"En tiempos en que las plataformas de cine y series se lo han fagocitado casi todo, volver a ver cine en una sala y poder comentar la película es recuperar la experiencia colectiva frente al individualismo de las pantallas, todo un acto de resistencia cultural".
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miércoles, 23 de noviembre de 2022

Ciclo: Pasolini Corsario del Cine. AMOR Y RABIA (varios autores 1969)

 


Ficha Cinematográfica: https://www.filmaffinity.com/es/film486369.html

Sinopsis: 

Cinco de los directores más relevantes de los años 60 y 70 ofrecen sendas historias dónde el amor y la rabia se entremezclan y a veces se confunden.

L'indifferenza - Dos mujeres italianas son violadas para después correr diferentes suertes en sus destinos.
Agonia - Unos bailarines danzan en la calle.
La sequenza del fiore di carta - Un chico corre descontrolado las calles de Roma sin saber a dónde se dirige.
L'amore - Una pareja debate acerca de una película que están viendo, una película que muestra a una pareja formada por una chica judía y un chico árabe.
Discutiamo, Discutiamo - Un grupo de estudiantes marxistas irrumpen en una de las clases de la universidad y para protestar contra el sistema universitario, el cual, según ellos, necesita renovarse desde sus cimientos.

Sugerencia de enlace para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/amor-y-rabia?utm_source=justwatch  

Crítica: 

Si miramos literalmente la palabra subversión, podríamos decir que es la sumatoria de sub (bajo, inferior) y versión (concepto, opinión, idea…), lo que podría llevarnos a entenderla como la idea que subyace o se oculta bajo otra idea, pero, que intenta o lucha por salir a flote. También se ha dicho que, subversión, viene del latín subvertor: dar vuelta a las cosas o a las ideas; trastocar lo establecido. En la práctica social (sobre todo en las oscuras dictaduras), todo individuo o grupo que, mediante el discurso y/o la acción violenta, pretenda cambiar las convenciones establecidas que privilegian a unos y marginan a otros de sus esenciales derechos, se le considera subversivo y los códigos penales están llenos de leyes para castigarlos implacablemente. Según la suerte de gobierno que rija en tal o cual país, tales sanciones serán más o menos severas, y para ser subversivo puede bastar el simpatizar con las ideas marxistas-lenininistas, maoístas o trotskistas; es suficiente con ser miembro de un comité estudiantil o de una organización sindical; te condena encontrarte apoyando a la gente en sus parcelas o haciendo parte de un paro cívico… y hasta pueden enjuiciarte si en tu cuarto descubren una imagen del “Che” Guevara o de Fidel Castro.

Los directores, Carlo Lizzani, Bernardo Bertolucci, Pier Paolo Pasolini, Jean-Luc Godard y Marco Bellocchio, hicieron parte del movimiento "subversivo" del arte cinematográfico y, uniéndose para realizar en conjunto la película, “AMOR Y RABIA”, decidieron plasmar un puñado de historias de no fácil lectura, con ideas que trastocan (subvierten) las convenciones cinematográficas y, en todo caso, con el firme propósito de plantar un alegato contra el (des)orden establecido.

“L’Indifferenza”, es el segmento con el que Lizzani, cuestionará la insensibilidad social y dará cuenta de cómo más fácil puede mostrarse solidario aquel de quien menos se espera. ******

“Agonía”, servirá a Bernardo Bertolucci para mostrar la apatía de un hombre de iglesia que, mientras agoniza en cama, observa a su alrededor toda suerte de angustias y conflictos existenciales. ******

“La sequenza del fiore di carta”, contrasta la visión idealizada de la vida que tiene un joven que camina por la ciudad, con la cruel realidad que se presenta en el mundo. Pasolini se servirá de su actor fetiche, Ninetto Davoli, para hacer este simpático cuento sin hadas, en el que los inocentes quizás estén llamados a morir. *******

“L’Amore”, es una historia de amor, ¡puramente cinematográfica!, de la que se sirve el director francés, Jean-Luc Godard, para discurrir sobre el quehacer estético, sobre el amor de pareja y acerca del amor que induce al dolor (y a la rabia) por el sufrimiento de la humanidad. Queda una potente pregunta sobre la que valdría la pena discurrir: ¿Haber visto muchas películas es haber visto mucho cine? *******

“Discutiamo, Discutiamo”, sirve a Marco Bellocchio para cerrar este extraño, pero atractivo filme, con un grupo de estudiantes universitarios que se toman un aula de clase para asumir los roles de las diversas autoridades del plantel y de esta manera debatir acerca de los aspectos ocultos de la educación. Su propósito aquí, lo hereda del gran Victor Hugo, cuando dijo: “No hay nada tan necio como vencer. La verdadera satisfacción está en convencer”. *******
Luis Guillermo Cardona 




miércoles, 20 de abril de 2022

Ciclo: "El huevo de la serpiente" . VINCERE (Marco Bellocchio 2009)

 



Sinopsis: Principios del siglo XX. Benito Mussolini, un joven revolucionario socialista, conoce a Ida Dalser, una mujer tan pasional como él, que lo apoyará en la lucha política, incluso cuando cambia de rumbo y sustituye el socialismo por el fascismo. Ella pone a su disposición todos sus recursos para que pueda fundar su propio periódico: Il Popolo d'Italia. Se casarán y tendrán un hijo, pero Ida descubre que su matrimonio por la Iglesia tiene mucho menos valor que el que Mussolini ha contraído con Rachele Guidi. Cuando el Duce llega al poder, su decisión de excluir de su vida tanto a Ida como al niño es irrevocable.

Sugerencia de enlaces para ver el film: https://www.filmin.es/pelicula/vincere?utm_source=justwatch   
Crítica:

Heredera de la grandilocuencia de Novecento (1976), aquella maravillosa película de Bernardo Bertolucci que contaba la épica italiana del nacimiento del socialismo, Vincere puede constituirse en otro fresco de la historia de la península itálica, correspondiente a la primera mitad del siglo XX, a través de una historia que tiene como constante a una de las personalidades más carismáticas y polémicas de la política: Benito Mussolini.

La película de Bellochio nos narra la historia de Ida Dalser y del hijo que tuvo con Benito Mussolini en una aventura amorosa paralela a la relación que éste mantenía con quien sería luego su esposa. La odisea sufrida por la Dalser para lograr el reconocimiento de su relación con el hombre que amaba, por el que había entregado todos sus bienes y su corazón, así como la legalidad de su hijo, reconocido por Mussolini y luego tratado de ocultar, es el centro de la trama. Con un estilo futurista, se combinan imágenes reproducidas, material de archivo, letras superpuestas, cine dentro del cine y música incidental en los momentos de mayor dramatismo, así como himnos partidistas que son recuperados para la memoria del popolo italiano.

No fue una de las innumerables cartas que escribió la Ida real a todas las personalidades y familiares, denunciando su situación, la que inspiró el guión de Vincere. La revelación vino de la mano de un documental, que da cuenta de la investigación surgida a partir de un rumor y concretada en El secreto de Mussolini (Fabrizio Laurenti y Gianfranco Norelli), que prueba con testimonios y documentos la realidad de los hechos.

Estructurada como una tragedia en dos grandes actos, Vincere dedica el primero a la relación entre Mussolini e Ida Dalser, que parece más un pretexto para hablar de los inicios políticos del Duce, cuando transita su pase del socialismo al fascismo, dejando de lado a los trabajadores y su voto por la neutralidad, para aliarse a la monarquía y a la Iglesia con el consabido llamado y apoyo a la guerra. Mientras el personaje de Mussolini se carga de carácter con las arengas políticas -sobre todo, con el monólogo del comienzo, con el que Mussolini reta a Dios para demostrar su inexistencia, o cuando de espaldas y desnudo enfrenta a una multitud imaginaria en la plaza frente a la ventana donde se asoma-, el de Ida se describe a través de miradas embelesadas y gestos de admiración hacia el joven. La historia de amor marcha paralela al entusiasmo del político, que busca acomodarse en la fractura histórica que vive su patria. Los momentos íntimos de la pareja son recreados con más pasión que romanticismo, con contraluces que destacan, en el ritual amoroso, el cuerpo femenino recortado de los escenarios, donde se lleva a cabo la procreación del niño que los separará. Paralelamente, se narra el ascenso de Mussolini en escenas de debate político y trifulcas, de las que el apasionado italiano no siempre saldrá ileso.

Con un montaje cuyo estilo por momentos recuerda al formalismo ruso, Bellochio consigue un relato efectista, donde se combinan chimeneas de fábricas con torres de iglesias para demostrar un enfrentamiento entre el socialismo y la curia; grandes titulares superpuestos sobre imágenes a color; peleas partidistas dentro del cine donde las sombras de los concurrentes participan en contrapunto con las imágenes de la guerra que muestra el noticiero en la pantalla; el techo del hospital improvisado en la iglesia, donde se proyecta la historia de Jesús, ofrece las imágenes de Cristo y la Madona, que se cargan de contenido al contraponerlas con las de Mussolini y su "amada" esposa...

El quiebre de la historia está ambientada en el museo de arte, donde se lleva a cabo la exposición futurista. Si bien las características del movimiento artístico están implícitas a lo largo del film, en esta escena, donde Mussolini repudia a Ida, se explicita en un muestrario de las obras que lo representan, como silenciosos testigos del trauma que vive en ese momento la sociedad italiana.

El segundo acto devana el sacrificio de Ida, y por extensión, del pequeño vástago. Desde que la heroína de esta tragedia es encerrada en el neuropsiquiátrico y su hijo arrancado de la familia, ambos recorrerán un sendero de desencuentros y de difamación que se volverá por momentos intolerable. Con la grandeza de los maestros, Bellochio ha recurrido a los primeros planos para exacerbar las instancias dramáticas, a la manera de Carl Theodor Dreyer en La pasión de Juana de Arco (La passion de Jeanne d'Arc, 1928), nos ofrece rostros enardecidos por el frenesí político, por el amor, por el desamparo; miradas perdidas, enloquecidas por la sed de justicia o de poder.

Si el documental es contundente en la demostración de los hechos, en Vincere queda la duda de si Ida desvariaba acerca de su matrimonio con Mussolini. Lo cierto es que él reconoció a este hijo, y su aparato político y policial se encargó de marginarlo y encaminarlo hacia la locura... Un sufrimiento que viene aparejado por haber osado entrar en el aura de un ser cuasi divino, cuya pérdida Ida no resigna, a pesar de los consejos de monjas ("Confórmese con haber estado con el hombre que toda mujer desea como marido... o como amante") y médicos ("Sea una mujer normal, obediente, taciturna, dedíquese al hogar"). Su actitud le cobra el precio de rebelarse a ocupar un papel anónimo detrás de la figura agigantada del hombre. Esta tragedia, en  manos de Bellochio, encuentra su reflejo en una Italia actual, tan machista como aquella (no hay que olvidar que Ida Dalser había estudiado en Francia y se había independizado, al instalar un salón de modas en Milán, cuyo capital fue entregado totalmente a Mussolini para que creara su periódico: "Il Popolo d'Italia"), donde las "travesuras" de su gobernante, el Cavalieri, divierten y enorgullecen a muchos italianos.

Hay algunos puntos flojos, como en todo film que se pretende grandilocuente. Algunos saltos de eje, algunas imágenes efectistas, que no vienen a sumar, como las de las reclusas del psiquiátrico, a quienes vemos como pantallazos mucho antes de saber que Ida será internada allí; alguna inexactitud histórica como el mecanismo de escape que utiliza la Dalser, o la apariencia de los personajes mayores, que no envejecen, mientras Benito Albino crece hasta ser tan joven como sus tíos o su madre... Pero son detalles, nada de esto le quita mérito al film.

Es imponente el poder de sus imágenes (Ida trepada a la reja mientras afuera nieva, lanzando incansablemente sus eternas cartas; Benito Albino imitando a su padre frente al busto que lo representa en la soledad de los pasillos del colegio...), la fuerza de su música (que aumenta su ritmo y volumen con la declaración de la guerra, los himnos partidarios en el cine, el cántico de los chicos que se burlan de la "Mussolina" y adhieren al Duce...), la fibra de sus personajes (como toda tragedia, tiene dúos: Benito e Ida, Ida y Benito Albino, en el primer acto; un tercero en pugna: la esposa del Duce; solistas: Ida, en la segunda parte; coros: el entorno de Mussolini, las masas de obreros y de represores, en el primer acto; la familia de Ida, las monjas del psiquiátrico y del colegio, las locas, los matones del Duce, en el segundo), el peso de los escenarios (entornos recargados, coloridos y cálidos, en la primera parte, y desolados, austeros, fríos, en la segunda), la composición de las luces (en la calle, cuando Ida y Benito se encuentran; en la cama, cuando ella duerme y su cuerpo desnudo se recorta blanquecino en la oscuridad del ambiente; en el duelo, con el colorido de los rosales y la nube negra que oscurece el cielo fabril...) y la dialéctica de su montaje (con una composición de los planos según los ideales del futurismo). Todo suma. Todo alienta a que Vincere sea una obra inolvidable, un futuro clásico del cine italiano.