miércoles, 31 de marzo de 2021
Ciclo Nuevo Cine Alemán: Corazón de Cristal (Werner Herzog 1973)
Ciclo Nuevo Cine Alemán
Tras el fin de la Segunda Guerra
Mundial, Alemania era un país devastado y en ruinas, no sólo social y
económicamente, sino también en el ámbito artístico y entre ello por supuesto
el cine.
Muchos de los grandes
realizadores alemanes habían emigrado a causa del nazismo, como FRITZ
LANG, ERNST LUBITSCH o F. W. MURNAU, que a lo
largo de estos años pusieron su talento a manos de Hollywood.
Fueron años muy duros para el séptimo
arte en el país alemán, con una industria cinematográfica casi nula, donde las
pocas películas que se rodaban eran simple propaganda del régimen y su nivel
artístico era irrisorio.
Con el paso del tiempo, la
fundación de la República Federal Alemana y la década de los 50, surgió el
llamado Heimatfilm, o Cine de la Patria, una serie de películas románticas de
contenido simple, cuyas estrellas femeninas brillaban más por sus rizos dorados
que por su talento y que nos dejó como máximo exponente la trilogía de
Sisí Emperatriz.
Con vistas de que esta situación
continuaría durante la siguiente década, un grupo de realizadores se reunió en
1962 en la ciudad obrera de Oberhausen aprovechando la celebración de un
festival de cortometrajes celebrado en la ciudad anualmente. Allí
publicaron lo que fue llamado el manifiesto de Oberhausen, un ensayo en el que
propugnaban su búsqueda de un nuevo cine, artísticamente notable, y su personal
lucha por la libertad creativa. Este manifiesto de
Oberhausen, supuso el nacimiento del NUEVO CINE ALEMÁN. Entre los firmantes
del manifiesto estaban grandes directores del ámbito cinematográfico alemán,
como ALEXANDER KLUGE, WALTER KRÜTTNER, ROB
HOUWER, EDGAR REITZ o FERNINDAND KHITTL,
uniéndose muchos otros grandes nombres con el paso de los años, como WIM
WENDERS o RAINER WERNER FASSBINDER. Si algo diferenciaba al NUEVO CINE ALEMÁN de
otras corrientes cinematográficas de esos mismos años, como la NOUVELLE
VAGUE o el FREE
CINEMA BRITÁNICO, fue la ausencia de unas características
propias.
Además, el NUEVO CINE
ALEMÁN fue el primer movimiento cinematográfico que se atrevió a ahondar en el
pasado de Alemania y en las consecuencias que la guerra tuvo en la sociedad,
planteando preguntas y reflexiones que hasta ese momento nadie se había
atrevido a hacer. De este modo, en muchas de las películas se examinan
la posguerra y la reconstrucción política y sobre todo social de un país en
ruinas, pero siempre desde una mirada individual, siempre por medio de un
protagonista, la mayoría de las veces un personaje femenino.
Se caracteriza también porque no
poseen una postura crítica o teórica ante el cine, sino que les une la
necesidad de crear un estado favorable para la producción y distribución
de películas. Tampoco conocen la tradición
cinematográfica de su país y no les interesa el cine de la época, aunque han
crecido en contacto con el cine americano, debido a la presencia americana en
suelo alemán.
En nuestra programación exponemos
a 4 de los directores más emblemáticos de este movimiento: Werner Herzog, Wim Wenders,
Rainer Werner Fassbinder y Volker Schlöndorff. Las películas
seleccionadas son a partir de una década ya pasada desde el manifiesto de
Oberhausen donde la madurez de su cine se experimenta con bastante claridad.
Los principales representantes de esta corriente fueron:
- Volker Schlöndorff, intelectual a caballo entre la cultura germánica y la francesa, ha sido ayudante de Resnais y de Louis Malle. Su cine va a tratar de ahondar en los conflictos que se producen por el enfrentamiento de sus personajes, y se va a caracterizar por adaptar numerosas novelas de la rica tradición germana. Entre sus obras destacan El joven Torless y El Rebelde. En los años 1970 adaptara para la pantalla El tambor de hojalata, de Günter Grass. Su cine posee siempre una puesta en escena muy controlada, un relato riguroso y un análisis histórico, al lado de una reflexión humana ante los conflictos expuestos.
- Rainer Werner Fassbinder se caracteriza por su influencia teatral, la preocupación por la forma, un sello personal de autor, conseguido gracias a que trabaja siempre con el mismo equipo técnico y artístico, y un enfoque centrado en los conflictos humanos y en las relaciones de dominación. Entre sus obras más sobresalientes están, entre otras, La ley del más fuerte, Todos nos llamamos Alí, Las amargas lágrimas de Petra von Kant, Querelle o El matrimonio de Maria Braun.
- Werner Herzog, cuyo cine se caracteriza por el estudio de personajes singulares, marginados o excepcionales, que se hallan poseídos por sus instintos como en Aguirre, la cólera de Dios, Nosferatu, el vampiro de la noche o Fitzcarraldo. En sus películas es una constante la locura y la imaginación visionaria de sus personajes, y la preponderancia del paisaje como centro mítico de sus historias.
- Wim Wenders, influido por el cine norteamericano, tratará la incomunicación humana, los conflictos personales, los familiares y los viajes iniciáticos para conocerse a uno mismo. Su película más conocida de esta época es Alicia en las ciudades. En la década de los 80 realizará dos de sus películas más conocidas, como son Cielo sobre Berlín y Paris, Texas.
Programación
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Sábado 3 de abril |
El Corazón de Cristal |
Werner Herzog 1973 |
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Sábado 10 de abril |
El amigo americano |
Wim
Wenders 1977 |
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Sábado 17 de abril |
Lola |
Rainer Werner Fassbinder 1981 |
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Sábado 24 de abril |
El amor de Swann |
Volker Schlöndorff 1983 |
lunes, 6 de abril de 2020
Documentales Cine Forum Quintanar: Burden of Dreams ( un montón de sueños)
domingo, 13 de enero de 2019
07 Fitzcarraldo
Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film430661.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Fitzcarraldo
Biografía Autor: https://es.wikipedia.org/wiki/Werner_Herzog
Trailer : https://www.youtube.com/watch?v=MDQyBmZa8vY
Libro: https://www.blackiebooks.org/catalogo/conquista-de-lo-inutil/5/
Fragmento Musical: https://www.youtube.com/watch?v=jhrsQP8Bj_U&list=RDEMRW4Yd_gCCmqM2ryC0gxBsg&index=18
Crítica:
'Conquista de lo inútil' es un libro lleno de frases redondas, pero falto de ligazón en los párrafos. Las palabras son pinceladas que se van uniendo para dibujar un cuadro, surrealista por supuesto, en el que va apareciendo una verdad, un orden, a partir del más absoluto caos. Entre el 16 de junio de 1979 y 4 de noviembre de 1981, Herzog escribió un diario en paralelo a la realización de la que él considera su «mejor película» y que le valió la Palma de Oro de Cannes, en 1982. Un cuarto de siglo después, el muniqués se decidió a darle forma (es un decir) y publicarlo. «No me había atrevido a enfrentarme a esas páginas con anterioridad», ha admitido a menudo. Ahora, la editorial Blackie Books presenta en España esta obra que si no fuera por lo salvaje del relato podría parecer desternillante.
Así, Herzog relata cómo le desaparecían bidones de gasolina del campamento amazónico de Iquitos (Perú). Los nativos explicaban que se los había llevado una crecida de las aguas, pero días después aparecían río arriba. Llama la atención el gusto por empinar el codo de aquellas gentes. El equipo de rodaje también participaba de la costumbre, claro. Algunos episodios son hilarantes. Herzog cuenta cómo la moto que utilizaba se estropeó y llamó a un mecánico que se acercó con su ayudante. Sin embargo, antes de reparar el vehículo, optaron por entrar en la taberna. Unas horas más tarde, fue a buscarlos y los encontró sentados en el suelo, cantando botella en mano. El director trató de incorporar al aprendizn -su jefe acababa de dormirse-, aunque sólo logró que se girara y que él también cogiera el sueño.
Sin duda, 'Fitzcarraldo' se realizó en una tierra inhóspita donde todo llega a las últimas consecuencias.
Sea el vicio, la tentación, la grandeza o el talento. A lo largo de los dos años que le costó pasar un barco desde el río Camisea hasta Urubamba, hay dos indios que se le presentan al cineasta de manera recurrente pidiéndole permiso para asesinar a Kinski. La vida y la muerte pasan cogidas de la mano para estos macheteros que no dudan en amputarse un pie. En una de las batidas por la ladera de la montaña para abrir paso al navío, una serpiente muerde a uno de los trabajadores y este no duda en desviar el golpe de su cuchillo y seccionarse la extremidad infectada. Un gesto salvaje que el responsable de 'Teniente corrupto' recoge en estas páginas, en las que son muy pocos los detalles sobre la propia película.
Una lucha de excesos
En realidad, resulta más novedoso saber de los sentimientos de Herzog que de cómo llevó a cabo tal faraónica aventura. A estas alturas todo el mundo conoce que este bávaro casi mata al actor que dio vida a Brian Fitzgeral (en la vida real, Carlos Fermín Fitzcarrald, el empresario cauchero que quiso inaugurar una Ópera en la selva), que escaló una montaña con un barco a cuestas y que los protagonistas iniciales, Jason Robards y Mike Jagger -el Rolling Stone-, abandonaron la nave hartos de tanta tempestad. Más allá del cotilleo de portal, pocas novedades se pueden esperar sobre 'Fitzcarraldo'.
«Hoy, miércoles 4 de noviembre de 1981, poco después de las doce del mediodía, hemos conseguido pasar el barco desde el río Camisea por encima de la montaña hasta el río Urubamba». Con ese apunte da fe de la hazaña. Unas líneas antes muestra su estado de ánimo: «No he sentido ningún dolor, ninguna alegría, ninguna excitación, no he oído ningún sonido ni he respirado de alivio. Sólo la conciencia de haber hecho algo totalmente inútil, o, más exactamente, de haber penetrado en la profundidad de su reino misterioso».
Inexplicable epopeya
A todas luces, la epopeya iniciada en San Francisco, dos años antes, es una de las locuras más estúpidas y geniales que alguien ha podido imaginar. ¿Por qué una persona abandona la comodidad de la mansión de Francis Ford Coppola para pasar penurias en la selva? Tampoco en la 20th Century Fox podían entenderlo. «Aquí se da por sentado que subiremos un barquito de plástico por una montaña en algún estudio de cine, tal vez incluso en un jardín botánico que no esté muy lejos, por qué no San Diego, allí hay invernaderos con buenas plantas tropicales», escribe. «He preguntado cuáles son entonces las malas plantas tropicales y he agregado que más bien se da por sentado que será un verdadero barco de vapor sobre una montaña de verdad, pero no por una cuestión de realismo sino por la característica estilización de las grandes obras. A partir de ese momento, las palabras que hemos intercambiado se han cubierto de una fina capa de gélida escarcha», explica.
El calor surge en cada aparición de Kinski. La más interesante revelación viene de los recuerdos del rodaje de 'Aguirre, la cólera de Dios' con su jefe de producción, Walter Saxer. «Ayer hablé largo rato sobre 'Aguirre' y me vino a la memoria una serie de atrocidades que en parte había olvidado y en parte había reprimido deliberadamente», relata. Hace memoria de cómo Kinski presumía de «hombre de la naturaleza» y se negaba a ocupar la habitación del único hotel que había por entonces en Machu Pichu. Al segundo día se mudó bajo techo, para desgracia de los demás huéspedes.
Pocas veces he sentido como en esta película la complejidad de un rodaje. Se puede decir que esas memorias son cine en sí mismas. Y es que la filmación de esta gran narración de aventuras es una película dentro de la película, de forma similar a lo que vivió Coppola en jungla filipina, y es desde la casa de Coppola donde empieza precisamente el recuerdo de Herzog. Filmada en localizaciones de Iquitos, Perú, esta película está inspirada en la personalidad de Carlos Fitzcarrald, comerciante de caucho y eventual explorador, cuya documentada brutalidad con los indígenas iba pareja con su egolatría y su desmesura: capaz de remontar un enorme barco de vapor por una cresta de quinientos metros de altitud. Pero la locura de Herzog no fue menor: repetir exactamente la misma hazaña, elevando con poleas el casco del barco, sin recurrir jamás a maquetas ni efectos de ninguna clase, hiriendo a varios actores, cruzando el umbral de lo humano e instalándose en el de animal sin raciocinio.
Brian Sweeney Fitzgerald (Klaus Kinski), alias “Fitzcarraldo”, está obsesionado con la idea de construir un teatro de la ópera en un remoto pueblo de la selva peruana. Para alcanzar su objetivo necesita enriquecerse, por lo que no dudará en acometer una compleja aventura que le llevará a cruzar el Amazonas y atravesar montañas con su barco de vapor para conseguir caucho.
Hubo un tiempo en el que Werner Herzog era uno de los cineastas más singulares y arriesgados del panorama cinematográfico mundial. Un tiempo en el que el genio alocado de este cineasta legó a la historia del cine joyas tales como Aguirre, la cólera de Dios (Aguirre der Zorn Gottes, 1972), Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979) o la cinta que nos ocupa, que es la obra más conseguida de su filmografía.
Se trata del hipnótico relato de un soñador, amante de la ópera y de la voz de Enrico Caruso, que pretende extender su fascinación por este arte tan refinado y civilizado allá donde todavía prevalecen los mitos y la exuberancia natural.
La filmación de Fitzcarraldo en las selvas de Ecuador y Perú, supuso una odisea casi tan demencial como la empresa que narra su argumento, viéndose sacudida por accidentes, enfermedades y continuos roces entre el director y su actor principal, un Kinski que se muestra muy preciso en la interpretación de su romántico personaje.
"Herzog y Kinski"
A pesar de que ya habían trabajado juntos en varias ocasiones, Kinski fue la segunda opción de Herzog para este papel, siéndole ofrecido sólo tras la negativa a éste de Jason Robards (Esto puede deberse al carácter "inestable" del actor). Originariamente, Mick Jagger también tenía que haber participado en la película como asistente de Fitzcarraldo, pero su contrato expiró y acabó yéndose de gira con los Rolling Stones.
"Herzog y Kinski... otra vez"
La película, como otras de su autor, tiene un tono semidocumental que se deriva del hiperrealismo y la agudeza con la que Herzog consigue captar la atmósfera de la selva amazónica.
"Foto del rodaje de Fitzcarraldo"
El cine de Herzog emana un cierto primitivismo que procede del enfrentamiento de sus personajes, ya no sólo con la inmensidad del paisaje que los envuelve, tal y como hacía el pintor Friedrich en sus obras, sino también con sus pasiones e instintos más primarios; lo que convierte a sus mejores trabajos en piezas de arqueología, eslabones perdidos de un modo de hacer cine que ya no existe.
No sé exactamente si ‘Fitzcarraldo’ es una película, un documental, una locura o una gigantesca brutalidad. Quizá lo sea todo al mismo tiempo, pero no podría asegurarlo. De lo que sí estoy seguro es de que es una experiencia sensorial obligatoria para todos los amantes del cine (a los que puede fascinarles o repugnarles, sin término medio, y puede que ambas cosas a cada minuto) y una cita imprescindible para todos aquellos que crean que el arte es eso que, precisamente, más nos pone nerviosos. Una aventura sin regreso a casa.


