ambos descansan tendidos, satisfechos, desnudos y cómplices en la intimidad. Una charla trivial entre risas y susurros nos introduce en la historia.

Paul es un hombre de mediana edad y de clase media acomodada, que está casado con Adriana y tiene una pequeña hija. Mantiene a su vez una relación extra matrimonial con Raluca, a quien conoce desde hace pocos meses. Paul lleva una vida familiar tranquila y estable. Las delicias de lo cotidiano se delinean muy bien en la película, mostrándonos escenas que bien podrían ser fragmentos tomados de la vida de cualquier persona real: una cena familiar en la que se habla de los regalos para la navidad, la compra de una camisa, la esposa emparejándole el pelo con la rasuradora al marido en el baño, los momentos robados de intimidad con la amante. El guion se va delineando a partir de estas escenas, en donde lo que se dice es sólo circunstancial, y en lo que se calla subyacen las complejidades y los miedos que muchas veces no se pueden enfrentar.

La puesta en escena, en su sencillez y hermeticidad, lo mismo que el ritmo pausado, resultan muy acertados. La película respira una sinceridad por momentos incómoda y magistralmente plasmada.

Una gran película. Nos remite inevitablemente a “Escenas de una vida conyugal” del maestro Igmar Bergman, sobre todo por la escena en la que Paul se sincera frente a su esposa. Ambas escenas resultan memorables, ya que atrapan de manera conmovedora ese momento en el que todo de golpe se desmorona. Alguien sale lastimado e, indefectiblemente, para bien o para mal, las cosas ya no vuelven a ser las mismas.






miércoles, 12 de noviembre de 2025

Ciclo cine rumano: LA RECONSTRUCCIÓN (Lucian Pintilie 1968)

 


Ficha cinematográfica; https://www.filmaffinity.com/es/film853533.html

Sinopsis: Ripu y Vuica son dos jóvenes estudiantes que celebran su graduación con una gran borrachera. Atacan al propietario del bar, rompen una ventana y se pelean. Unos días después vuelven al lugar de los hechos con un agente de policía, un juez, un profesor y un equipo de grabación. El juez ha decidido que en vez de ir a la cárcel, reconstruyan los hechos para la grabación de un documental contra el alcoholismo.

Crítica: Hay razones de sobra para considerar a ésta si no la mejor una de las mejores películas rumanas de la historia. Basada en una novela de los años 50 de Horia Patrascu donde el propio autor plasmó el modo en que percibía el régimen comunista. Estamos ante un film que en su momento dio mucho que hablar, entre otras cosas por su claro contenido crítico hacia el régimen. Su historia es la de tantas joyas de la época (estoy pensando en "Ucho", en Checoslovaquia o, varios años después, "Interrogation", en Polonia): apareció en el año 1968, tres años después del ascenso al poder de Ceaucescu, en un momento de liberalización del régimen, muy influenciado por el "socialismo con rostro humano" que venía de Checoslovaquia, con la cual el Conducator mantenía excelentes relaciones. No obstante no había liberalización que pudiera soportar tamaña crítica, de modo que la cinta fue inmediatamente retirada de los cines y, al año siguiente, el prometedor Lucian Pintilie - que por entonces contaba con 35 años - obligado a trabajar fuera de Rumanía durante los siguientes veinte años. Su carrera fue prácticamente truncada, sin embargo fue capaz de recuperarse con una prolífica producción de títulos durante los años 90 y la primera década de este nuevo siglo.


Nos encontramos ante dos pequeños y jóvenes alborotadores, Vuica y Nicu, que tras un altercado en el que abrieron la cabeza del dueño de un chiringuito de una zona de recreo para los obreros del pueblo y destrozaron una de las barracas son obligados a filmar una película educativa sobre los efectos del alcohol en la juventud que será emitida en colegios y fábricas de obreros para prevenir el consumo, condición sine qua non - aunque ellos no lo saben en un principio - para que queden libres de todos los cargos que se les imputan.

La película empieza con una escena de cine dentro del cine en la que vemos a uno de los protagonistas, Vuica, obligado a repetir varias veces un plano en el que es golpeado por su amigo Nicu cayendo con su cara sobre el barro. Visto en retrospectiva el mismo inicio nos remite a la degradación experimentada por el ser humano bajo los regímenes comunistas, caracterizados por su invasivo ejercicio del poder que afectaría a la vida privada de los individuos y a las relaciones sociales. Lucian Pintilie recordaba en el año 2004 el motivo concreto que le llevó a realizar una película como ésta: por aquel entonces fue informado de que un actor amigo suyo, homosexual no reconocido públicamente (algo imposible), fue acusado de romper la Ley Rumana de Sodomía, siendo forzado para evitar la condena a prisión a mantener relaciones sexuales con su esposa mientras los investigadores observaban la escena.





miércoles, 5 de noviembre de 2025

Ciclo de cine rumano: EL MOLINO DE LA FORTUNA (Víctor Iliu 1955)


 Ficha Cinematográfica:
 https://www.filmaffinity.com/es/film925252.html

Sinopsis: Drama psicológico ambientado en la década de 1870, en algún punto a las afueras de la ciudad de Arad (Rumanía). Ávido de dinero, el posadero Ghita Samad se mezcla en asuntos turbios del mundo del robo, sin embargo su codicia amenazará pronto con destruir su vida y la de su familia. 

Referencia literaria:

El molino de la suerte es un cuento escrito por Ioan Slavici, tratando las consecuencias que el deseo de enriquecimiento tiene sobre el destino humano. La novela se publica en 1881, en el volumen Novele of the people, junto con otras novelas del escritor, como Popa Tanda, Gura satului, O viață pierdută, La crucea din sat, Scormon y Budulea Taichii . [1]​ La mayoría de los críticos lo consideran una de las creaciones más importantes del autor, junto con Pădureanca y la novela Mara . [2]​

El tema de la novela son las consecuencias negativas que la sed de enriquecimiento trae sobre el destino humano. El autor está convencido de que la búsqueda del dinero solo trae el mal a la vida y, en última instancia, conduce a la destrucción. Así, El molino de la suerte es un cuento psicológico que se desarrolla en un pueblo de Transilvania en la segunda mitad del siglo XIX.

El cuento tiene 17 capítulos sin título (numerados en números romanos), con una narrativa cronológica y composición clásica.

El molino de la suerte comienza y termina con las palabras de la anciana, suegra de Ghiță: "Que un hombre se contente con su pobreza, porque, si se trata de eso, no se trata de riqueza, sino de la paz de su cabaña, eso te hace feliz. ” y respectivamente “Sentí que no iba a salir bien; pero así se les dio.”l o que sugiere la unidad del todo.

En el cuento aparecen muchas expresiones y refranes populares, como "lo que tienes en la mano no miente", "cuando vi con mis ojos la nuca".

George Calinescu en la historia de la literatura rumana desde sus orígenes hasta la actualidad considera que el molino con suerte es una novela sólida con un tema novedoso. Las grandes criadores de cerdos en las llanuras de Arad y la moral salvaje de los porquerizos tienen algo de la grandeza de las historias americanas con inmensas praderas y manadas de bisontes. [...] El contable Lică es un ladrón y un asesino, cubierto por personas fuertes [...] El posadero Ghiță se interpone en el camino de los porqueros, donde gana mucho dinero, y se sienta en el medio entre los orden jurídico del estado y la legislación mutua de los ladrones. " [3]​ [4




miércoles, 22 de octubre de 2025

Ciclo de cine Rumano: LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU (Cristi Puiu 2005)


 Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film801711.html


Sinopsis: El señor Lazarescu es viudo y vive solo en un apartamento con sus tres gatos. Su hija Bianca se marchó a vivir a Canadá. Una noche, el solitario anciano se siente mal y llama a una ambulancia. Lo llevan a un hospital, y desde allí a otro y a otro más, pero en ninguno pueden atenderlo. Mientras tanto, su estado de salud se va agravando rápidamente...


Crítica: 

Un film incómodo de ver pero fascinante, en dónde por momentos uno toma conciencia de lo terrible que es estar sonriendo ante situaciones sórdidas o desoladoras. A pesar de su extensión la película en ningún momento se torna pesada, y esta narrada con un ritmo de comedia ligera, cuando en realidad se trata de una historia sombría y agobiante.

Especialmente recomendable para médicos y profesionales de la salud en general, porque parte de la comunidad hospitalaria se encuentra retratada en forma realista y feroz.

¿A qué genio especialista en cinematografía se le ocurriría que este film es una comedia? Este es el problema de los especialistas, de los peritos, da igual al campo de especialidad al que pertenezcan: como se creen lo más doctos en su terrero, desprecian la opinión o los puntos de vista de quienes no pertenecen a su gremio, estamento, corporativismo, círculo o cuadrícula mental.

LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU es un DRAMA MUY CRÍTICO Y REALISTA sobre la medicina ciudadana-hospitalaria, la medicina alopática y el personal instruido en las Facultades de Medicina y en las Universidades en general, toda una soberbia macropropaganda que se ha convertido casi en "sacra" en el "mundo civilizado" y que tenemos que aguantar en todas las ciudades desarrolladas del planeta como si fuésemos meros descerebrados rendidos a su inflado poder. ¡Qué Dios, el Universo Consciente y sobre todo los familiares, amigos o gente de nuestro entorno nos permita morir donde sea, preferentemente en la propia casa u hogar, antes que en el laberinto de los licenciados facultativos, las enfermeras y el personal profesional hospitalario revestido de batas blancas, verdes, azules, etc., porque de ser así apañados vamos!: nuestra dignidad de seres humanos con gran probabilidad cabe que la manden a hacer puñetas.

Se promueve la confianza ciega en los profesionales de la medicina y la desconfianza en nuestros propios recursos. De ahí que en cuanto uno se siente físicamente mal, por muy leve que sea el malestar, toda la gente enajenada como está —los propios familiares los primeros— por echarse en manos de los licenciados médicos, en seguida nos envían al hospital. Cada vez somos menos dueños de nosotros mismos. Nos inculcan por todos lados que es peligroso curarse sin médico. Todo está montado para que entremos por el aro del sistema médico hospitalario y nos rindamos al cobayismo y al gran negocio mundial de las drogas fabricadas por el todopoderoso sistema farmacéutico. Sin embargo la verdad es que las enfermedades más comunes pueden ser tratadas y resueltas más pronto y mejor por uno mismo en su propia casa.

Pero ¡ojo!, Cristi Puiu no sólo hace una crítica realista y tremenda al sistema médico hospitalario sino también a cada uno de nosotros, representados por Mr. Lazarescu, pues abdicamos de la responsabilidad que nos compete como dueños de nuestro propio cuerpo y lo maltratamos con una desconsideración y brutalidad impresionante. Por ejemplo: azúcar blanco y alcohol, son dos de las principales causas de degeneración sanitaria en el mundo occidental; no ya sólo porque con ellas prácticamente asesinamos a nuestro propio organismo autocondenándonos también a grandes y lentos sufrimientos, sino porque además de ellas se derivan consecuencias como el alto coste y la gran saturación que causamos al procedimiento médico-hospitalario y a las que debían ser su calidad y eficacia.


Con la Colaboración de : 



miércoles, 15 de octubre de 2025

Ciclo de Cine rumano: Fixeur (Adrian Sitaru 2016)

 



Sinopsis: Cuenta la historia de Radu, un periodista joven y ambicioso que quiere abrirse camino en la prensa internacional. Cuando dos prostitutas rumanas menores son repatriadas desde Francia, el equipo de una televisión francesa dirigido por un famoso periodista contrata a Radu como guía. Radu acabará sintiendo que de alguna manera él también se está aprovechando de las chicas al usar su historia.


Crítica: 

Pocos directores de cine pueden dejar noqueado al espectador con tanta sabiduría e inteligencia como el rumano Adrian Sitaru. Poco conocido por nuestros lares, este cineasta es, con mucha probabilidad, una de las personalidades con más fuerza visual y narrativa europeas.

Este director estará muy, muy pronto, en la mente de los espectadores y en lo más alto de los festivales internacionales. Por eso es un inmenso placer compartir esta sensación con la excelente programación del festival D’A , que no ha dudado en incluir una de la dos películas, que el cineasta rodó el año pasado, Fixeur.

Adrian Sitaru combina cortometrajes con largos en una brillante carrera de tan sólo 10 años. Con su primer corto, Waves, en 2007 obtuvo el Leopardo de Oro de Locarno, en 2009, La cage, se lleva otros dos premios, en esta ocasión, en la Berlinale. Su primera película, Picnic, es seleccionada en Venecia; Best Intentions, su segundo largo, vuelve a ser premiado en Locarno y así durante toda la última década. ¿Quién da más?

En 2016 rueda Ilegitim en 12 días y con menos de 250.000 euros, sin cerrar su guión sólo permite a sus actores una toma para cada escena, lo que le aproxima de una visión documental que derrocha energía con situaciones densas, siempre a punto de explotar.

Con sus 10 horas de rodaje, Ilegitim es la prueba palpable de un inmenso talento que sólo pide ser descubierto por el espectador (recomendación, huir del cartel de la película que contiene, en una sola imagen, uno de los peores spoiler de la historia del cine).

Una cena familiar, escena inicial del film y escenario habitual del cine rumano, confronta a cuatro hermanos frente al pasado poco glorioso de su padre. Este particular Festen deriva en su segunda parte hacia la relación fusional, literalmente, que se ha anclado entre los dos hermanos gemelos, Sasha y Romero. Un impactante puñetazo sobre cómo las opciones morales personales pueden chocar y cambiar en el tiempo.

Por si no fuera suficiente en un año,  Adrian Sitaru, con un excepcional protagonista, Tudor Aaron Istodor, y su actor fetiche, Adrian Titieni, vuelve a rodar otro largometraje en 2016: The Fixer. Radu quiere hacerse un nombre en el periodismo internacional. Cuando dos prostitutas menores son expatriadas de Francia a su país de origen ve la oportunidad perfecta para obtener el tan anhelado reconocimiento.

Radu se lanza a la búsqueda (y captura de esa entrevista) que le otorgará sus quince minutos de gloria. Pero para ello ¿estará dispuesto a superar los límites que le imponen sus valores? Sin lugar a duda, una de los mejores películas sobre la manipulación y las fronteras a no sobrepasar.

Fixeur como es habitual el inteligente Adrian Sitaru inserta una línea argumental sobre la educación del hijo de su compañera sentimental. De nuevo, otro explosivo e inteligente film de este dotado cineasta. No te lo puedes perder.

miércoles, 8 de octubre de 2025

Ciclo de Cine Rumano: ILLEGITIMATE (Adrian Sitaru (2016)

 



Sinopsis La historia trata de la relación sexual entre dos hermanos mellizos, Sasha (Alina Grigore) y Romeo (Robi Urs). El título está cargado de connotaciones, pues se descubre que el padre de los mellizos, el ginecólogo Victor Anghelescu (Adrian Titieni), delataba a las mujeres que abortaban durante la época comunista. Cuando Sasha se queda embarazada, su hermano mayor Cosma hará todo lo posible por mantener a la familia unida. 

Crítica: ILLEGITIMATE es un claro ejemplo de todo eso. Es otra de las películas que vi en el Forum de la Berlinale sin entender porqué no estaba en la competencia oficial. Entiendo que hay un asunto temático del filme (ya hablaremos de ello) que puede llegar a ser incómodo y/o molesto, pero en Berlín no se caracterizan por tenerle «miedo» a eso. Más bien, al contrario, como prueban películas como 24 WEEKS o la propia NYMPHOMANIAC. Aquí, sin embargo, la película de Adrian Sitaru quedó relegada al Forum. Una gran sección, sin duda, pero que tiene mucha menos visibilidad. ¿Será que Sitaru no es tan famoso como sus compatriotas Mungiu, Porumboiu, Puiu o Muntean y no tiene un importante agente de ventas por detrás?


illegitimateLa película comienza con un almuerzo familiar de los Anghelescu en el que el padre, un obstetra llamado Victor, y otras seis personas (de entre veintipico y cuarenta, luego veremos que cuatro de ellos son sus hijos) están reunidas hablando de nimiedades hasta que sale un tema fuerte en la sobremesa: en una investigación universitaria que una de las hijas, Sasha, estuvo haciendo de la época de Ceaucescu apareció el nombre del padre como «colaborador» denunciando a mujeres que querían abortar. Allí surge una severa discusión y la pelea llega hasta las manos. No sólo eso, sino que Victor no tiene mejor idea que decirle a su hija que de haber sido legal el aborto ella (y su hermano mellizo, Romi) no habría nacido ya que no querían más hijos…

Eso, que provoca una enorme crisis en Sasha, es sólo el principio de la historia. Si bien las relaciones entre los personajes no son claras al principio pronto nos daremos cuenta que el afecto que hay entre los mellizos es un poco superior a lo normal. No tardaremos en notar que, en realidad, la cuestión es más complicada aún ya que ambos tienen sexo entre sí. Sasha quiere terminar con el asunto pero Romi intenta convencerla que es algo normal y, asegura, aceptado «en otros países». El drama familiar se complicará aún más todavía, mucho más, pero eso deberá descubrirlo el espectador al ver la película.

ilegitim2Es cierto que, así relatado (y con lo que falta contar),  el asunto parece propio de una telenovela. Pero algo parecido sucedía en los primeros filmes del Dogma danés: la naturalidad de los actores, los diálogos y la filmación casi documental permiten que el espectador «compre» una serie de situaciones que, vistas con cierta distancia, son prácticamente imposibles de tomar seriamente. Pero esta película, como LA CELEBRACION en su momento, nos mete en su explosivo melodrama familiar como si fueramos espías de una convención de seres que son, a la vez, reconocibles y un tanto enajenados.

Acaso el único más o menos «responsable» del grupo es Cosma, el hermano mayor, también médico, quien parece intentar mantener la cordura cuando las cosas explotan por el lado del padre y de sus hermanos. Y Sitaru logra que el espectador comprenda y se ponga del lado de Sasha, más allá de la situación escabrosa en la que está metida. A diferencia de su hermano, al menos es consciente de lo imposible de la situación. El padre, en tanto, parece vivir en un planeta propio, uno en el que logra inventarse justificaciones para todos sus dislates. Lo bueno del guión de Sitaru es que permite que cada personaje tenga sus razones y su lógica. Y más allá de lo que uno pueda pensar de ella, no se los juzga desde el guión o la puesta en escena.

ilegitim3La película no está hecha en planos secuencias ni en tiempo real, pero transcurre a lo largo de pocos días y está filmada –según explica el director en la gacetilla de prensa– prácticamente «en vivo» y con escenas largas, un poco como una pieza teatral, pero a dos cámaras y con los actores improvisando a partir de largos ensayos previos. Eso le da al filme una profunda impresión de realismo que se mantiene pese a las zonas bizarras a las que se va yendo la situación.

El final, claramente, será un tema de discusión para todos los que vean la película. Son esos filmes (y finales) que a muchos pueden incomodar y resulta hasta entendible que así sea (habitualmente yo tiendo a irritarme con películas «provocativas» de este tipo), pero Sitaru logra que uno se inserte en ese universo y no note tanto las manipulaciones. Volviendo a la escena final, es imposible hablar en detalle de ella sin revelar más de lo debido, pero lo cierto es que es bastante perturbadora, ambigua y extraña. Y a nadie dejará indiferente. Lo mismo que toda la película, con su mirada íntima, acaso demasiado íntima, a la vida de una familia rumana contemporánea. Una familia que parece como la de cualquiera, pero no lo es. Bueno, al menos eso espero…




miércoles, 1 de octubre de 2025

Ciclo de cine Rumano: LA FAMILIA MOROMETE ( Stere Gulea 1988)



Sinopsis: Adaptación de la novela "La familia Moromete" de Marin Preda. La acción se concentra alrededor de una familia de campesinos rumanos que tienen que enfrentarse a los cambios que suponen la colectivización y los demás cambios políticos. 

Crítica: 

Una película sobre campesinos rumanos, vida dura para ganarse la comida del día y es muchos más dura cuando tus jefes del trabajo son tus padres. Se dice que los antiguos hijos de la burguesia no tenían jefe mas duro que su padre, artesanos y comerciantes era durísimos y exigentes a la hora de trabajar. Esta película trata sobre una familia rural, sus vidas, sus penurias, tal vez la parte mas plúmbea es cuando se ponen a discutir sobre política, los cambios que se avecinan, aunque no deja de ser interesante porque se percibe la llegada de grupos extremistas de derecha e izquierda, el clima se enturbiece.

Luego se enfoca en la relación padres e hijos, el hijo menor que quiere un futuro distinto al de su padre y hermanos, el niño quiere ir al colegio, le interesa mas leer que cosechar o ensuciarse con barro los pies; el padre sabe muy bien que el estudio no sirve para el trabajo, para la vida que conoce, el colegio es un asunto menor para el.

Los hermanos ya están grandes, ya dejaron de ser niños, y la verdad que ya se cansaron de los gritos y golpes del padre, y además, por qué no escapar, si al fin y al cabo, ya son mas fuertes que el viejo, por qué no estafar y traicionar a tus padres, lo importante es escapar, después ya veremos, total, el tiempo siempre cura todo, el tiempo y el olvido.

El padre ya se dio cuenta que el tiempo no pasa en vano, y él, ya no es tan fuerte como antes o sus hijos ya no son tan pequeños, ya está cansado y harto de todo también, ya aflojo su dureza aunque no le guste, resignación o toma de conciencia, quien sabe, pero a golpes ya no lo puede solucionar.

La mitificada idea de que la naturaleza es sinónimo de paz y felicidad permanente es borrada de un plumazo por esta película; el trabajo excesivo, el maltrato a los animales, lo terrible que puede ser la vida en el campo, pocas veces ha sido plasmada con tanta eficacia como en esta película de Stere Gulea.

Con la Colaboración de : 


 

miércoles, 11 de junio de 2025

Ciclo de cine portugués: À PROCURA DA ESTRELA (Carlos Martínez Peñalver- Mas 2023)

 






Sinopsis: Xoel, un fonografista viajero, llega a Serra da Estrela para registrar los sonidos en vías de extinción de la montaña más alta de Portugal. Una misteriosa melodía le conducirá a perderse en el macizo. A partir de ese momento, el viaje de Xoel se convertirá en una frágil analogía del cuento que da nombre a la región: La leyenda del pastor y la Estrella.

Crítica: 

Á procura da estrela está compuesta por dos partes bien diferenciadas que, pese al carácter simétrico de su duración, son antagónicas tanto en su tratamiento de la imagen como en su acercamiento a los personajes y a los espacios; y son precisamente esos cúmulos de diferencias que definen cada segmento de la obra los que potencian, a través del énfasis que hacen en sus contrastes, la totalidad de su discurso. Es esta, por tanto, una cinta que opera desde dos puntos de vista completamente distintos, buscando que la oposición de cada uno de sus planos, anverso y reverso de una moneda que gira siempre encima de un tapiz que recoge las diferentes voces que resuenan en los entornos rurales y naturales, proyecte su idea nuclear hacia delante utilizando como impulso el eco de sus diferencias. Los cimientos simétricos de la cinta permiten, en consecuencia, que sean las asimetrías de su cuerpo narrativo las que definan su carácter, las que faciliten que sus imágenes se liberen de la rigidez de una propuesta conceptual concreta para fluctuar por la pantalla como entidades cambiantes cuyo carácter inasible e impredecible las convierte en verdaderas sorpresas fílmicas, en estallidos silenciosos que no buscan sino conformar un poliedro sensorial que capture la realidad de un mundo que desaparece y que, al mismo tiempo, cuestione el funcionamiento de sus mecanismos.

Carlos Martínez-Peñalver construye la película sobre el nudo de tensiones que se dan en la Serra da Estrela, la zona montañosa del norte de Portugal. Allí llega un joven para grabar los sonidos de un modo de vida en extinción: la fascinación que siente por los pequeños pueblos del entorno, por los senderos olvidados, los bosques poco transitados y los claros cubiertos por el silencio de la ausencia de seres humanos, por el crujido grave de las campanas de una vieja Iglesia o los balidos de unas ovejas que están siendo esquiladas, está, sin embargo, envuelta en un halo de idealización que hunde sus raíces en un romanticismo que surge del desconocimiento. El protagonista inicia su viaje con una idea preestablecida de los sitios que va a visitar, y, por ello, las asperezas del día a día de, por ejemplo, los ganaderos y los pastores a los que acompaña durante un rato no le provocan sino una atracción emocional excesivamente naif, que dista mucho de ser realista. La construcción del sentido de la primera mitad de la cinta se basa en el trabajo sonoro que realiza el director, en una laboriosa y cuidada banda sonora articulada a través de la caricia suave que el viento le regala a las piedras, las hojas y la hierba con las que se va cruzando, del chasquido que produce una rama al romperse, del hundimiento de unos pies en un suelo embarrado. Los elementos de la naturaleza componen una suerte de haiku delicado y traslúcido que debe ser buscado para poder ser apreciado.

El problema es que las personas que viven la precariedad de la zona todos los días no buscan dicho haiku porque tienen preocupaciones más importantes que atender: “¿No escuchas la melodía?”, le pregunta el protagonista a un conservacionista que trabaja allí desde hace años. “No oigo nada: árboles, viento, pájaros”, le responde. El carácter melódico o poético de dichos sonidos solo puede ser apreciado con entusiasmo por alguien que no los asocia a la falta de oportunidades, a los largos horarios laborales, a la suciedad del barro, a la dureza de los caminos que hay que recorrer para ir de un lugar a otro o al mal olor de los animales; por alguien que puede observar con calma el paisaje porque no tiene que llegar a ningún lado; es decir, por alguien como el protagonista, por un turista en busca de experiencias que se alejen de lo urbano. El hecho de que el sonido que hace su moto tenga dentro del montaje sonoro la misma importancia que el viento, el fluir del agua o el movimiento de los animales ilumina aún más su visión del mundo: para él, lo importante no es el carácter natural o artificial-tecnológico del sonido que graba, sino la velocidad o parsimonia que define su movimiento, la estructura —o ausencia de estructura— económica y cultural que hay detrás de él, el motor que lo activa y que, por tanto, lo define. Lo importante, en fin, no es que el sonido provenga de un vehículo o de la propia fricción del viento con un árbol, sino que se integre de forma orgánica dentro de la atmósfera tranquila, relajada y lírica que para él tiene el paisaje.

Sucede, sin embargo, que la imagen no respalda su visión de la realidad, sino que la niega. Cuando el protagonista está en plano, una sutil sensación de incomodidad, de desequilibrio, impide que los espectadores disfruten de los estímulos sensoriales que la naturaleza ofrece: sólo cuando las personas desaparecen del encuadre, este transmite cierta armonía, sólo cuando el paisaje es única y exclusivamente paisaje y no está atado por un ideal romántico o por la cuerda precaria de la realidad, cuando no ha sido intervenido por el ser humano de una u otra forma, desprende una ligera serenidad. Pero claro, dicha concepción del paisaje no es más que una quimera, que una utopía a alcanzar, y la segunda parte de Á procura da estrela deja constancia de ello. Llegado el ecuador de la cinta, la narración se quiebra, se hace pedazos, y de sus escombros germina una concatenación de planos grises en su prosaico retrato de un recorrido que conduce a la nada, a la destrucción de la naturaleza en favor de la economía de mercado. El matizado trabajo sonoro es sustituido por un silencio mojado por el agua amnésica de un lago estéril, las imágenes devienen en una masa rocosa e incómoda, anacrónica y artificial, y al protagonista no le queda más camino que recorrer que el de la alienación perpetua: el movimiento ya no es significado de nada, ni sus velocidades reflejan privilegio de clase alguno, puesto que un manto de abstracción individualista impide observar el mundo desde una perspectiva que se aleje el solipsismo: el estatismo se apodera del propio gesto de moverse y lo convierte en un castigo asfixiante. El protagonista camina, sí, pero lo hace por un espacio esencialmente feo e inexpresivo que no desemboca en ningún sitio. ♦

lunes, 2 de junio de 2025

Ciclo de cine portugués: EL MOVIMIENTO DE LAS COSAS (Manuela Serra 1985)

 




Sinopsis: Historias de una cotidianidad de silencio. En caminos desiertos azotados por un viento inquietante, en un pueblo del Norte. Tres familias durante una jornada de trabajo: cuatro ancianas, el campo, el pan, las gallinas, y para recordarnos, destellos de historias ancestrales de gestos saboreados en términos minerales. Una familia de 10 niños en una granja se sumerge en la profundidad del tiempo en la laboriosa acción del padre talando un árbol. Más allá, en el agua del río habitado por personas, en una barca, el sol y el centro del pueblo, el puente en construcción, la veranda, la comida, la densidad y la mística del domingo, la misa y la feria local: la práctica ritual del sábado. Isabel se mueve contra los fragmentos de este paisaje, también con su mirada hacia el futuro, más allá de todos los demás, para quienes la vida no es más que vivir. El tiempo va más allá del amanecer y el atardecer. La vida se inhala utilizando el campo como medio en un pueblo del norte con sus lentas y antiguas rutinas. Es una pausa en la vida a través de las cosas y su dislocación en el tiempo, los valores, el silencio.



Critica:


Mirando a través de un crepúsculo de agravio: Manuela Serra y cómo son las cosas

Tras años de invisibilidad, se estrena “El movimiento de las cosas”, de Serra, y surge una conversación sobre la industria cinematográfica dominada por los hombres.

Susana Bessa•18 de octubre de 2021

Con el paso de los años, en un país que luchó contra el fascismo durante tanto tiempo, las mujeres de todo Portugal quedaron más que marginadas de la vida. Eran fantasmas trabajadores. Producían la comodidad de los demás y su existencia se sostenía gracias a la voluntad de mantener constantemente el orden de la vida de otras personas. Esto es mucho de lo que nos dice la primera y única película de Manuela Serra. Pero a mayor escala, nos habla de sí misma, porque la película es una parte tan importante de ella que hablar de ella es, invariablemente, verla. Lo llamó El movimiento de las cosas, y si no otra cosa, esta idea de movimiento, de idas y venidas, no hace más que amplificar el hecho de que una película que se presentó por primera vez en la Cinemateca Portuguesa en noviembre de 1985, y luego tres veces más después de eso (1986, 2004 y 2006), recién tuvo su estreno comercial en junio de 2021, después de haber sido casi invisible durante más de tres décadas. Tan invisible como las mujeres trabajadoras que reconocemos en ella. Nuestras abuelas, nuestras madres. La propia cineasta. 

La película comienza junto al río, tranquilamente acunado por el gris azulado de la niebla del amanecer. La luz que emite el proyector de la antigua Cinemateca es lo suficientemente fuerte como para hacer que parezca el comienzo de algo majestuoso. La lente de la cámara se hace visible gracias a un par de gotas de agua adheridas a ella, convirtiéndola en una pintura al óleo cinematográfica, vibrando con la energía que el paso del tiempo tiene sobre todas las cosas. Y entonces, con un único movimiento panorámico, brillando con la flauta de José Mário Branco tocando en la banda sonora, nos introducen en la iglesia y luego en los pasos de peatones del pueblo de Lanheses, un pequeño pueblo rural en el norte de Portugal, entre Viana do Castelo y Ponte de Lima. Y luego una casa. Se enciende una luz en una de las ventanas. El único personaje identificado con un nombre, Isabel, prepara café y bebidas mojando pan seco en él. Ya es de mañana. Ella se va a trabajar a la fábrica. Esta película está abierta a nosotros desde el principio, creando un espacio en el que el público puede deambular y sentir.

En medio de lo que será una fiesta de gestos humanos en lugar de retratos de la vida rural, tres días y tres familias son el centro de la película. Viernes, sábado y domingo. La línea de tiempo no está explicada, pero se percibe muy fácilmente. Primero, la jornada laboral y la gente reuniéndose en el café local por la noche. Luego el mercado callejero del sábado, la desfolhada (ceremonia de deshojar el maíz) hasta la puesta del sol y luego la misa del domingo. Éste podría ser simplemente un ejercicio típico de etnografía rural. Éstas son imágenes de lo real. No creado, sino señalado. Pero luego está Isabel, que en su modo todavía tradicional de ser va definiendo sin saberlo este espacio que habita para ella y para nosotros, que desea que cambie sus circunstancias y su entorno. Su imagen proyectada en una pantalla se transforma en una cápsula del tiempo que muestra cómo eran las mujeres. Humanos. El país. Los campos. Los animales. La comunión entre las personas. Un bálsamo de tranquilidad que lo recorre todo. Y la mujer detrás de la cámara nos señala esa perspectiva, advirtiéndonos de lo que no debemos olvidar.

LA IRA ES EL MUNDO INTERIOR DE LA MUJER

Ya sea charlando en un café o por teléfono, las dos veces que hablé con Serra (antes y después del estreno comercial de la película) me expresó su tristeza por no ser reconocida como cineasta en su propio país. El hecho de que tan poca gente conociera su obra hace unos meses demuestra hasta qué punto es periférica la capacidad de acción que se les otorga a las cineastas. “Agridulce” fue la palabra que utilizó para describirme cómo su vida y su obra de repente pasaron a primer plano. Muchas semanas después, continuó profundizando en la falta de representación y la fuerza que el patriarcado tenía y aún tiene en la industria cinematográfica. "Llegó demasiado tarde. Debería haber sido entonces y no ahora. Tenía que reducirme y encontrar algo de calidad de vida a través de las acciones de quienes me rodeaban", dijo con voz tensa, como si tuviera algo atorado en la garganta. Sabes, sobrevivir es muy diferente a vivir. La sociedad no me reconoció. Y he estado intentando sobrevivir a esa pérdida todo este tiempo. 

Después de El movimiento de las cosas , Serra pasó diez años intentando ser cineasta para finalmente abandonar el campo por completo. Cuando un joven le preguntó durante la sesión introductoria de preguntas y respuestas en la Cinemateca sobre qué películas en concreto disfrutaba ver, ella le respondió con mucha firmeza que había renunciado incluso a eso, incluso a verlas. Puedo prescindir de ello perfectamente. El mundo es demasiado vasto. Esto debía repetirse una vez más y completarse. "Cuando uno se ve obligado a estar dentro de la vida, puede imaginar lo trascendente sin cine. He abandonado el cine, pero no la creación." La mujer que regañó brillantemente no solo al actual director de la Cinemateca Portuguesa con los discursos de represalia más fuertes que he presenciado ante una sala llena de gente: "Un hombre con quien usted es amigo destruyó mi carrera cinematográfica al decir una vez lo horrible que era la película a otros hombres muy importantes", no ha dejado de decir lo que piensa. El conflicto que encontró en su vida al intentar crear y dar voz a sí misma y a las mujeres que la rodeaban, sin embargo, la dejó presa de la duda. Especialmente cuando uno aprende el contexto de cómo se hizo la película. Tras la Revolución de los Claveles, Serra regresa de Bruselas y funda el colectivo VIRVER (un juego de palabras entre “vivir” y “venir y mirar”, la traducción literal del nombre al inglés). El movimiento de mujeres estaba en ascenso. El país finalmente se estaba abriendo al mundo y las mujeres estaban descubriendo en sí mismas una ira que, hasta entonces, no habían reconocido como tal. Usando este cambio cultural como catapulta, Serra inició el proyecto con otras mujeres y decidió llamar a la película precisamente eso, Mujeres . Pero no resultó fácil. Y cuando las diferencias entre ellos se hicieron demasiado insalvables, ella siguió adelante con el proyecto sola. 

Cuando le pregunto si su trabajo es de algún modo militante, rápidamente confirma que no lo es. Ella sólo quería hacer una película que otros pudieran sentir. Énfasis en la palabra “sentí”. Incluso añade que en algún momento realmente lo hizo para los demás: «Habría alargado las secuencias. Sobre todo las tomas más formales. El paisaje. Pero no quería molestar a los espectadores». En consonancia con eso, a principios de la década de 1980, cuando la crisis de identidad del país se sentía con más fuerza entre los marginados de la sociedad, Serra habla extensamente sobre cómo era la gente en ese entonces y cómo la noción de ser radical se confunde ahora. "Lo único que queríamos era ser diferentes, crear nuestra propia vida. Éramos muy conscientes de ello", dijo. La libertad era realmente libertad. Libertad de las instituciones, de las máquinas, de la industrialización. Esta es otra tangente presente en la película. Estar en armonía con la naturaleza es encontrar el infinito. Y la raíz híbrida de la mezcla entre documental y ficción no fue sólo un reflejo del terreno inestable en el que se encontraba el país, sino también un término medio de la no identidad poética que el cine portugués ha aceptado desde entonces como tal. El cine no imitaba la vida. La vida se estaba convirtiendo en eso. Hubo un aumento de proyectos etnográficos, especialmente aquellos como el de Serra, que resaltaron los contornos de los gestos populares y sus mitos pero también funcionaron como una advertencia para la desensibilización de la mente. La figura de la fábrica y sus trabajadoras fue transformando la rutina de las personas.

Así que es más que natural que cuando le pregunto sobre el último fotograma de la película (la fábrica y el humo que sale de ella en medio de una amenazante banda sonora monocromática, un fotograma sacado de la película hace algún tiempo y vuelto a colocar ahora) sus ojos se abran como si hubiera estado esperando que hiciera una referencia a él. “Estabas siendo profética sin saberlo”, le digo. “Todos pensaron que era pesimista”, responde, “así que quité ese último fotograma. Pero ahora está muy claro por qué debería estar ahí. La producción masiva y el consumismo han llevado al mundo a un nivel completamente nuevo. A la gente ya le cuesta saber quiénes son. Todo son edificios altos y basura”. Pero la lucha de Serra no tiene tanto que ver con la ciudad (ella todavía vive en Lisboa), sino más bien con lo que le sucede a la gente ahora que la llamada vida moderna llegó para quedarse. Inmediatamente me viene a la mente Trás-os-Montes (1976) , de António Reis y Margarida Cordeiro . Aunque sea una referencia vaga, una película siempre encuentra a la otra. Ambas comparten los mismos enfoques del lirismo meditativo y ambas son historias de ascendencia humana que marcan el paso del tiempo (tanto las películas como las personas que las habitan), sin mencionar cómo eternizan la imagen folclórica de una memoria colectiva que lo abarca todo. Pero lo que realmente distingue la película de Serra es exactamente el título que le da. Es un objeto de movimiento, hecho de “ondas emocionales”, como ella las llama. Si hay estasis, está ahí para intensificar aquello que la corta y la transforma desde esa parada al movimiento. Así, después de un sábado en el mercado callejero vendiendo y comprando comida, servicios públicos o ropa, el día se acaba, llega el crepúsculo y se regresa al agua. En la pantalla, los colores más transparentes. Es un retroceso en el tiempo. La danza del distanciamiento y el abrazo, el cambio y la transitoriedad de nuestros mundos interiores. 

Esta ondulación de entropía y armonía, grabada en la forma de la película, no podría generar un discurso más empoderado desde el punto de vista feminista del que es. Unas imágenes más duras en la pantalla no podrían contener la claridad general del pensamiento de la película. Hay movimientos circulares de panorámica y zoom in y out que ocurren de manera muy orgánica, nunca demasiado forzados, porque son los encargados de localizar el silencio en los ruidos que hemos perdido la capacidad de oír. La fuerza de la película es pues telúrica. Serra me dijo que "es estimulado por una ira interna que las mujeres "transfieren a la naturaleza" y al trabajo en el campo y en la casa: construir muros de maíz, ordeñar vacas, cortar pasto con una hoz, hacer orujo, sembrar los campos y luego lavar o hacer pan en una amasadora encima". El espacio de calma espiritual al que nos transporta la película se construye ante la cámara en torno a estos no-lugares, donde nada es nunca estático.

Aún así, Isabel: El personaje principal. Dueña de un único fotograma de la película, que transcurre justo después de bajarse del autobús y mirarnos, transfiriendo todo su cuerpo hacia nosotros, como si supiera que estamos detrás de la cámara mirándola, preguntándonos si ella va a ser la figura del cambio. Según Serra, eso nunca fue lo que iba a pasar, ni en la película ni en la vida: “a ella le encantaba estar en su pueblo”. Uno se pregunta cómo los manifiestos pueden ser truculentos sin ser brutales. La narrativa de la película es lineal, llena de la corporalidad de las mujeres en la pantalla. Sus caras, sus manos, sus espaldas expuestas, moviéndose constantemente y reaccionando a algo. Con esa única imagen fija —“la conciencia es una parada”, como explicó Serra— el logro máximo de retratar el tiempo y la conciencia en la pantalla sucede bajo la apariencia de una evaluación antropológica. La cineasta imagina el lenguaje de la mujer, la materia y también el imaginario que distingue la fuerza femenina. Isabel funciona como un vehículo que nos devuelve a la realidad, un mecanismo que casi rompe la cuarta pared para enredar sus convulsiones nostálgicas en torno a lo efímero del tiempo, los rituales humanos y nuestra inminente desaparición junto a ellos. Ahora que han pasado tantos años, es más fácil adentrarse en él y ver cuánto ha cambiado bajo la influencia del tiempo. Pero los movimientos que nos muestran eliminan esa posibilidad. La película no ha envejecido. Es tan visionario ahora como lo fue en 1980, cuando se creó. Sin embargo, se ha acercado más al deseo de Serra de que se convierta en un punto de partida para la conversación que estamos teniendo. Ella les da a las mujeres una verdadera autonomía en la pantalla.

AVANZANDO HACIA EL RECONOCIMIENTO

En el pozo todavía profundo que es la figura de la mujer cineasta en Portugal, nombres como los de Bárbara Virgínia, la única mujer que dirigió un largometraje, Três Dias Sem Deus (1946), durante el régimen fascista del Estado Nuevo (1933-1974), vuelven a empezar a hablarse por fin. Los 26 minutos recuperados de esta película perdida han sido proyectados recientemente en la Cinemateca, que la restauró digitalmente este año. Cada vez con mayor frecuencia, nombres que fácilmente podrían compararse con Barbara Loden, Manuela Viegas y su Glória (1999) o Ana Luísa Guimarães y su Nuvem (1991) aparecen como ejemplos de carreras cinematográficas únicas de la confusión del nuevo mundo democrático, con mujeres que intentan empoderar al cine portugués con sus narrativas de mujeres y su trabajo. Estas películas buscan una identidad, un cuerpo que pueda soportar sus esqueletos.

Dicho esto, desde Joana Pimenta hasta Catarina Ruivo, Susana Sousa Dias hasta Ana Vaz, las mujeres han estado haciendo cine que recorre el tipo de tangentes que necesitamos para reconstruir el mapa de la creación. La falta de diversidad en la posición del productor, pero también en la del crítico de cine, perpetúa el trágico desconocimiento de estas obras de arte existentes. Curiosamente, El movimiento de las cosas fue distribuida por un joven que se dedicó a hacer películas que, de otro modo, el mundo no conocería. En ese sentido, en el estreno de Women in Film de Mark Cousins , una entrevista en la que Daniella Shreir de Another Gaze habló del fetichismo de lo inencontrable: “La idea de una película olvidada o un cineasta olvidado sugiere que el creador de su obra es el agente del olvido, abdicando de la responsabilidad de las instituciones, distribuidores y programadores que tienen sus propios sesgos sexistas/racistas/homofóbicos o están demasiado asustados para arriesgarse en algo que podría no generar dinero”. Para el estreno de la película de Serra no hubo activismo performativo, ningún programador que aprovechara su marginación para atribuirse el “descubrimiento”. No hace falta decir, sin embargo, que pocas personas en el mundo conocerán alguna vez la lucidez y coherencia de Serra como cineasta. 

“¿Puede entonces el cine ser una lección?” Yo pregunto. Después de todo lo que la cineasta había confesado, fue sorprendente oírla decir que contribuye a un bienestar que uno necesita. "El cine naturaliza la meditación. Tiene un componente iniciático. Mistifica la experiencia de estar vivo", afirmó. En mi cabeza todo sonaba como si estuviera diciendo que el cine miente. Un silencio repentino interrumpe mi hilo de pensamiento. ¿Qué pasa con el cine como herramienta democrática? Pero no pregunto. Más adelante en la conversación, justo después de explicar que le desagrada la plasticidad de las copias digitales y prefiere la calidez de la película, Serra completa la pregunta que nunca le hice. Es unificador. Es política de cooperación. La política partidista solo nos divide. El cine es política, pero nos mantiene unidos. Entonces, me pregunto, ¿las cosas están mejorando? Serra dice que todo avanza muy lentamente. Pero es conmovedor, muy similar a la circularidad autorreflexiva que presenta su película. Sea como sea, es reconfortante saber que cuando el limbo golpea, El movimiento de las cosas puede ser una película que nos lleve de regreso a ese lugar donde todo es universal, donde uno puede deambular libremente en el cine que necesita que estés allí para marcar e impulsar la experiencia. En los múltiples ciclos y pasajes que componen tanto la película como nuestro mundo interior, la puesta en escena de lo real es donde se puede leer plenamente la poética de la vida. Cuando materializamos como lo hace Serra en El movimiento de las cosas , se trata de dónde hemos fallado: revela cuánto no hemos sido preparados para ver.



miércoles, 28 de mayo de 2025

Ciclo de cine portugués: SOMBRAS BRANCAS (Fernando Vendrell 2023)




Sinopsis: 
A los 71 años, José Cardoso Pires sufrió un derrame cerebral, lo que le hizo perder la capacidad de relacionarse con el mundo. Escribir, un arte que se practica desde hace décadas, ahora está surgiendo como una herramienta terapéutica que ayudará a recuperarse física y mentalmente. El libro “De Profundis, Valsa Lenta” (1997) relata la experiencia de un ictus, sus consecuencias y el proceso de recuperación. “Sombras blancas”, escrito por Fernando Vendrell, toma como punto de partida esta obra y lo que significa: un viaje literario a través de la mente y la memoria. Vendrell cuenta la biografía de José Cardoso Pires, transportándonos a “la cabeza del escritor, donde se mezclan la memoria, la ficción y la imaginación” (Vendrell). Un viaje a través de la memoria que se convierte inevitablemente en una incursión en la vida y la obra de uno de los escritores portugueses más importantes del siglo XX. “Una película que narra la experiencia de ser y vivir hoy, un gesto que aspira a la alegría” (Vendrell). Texto: Cinemateca Portuguesa.

José Cardoso Pires (1925) fue un escritor portugués autor de relatos breves, novelas, obras de teatro y sátiras políticas.

Orígenes e influencias
Nació en la villa de São João do Peso, municipio de Vila de Rei, en el distrito de Castelo Branco.

Aunque nacido en provincias, Cardoso Pires fue un hombre de Lisboa, su lenguaje y los espacios en los que ambienta sus novelas y relatos dan fe de ello. Gran parte de su familia paterna emigró a Massachusetts y esa vaga conexión con América parece ser una de las primeras razones por las que Cardoso Pires fue receptivo a los estilos literarios norteamericanos, en el tiempo en el que los autores portugueses se fijaban en Francia para obtener modelos narrativos (esto también ocurría en Brasil, aunque en menor grado). En un documental producido por la televisión portuguesa, Cardoso Pires describe cómo de pequeño iba al cine y cómo ese hecho influyó en sus dotes de contador de historias. Explica cómo después de ver las películas se las contaba a sus compañeros de clase (práctica muy común entre los jóvenes de aquella época). En ese documental también habla de la creación de los cinceclubes, asociaciones de cinéfilos y de cómo contribuyeron a la educación política y social de mucha gente.

Cardoso Pires estudió matemáticas en la Universidad de Lisboa, donde publicó sus primeros relatos breves. Poco después dejó los estudios para enrolarse en la marina mercante, de la que fue expulsado por "problemas de disciplina".

Años de escritura
Un tiempo más tarde Cardoso Pires decidió dedicarse plenamente a la escritura. Impartió clases literatura portuguesa y brasileña en el King's College de Londres. En 1995 sufrió una isquemia cerebral, experiencia que le llevó a escribir su última novela De profundis, Valsa Lenta. 
Murió de otro ataque de apoplejía en 1998.




 

miércoles, 21 de mayo de 2025

Ciclo de cine portugués: A BELA AMÉRICA. (António Ferreira 2023)

 


Ficha cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film217103.html

Sinopsis: Lucas, es un cocinero sibarita de origen muy humilde, seduce a América, la estrella de televisión y candidata presidencial. Él entrará clandestinamente en su casa para conquistarla con comidas extraordinarias, provocando la improbable intersección del destino de Lucas, el cocinero, con el de América, la candidata a presidente.

Enlaces para verla on line: https://www.primevideo.com/detail?gti=amzn1.dv.gti.ad2d35d6-0cfa-46b9-89ee-09199ce11bba&linkCode=xm2&tag=justesejhd-21

TRAILER:  


Crítica: "A bela América"  muestra los terrores de la vida real con irreverencia y suspenso


Por Andie Gonçalves en Capibara Alternativo


Las voces hablan, pero la pantalla no muestra nada. Pasan unos minutos, y este sigue siendo el panorama en "Beautiful America". Luego gritos, llantos, movimientos... Silencio. Alguien va a irrumpir en una casa, alguien va a cambiar la vida de alguien para siempre.

Así comienza el nuevo largometraje de António Ferreira, que apuesta por la intensidad y el suspenso de inmediato. Es imposible no preguntarse "¿quiénes son estas personas?", "¿qué hacen allí?". Es imposible no sentir empatía por una familia que se enfrenta a un problema que afecta a miles de portugueses, brasileños y personas de todas las nacionalidades en todo el mundo: la crisis de la vivienda.

Aunque la película, desde el principio, es una clara denuncia tanto de las desigualdades sociales como de la política populista y fanática que adoptan algunos políticos en la actualidad, "Beautiful America" sorprende precisamente por los géneros cinematográficos que elige para hacerlo: el suspenso y el humor.

La crítica social está en primer plano, con el personaje de Noémia (Daniela Claro) recitando literalmente algunos de los temas allí narrados; sin embargo, lo que más llama la atención es la interacción entre América (São José Correia) y Lucas (Estêvão Antunes).

Independientemente de sus respectivas brújulas morales y estándares de vida completamente diferentes, desde el primer momento en que se encuentran, los dos parecen tener algún tipo de armonía. Es como si reconocieran algo que les pertenece en el otro, como si supieran que, a pesar de vidas muy diferentes, en el fondo son lo mismo. Y esto está muy bien explorado a lo largo de la película.

Quizás el mayor misterio de todos es precisamente esta identificación palpable, aunque tácita, entre los personajes. Algo que poco a poco y de bastante inteligencia se va explicando a lo largo de la trama hasta su punto álgido, que se produce al final.

Además de la difícil situación de vulnerabilidad social a la que se enfrentan Lucas y su madre, así como la parte política, en la película se abordan otros temas muy interesantes, como la meritocracia, el concepto de amistad y los conflictos personales y sociales a los que uno se enfrenta al cuidar a un familiar con necesidades especiales.

El ángulo de la cámara no es muy favorable en las primeras escenas. Lo cual es tal vez deliberado, para retratar la precariedad de la situación . El efecto obtenido, sin embargo, no es el deseado, y acaba provocando más vértigo que otra cosa.

La buena noticia es que esto mejora en varias escenas posteriores, como una en la que Lucas ve a América en un programa de televisión, fija su cara en la pantalla y es como si ella esquivara a medida que él se acerca. A lo largo de la escena, también, parece que nunca se enfrenta a la cámara que la está filmando y que vendría en su dirección.

Otras escenas interesantes ocurren cuando América prueba los platos hechos por Lucas. La cámara filma al personaje desde detrás de una puerta con rendijas, de la que se esconde Lucas, viendo comer a la ex presentadora de televisión. Es como si viéramos lo que él está viendo y, así, entendiéramos su fascinación por ella. La cámara también deja al espectador con la duda de si América sabe que está siendo observada, lo cual es muy interesante para la construcción de la narración en su conjunto.

Y hablando de comida, así es como estas dos almas solitarias se unen: por el placer de cocinar. Nada se dice con palabras, pero se siente. El afecto nace a través de esta conexión gastronómica, que es un tema que varias películas anteriores a "Beautiful America" han abordado antes, pero quizás no de una manera tan creativa como propone el largometraje.

Y vaya final. Asombroso. Esta es la única palabra capaz de describirlo. Las escenas son inesperadas y resuelven varios de los misterios que propone la narración, incluso sobre la conexión de los personajes principales. La sensación que queda, después de una conversación electrizante entre Lucas y América, se compara con la sensación de respirar después de un largo período de tiempo bajo el agua.

Sin mencionar que es un espectáculo de actuación de ambos actores. Incluso haciéndonos preguntarnos por qué no se les permitió tener otros enfrentamientos más frecuentes y anteriores en la película. São José Correia es realmente hermosa, cautivadora y apasionada como América. Estêvão Antunes es muy sutil, carismático y con una mirada logra transmitir todos los conflictos personales a los que se enfrenta Lucas. No hay forma de que no te guste.


Ciclo realizado con la colaboración de: 



miércoles, 7 de mayo de 2025

Ciclo de cine portugués: CONVOY DE SAL Y AZÚCAR de Licinio Azevedo (2016)

 





Ficha: https://www.filmaffinity.com/es/film415879.html


Sinopsis: Ambientada en la etapa final de la Guerra Civil de Mozambique, a finales de los años 80. Rosa (Melanie de Vales Rafael) no quiere saber nada de política, pero el tren es su única esperanza para volver con su familia en el otro extremo del país, así que, a regañadientes, decide cogerlo junto a otros refugiados, vendedores de sal y algunos soldados. 

Critica: 

Una historia real de enfrentamientos militares, aderezada con elementos de una cultura donde lo mágico y lo maravilloso armonizan perfectamente, constituye  el núcleo de Convoy de sal y azúcar  (2016), filme realizado en Mozambique por Licinio Azevedo, un periodista  brasileño que en la década de los 60 del pasado siglo se vio obligado a huir de su país natal para escapar de la amenaza de los militares en el poder.

Azevedo terminó asentado en Mozambique y, 15 años antes de hacer su filme, escribió un libro  que recogía un peligroso viaje ferroviario  realizado en 1989, días en que la guerra civil  en Mozambique –comenzada en 1977, dos años después de la independencia de ese país–, estaba en pleno apogeo y enfrentaba al Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) de Samora Machel, con fuerzas insurgentes anticomunistas agrupadas en la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo), que contaba, entre otros,  con el  apoyo del régimen racista de Rodesia.

Tanto el libro de Azevedo, como la película basada en él, recrean los peligros experimentados por los pasajeros de aquel tren, en especial las mujeres, que aprovechaban el recorrido entre Nampula y Malawi para cargar con sacos de sal que, posteriormente, cambiarían  por la preciada azúcar. Un viaje temerario, por cuanto las fuerzas enemigas se habían  propuesto que el tren no llegara a su destino, y para lograrlo contaban con armas, artimañas y deidades invocadas a su favor.

Premiada en el Festival de Locarno, una de las virtudes de Convoy de sal y azúcar es que evita esquematismos y despliega miradas críticas para los dos bandos en disputa. El tema de la política, aunque tratado con algunas alusiones al paso no exentas de ironías y humor,  no es el objetivo de este filme,  que sí se centra en la humanidad de los hombres envueltos en una guerra demoledora que ha sacado a relucir lo mejor y lo peor de ellos.

Convoy de sal y azúcar evidencia  elementos  del género western, pero lo  preponderante es la ponderación fantástica a partir de las creencias y maleficios incorporados a la guerra. Es así que el comandante conocido como Siete maneras, con su rostro profundamente escarificado y una facultad sobrenatural para la guerra, que parece provenirle de sus ancestros, prohibirá hablar por radio, una vez parta el tren, «porque los espíritus pueden estar escuchando».

Violenta, apoyada en las particularidades de un país en plena guerra civil y en la idiosincrasia  de sus hombres y mujeres, Convoy de sal y azúcar, enaltece la cinematografía africana.

Coproducido entre Portugal, Mozambique, Francia, Sudáfrica y Brasil, el último largometraje de Licínio Azevedo da testimonio de una cultura completa en la que las creencias se inmiscuyen en lo cotidiano, incluso -y especialmente- en las circunstancias dramáticas de una guerra civil. Larga y difícil de producir, es la adaptación de un libro que había escrito después de una profunda investigación en el terreno en 1992. Estrenada mundialmente y premiada en el festival de Locarno en agosto de 2016, ha sido la primera vez en la que una película galardonada en la selección de proyectos Open doors ha sido proyectado en la Piazza Grande. En Mozambique, ha llenado hasta la bandera las salas de cine durante cuatro semanas. Su estreno en Brasil, Estados Unidos y en Europa está previsto para 2018.

1989. Un tren sale de Nampula para llegar a Malawi. Numerosas mujeres transportan sacos de sal que cambiarán por azúcar, muy codiciada y cara en Mozambique. Este pequeño comercio es el único medio que encuentran para alimentar a sus familias. El país está devastado, en plena guerra civil…

El tren sale de las estaciones sin previo aviso: el comandante no quiere tener ninguna radio, “pues los espíritus la escuchan”. Protegido por el ejército, el tren, rechinando y pedorreando, más tangible que lo que le rodea, avanza en medio de los maleficios. Comboio de sal e de açúcar es un western donde lo fantástico se enfrenta a lo maravilloso.

Sin embargo, lo real está bien presente: los rebeldes atacan el tren, hacen saltar las vías, despliegan una terrible violencia… Mientras, los militares del convoy quieren apropiarse de las mercancías y de las mujeres. “Después de haber combatido durante diez años, ¡tenemos derecho a tener mujeres!”. El sargento Salomão se apropia de una joven madre para satisfacerse y para que le prepare la comida. Su nombre resuena como el Salomón de la Biblia, que tenía 700 mujeres y 300 concubinas (1 Reyes 11.3) pero del que Dios terminó por desvincularse (1 Reyes 11.9 al 13). Es su destino, pero parece inalcanzable. “Los soldados son niños violentos”,, dice una mujer.

Pero ahí donde domina la crueldad, lo maravilloso infunde, lo maravilloso hace que todo sea posible. El comandante Sete Maneiras (siete maneras), del que nadie conoce su verdadero nombre, quema las balas con su cazamoscas y conoce las intenciones del enemigo. Su cara, profundamente escarificada, dice todo lo que ha visto. Tiene la presciencia del perro viejo, la sabiduría del combatiente al cual los ancestros no le reprochan nada, incluso cuando hace saltar una mina antipersona.

Pero las evidencias no son algo de este mundo. Lo fantástico atropella a lo maravilloso: la duda se instala frente a lo sobrenatural, lo imposible se disputa con lo posible, lo lógico con lo ilógico. En ese tren que sufre y que rumia cada día, la guerra se recuerda en el relato. Ante el comandante Xipoko, del que se dice que se transforma en un mono para atacar, funciona el lema “bienvenido al infierno”. Aunque veremos, en un montaje paralelo, al estilo Eisenstein, un ataque de los rebeldes, la respuesta del comandante y el nacimiento de un niño. Pues “lo más importante es nacer, poco importa el lugar o el momento”. Vida y muerte se entrecruzan y entrechocan y el amor no se aleja, se aproxima con la enfermera Rosa y el lugarteniente Taïar para aportar a la película lo trágico, que evolucionará como un canto de esperanza y de duda sobre las pasiones humanas. Es la locura de Aguirre la que se va perfilando, la cólera de Dios frente a esos hombres que se matan entre ellos y atan al enemigo abatido en la locomotora para que los niños les tiren piedras.

“A veces, los que nos defienden son peores que los que nos atacan”: El Dorado es una ilusión, pero el tren avanza como la balsa de Aguirre. Incluso se inventa paradójicamente un barco, pues es la única forma de llegar a los lagos de Malawi. La poesía es posible pero la guerra es peor que antes, no se salva nadie. Esta película no glorifica a los combatientes del socialismo, aunque el lugarteniente Taïar hace el papel del virtuoso frente a las derivas machistas. Es más bien un recuerdo de los tartamudeos de la Historia, en un momento actual en que en Mozambique aún sigue habiendo ataques esporádicos.

Un tren conducido por un chamán hacia un viaje mágico: Licínio Azevedo, el periodista brasileño que se instaló en Mozambique para participar en la revolución socialista, ya ha vivido demasiadas cosas como para querer retomar la cantinela de un futuro mejor (su masterclass en el Festival Ile Courts 2017 de Mauricio, article n°14313). Prefiere explorar lo que moviliza al hombre y centrarse en la posible belleza. Su cultura sudamericana y su experiencia en países de magias lo han convencido de que la realizada supera a la ficción y de que las creencias son necesarias para los seres humanos.


Ciclo realizado con la colaboración de: